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El abate Grégoire, apóstol y protector de los samaritanos

In document Poliakov Leon - Los Samaritanos (página 106-110)

Los samaritanos bajo dominio musulmán

IV. El abate Grégoire, apóstol y protector de los samaritanos

En lo que se refiere a la samaritanología (avant la let-

tre), el siglo x ix se inicia bajo los auspicios del aba­

te Henri Grégoire, que, tras haber desplegado duran­ te la Revolución una actividad infatigable no sólo a favor de la emancipación de los judíos y de los negros, sino también para atenuar los zarpazos del Terror (re­ cuérdese su «Rapport contre le vandalisme»), fue ele­ gido obispo de Blois. En 1801 el Concordato firma­ do entre Bonaparte y la Santa Sede lo obligó a renunciar a esta dignidad; entonces se dedicó a investigaciones históricas, que son una muestra de su erudición y, a partir de 1804, empezó a interesarse por las distintas sectas judías, por lo que trabó correspondencia con los samaritanos. Pero démosle a él mismo la palabra 2:

Ocupado en investigaciones sobre la nación hebraica, y no encontrando nada en la historia moderna referente a los samaritanos desde las cartas a Escalígero, Hun- tington, Marshall y Ludolph, las últimas de las cuales tienen más de un siglo, redacté una serie de preguntas que el ministro de Relaciones Exteriores tuvo la ama­ bilidad de transmitir a los señores Pillavoine, Guys y Corancés, cónsules de Francia en San Juan de Acre, Trípoli y Alepo, los cuales procedieron a recoger las informaciones. Sus respuestas, llegadas en 1808, ates­ tiguan un celo perspicaz. Los samaritanos (dice el cón­ sul de San Juan de Acre) siguen creyendo que los ju­ díos ingleses pertenecen a su secta...

Interrumpimos aquí la cita, pues la última frase se re­ fiere a una ilusión que debía confortar singularmen­ te al menguado resto de samaritanos -n o eran más que doscientos-. Efectivamente, de la larga correspon­ dencia que mantuvieron el abate Grégoire y el escri­ biente Salamé ben Tobías se deduce que los que «ha­

bían sido llevados por los francos hace seiscientos años a Europa» habrían prosperado y se habrían multipli­ cado: un corresponsal de Génova les había comuni­ cado a principios del siglo x v i i i ¡que eran 127.960 al­

mas ! Pero a estas alturas ya sabemos que las mentiras habituales de sus corresponsales europeos, sea para convertirlos sea para arrebatarles manuscritos, no se limitaban a las de ese genovés anónimo, y por eso, co­ mo temía Silvestre de Sacy, los samaritanos descon­ fiaban de todo el mundo, incluido del buen abate, a quien, a pesar de todos los esfuerzos que éste hizo por sacarlo de su error, el escribiente Salamé atribuía sa­ be Dios qué sombríos designios... Por su parte veía samaritanos por todas partes: habrían sido particu­ larmente numerosos en la «localidad de Askenaz», es decir, en Alemania. Pero en cuanto al «jefe de la sec­ ta», que se suponía la representaba en París -que, no lo olvidemos, era el centro principal de la Europa con­ tinental, en 1808-, podría haber sido producto de su propia imaginación. Recordemos el comentario del abate Grégoire a este respecto: «Su amor propio se re­ siste a la idea de que se hayan reducido a un número tan pequeño». Ya se verá que eran tan orgullosos co­ mo desgraciados, «lloramos por los siglos pasados, por el tabernáculo y por su exaltación...».

Volvamos ahora a la correspondencia. Salamé res­ pondió detalladamente a las treinta preguntas, sobre to­ do teológicas, que le había planteado Grégoire, recor­ dando, de entrada, que no había verdadera diferencia entre samaritanos y judíos, que la ley de Moisés era una, si bien ellos (los samaritanos) la observaban mejor aun­ que sólo fuera porque vivían al pie de su santuario (al que, sin embargo, en ese momento los musulmanes les habían prohibido acceder, mientras que «los judíos no pueden observarla porque ya no son dueños de Jeru- salén». Sobre éstos Salamé lanzaba imprecaciones ta­ les como «¡anatema!» o «¡malditos!». En la corres­ pondencia también se hablaba del odio que sentían por los samaritanos los judíos de Oriente y de las exaccio­

nes de todo tipo que contra ellos sugerían a los bajas a quienes servían. A lo que las víctimas respondían con un odio igual, jactándose, por ejemplo, de no tener que llevar filacterias, pues las leyes de Moisés estaban gra­ badas en sus corazones: «Nos preguntáis si nos pone­ mos brazaletes en las manos y adornos en la frente; sa­ bed que en modo alguno hacemos como los judíos, cuya raza sea maldita. Nosotros ponemos este precepto en nuestros corazones y lo leemos día y noche durante to­ do el curso de nuestra vida.»

