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Abandonando el “principio de la insuficiencia”

ABANDONANDO EL “PRINCIPIO DE LA INSUFICIENCIA”

En la provincia de Kochi, en Japón, vive un farmacéutico llamado Shizuo Dodo. Como él es químico, está acostumbrado a analizar las cosas basándose en la Química. Después de haber leído el libro El Misterio del Universo, escrito por el gran filósofo alemán Haeckel, adoptó la idea de que el hombre también es una simple masa hecha de materia. Por lo tanto, creía que su esposa no se embarazaba por alguna insuficiencia de orden material. Después de realizar muchas experiencias en el campo de la Química, finalmente pensó que había descubierto que, el principio fundamental según el cual todas las cosas de este mundo se mueven, es el “principio de la insuficiencia”. Insuficiencia quiere decir “carencia”. Por lo tanto, todas las cosas se mueven debido al principio fundamental de la “carencia de algo”. Las personas trabajan porque les falta dinero; comen porque les falta alimento y elementos nutritivos en su organismo; el hombre desea a la mujer porque ella le hace falta; y la mujer, a su vez, desea al hombre porque él le hace falta; el hidrógeno y el oxígeno se combinan, porque al oxígeno le falta hidrógeno y al hidrógeno le falta el oxígeno. Todo se mueve debido al principio de la “insuficiencia”. A esta conclusión llegó el Sr. Shizuo Dodo. “Este es un principio irrefutable. ¡Yo descubrí la verdad del universo!”; así, pensó.

Pero cierto día, conoció mi filosofía de la Imagen Verdadera, según la cual “el hombre se mueve según el principio de la suficiencia”. Este punto de vista es completamente opuesto al del Sr. Shizuo. Como ya dijimos, su teoría era que todo, tanto

el hombre como las cosas, se mueven debido a la carencia de algo. Pero, según la filosofía de la Imagen Verdadera, todas las cosas y todos los hombres se mueven para manifestar su aspecto original que ya es completo. Expliquemos: Entre los lectores, debe haber muchas personas que les gusta fumar. Quienes tienen ganas de fumar, con toda seguridad, son los que tienen en su interior (en su mente) el gusto por el humo, pues una persona que desconoce el cigarro, no siente el deseo de fumar. Por lo tanto, es válido si pensamos que el hecho de desear una determinada cosa significa que nosotros ya poseemos esa cosa. En otras palabras, sentimos el deseo de obtenerla porque todavía no se manifestó ante nosotros lo que es nuestro originalmente. Por ejemplo, la mujer desea al hombre y el hombre desea a la mujer, porque ambos saben, intuitivamente, que su “otra mitad” existe en algún lugar. El objeto de nuestro deseo ya existe y es por eso que nosotros lo buscamos. Buscamos el camino de la salvación y de Dios a través de la religión. Sentimos el deseo de religarnos a Dios, justamente porque en el interior de nuestro ser tenemos la conciencia de que “originalmente somos divinos”.

Un eminente sacerdote budista llamado Kobo escribió: “Todas las criaturas ya están en el estado de Buda; sin embargo, no se dan cuenta”. Con esto, él quiere decir que todos los seres, a pesar de que originalmente son hijos de Dios perfectos, ignoran esta verdad, simplemente no la perciben. Es suficiente que ellos noten lo siguiente: “Yo ya soy un ser búdico, ya soy perfecto; la ilusión ya no existe, el pecado ya no existe; ya soy perfecto y completo; ya soy hijo de Dios, hijo de Buda”.

Se puede decir Dios o Buda, porque la esencia es la misma. Buda significa “liberación”. En la sutra del Nirvana está escrito: “El estado de Buda consiste en la liberación”. “Liberarse” significa soltar las ataduras, es decir, ser libre de todas las restricciones. Cuando el hombre se libera de todas las limitaciones y desaparecen todos los “nudos” que lo ataban, se manifiesta una situación de total libertad, como si hubiese sido abierta la envoltura que cubría el diamante. Ese estado de total libertad es el estado de Buda.

El hombre, a pesar de ser originalmente “hijo de Dios” y totalmente libre, se siente un prisionero. Lo que lo aprisiona, sin embargo, no es una fuerza externa; si él está

