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Nuestra sociedad multicultural

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 2. LA EDUCACIÓN EN CONTEXTOS MULTICULTURALES MULTICULTURALES

2.1. Nuestra sociedad multicultural

CAPÍTULO 2. La educación en contextos multiculturales

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CAPÍTULO 2. LA EDUCACIÓN EN CONTEXTOS

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38 distintas, porque “las terminologías son cualquier cosa, menos inocentes; sugieren una determinada visión”.

En la actualidad estamos asistiendo a una realidad política, económica, social y educativa en la que muchas fronteras se han desvanecido. La propia Unión Europea es un claro ejemplo de dicha situación, con una Constitución europea, una moneda única, unos planes de estudio atendiendo a las directrices de Bolonia, etc. Pero esta misma realidad se contrapone a otra que eleva los muros, cierra las fronteras y expulsa a aquellos que buscan un futuro mejor huyendo de las guerras y la miseria. Muchas de estas fronteras visibles e invisibles están construidas con prejuicios y estereotipos hacia aquellos que buscan respeto y un mundo mejor.

La Unión Europea comienza a plantearse el estudio de la multiculturalidad y el tratamiento de la diversidad cultural en sus legislaciones educativas, con mayor o menor acierto, a partir de la década de los ochenta. Una década antes ya se había avanzado en este sentido, en EEUU.

Centrando nuestra atención en el contexto español, en pleno siglo XXI, se observa cómo nuestro sistema educativo se inscribe en un escenario sociopolítico nuevo y plural, con instituciones democráticas que deben velar por defender los derechos humanos. En esta nueva sociedad la multiculturalidad se abre paso. Pero ésta no es un fenómeno nuevo, la historia confirma que en siglos pasados ya existía una sociedad multicultural.

Ciertamente, representada por el grupo étnico gitano, si bien, no enfocando su enseñanza desde una perspectiva intercultural (García Castaño, Barragán y Granados, 1999).

Sin embargo, parece que en la actualidad se “descubre” esa multiculturalidad en nuestra cotidianidad, hasta el punto de que en numerosos informes demoscópicos se apunta como un problema para una importante proporción de españoles, el fenómeno de la inmigración. Derivando en actitudes discriminatorias e incluso racistas y xenófobas en alarmante expansión.

De modo, que tradicionalmente en España al referirnos a la multiculturalidad evoca al bilingüismo en determinadas Comunidades Autónomas, al colectivo gitano y al fenómeno de la inmigración. Si bien, en la mayoría de las ocasiones el discurso intercultural se identifica con estos últimos, obviando al resto, salvo excepciones (Carabaña, 1993, 2012).

Las primeras acciones para atender a la diversidad cultural se dirigen hacia el colectivo gitano. Según Fernández Enguita (1996) se pueden distinguir tres etapas dentro de las intervenciones efectuadas hacia el grupo gitano: 1) se procede directamente a su exclusión de los centros educativos, al igual que ocurriera en el ámbito institucional y social; 2) se inicia una segregación a través de las denominadas escuelas-puente entre 1978 a 1986 con el objetivo de facilitar la transición a la escuela ordinaria para los grupos gitanos y, finalmente, 3) su incorporación al aula ordinaria con el apoyo de programas de educación compensatoria. Esta fase coincide a partir de los años noventa con acciones compensatorias hacia el alumnado de origen inmigrante (Garreta, 2011).

Lo cierto es que la diversidad cultural de nuestra sociedad presagia la necesidad de replantearla y repensarla, abordando el fenómeno migratorio desde planteamientos globales multicausales y plurifactuales que ayuden a vertebrar pautas y objetivos que permitan una convivencia multicultural. En esta tarea, los centros educativos se

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39 convierten en espacios protagonistas para ayudar a desarrollar valores que privilegien unas relaciones productivas, solidarias y equitativas entre distintos colectivos culturales.

La diversidad cultural se cuela por cada rincón de nuestros pueblos y nosotros somos el resultado de un mestizaje de civilizaciones, lenguas y culturas: iberos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos, árabes, judíos, bereberes, indios, franceses, ingleses, etc. que han dejado huella en nuestros nombres, lugares, costumbres. Es por lo que nuestra identidad cultural es una lista de hibridaciones y de préstamos culturales.