Entre las preguntas propiamente teológicas plantea­ das por el abate no faltaba la del culto a la paloma, te­ ma que indignaba a su corresponsal: «¿Cómo podría­ mos adorar a una paloma o a otros animales en particular cuando Dios nos lo ha prohibido? Nosotros no pode­ mos adorar más que a Dios, el Eterno, que no tiene prin­ cipio ni fin...» Y protestaban también desmintiendo una leyenda sobre un cortinaje que tendría la imagen de una paloma. Otra cuestión que seguramente preocuparía mu­ chísimo a Grégoire (cuyo ensayo sobre la emancipa­ ción de los judíos expresa la esperanza de que, una vez libres, se inclinarían hacia Jesucristo) era la conversión de los samaritanos. En su cuestionario abordaba este asunto con prudencia:

«Moisés dijo: “Dios os enviará de entre vosotros a un profeta como yo; escuchadle: el que no escuche a este profeta será exterminado”. En otro lugar dice, di­ rigiéndose a Dios: “Señor, enviad al que tenéis que en­ viar”. Los cristianos creen que este profeta es Jesús, hi­ jo de María. Por el contrario, los judíos piensan que este

profeta es el Mesías que ha de venir y que devolverá a los hijos de Abraham la herencia de sus padres. ¿A quién creéis que se refería Moisés?»

Obsérvese que en esta ocasión no se apelaba al Pen­ tateuco de los samaritanos, sino a ellos mismos para ar­ bitrar entre los cristianos y los judíos. Salamé le contestó de modo aún más prudente: «Esto es como vos lo decís. Javé dijo a Moisés: “Haré surgir entre vuestros herma­ nos a un profeta como vos”. Es un gran misterio el del

profeta que debe llegar y que manifestará su espíritu. Fe­ licitémonos, pues él vendrá.»

El problema fundamental era el de las grandes cala­ midades de los samaritanos, de las que Salamé no de­ jaba de lamentarse, «de la tiranía que las naciones ejer­ cen sobre nosotros; sabed que usan de la violencia, que nos impiden subir al monte Garizim, que nos exigen tributos; somos desgraciados y pobres...». Deploraba además que los samaritanos versados en las ciencias o eminentes por otros conceptos estuvieran instalados des­ de hace varios siglos en Europa: «Que Dios les haga volver entre nosotros y veremos qué hará Él». Sin em­ bargo, desde su primera carta de 1808, Grégoire le ha­ bía escrito que si bien había muchos judíos en Europa, y también cierto número de caraítas, «no hay ni un sa­ maritano en el país de los francos».

Agreguemos que esta correspondencia, publicada al cuidado del abate, suscitó un renovado interés por los samaritanos, pasada la borrasca napoleónica. Dos mi­ sioneros ingleses, Connor y Wolf, se establecieron en 1816 en Nablus, donde ocasionalmente pudieron com­ probar que los samaritanos vivían en buena vecindad con los judíos locales. Después de ellos viajaron dos eruditos alemanes, los profesores Scholz y Frediani, cu­ yas impresiones fueron menos optimistas, porque en sus escritos comentan que a los samaritanos se les llama cúteos. El joven Frediani tuvo incluso un curioso con­ tratiempo: «Creyéndome un cofrade -d ic e - querían por encima de todo retenerme en el país y, lo que es más, exigieron que desposara a una mujer de su secta. Los cristianos de Nablus se hicieron cargo de mi defensa y tuve la buena suerte de salvarme en Samaría, donde ya no se encuentra ni sombra de esos importunos cúteos.»

Las peregrinaciones europeas a Nablus, que fueron haciéndose cada vez más frecuentes, resultaron pre­ ciosas para los samaritanos, que en el curso de los años 1830-1840 atravesaron la fase más peligrosa de su exis­ tencia.

In document Poliakov Leon - Los Samaritanos (página 106-110)