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El cuerpo carnal es proyección de la mente

EL CUERPO CARNAL ES PROYECCIÓN DE LA MENTE

Este caso sucedió en el tiempo en que el Prof. Eizaburo Watanabe vivía en la ciudad de Takada, en la provincia de Niigata. En aquella ciudad había un señor, que aquí trataré como Sr. K, que gozaba de buena reputación, pero que no tenía suerte en el matrimonio, pues se había casado cinco veces y las cinco veces había enviudado. Sus cinco esposas habían fallecido como consecuencia de diferentes enfermedades. Después de la muerte de su quinta cónyuge, el Sr. K se prometió a sí mismo que no volvería a casarse, a no ser que encontrase una mujer con salud de fierro y que nunca hubiese estado enferma. Algún tiempo después un conocido suyo le presentó a una mujer que perfectamente reunía esos requisitos. Era de complexión robusta, irradiaba salud, y además era una persona culta. Al reconocer que no encontraría una mujer más adecuada para él, decidió casarse con ella.

Esta dama, que aquí la identificaremos como la Sra. B, era realmente fuerte y jamás se había enfermado. Sin embargo, extrañamente, más o menos después de medio año de matrimonio, tuvo neumonía, luego otitis y la pérdida parcial de la audición. Además padecía de problemas del corazón, útero y riñones. Según el médico, el estado de la Sra. B era muy grave y eran mínimas las posibilidades de que se curara.

En aquella época, el Prof. Watanabe daba clases en una escuela agrícola y, al mismo tiempo, trabajaba activamente como profesor de Seicho-No-Ie. Sus conferencias se habían vuelto famosas, porque gracias a ellas muchas personas se habían salvado.

Incluso, habían sucedido numerosos casos de curaciones milagrosas como el de un paralítico que había vuelto a caminar y el de un ciego que había recuperado la visión. Cada vez que oía hablar de las maravillosas conferencias del Prof. Watanabe, la Sra. B sentía que aumentaba su deseo de conocerlo y escuchar personalmente sus explicaciones sobre la Verdad. Hasta que, finalmente, decidió invitarlo a su casa. Entonces, una cierta noche, el Prof. Watanabe se dirigió a la residencia de la familia K para dar orientación psicológica a la Sra. B. Ella se encontraba en cama con una fiebre muy alta, pero aun así, le pidió al profesor que le hablase de la Verdad. Entonces, él comenzó a explicarle:

-La neumonía tiene como verdadera causa la desarmonía conyugal. El cuerpo carnal es proyección de la mente y el estado que presenta el cuerpo es “manifestación simbólica” del estado mental. Como todos saben, en el cuerpo humano hay dos pulmones: el izquierdo y el derecho. Pues bien, el izquierdo representa el polo positivo y simboliza al marido; mientras que el derecho representa el polo negativo y simboliza a la mujer. Los problemas surgen cuando hay desarmonía entre el positivo y el negativo. Cuando la pareja no está con la “respiración” (relación) armonizada surgen averías en el órgano respiratorio. Neumonía es la inflamación del pulmón y la inflamación se caracteriza por la fiebre. La fiebre (el calor) es consecuencia del conflicto entre lo positivo y lo negativo. En realidad, los cónyuges deben vivir reverenciándose mutuamente. Sin embargo, usted desprecia a su esposo y no le brinda atención. Por eso, contrajo esta enfermedad. Trate de reverenciar más a su esposo.

La Señora B reaccionó violentamente a las palabras del Prof. Watanabe, y mojando la almohada con sus lágrimas de contrariedad, exclamó:

-¡¿Cómo usted me puede decir eso?!, ¡¿Cómo puede decirme que no me dedico suficientemente a él?, ! ¡Sepa usted que yo contraje esta neumonía por ser demasiado abnegada con él!. Mi esposo tiene aventuras con otras mujeres y pasa todo el tiempo bebiendo en la compañía de ellas. Llega tarde a casa y me miente diciendo que cenó con clientes. Además, me parece que tiene una amante en alguna ciudad vecina, pues a veces, vuelve en el tren de la una o de las dos de la madrugada. Yo quise corregirlo con mi dedicación; por eso, yo misma iba a recibirlo a la estación. Muchas noches caminé

hasta allá, a pesar de la nieve que caía, del viento helado que me daba en el rostro o de la gripe que me debilitaba. ¡Fue por eso profesor que me he enfermado y estoy con neumonía! Me enfermé porque me dediqué demasiado a mi esposo. ¡Y usted me dice que no he sido abnegada! ¡Oh! ¡Es demasiado!...

