01. Condiciones iniciales.
01.02. a Panorama arquitectónico y cultural local.
Abarcar de un modo completo la situación arquitectónica de Barcelona entre los años 50 y 54 constituiría en si mismo objeto de una tesis, dada la magnitud de factores que implica. En todo caso, y sin voluntad de agotar de modo exhaustivo todas y cada una de las corrientes y situaciones del momento, podríamos localizar una serie de huellas, de señales de cambio después de los 40. Huellas que, construidas o no, nos transcriben una cierta variación de actitud en el panorama de la arquitectura catalana (01).
Podríamos hablar de dos líneas que transcurren en aparentemente en paralelo, pero en realidad con inevitables intercomunicaciones. Por un lado, el discurso ofi cial de la arquitectura, constituido en torno a los diversos órganos de la Administración y el Régimen. Propio también, aún cuando de un modo matizado, de instituciones como el Colegio de Arquitectos de Cataluña y Baleares y la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. Única existente en Cataluña en aquel momento.
Por otro lado, en la segunda mitad de los cuarenta y en los primeros cincuenta, encontramos la aparición de las primeras agrupaciones artísticas y revistas apartadas de las líneas y agrupaciones ofi ciales del “Movimiento” (02). A éstas le sucedió en la escena arquitectónica la constitución en 1951 del grupo R, fundado en Agosto de 1951 en el estudio de Coderch y Valls. De este grupo formaron parte en su origen Bohigas, Gili, Martorell, Pratsmarsó, Sostres y Moragas. Más adelante se incorporarían otros miembros al grupo, como Manuel Ribas Piera, Jose Antonio Balcells, Francisco Bassó, Guillermo Giráldez, Pablo Monguió y Francisco Vayreda.
Sostres, miembro del grupo, dirá de él que está formado “por arquitectos de diferente matización” (03). Si bien, como sucediera con las agrupaciones artísticas, el posicionamiento “crítico” del grupo se ha de entender dentro del posibilismo generado por las conexiones de varios de sus miembros con el Régimen. No en vano, el mismo 1951 el estudio de Coderch y Valls, compatibilizó la “R” de “R”ecuperación y “R”esistencia con la construcción de vivienda ofi cial. O con el encargo de la construcción del Pabellón de España en la Bienal de Venecia. Uno de los primeros encargos de representación internacional de la España franquista tras el inicio de la apertura internacional.
Estas primeras agrupaciones se constituyen, por tanto, públicamente en apariencia desconectadas de la actividad ofi cial. Se ha de considerar que el Fuero de los Españoles, condicionaba el derecho de reunión, entre otros, a la aquiescencia del Régimen. Sería, por tanto, difícil entender que la constitución pública de determinados grupos públicos independientes no sea intervenida por el Estado. Se ha de constatar, por tanto si no una cierta connivencia, cuanto menos un cierto grado de conocimiento y de “dejar hacer” por parte de determinados elementos de la dictadura (04).
Ninguno de los tres fi rmantes del Camp Nou formó parte, ni en su formación inicial ni posteriormente, del grupo R. FMM afi rmaría ya en los ochenta, en una entrevista a la nueva Quaderns haber valorado un grupo R formado por amigos, pero en el que no se integró (05).
Antes, en 1944, había aparecido la revista Cuadernos de Arquitectura, editada por el entonces, Colegio Ofi cial de Arquitectos de Cataluña y Baleares. En el primer número del prólogo de esta revista, J.F. Ràfols ya reivindicó la arquitectura de determinados autores funcionalistas de los años 30. Esta reivindicación
(06) Aún sin especifi car que se trata de la revista de una institución local pero ofi cial, el Colegio de Arquitectos de Cataluña y Baleares, Rovira dirá: “El 1944 comença ja a editar-se una publicació periòdica d’arquitectura a Barcelona. En el primer número de «Cuadernos de Arquitectura», l’historiador i arquitecte J.F. Ràfols publica un article que recordava als lectors l’existència i el benfer dels arquitectes dels primers trenta anys del segle XX. Garnier, Perret, Le Corbusier, Mallet, Stevens (sic), Loos, Gropius, Mies, Wright i els «racionalistes» espanyols es presenten al lector sense cap voluntat de marcar diferències entre ells, sinò més aviat com una amalgama de noms i imatges. Com un recordatori de la tradició moderna, on els arguments de Loos contra l’ornament i a favor dels objectes útils a la «ciutat de murs blancs», són exhibits a tall de síntesi, parcial però efi caç, per al moment en què Ràfols escrivia.” En Rovira, José Ma. “Ja és hora d’abandonar el silenci... (N.M. RUBIÓ 1954)”, en Op.Cit. 1987. p.189.
