LA FINALIDAD DE LA VIDA
Conozco a una señora llamada Hanako Yoshikawa, que hasta hace algún tiempo vivía en Gifu. A los 16 ó 17 años comenzó a sentir una gran necesidad de conocer la verdadera finalidad de la vida en este mundo. Además, en esta fase de la vida, la mayoría de las adolescentes se cuestiona sobre este asunto. Creo que una persona que nunca se preocupó con este problema debe ser poco reflexiva. Bueno, como decía, la joven Hanako pasó mucho tiempo buscando una respuesta a la pregunta “¿De dónde vienen y a dónde van todos los hombres?”. Y, concluyó, que el objetivo final del hombre en este mundo debería ser la muerte, ya que todos sin excepción son mortales. Hay hombres que realizan grandes negocios y se vuelven ricos; otros, que se vuelven famosos; otros, incluso alcanzan altas posiciones. Pero todo esto no pasa de acontecimientos que sólo retardan la jornada, pues todos acaban llegando inevitablemente a la meta final que es la muerte. Convencida de esto, aquella joven de corazón puro y sincero tomó la decisión de “no demorarse más en el camino” y seguir directamente a la meta final, es decir, a la muerte. Como vivía cerca al lago Hamana, se dirigió a él, escogió el lugar que creyó era el más profundo y se lanzó al agua. Como pensaba que había alcanzado el objetivo de la vida, sentía dentro de sí una inmensa satisfacción. Sin embargo, extrañamente no se sentía sofocada. Súbitamente, se dio cuenta de que estaba flotando. Era natural que no se sintiese ahogada. En ese momento, pasaron unos pescadores que la rescataron.
nadar? - En realidad, no hay ningún misterio en esto. El peso específico del cuerpo humano es menor que el del agua; luego, es natural que el cuerpo flote. Sin embargo, la mayoría de las personas no flota cuando se tira al agua. Claro que me refiero a las personas que no saben nadar. Generalmente, ellas se van al fondo. ¿Por qué? - Como ellas no se quieren ahogar - pues saben que eso significa la muerte - se agitan desesperadamente y justamente por eso se van cada vez más al fondo. El hombre, como es más leve que el agua, debería flotar; pero se ahoga porque lucha. Lo mismo sucede en nuestras vidas. Cuanto más combatimos intentando curarnos de una enfermedad, más nos enfermaremos. Y si fracasamos en nuestros proyectos, cuanto más nos esforzamos en recuperar el dinero perdido y obtener lucros, más aumentarán los perjuicios.
Por lo tanto, lo más importante en esta vida es no precipitarnos, no luchar en vano. Creo que ustedes conocen la expresión “estado natural del alma”; cuando se vuelve a ese “estado natural”, lo que es leve flotará infaliblemente. Ya que el hombre es “vida”, es natural que él viva. Dios, de quien el hombre recibe la Vida, jamás fracasa. Él es el Eterno Vencedor. No obstante, el hombre que tiene dentro de sí la vida de ese Dios eternamente victorioso, sufre muchas veces desdichas como enfermedades, fracasos en los trabajos, etc. ¿Cuál es la razón de esto? - Es que las personas, cuando juzgan que están en una situación adversa, se esfuerzan desesperadamente para revertirla. En el caso de la joven Hanako, como su intención era morir, no se desesperó cuando estuvo en las aguas del lago. Por el contrario, se sintió grata por haber alcanzado su objetivo, se abandonó en las aguas, lo que evitó que se ahogara. Cuando apareció un barco y los pescadores la salvaron, se irritó mucho. “Ellos se entrometen donde no son llamados; yo quería morir para alcanzar la meta final y ellos no me dejaron”. Pensando de esta forma, Hanako sentía que hervía de cólera. Se dice que, el cuerpo es el espejo de la mente y que las cosas que la mente siente se manifiestan en el cuerpo. Fue exactamente lo que le sucedió a la joven cuando se puso furiosa porque la salvaron. Ella contrajo una enfermedad que era la manifestación de su estado del alma: el tifus. Tuvo fiebre altísima y su rostro se puso rojo. El sentimiento de cólera se manifestó en el cuerpo en la forma de fiebre tifoidea. Al diagnosticar el doctor tal enfermedad, Hanako
fue inmediatamente internada en un hospital de cuarentena.