La Sra. B hablaba con la voz entrecortada por los sollozos. Entonces, el Prof. Watanabe le respondió en tono alentador:

-Pero ¿Qué palabras son estas? Dice que “decidió corregir a su esposo con su dedicación” ¡Sus palabras indican que usted cree ser superior a su esposo; y lo descalifica, por considerarlo inferior! ¿Usted piensa que un hombre se pueda sentir bien en su hogar, percibiendo que su esposa se cree superior a él; y que siempre, íntimamente, lo desaprueba? ¿No es natural que él prefiera estar lejos de casa, en compañía de alguien que no tenga actitudes de crítica o desaprobación?

Así, le explicaba detallada y pacientemente el Prof. Watanabe, pero la Sra. B acometida de una crisis de nervios lloraba convulsivamente y no podía comprender el significado de esas palabras. Como no paraba de llorar, él pensó que sería mejor retirarse. Pero antes le entregó el libro titulado La Verdad de la Vida, diciéndole:

-Usted está demasiado alterada para comprender lo que deseo decirle. Por eso, voy a dejarle este libro, para que lo lea cuando esté más tranquila. Le ayudará mucho... Aun después de que el Prof. Watanabe salió, la Sra. B continuó llorando por algún tiempo. Pero en su mente agitada e insomne, las palabras del Prof. Watanabe comenzaron a resonar con claridad, y ella se sintió motivada a leer el libro que le había dejado. A medida que lo leía, se sentía como magnetizada por su contenido. Había allí muchas cosas que la tocaban profundamente, que la hacían reflexionar...

Había amanecido. La puerta se abrió; y entró la empleada, llevando la bandeja con el desayuno. En ese momento, se dio cuenta de un hecho sorprendente: su oído izquierdo, que no oía debido a la otitis provocada por la fiebre altísima que acompaña a la neumonía, captó claramente las palabras de la empleada.

-¡Es milagroso! -pensó la Sra. B. -Hasta ayer, vivía en conflicto con mi esposo. Pero al leer el libro La Verdad de la Vida, me di cuenta que yo era demasiado orgullosa e incapaz de comprenderlo realmente. Me arrepentí y me prometí a mí misma que me

esforzaría en ser más dócil y trataría de envolverlo con más amor y comprensión. Pienso que fue en ese momento que mi oído izquierdo recuperó la audición. Esto quiere decir que no es una mentira la filosofía de la Imagen Verdadera, la cual predica que el cuerpo carnal es proyección de la mente...

Entusiasmada, la Sra. B comenzó a leer repetidas veces el libro La Verdad de la Vida. En pocos días, la neumonía que casi la había llevado a la muerte, comenzó a ceder; y lo mismo sucedió con las demás complicaciones. Cuando el agradable calor de sol primaveral ya se hacía sentir hasta en aquella región de clima frío, la Sra. B había mejorado tanto que ya podía salir a pasear.

En aquellos días llegó a la ciudad de Takada, el profesor Midori Kaneko enviado por la Sede Central de Sei- cho-No-Ie. Al ser informada de que una reunión de adeptos de Seicho-No-Ie se iba a realizar en un auditorio cercano a su casa, ella decidió participar. Finalizada la conferencia del Prof. Kaneko, muchas personas se acercaron a él para hablar de sus problemas personales, enfermedades, etc. Entre ellas, estaba una joven señora con su hijo de aproximadamente seis años de edad que no podía caminar normalmente porque tenía las piernas defectuosas.

