EL TESORO INTERNO
En la Sutra de Loto se encuentra la parábola del Keihoju que es una joya tan preciosa como el diamante. Es una parábola que enseña que dentro de todo hombre está escondido un tesoro fabuloso constituido de Sabiduría, Amor, Vida y Dádiva infinitos.
Cierto día, un hombre muy rico al salir de viaje se encontró con un amigo suyo, vestido con harapos, con rostro demacrado, sucio y muy delgado.
-¿Cómo estás? -le preguntó el hombre rico.
-Muy mal. Estoy sin trabajo y sin un céntimo en el bolsillo. Hace cuatro o cinco días que no me alimento.
-¡Qué cosa! En este momento estoy viajando y tengo muchos compromisos y, por eso, no puedo demorarme mucho tiempo, pero vamos a mi casa. Quiero ofrecerte un buen almuerzo.
Lo llevó a su residencia, le dio lo mejor para comer y beber. El amigo que estaba con mucha hambre, pues no probaba alimentos desde hacía varios días, comió de lo mejor, bebió en abundancia, se sintió satisfecho y allí mismo se quedó profundamente dormido. El hombre rico, como tenía compromisos no podía permanecer con su amigo. Pero pensó para sí mismo: “Me gustaría dejarle algún dinero”. Trató de despertarlo, pero no lo logró.
pueden robar. ¿Qué haré?
Entonces, colocó en el lado interno de la solapa del saco de su amigo un diamante que valía una fortuna.
Transcurrió medio mes, y nuevamente el hombre rico se encontró con su amigo. Estaba como antes, vestido con harapos, desarreglado, con un aspecto miserable.
-¿Qué te sucedió? ¿Todavía continúas con esa apariencia? -Estoy de mal en peor. No tengo salida. No encuentro trabajo. -¡Es imposible que estés así! ¡Yo te hice rico!
-¡Qué disparate!, ¿Dónde está mi fortuna?,- expresó el desempleado con su aspecto paupérrimo.
-¡Mira, tú tienes una fortuna de millones! -Deja de burlarte de las personas.
-Pero tú tienes millones. Allí está.
Y el hombre rico buscó en la parte interna de la solapa del saco de su amigo. Allí estaba un diamante brillando esplendorosamente.
En esta parábola, los trapos simbolizan el fenómeno. Si sólo vemos externamente, el hombre puede parecer un trapo, es decir, físicamente puede parecer enfermo y muy maltratado, pero en su interior existe la Vida infinitamente valiosa que brilla resplandecientemente. Es necesario que el hombre concientice su valor verdadero. Cuando hay esta concientización, el mendigo harapiento deja de ser pobre. Antes de tomar consciencia, el amigo estaba en la miseria, a pesar de que ya tenía un inmenso tesoro, porque lo que no es reconocido por la mente es como si no existiese. Mientras no lo reconoce, el hombre sufre, pues cree que es pobre y que está desamparado. Sin embargo; cuando toma consciencia de la Imagen Verdadera que se aloja en su interior, él descubre que ya es infinitamente rico.
No obstante, el hombre llega a pensar que su Vida es este cuerpo frágil, que la Vida es producto de reacciones químicas que suceden en su cuerpo físico. Mientras tenga tal pensamiento es como si el hombre estuviese vestido con andrajos.
-Aunque, aparentemente estemos vestidos con harapos, debemos mirar la Vida que existe en nuestro interior. Si descubrimos esta Vida maravillosa, es natural que las
enfermedades desaparezcan instantáneamente. Temerle a una cavidad en el pulmón es lo mismo que creer que somos pobres porque consideramos sólo los trapos que vestimos. Para curar la cavidad pulmonar es suficiente que nos llenemos con la fuerza vital de nuestro interior. No es necesario que coloquemos algo para llenar esta cavidad. Nosotros mismos podemos llenarla.
Usted preguntará, ¿Cómo hacer para llenarla? Usted lo sabe. Quien dice que no sabe es como aquel mendigo que no se daba cuenta del diamante que tenía escondido en la solapa de su saco.
Cuando usted estaba en la barriga de su mamá, ¿Cuál era su tamaño? Al inicio, era un embrión de apenas 0,2 mm de diámetro, más pequeño que el de un pez. Si lo observásemos con un microscopio, veremos en ese huevo sólo la yema y la clara, tal como en un huevo de una gallina. En él no hay ojos, ni nariz, ni corazón ni tampoco pulmones. ¿Quién creó los pulmones, el corazón, el cerebro, los ojos, la nariz y todos los innumerables complejos órganos que no existían en el embrión? Fue la Vida que se aloja dentro de usted. Esta Vida continúa trabajando en su interior. No fue sólo en la fase intrauterina que esa Vida estuvo dentro de usted, ella sigue en su interior y diariamente está reparando y proveyendo a su organismo; continúa eliminando las células viejas y creando las nuevas. Por lo tanto, si alguien tuviese una cavidad en los pulmones, no hay necesidad de preocuparse, pues la reparación la efectuará su propia Vida, que tiene una fuerza tan extraordinaria, que puede crear todos los órganos a partir de la nada. Sin embargo, si el hombre quiere curar su cuerpo desde afuera, el “doctor interno”, es decir, el “poder curativo de la naturaleza” podrá resentirse y decir: “Si usted manda curar desde afuera, es mejor para mí porque así yo descanso”.