Negar esa riqueza es negar nuestra propia identidad.

Tradicionalmente siempre ha existido en España un amplio abanico de culturas identificadas con los nacionalismos históricos (vascos, catalanes, gallegos) y con la minoría étnica gitana. Es por lo que tenemos una fuente de argumentación para constatar la multiculturalidad como fenómeno social y antropológico. Sin embargo, son las migraciones las que han identificado el hecho multicultural en nuestra sociedad. Un fenómeno migratorio que se percibe de manera ambivalente. Por un lado, se reconoce la diversidad cultural cuando se identifica con la propia u otras cercanas. Y por otro, se percibe la diversidad cultural con signo negativo y estereotipado, cuando procede del colectivo gitano o de latitudes meridionales (fundamentalmente, de África).

Por tanto, contamos con varias fuentes de multiculturalidad, varias minorías nacionales (vascos, andaluces, catalanes, gallegos, etc.), grupos de inmigrantes de distinta procedencia (americanos, asiáticos, africanos, etc.), minorías étnicas (gitana). Todo ello evidencia que por todos los rincones de nuestra geografía el factor multicultural está presente, como es propio de cualquier sociedad democrática.

Ahora bien, la interculturalidad en España se caracteriza por presentar una estrecha relación entre diversidad y nacionalidad-religión-procedencia geográfica. De tal forma, que solo percibe la diversidad si existen diversas nacionalidades, diversas religiones o diversos lugares de procedencia. Lo que confirma que, en numerosas ocasiones, no se tiene en cuenta a los diversos culturalmente o se identifica la cultura con las tres categorías anteriormente señaladas: nacionalidad, religión y /o procedencia geográfica. Esta concepción entraña varios problemas. Por un lado, olvida que la interculturalidad apuesta por el encuentro entre culturas diferentes, más allá de unos signos distintivos de nacionalidades, creencias religiosas o procedencia geográfica y, por otro lado, se identifica la cultura a una lengua, una identidad religiosa o geográfica (García Castaño, Barragán y Granados, 1999).

Convenimos que los movimientos migratorios se plantean como un doble reto para conjugar, por un lado, la valoración de la diversidad, y por otro, la garantía de la integración. Este desafío se afronta y visualiza en dos reacciones contrarias en nuestra sociedad: la implementación de medidas políticas y policiales que establecen controles y restricciones a la población inmigrante. Y por otro, la apuesta por medidas políticas, sociales y educativas de integración (Solé, 2002).

Además, existe una visión generalizada de que la diversidad cultural existe con las personas procedentes de países no comunitarios del denominado Tercer Mundo. Como si solo éstos trajesen consigo culturas diversas y, a veces, extrañas al mundo occidental.

Mientras que personas procedentes del ámbito comunitario instaladas en nuestro país, no se perciben con la etiqueta de inmigrante, e incluso se ensalza su cultura, tradiciones, idioma, etc. Ilustramos para tales casos, dos ejemplos. De modo, que para el caso de un

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40 alumno/a de familia de origen magrebí, la escuela se esforzará por su integración que conllevará cierta asimilación. Y en el caso de un alumno/a británico, que no disimula su superioridad, la intervención será completamente distinta, puesto que su primer idioma, el inglés, goza de reconocimiento internacional. Como vemos, dos casos con tratamiento claramente diferente, aunque el hecho migratorio les une.

Estas contradicciones aportan mayor complejidad al fenómeno de la diversidad cultural, para cuya adecuada resolución vemos necesaria, su puesta en valor desde la normalización institucional y desde la participación activa de los ciudadanos en dicho proceso. No podemos obviar, que la heterogeneidad define nuestra sociedad. De nosotros depende concebirla como un problema, un conflicto, o por el contrario, aprender a convivir en una sociedad diversa y multicultural.

El fenómeno migratorio no es transitorio, sino que es un componente básico de nuestra sociedad no exento, como venimos señalando, de contradicciones e incertidumbres. Porque como señala Morin (1974, p. 246):

“sabemos que ninguna teoría, incluso las científicas, puede tratar de modo exhaustivo la realidad ni encerrar su objeto de estudio en esquemáticos paradigmas.