(07) La bibliografía de este estudio recoge varios de estos artículos. En primer lugar, el texto de Gabriel Alomar “Sobre las tendencias estilísticas de la Arquitectura española actual” aparecido en el Boletín de Información de la DGA en 1948. Seguido, en línea similar por el artículo de Miguel Fisac “Las tendencias estéticas actuales” en el mismo Boletín en 1948. En una polémica que tendrá continuidad tras la V Asamblea Nacional de Arquitectos en los artículos de Alejandro de la Sota (1951) y de Francisco Mitjans. O del mismo Alomar en Cuadernos de Arquitectura (1950). Mostrando el debate interno en torno a la cuestión. Artículos recogidos en la bibliografía de este documento.
(08) FMM, hablando del GATEPAC, tras haber resaltado, entre otras obras, el Dispensario Central Antituberculoso y la “Casa Bloque”.
“De superior interés que sus obras fué su actuación doctrinal, a seguir por el índice de cuestiones de arquitectura y urbanismo que planteó desde su revista, anticipándose a su tiempo; y exponente de la resonancia de esta actuación fueron los contactos internacionales a que dio lugar; y así, mientras nuestros arqutiectos participaban en el crucero del Mediterráneo, a bordo del Patris
II, en que se redactó la Carta de Atenas, pieza fundamental del urbanismo funcionalista, en Barcelona se reunían Walter Gropius y
Marcel Breuer, Le Corbusier y Pollini; debiendo de transcurrir casi veinte años para que el Colegio de Cataluña y Baleares renueve contactos que traen a la Península a Sartoris, a Gio Ponti, a Zevi y a Aalto, justamente para insistir en la dirección iniciada por Gatepac.”
Mitjans i Miró, Francisco. “La arquitectura barcelonesa desde el modernismo”. Boletín de Información de la Dirección General
de Arquitectura (septiembre 1951): p. 22.
Por otro lado en torno a este ciclo de conferencias, Ignasi de Solà Morales comentaría, ya en 1980:
“En un ciclo organizado por El Col·legi Ofi cial d’Arquitectes de Catalunya i Balears, en la primavera de 1949, son invitados a hablar el urbanista belga Alfred Ledent, el arquitecto mallorquin Gabriel Alomar, diplomado en City and Regional Planning por el M.I.T. de Cambridge (Massachusets) poco tiempo antes y Alberto Sartoris (...) estas visitas y conferencias no tardan en adquirir un tono más diversifi cado y reúnen los nombres de críticos y arquitectos que aportana a la cultura arquitectónica catalana la necesaria información y contacto con la actualidad internacional. Gio Ponti, Bruno Zevi, Nikolaus Pevsner, Eugeni d’Ors, Gaston Bardet, Alvar Aalto y Alfred Roth son fi guras que pasan por la tribuna del Col·legi d’Arquitectes entre 1949 y 1955, y su paso es un acontecimiento notable en un panorama tan necesitado de todo.”
De Solà Morales, Ignasi, Op. cit. 1980. p. 168.
Reseñar el conocimiento directo del autor en torno al, por aquel entonces, Colegio de Arquitectos de Cataluña y Baleares. No en vano, su propio padre, Manuel de Solà Morales i Roselló fue presidente de dicha institución durante un periodo del franquismo.
(09) La transcripción de ambas conferencias se puede encontrar en el archivo de Francesc Mitjans en el COAC.
(10) Así las considerará en propio FMM en 1951, en contraposición a las arquitecturas académicas.
“E incluso a través de nuestro refl ejo español, la arquitectura moderna mundial aparece en su diversidad con una franca unidad, estimándose como axiomáticamente superado el período de construcciones que pudiéramos llamar académicas, limitadas en la práctica a la restauración o a la arqueología (*).(...)