-Profesor, ¿Cuál es la causa de la anormalidad de mi hijo? -preguntó ella.

-¡Es la desarmonía conyugal! -respondió el profesor, subiendo el tono de la voz. - Los hijos son como espejos que reflejan la mente de los padres. Y perciba que la mente de la madre es la que más nítidamente se refleja en ellos. Dígame, ¿Usted no se lleva bien con su esposo? Pues sepa que el lado izquierdo simboliza al marido, y el derecho simboliza a la esposa. Como usted y su esposo viven peleando, esa desarmonía se manifiesta en su hijo en la forma de ese defecto en las piernas que no le permite caminar armoniosamente. Usted necesita comprender que la esposa debe ser dócil, ser capaz de anularse cuando es necesario, y aceptar serenamente las palabras del esposo... Puede estar segura de que cuando usted y su esposo dejen de discutir, ¡su hijo se curará!.

La Sra. B escuchaba pensativa estas palabras que el Prof. Kaneko le dirigía en tono enérgico a aquella joven madre. “Usted necesita comprender que una esposa debe ser dócil, ser capaz de anularse cuando es necesario y aceptar serenamente las palabras del esposo”. Estas palabras fueron las que más profundamente penetraron en el corazón de

la Sra. B. Las sintió como si hubiesen sido dirigidas especialmente a ella.

Al terminar la reunión, todos se levantaron y comenzaron a salir del salón. El niño con las piernas defectuosas también se puso de pie ayudado por su madre y comenzó a caminar. Pero al llegar a la puerta, sus pies se enredaron y cayó. Inmediatamente la madre lo ayudó, dándole las manos para que le sirviera de apoyo. El niño dio dos o tres pasos y, repentinamente, gritó con asombro y alegría:

-¡Mira mamá!, ¡Puedo caminar perfectamente!.

¡Era verdad!. Hasta hacía algunos instantes él no podía andar bien, pisando firmemente en el suelo, porque sus dos piernas estaban chuecas debajo de las rodillas. Pero ahora él estaba caminando con pasos firmes. Las personas que ya se estaban retirando, regresaron para presenciar la escena, y decían maravilladas: “Realmente, el cuerpo carnal es proyección de la mente...”, “Ahora creo que la enfermedad de un niño realmente es el reflejo del estado mental de los padres”, etc. A su vez, la Sra. B las escuchaba intensamente impresionada.

Hasta ese momento, la Sra. B todavía no tenía una fe realmente sólida en las enseñanzas de Seicho-No-Ie, a pesar de que se estaba restableciendo rápidamente desde que había comenzado a leer La Verdad de la Vida. No le parecía del todo improbable que tal hecho sólo fuese una casualidad, es decir, que su enfermedad ya estuviese por ceder, independientemente de la lectura del libro. Pero, al ver con sus propios ojos la curación de aquel niño que sucedió cuando la mente de la mamá se transformó, comprendió que hasta las deformidades físicas, consideradas incorregibles, se pueden curar a través de la mente; y entonces, su fe en las enseñanzas contenidas en La Verdad de la Vida se volvió realmente sólida. Al llegar a casa, habló con su esposo y le dijo lo que había intentado decirle desde hacía algún tiempo:

-¡Querido! Durante todos estos años, yo viví criticándote y desaprobándote mentalmente. Pero después que leí La Verdad de la Vida comencé a cambiar. Hoy, asistí a una reunión de Seicho-No-Ie, y gracias a sus enseñanzas, finalmente comprendí que, en realidad, yo estaba equivocada. Te pido que me perdones por lo que hice...

Si una mujer orgullosa como ella hablaba de esa forma era porque estaba realmente arrepentida desde el fondo del corazón.

-Tu manera da hablar me conmueve... -respondió el esposo, emocionado.

A partir de ese día la pareja comenzó a vivir muy armoniosamente. También, hubo una gran transformación en los tres hijastros de la Sra. B, que hasta ese momento la trataban con cierta frialdad, iban mal en los estudios y siempre estaban enfermos. Ellos comenzaron a tratarla como a una madre verdadera, mejoraron en sus estudios, y se volvieron saludables.