Toda teoría está condenada a permanecer abierta, es decir, inacabada, insuficiente, suspendida en un principio de incertidumbre y desconocimiento, pero a través de esta brecha, que a un mismo tiempo es su boca hambrienta, proseguirá la investigación”.

En la actualidad las características que presentan las migraciones a juicio de Giménez Romero (2003a) se pueden agrupar en torno a cinco premisas:

1. La movilidad humana, desarrollada a lo largo de la historia de la humanidad.

2. La trayectoria entre un origen y un destino, todo desplazamiento entraña una bipolaridad entre el país de origen y de recepción, generando pérdida, abandono, distancia y conversión en extraño, extranjero en el lugar de acogida.

3. La finalidad de la instancia y asentamiento, generalmente, la búsqueda del establecimiento.

4. El carácter más o menos duradero de esta instancia, determinado por las circunstancias más o menos favorables al nuevo asentamiento.

5. El proyecto de conseguir algo, relacionado con mejorar la calidad de vida.

En el caso concreto de España, el siglo XXI ha ocasionado la denominada “tercera etapa” de la inmigración caracterizada respecto a etapas anteriores como señala Urbón (2009) por la:

1. Una mayor visibilización de la inmigración en la sociedad (medios de comunicación, calles, centros educativos, sanidad, etc.).

2. Reestructuración del mercado de trabajo ocasionando una concentración laboral de la persona inmigrante en las siguientes ramas de la actividad productiva: servicio doméstico, agricultura, hostelería, construcción y comercio al por menor. Que por otra parte suelen identificarse con sectores con condiciones laborales precarias.

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41 Esta realidad nos conduce a un nuevo escenario que a modo de síntesis presenta los siguientes rasgos (Arquero y Panagi, 2012). Por un lado, los ataques a grupos extranjeros y minorías étnicas cada vez más recurrentes en las sociedades desarrolladas, que no deben ser considerados como brotes aislados, sino que precisan ser analizados bajo el prisma antropológico y sociológico. Por otro, la evidencia de que las relaciones etno-raciales son complejas puesto que responden a diversidad de factores de distinta naturaleza (psicológicos, sociales, lingüísticos, antropológicos, económicos, demográficos, históricos, ecológicos, raciales, etc.).

Por otra parte, cuando se comenta que el fenómeno migratorio en España es una realidad, no es una frase hecha, sino que año tras año la presencia de alumnado de origen inmigrante en nuestras aulas así lo atestigua. Esta aseveración puede verificarse con las numerosas fuentes documentales que se dispone conocer las migraciones en territorio español. Al margen de aquellas que ofrecen los organismos internacionales como OCDE y su informe anual SOPEMI, España cuenta con las siguientes: 1) la Dirección General de la Policía del Ministerio del Interior (datos de extranjeros residentes); 2) el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (datos de trabajadores extranjeros comunitario); 3) la Seguridad Social (datos de trabajadores extranjeros dados de alta); 4) el Ministerio de Educación y Cultura y las correspondientes Consejerías de Educación de cada Comunidad Autónoma (datos de estudiantes extranjeros no universitarios, pues los universitarios los suele facilitar el Consejo de Universidades); 5) el Instituto Español de Estadística, y similares institutos de las Comunidades Autónomas (datos de Censos y Padrones).

En nuestro caso la información procede de los datos que aporta el Instituto Nacional de Estadística a través del Padrón continuo a 1 de enero de 2015 que engloba el conjunto de padrones municipales. Según esta fuente en España viven 4.718.864 extranjeros, lo que representa el 10,1% del total de la población (41.882.085 con nacionalidad española). Las comunidades con mayor proporción de extranjeros son Islas Baleares (17,4%), Región de Murcia (14,2%) y Comunidad Valenciana (14,0%). La ciudad autónoma de Melilla también tiene uno de los porcentajes más altos (15,1%). Por el contrario, las que tienen menor proporción de extranjeros son Extremadura (3,1%), Galicia (3,3%) y Principado de Asturias (3,9%).