(*) Recordamos la intervención de Gio Ponti, en Valencia, señalando las tendencias de la arquitectura actual actual italiana, desde la «clásica», siguiendo a Le corbusier, hasta la orgánica, de Molino, y haciendo caso omiso de los estilos históricos.”
Mitjans i Miró, Francisco. “Pero en nuestras calles no crece hierba. (notas sobre tendencias de la Arquitectura actual)”. Boletín de
Información de la Dirección General de Arquitectura (abril 1950): p. 8.
(11) Sostres, José Ma. “Norteamérica expone su Arquitectura”, en Opiniones sobre Arquitectura. 1ª ed. Colección de Arquitectura 10 (publicado originalmente en Revista, Barcelona, marzo 1953) Murcia: Comisión de Cultura del Colegio Ofi cial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos 1983. p. 47.
tendrá refl ejo durante los años siguientes en las páginas de la revista, mediante la publicación puntual de determinados autores (06).
Esta actividad prácticamente latente se intensifi cará entre 1949 y 1954, acompañada de un cambio de actitud en los medios ofi ciales. Posible fruto, según la cita de Cirici antes comentada, de la adaptación a las nuevas condiciones de contorno del Régimen. En 1949 FMM junto a Sostres, Moragas, Tort, Balcells y Perpiñá ganó el concurso sobre “El problema de la vivienda económica en Barcelona”. Convocado por el “ofi cialista” Colegio con una propuesta de bloque abierto implantada sobre una manzana tipo del Eixample.
Un año antes habían empezado a aparecer en el Boletín de Información de la Dirección General de Arquitectura textos en los que se propugnaba un nuevo modelo de arquitectura, moderno e internacionalizado. Entre éstos, los artículos de Alomar y Sáez de Oíza en torno a la arquitectura de americana. Seguidos por otros en tono similar, en referidos a las “nuevas tendencias en Arquitectura” publicados por Alomar, De la Sota, Fisac y el propio FMM (07). Alguno de estos textos estuvo vinculado a la polémica en torno a las ponencias realizadas en la V Asamblea Nacional de Arquitectos. Sería difícil catalogar al Boletín de Información de la Dirección General de Arquitectura de desafecto al Régimen. Hecho que mostraría la existencia de corrientes aperturistas dentro de las posiciones ofi ciales.
A estos textos deberíamos sumar la apertura que implican las conferencias impartidas en Barcelona por críticos y arquitectos internacionales, como Zevi, Gio Ponti, Aalto o Sartoris. FMM, en uno de los textos antes mencionado, expresa la importancia de estas conferencias en aquel momento, citándolas expresamente (08). En consecuencia, podemos detectar un cierto cambio de paradigma local en torno a qué y cómo se ha de construir en Barcelona. Dentro de este interés renovado por la temática arquitectónica, FMM impartió en 1951 una serie de conferencias, una en el ya constituido FAD y otra en el Ateneo de Barcelona, en torno a la “Arquitectura Contemporánea” (09).
En los artículos y conferencias anteriores podemos detectar una cierta reivindicación de fi guras y arquitecturas poco habitualmente utilizadas como referencia en los años 40. Estas reivindicaciones, tomadas eso si con moderación, abarcarán desde fi guras de la arquitectura internacional como Le Corbusier o Mies hasta parte del panorama local anterior a la guerra civil española, incluido el G.A.T.C.P.A.C. Y no se centrará tan sólo en la labor constructiva o proyectual, sino en la labor crítica y de dinamización cultural. Reivindicando asimismo un ámbito internacional de la arquitectura. Incorporando de un modo inclusivo fi guras con posicionamientos diferentes en torno al funcionalismo o la arquitectura orgánica. Todas ellas se consideraran en modo conjunto (10), dado el signifi cado que tienen como apertura a factores no locales ni de retorno al clasicismo o ruralismo propios de la arquitectura de los 40.