Ya en el lecho del hospital, ella pensó: “Mi enfermedad debe haber sido muy grave, porque me internaron en un hospital de cuarentena. Creo que esta vez podré morir y alcanzar mi verdadero objetivo”. Una vez más se sintió satisfecha, y pensaba que finalmente había logrado su propósito. Cuando alcanzó ese espíritu de gratitud, inexplicablemente comenzó a mejorar y poco después ya estaba curada. En vista de esto, los médicos pensaron que hubo una equivocación en el diagnóstico y la dieron de alta. Como podemos ver, la enfermedad del cuerpo es la manifestación del estado del alma.
Después de este episodio, la joven Hanako intentó muchas veces más suicidarse convencida de que la muerte era el objetivo final del hombre; sin embargo, falló en todas sus tentativas. Cuando llegó la edad de casarse, tratando de seguir los consejos de su padre terminó por unirse a un joven, aunque no le agradaba mucho. Sin embargo, todavía creía que su verdadero objetivo (así como el de todos los hombres) era la muerte. Por eso, ni se detenía a pensar que una mujer debía tratar a su esposo con respeto y amor. Consideraba que la vida doméstica le había sido impuesta y, por eso, era evidente, que su vida conyugal era infeliz.
Cuando los esposos no viven en armonía, sus hijos casi siempre sufren alguna enfermedad. El niño que tuvo esta pareja era idiota. Una criatura idiota es mucho peor que una retardada mental. A pesar de sus ideas respecto a la vida, después que dio a luz a su hijo (aun siendo una criatura idiota), la Sra. Hanako sintió, como es natural, que nacía en su corazón el amor materno. Ahora, su mayor deseo era que su hijo enfermo fuese un niño inteligente y saludable, y estaba dispuesta a todo para lograrlo. Ya había olvidado completamente su obsesión por In muerte, se preocupaba únicamente en curar a su querido hijo y recurría a todos los métodos posibles. Pero todo era inútil. Las personas le decían que no había manera de curarlo, porque el niño había nacido mentalmente débil. Entonces, le sobrevino una profunda angustia. Fue, en esa época, que tuvo los primeros contactos con la enseñanza de Seicho-No-Ie.
Y ¿En qué consistían esas enseñanzas? - Es la enseñanza que dice “El hombre es hijo de Dios, la idiotez no existe”. En realidad, la idiotez es inexistente. Sin embargo, si
vemos con los ojos carnales; de hecho, la idiotez existe, existen personas con coeficiente intelectual inferior al normal. Aquí surge la aparente contradicción entre la enseñanza “la idiotez no existe y el fenómeno de la existencia de la idiotez. Normalmente, las personas no entienden bien este punto. Para comprenderlo bien, es necesario saber que, el mundo que vemos con nuestros ojos carnales; es decir, el mundo fenoménico, el inundo aparente, no es la realidad (EM: mundo fenoménico es el mundo de la personalidad, el mundo ilusorio, el del espejismo, el de la falsedad). El mundo del fenómeno no tiene sustancia. Lo real está detrás de las cosas visibles. El hombre no es cuerpo carnal, no es materia, ni es cerebro. Detrás de este cuerpo carnal, detrás de esta materia, detrás de este cerebro, encontramos la infinitamente sublime Vida de Dios y esta es la Imagen Verdadera, el Aspecto Real. Es necesario contemplar verdaderamente la Vida de Dios, que es la Imagen Verdadera del hombre, el Aspecto Verdadero del hombre. Este Aspecto Verdadero (Imagen Verdadera), no puede ser visto por los ojos carnales. Por este motivo, se acostumbra pensar que no existe el aspecto perfecto, que es el hijo de Dios. Pero; en realidad, solamente el aspecto perfecto (e invisible) del hijo de Dios es el Aspecto Verdadero. (EM: Una vez más, refiérase al Jisso o nuestro Ser Interior, a la Mónada o Presencia Divina Yo Soy, al Ángel Solar o Santo Cristo Propio). Los aspectos visibles a los ojos carnales, son la manifestación de los aspectos de la mente de la propia persona o de los padres (cuando se trata de niños); por eso, cuando la mente de la Sra. Hanako cambió, su hijo se transformó en un niño inteligente. Sobre esto hablaré en una próxima ocasión.