Si bien, durante el año 2014 el número de extranjeros ha disminuido en todas las comunidades autónomas y sólo se incrementa en la ciudad autónoma de Melilla (219 más). Un análisis más pormenorizado nos revela que las comunidades que registran las mayores reducciones de población extranjera en términos absolutos son Comunidad de Madrid (69.130), Cataluña (–63.402) y Comunidad Valenciana (–41.949). Mientras que, las menores reducciones de población extranjera corresponden a la ciudad autónoma de Ceuta (–387personas), Cantabria (–3.157) y La Rioja (–3.350). Este descenso generalizado responde a la situación de crisis económica que azota las economías occidentales, con especial gravedad en el caso de España.

Por otra parte, los extranjeros en España inscritos en el Padrón Continuo pertenecientes a la UE-28 suman el mayor porcentaje (41,2%), seguido del continente africano (22,1%), de América del Sur (17,9%), Asia (8,1%), países extracomunitarios (5,2%). Mientras que adquieren unos valores más bajos los países pertenecientes a América Central y Caribe (4,2%) y con valores residuales en el caso de los países de América del Norte (1,2%).

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42 En la Tabla 3 se puede apreciar estos datos anteriormente referidos incorporando además información de estos extranjeros por sexo. Esta última información evidencia que la proporción de hombres procedentes de la UE-28, África, Asia y resto es mayor. Y por su parte, la proporción de mujeres es mayor en el caso del resto de países de Europa (extracomunitarios), América del Norte, Central, Caribe y del Sur.

Tabla 3. Extranjeros inscritos en España por grupos de países y sexo.

Fuente: Padrón continuo 1 de enero de 2015. INE.

EXTRANJEROS INSCRITOS EN ESPAÑA POR GRUPOS DE PAÍSES Y SEXO

Grupo de países Porcentaje países Hombres Mujeres

UE-28 41,2% 50,5% 49,5%

Resto de Europa 5,2% 42% 58%

África 22,1% 60,2% 39,8%

América del Norte 1,2% 43,6% 56,4%

América Central y Caribe

4,2% 37,7% 62,3%

América del Sur 17,9% 44,3% 55,7%

Asia 8,1% 56,8% 43,2%

Resto 0,1% 57,3% 42,7%

Si atendemos a las nacionalidades, los más numerosos son los rumanos (15,9%), seguidos por los británicos (6%) y los italianos (3,8%). Entre los extranjeros no comunitarios, destacan los ciudadanos marroquíes (15,9%), los chinos (4,1%) y los ecuatorianos (3,7%). Estos datos de procedencia permiten conocer el importante grado de diversidad que representa el fenómeno migratorio en nuestro país (véase Tabla 4).

Un análisis centrado en el porcentaje de extranjeros sobre el total de cada Comunidad Autónoma señala que las Comunidades Autónomas con mayor proporción de extranjeros son Islas Baleares (17,4%), Melilla (15,1%), R. Murcia (14,2%), C.

Valenciana (14%), Cataluña (13,7%), C. Madrid (12,6%). Mientras que la situación contraria la encontramos en las comunidades de Extremadura (3,1%), Galicia (3,3%) y P.

Asturias (3,9%). Quedando el resto de comunidades en una posición intermedia. Para una mejor comprensión de estos datos en la Tabla 5 se ilustra esta información.

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43 Tabla 4. Extranjeros inscritos en España por países (principales nacionalidades).

Fuente: Padrón continuo 1 de enero de 2015. INE.

EXTRANJEROS INSCRITOS EN ESPAÑA POR PAÍSES (PRINCIPALES NACIONALIDADES)

Rumania 15,9% Francia 2,1%

Marruecos 15,9% Portugal 2,1%

Reino Unido 6% Ucrania 1,9%

China 4,1% Pakistán 1,6%

Italia 3,8% R. Dominicana 1,6%

Ecuador 3,7% Argentina 1,6%

Colombia 3,2% Brasil 1,6%

Bulgaria 3% Perú 1,5%

Alemania 2,8% Paraguay 1,5%

Bolivia 2,7% Rusia 1,4%

TOTAL 4.718.864

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Tabla 5. Extranjeros inscritos en España por CCAA. Datos 1 enero 2015. Porcentaje de alumnado extranjero sobre el total de la CA en E. Régimen General no universitarias y titularidad de los centros (Curso 2014-15).

Fuentes: Padrón continuo 1 de enero de 2015 (INE) y MEC. Secretaría General Técnica.

C.A. Extranjeros