CAPÍTULO 19

LA DESARMONÍA DE LOS PADRES TAMBIÉN ES EL

REFLEJO DE LA MENTE DE LOS HIJOS

En cierta ocasión, conocí a una linda jovencita llamada Ayame Enomoto que vivía en una ciudad de la Provincia de Wakayama. Para describir su belleza, yo diría que me hacía recordar la imagen de una monja solitaria, tal era la pureza y el aire de soledad que la envolvía. La fisonomía es el reflejo de la mente; por eso, cada persona “manifiesta” una belleza particular, según su mente. En el caso de la Srta. Ayame, su belleza y el aura de soledad que la envolvía reflejaban su deseo de mantenerse apartada del mundo que ella consideraba lleno de impurezas. Este deseo de fuga tenía como causa la desarmonía entre sus padres. Muchas veces, ellos llegaron a discutir acalorada- mente delante de las hijas. En las riñas de parejas quien termina la discusión con una victoria aparente es casi siempre el hombre. Era también lo que sucedía con los padres de la Srta. Ayame. En esas ocasiones, la madre se dirigía a las hijas y les decía que su padre era un tirano, un malvado, etc. La Srta. Ayame sentía que su corazón se partía al ver la desarmonía entre sus progenitores. Cada vez que su madre se quejaba de las arbitrariedades de su padre, más la joven se convencía de que esposo y esposa eran eternos enemigos, y que la vida conyugal significaba una batalla sin fin. Generalmente, las jóvenes que crecen en un ambiente doméstico como el descrito terminan por crear aversión al matrimonio. La vida conyugal de los padres influye decisivamente en el destino de los hijos. Por lo tanto, si los padres aman verdaderamente a sus hijos deben

vivir armoniosamente y nunca discutir frente a ellos.

Finalmente, la Srta. Ayame perdió todas las esperanzas con relación al matrimonio; y abandonó totalmente la idea de casarse, y ser sustentada por un hombre. Decidió ser profesora y llevar una vida libre e independiente. Hizo el curso normal y tan pronto se licenció, comenzó a dar clases en una escuela primaria. Por esa época, ella estaba aprendiendo tanka (género de poesía japonesa compuesta de 31 sílabas) con un profesor llamado Michio Hibino, editor de una revista especializada. Un día, después que terminó la clase de tanka, permaneció un momento más charlando de diferentes asuntos con el profesor y su esposa, y a cierta altura de la conversación, habló de los problemas de su familia. “Mi madre ha sufrido mucho; mi padre es un hombre obstinado, intransigente y despótico” -dijo ella. La esposa del Prof. Hibino la observó con una expresión mezcla de compasión y profundo interés. Cuando la Srta. Ayame se despedía, la Sra. Hibino le pidió que la esperase un momento, y fue a buscar un libro en el estante. Regresó con uno de pasta negra y se lo entregó, diciéndole:

-Te voy a prestar este libro. Te va a gustar. Contiene mensajes maravillosos... Como esta pareja acostumbraba prestarle libros de poesía (tanka), la Srta. Ayame pensó que también fuese uno más de aquellos. Sin embargo, al llegar a casa lo observó detenidamente, notó que se titulaba La Verdad de la Vida, y que la palabra “Dios” era mencionada con mucha frecuencia en sus páginas. “¡Se trata de un libro de religión!”- pensó la joven desinteresadamente, y lo dejó guardado en el estante junto con los demás.

Transcurrida una semana, un día que no tenía nada que hacer y estaba un poco aburrida, recordó aquel libro y lo retiró del estante. Comenzó a leerlo con mucha atención; a medida que avanzaba su interés fue aumentando, se sintió como magnetizada, pues allí estaba la respuesta a aquella pregunta, que vivía haciéndose a sí misma y nunca había sabido responder: “¿Cuál es la finalidad de la vida? ’ ¡Qué claras estaban en aquellas páginas todas las respuestas a las dudas que la venían atormentado desde hacía tanto tiempo! Eufórica, llamó a su hermana:

-¡Este libro es magnífico, hermana! ¡Aquí hay cosas maravillosas! Escucha. Voy a leerte algunos trechos.