En síntesis, para evocar y despertar su grandioso poder curativo interno usted debe, en primer lugar, volverse en dirección a esa fuerza grandiosa, a ese creador, que hizo la Tierra, las estrellas, el Sol, los hombres, los pulmones y el corazón a partir de la nada.
Si usted pretende reparar su reloj, no sirve llevarlo a un hojalatero pues él nunca compuso un reloj. No hay otra alternativa sino llevarlo al relojero. Y en el caso de que la reparación sea muy difícil o el relojero no tenga las piezas necesarias, usted debe
dirigirse al fabricante. Cuando decimos “fabricante”, nos estamos refiriendo a la Vida de Dios que se aloja en nuestro interior. Al colocarnos en dirección a la Vida de Dios, surge de nuestro interior la infinita fuerza vivificadora. Esto es aplicable no sólo en casos de enfermedad, sino también al enfrentar problemas económicos, en estas situaciones también debemos dirigirnos a la Gran Vida Fuente que nos creó a nosotros, los hombres. El “Keihoju” de esta parábola no debe ser interpretado sólo como “Poder curativo natural” para sanarnos de las enfermedades. Él nos demuestra que dentro de nosotros también se aloja la riqueza infinita. Y Dios tiene el inmenso poder de donar la riqueza a los hombres, pero ellos tienen miedo de recibirla y huyen. Por ejemplo, muchas personas piensan que no podrán ir al Cielo si se vuelven ricos porque interpretaron equivocadamente las siguientes frases bíblicas: “No podéis servir a Dios y a la riqueza”; “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”. De esta manera, frenan su propio enriquecimiento. Yo también era así en mi juventud. Me auto limitaba e ignoraba la dádiva infinita que ya había recibido. Cuando eliminamos esta autolimitación nos liberamos de la pobreza y también de la enfermedad.
Lo que trae la felicidad al hombre es el pensamiento de que dentro de nosotros se aloja la Vida infinita, la Vida perfecta de Dios y que la enfermedad no existe. No hay mejor pensamiento que este para que el hombre sea feliz. Debemos divulgar tanto como nos sea posible este pensamiento y esta fe a toda la humanidad. Nosotros no necesi- tamos envidiar a nuestro prójimo o desear las cosas ajenas, porque dentro de nosotros tenemos todo lo necesario en cantidad ilimitada. Es importante que comprendamos, antes que nada, nuestra naturaleza verdadera. Cuando concientizamos nuestra naturaleza verdadera se manifiesta en nosotros la fuerza infinita. Si no tomamos conciencia de esto, no se manifestará la Vida infinita. Supongamos que una persona tenga en su billetera un cheque por un valor de cien mil dólares, pero no se da cuenta de este hecho. Mientras no descubra el cheque que está en su billetera, será imposible utilizarlo. Sin embargo, al descubrirlo, la persona tendrá fuerzas para emplearlo. Colocarnos en dirección a la fuente originaria de nuestra Vida significa comprender la Verdad de que “El hombre es hijo de Dios” y esto es importante tanto para la solución
de las enfermedades o de los problemas de la vida, como para una excelente formación de los hijos. Debemos no sólo j conocer esta Verdad, sino también trasmitirla a nuestro prójimo.
Cuando se dice “Hijo de Dios” se puede tener la impresión de que el hombre es algo infinitamente menor que Dios, pero no es así; significa que somos el centro de la manifestación de la propia Vida de Dios que brota bajo la presión de Su fuerza infinita. Detrás de nosotros está la Gran Vida infinita. Surge en nosotros la ilimitada fuerza de la Vida cuando concientizamos esta realidad. También debemos tomar conciencia de que ya somos prósperos.
La Sutra de Loto dice: “Estábamos satisfechos con la pequeña inteligencia, cuando, en verdad, ya habíamos recibido la Sabiduría de Buda”. Debemos releer esta frase y reflexionar al respecto, varias veces.
Usted ya ha recibido la infinita Sabiduría, la infinita Vida y la infinita Riqueza; pero piensa que es insignificante, allí está el error, darse cuenta de esto es la base para alcanzar el éxito de todo lo que usted desea realizar.