Dentro de esta situación, un punto aparte merece la exposición realizada en el Palacio de la Virreina en 1953, en torno a la arquitectura norteamericana organizada por La Casa Americana en Barcelona. Esta exposición presentó casi exclusivamente ejemplos de arquitectura moderna. Según afi rmaría Sostres en un artículo en torno a ella, “(…) al margen de cualquier polémica y con toda naturalidad, como una realidad consumada (…)” (11).
Alrededor del momento de inicio de la infl uencia norteamericana, encontramos discrepancias entre diferentes autores. Cirici defi ne la época de 1949-1953 como la de “la ayuda norteamericana”. Esta cronología
(12) Contrapondremos, pues las dos divisiones temporales, relevantes sin duda a nivel de matiz para entender los posicionamientos y corrientes de aquel momento. Tamames afi rma en 1977 en su capítulo Fases de la política económica:
“A lo largo del periodo 1939-1975 pueden distinguirse en la política económica española cinco fases bien delimitadas, tanto por sus características como por sus fronteras cronológicas. La primera, la más larga, desde 1939 a 1951, estuvo marcada por el signo de la autarquía, la infl ación y el estancamiento; esa fue la fase que estrictamente podemos llamar de posguerra, de no poca miseria y hambre.
En la segunda etapa (1951-1956) siguieron patentes los síntomas autárquicos más signifi cativos, pero coincidiendo con una cierta recuperación de la renta nacional, que contrastó con el anterior estancamiento económico global. Al propio tiempo, entre 1951 y 1955, se apreció una mayor estabilidad de precios, para al fi nal de este cuatrienio desencadenarse nuevamente el dispositivo infl acionario, lo que ya creó la conciencia de que la vía autárquica estaba prácticamente agotada.
La tercera fase, la más breve, cubrió los tres últimos trimestres de 1957, todo 1958 y el primer semestre de 1959. Estos dos años fueron la búsqueda de un nuevo equilibrio, de planteamiento de una liberalización económica que fi nalmente se tradujo en el plan de estabilización de 1959.”
Tamames, Ramón, Historia de España Alfaguara VII. La República. La era de Franco. 6ª ed. Colección Alfaguara Universidad. Madrid: Alianza Editorial 1977. p. 422.
Podemos contrastar esta organización en fases con la establecida por Cirici, ya citada en el prólogo de este documento. Entendiendo que la etapa que éste defi ne como de “Ayuda americana” no tan sólo implica el hecho directo de la ayuda. Sino los movimientos sociales, políticos y de posicionamiento cultural del Régimen a fi n de conseguir adaptar sus características a las condiciones que posibilitasen obtener dichas ayudas. Cirici, Alexandre. Op. cit. 1977. pp. 44-45.
(13) El propio Tamames dirá más adelante
“El cambio de la actitud de los EE.UU. frente a España se inició en 1951. En la autorización de la ley de seguridad mutua para el año fi scal 1950-1951 se incluyó la consignación de un crédito a largo plazo del Expor-Import Bank, destinado a la adquisición por España de productos agrícolas, materias primas y equipo por un valor total de 62,5 millones de dólares. (…)
Las negociaciones entre los gobiernos de los EE.UU. y España para la fi rma de pactos de ayuda militar, económica y técnica se desarrollaron a lo largo de 1952 y en los primeros meses de 1953, y el 26 de septiembre de este último año se suscribieron en Madrid. (…) a cambio de las bases militares y navales de utilización conjunta, los EE.UU. facilitarían a España ayuda militar, económica y técnica.”
Tamames, Ramón. Ibíd. pp. 424-425.
Las dudas en torno a en qué momento se inicia o no la ayuda norteamericana se encontrarán en las propias contradicciones en las que incurren autores como Tamames, quien más adelante dirá:
“La situación de Europa llegó a un alto grado de tensión a lo largo del primer semestre de 1948, debido al golpe comunista de Checoslovaquia en febrero y al bloqueo ruso de Berlín desde junio. No es extraño, pues, que en octubre llegase a Madrid la primera misión militar norteamericana, encabeza(da) por el senador Gurney, quien a su vuelta a EE.UU. declaraba textualmente « Todos los que resisten al comunismo deben comprender el interés por hacer entrar a España en el seno de las Naciones Unidas.»