Comenzó a leer y la hermana la escuchó con gran interés. Y así, gracias a la lectura de este libro, las dos jóvenes iban conociendo el verdadero objetivo de la vida y sintiendo una gran alegría en el alma. Conforme proseguía la lectura de La Verdad de la Vida, se iba procesando una gran transformación en la mente de la Srta. Ayame. Hasta entonces, sus sentimientos con relación al padre eran de crítica y rechazo, porque lo consideraba un hombre intransigente, obstinado y tirano, que atormentaba a la familia. Allí comenzó a darse cuenta que la obstinada e intransigente era ella misma y no su padre. Comprendió que todo cuanto sucede en la vida de un individuo es el reflejo de su propia mente. Comprendió que este mundo está formado por vibraciones semejantes a las ondas de radio, y de esta manera, las personas y cosas cuyas “ondas” no se sin- tonizan con nuestra mente no pueden acercarse a nosotros. Aunque por ventura ellas se aproximen, nosotros no las podemos captar. En otras palabras, si logramos sentir o ver determinados aspectos de las personas o cosas que nos rodean, es porque estos aspectos existen también en nosotros, es decir, nuestras “ondas” se sintonizan con las suyas. Eso fue lo que la Srta. Ayame llegó a comprender a través de la lectura del libro La Verdad de la Vida. Reflexionó sobre su actitud con su padre, y reconoció que en ciertos aspectos, era mucho más obstinada e intransigente que él.

Recordó hasta lo que había sucedido hacía algún tiempo: Su padre, al ver el anuncio de un libro de Seicho- No-Ie (en aquella ocasión ella no había prestado atención, pero ahora recordaba que se trataba del mismo libro La Verdad de la Vida) se interesó y le dijo: “Me parece que es un libro maravilloso. ¿No podrías ir a la librería y comprarme uno?”

"Mi papá creyó sinceramente en aquel anuncio con la simplicidad de un niño. Sin embargo, yo le repliqué: ‘Mira, papá, ese libro debe ser uno más de aquellos llenos de tonterías’. Resistiéndome al pedido de mi padre no fui a comprar el libro. Finalmente, ¿quién es más obstinado e intransigente? Debo admitir que en aquel momento yo fui más obstinada e intransigente que él. A pesar de que ni conocía el libro La Verdad de la Vida afirmé que se trataba de un libro lleno de tonterías. ¿No fui más arbitraria, prepotente y obstinada? Entonces, como reflejo de mi mente, mi padre manifestó ante mí la imagen de la arbitrariedad, prepotencia y obstinación. ¡Oh! ¡Papá, perdóname! En

verdad, tú siempre has sido un hombre bueno, de corazón simple y sincero. Pero como mi mente era terca e intransigente, Dios me quiso llamar a la reflexión y conducirme a la salvación. Por eso, usó a mi padre como intermediario e hizo que en él se reflejaran mis defectos. Y yo en lugar de analizarme, vivía criticándolo, juzgándolo obstinado e intransigente. ¡Perdón, papá! Ahora sí, puedo verlo como un padre bueno y amoroso”.

En una oración silenciosa, la Srta. Ayame dirigió a su padre estas palabras de sincero arrepentimiento; mientras, también diseñaba mentalmente su imagen llena de bondad. A partir de ese momento, comenzaron a ocurrir cosas milagrosas. La figura del padre terco e irreductible que vivía atormentando a la madre, desapareció por com- pleto; y, en su lugar, surgió la figura de un padre de familia bueno y amoroso. Se terminaron las discusiones de la pareja y el hogar de la Srta. Ayame se transformó en un paraíso lleno de felicidad. Su hermana, que desde hacía mucho tiempo venía padeciendo