prisionero es por sus propias cadenas, es decir, él mismo se encadena. Esto es semejante a una pesadilla. Por ejemplo, soñamos que un ente diabólico está sobre nuestro pecho, nos oprime con una fuerza terrible, nos sentimos sofocados y desesperadamente lo apartamos de nosotros, pero no lo logramos. Cuando llegamos al punto de no soportar más su peso, nos despertamos. Entonces, nos damos cuenta que no hay ningún diablo y que lo que apretaba nuestro pecho eran nuestros brazos. Nosotros mismos oprimíamos nuestro pecho con toda fuerza. Lo mismo sucede con el hombre que se auto limita. A pesar de que originalmente tiene dentro de sí la Vida de Dios Todopoderoso, el hombre la mantiene encubierta, porque no percibe su propia naturaleza divina y se considera una simple masa hecha de materia, un ser débil e insignificante, susceptible de enfermarse. Este pensamiento sofoca la Vida de Dios que hay en su interior. Lo que mantiene preso al hombre no es el “diablo”, sino sus propios “brazos”, los “brazos de su mente”. La fuerza que aquí fue comparada al “diablo” de la pesadilla no es una fuerza externa; es la fuerza que existe dentro del mismo hombre. Cuando el hombre dirige esa fuerza hacia afuera y la aplica libremente en el mundo exterior, él es capaz de realizar cualquier obra. Atándose a sí mismo con tal fuerza, él disminuye su propia capacidad. A esto llamamos “ilusión”. Este “empleo negativo de la mente” es lo que amarra la vida del hombre. A esto llamamos tsumi (pecado). La palabra tsumi se originó de tsutsumu (encubrir). En verdad, no existe una “cosa” llamada pecado. Tan sólo sucede que el hombre encubre su Imagen Verdadera (Aspecto Real) y no lo manifiesta. El hombre, como originalmente es hijo de Dios, es completamente libre; él no es un cuerpo carnal, ni una insignificante masa hecha de materia susceptible de ser atacada por microbios o alcanzada por calamidades. No obstante, lo olvida y piensa que es real el aspecto que ve con los ojos carnales y cree que es algo hecho de materia, un simple cuerpo carnal. Cuando piensa de esta forma, él se encubre y se ata a sí mismo. Esto es tsumi (pecado). Pero, cuando despertamos a la conciencia de que el hombre no es materia ni cuerpo carnal, sino un ser divino, totalmente libre, se dice que llegamos a la comprensión de la Verdad. En otras palabras, cuando sucede este despertar, se deshace lo que lo envuelve y él pasa a presentar el “estado de Buda”, llega a ser totalmente libre. Esto quiere decir que, originalmente, debajo de la “envoltura” existe su Imagen Verdadera.

La palabra “deshacer” o “desatar”, en japonés es liodokeru, de donde viene la palabra hotoke (Buda). Así, cuando se deshace la “envoltura” nosotros alcanzamos el “estado búdico”, es decir, llegamos a ser libres. Profundizando más: Aunque se deshiciese la envoltura, si su contenido fuesen muchas baratijas, aparecerían sólo baratijas; sin embargo, cuando el hombre despierta espiritualmente y deshace su “envoltura”, él pasa a presentar el “estado de Buda”, se vuelve totalmente libre. Esto quiere decir que, originalmente debajo de la “envoltura” existe su Imagen Verdadera, su aspecto real, la vida de Dios. Volvamos al ejemplo de la pesadilla mencionado antes, en el cual el "diablo” quiere oprimirnos. Al despertar sobresaltado, vemos que eran nuestros propios brazos que apretaban nuestro pecho. Podemos comparar esos “brazos” al envoltorio que cubre la Imagen Verdadera. Cuando abrimos los ojos de la mente y retiramos los “brazos” que nos mantenían prisioneros, comienza a emanar una gran fuerza que originalmente existe en nuestro interior; entonces, nada más nos podrá sujetar. Cuando sucede el despertar, el hombre descubre que es perfecto desde el principio y que nada le falta. Todo esto el Sr. Shizuo Dodo aprendió mediante la lectura del libro La Verdad de la Vida.

Cuando se transforma la mente, también se transforma el cuerpo y el medio ambiente. De esta forma, la esposa del Sr. Shizuo, que hasta entonces no se embarazaba a pesar de los diferentes tratamientos a los que se había sometido, se embarazó y dio a luz a una linda criatura. También se transformó su actitud con relación al dinero. Hasta entonces, por más plata que el Sr. Shizuo ganase, ella reclamaba diciendo que era insuficiente. Pero después que el Sr. Shizuo leyó el libro La Verdad de la Vida, su esposa dejó de protestar. La pareja comenzó a tener una vida de abundancia cuando obtuvo satisfacción espiritual a través de la filosofía que afirma: “Todas las cosas que el hombre busca, en verdad, ya le están dadas”. Nuestro estado físico, el ambiente que nos rodea, las circunstancias en las cuales vivimos, nuestras condiciones financieras, en fin; todo es reflejo de nuestra mente. Cuando nuestra mente se enriquece, también obtenemos bienes materiales en abundancia. En la Imagen Verdadera (Aspecto Real), todas las cosas están completas y son suficientes desde el principio. Es exactamente por esta razón, que sentimos el deseo de obtener esto o aquello, para manifestar también en el

aspecto fenoménico esta Imagen Verdadera ya completa. Como ya fue dicho, si queremos una cosa es porque esa cosa ya existe. El Sr. Shizuo Dodo llegó a la comprensión de esta verdad.

Ustedes son hijos de Dios y ya poseen dentro de sí todas las cosas, basta que las exterioricen. Esto equivale a “dar, en primer lugar”. Cuando las personas exteriorizan lo que ya tienen dentro, todo pasa a moverse favorablemente: Nace el hijo tan deseado, aumentan las riquezas y todo se armoniza.