En 1949 los acontecimientos siguieron su desarrollo en la misma línea. En febrero, el Chase Nacional Bank concedió un crédito de 25 millones para la compra por España de productos norteamericanos, lo que permitió paliar la situación de abastecimientos.(…)” Tamames, Ramón. Ibíd. p. 522.
(14) “La arquitectura moderna, que nos llegó en la forma menos atractiva y se señaló como una moda pasajera, se ha mantenido viva, y hoy aparece con el aval de una mundial adopción, madura y diversifi cada según climas.
Las fotos de extraordinarias realizaciones en Norteamérica, en Suecia o en el Brasil, despiertan la curiosidad con la admiración ingenua y algo boba con la que se acepta lo americano, y por la infl uencia del Life, del Harper’s o del Forum se forma esta capa de cultura general, superfi cal y seguramente snob, pero que constituye el substrato indispensable para la formación de un clima de interés.
En el terreno profesional, superada la reacción de posguerra, y algo de nuestro aislamiento, los crecientes contactos con el exterior renueva una inquietud que repercute en obras divulgadas principalmente en la Revista Nacional de Arquitectura.”
Mitjans i Miró, Francisco. “La arquitectura barcelonesa desde el modernismo”. Boletín de Información de la Dirección General
de Arquitectura (septiembre 1951): p. 24.
(15) En este sentido, Sostres afi rmó en 1953, en el artículo antes comentado:
“También cabría interpretar, en el terreno de la economía, la medida en que la publicidad, la libre y dura competencia y el nuevo lujo –como los coches que allí se fabrican, la mayoría de la arquitectura americana podría llevar el marchamo «De luxe»- actuando como estímulo y mecanismo institintivo de una economía sumamente elástica, refl uyen y condicionan las formas propias de la arquitectura.”
discreparía con la defi nida por Tamames en su capítulo de Historia de España (12). Tamames fecha el inicio de las ayudas en 1951, con el inicio del crédito a largo plazo del Export-Import Bank. Según este, las aportaciones económicas, pese al tópico cinematográfi co, fueron una línea de crédito independiente del plan Marshall (1948-1952). Y estuvieron vinculadas a los posteriores acuerdos EE.UU-España de 1953 para la instalación de las bases militares norteamericanas en territorio español (13). Así que, siendo precisos, “Bienvenido Mr. Marshall” debería haberse llamado “Bienvenido Mr Bases”.
Se podría afi rmar, en todo caso, que la infl uencia económica y cultural norteamericana en aquel momento de salida de la crisis autárquica fue extremadamente elevada. Extremo recogido con cierto escepticismo por el propio FMM en un artículo en 1951 (14). Es plausible pensar que dicha infl uencia económica conllevase también un cierto grado de imitación de la imagen de aparente opulencia y bienestar de los modelos presentados en la exposición. Popularizados también en las revistas de aquel momento.
Capítulo aparte dentro de esta exposición tendría la relevancia que toma el vehículo, del “coche”. Imagen de la industrialización, incluso de lujo, en la España de los primeros 50. El tema del vehículo, ligado al desarrollo, se podría establecer como uno de los nuevos tópicos vinculado a la imagen de modernidad e internacionalidad que querrán transmitir ciertas arquitecturas. Las fotografías de edifi cio con vehículo o la adaptación de parte de los edifi cios a ser recorridos por vehículos se extienden de modo ubicuo como expresión de modernidad. Un modelo icónico propio de la modernidad que se reforzaría de modo local en esta exposición (15).
(16) Discusión a la que podríamos incorpora el artículo de Julio Tascón en torno a la presencia contínua de capital internacional, con base principalmente en Suiza y los EE.UU en el periodo 1936-1959.
Tascón Fernández, Julio. “Capital Internacional antes de la «Internacionalización del Capital» en España, 1939-1959”, en Sánchez Recio, Glicerio; Tascón Fernández, Julio (eds). Los Empresarios de Franco. Política y economía en España, 1936-1957. 1ª ed. Colección Crítica/Historia del mundo moderno. Barcelona: Crítica 2003. pp. 281-306.
(17) Posiblemente por razones de carácter político, Benavent atribuye, en el prólogo de la segunda edición de 1944 de su Como