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Acciones para promover la resiliencia Durante el embarazo y el parto

In document Salud Mental Infanto-Juvenil (página 106-111)

- Comunicarse a menudo con el feto: hablar con voz suave.

- Cantarle o exponerlo a música suave, adecuada al medio sociocultural donde está creciendo (asociación entre el desarrollo del centro de sensibilidad musi- cal y el de capacidad lógico-matemática).

- Acariciarlo desde el vientre. - Alimentarse de forma adecuada.

- Prepararse para una lactancia exclusiva y prolongada. - Incluir al padre y a los hermanos en estas acciones. - Preparar a la familia para la llegada del nuevo miembro.

Recién nacido

El nacimiento es una de las crisis que el ser humano tiene que enfrentar. Es una verdadera prueba de resiliencia biológica y psicológica. Cambios de temperatura, ruidos, luz, aire, manipulación. Tener que respirar, comer, digerir, etc. Sólo tiene algo que lo une a la seguridad de la etapa anterior: el latido del corazón materno. Este cambio coexiste con una crisis de transformación de la madre. También es una etapa importante para la familia, en la que tendrán que asumirse nuevos roles: padre, madre, hermano, abuelo.

Se recomiendan las siguientes acciones que deben hacer los padres:

- Presencia del padre en el parto y período perinatal. - Abrazarlo antes de que corten el cordón umbilical. - Colocarlo entre los senos.

- Iniciar lactancia cuanto antes, para aprovechar el valor inmunitario del calostro. - Darle masajes rítmicos, muy suaves.

- Hacer que su mirada se encuentre con la de la madre, en cuanto esté alerta. - Hablarle usando palabras melódicas y tranquilizadoras.

- Mantenerlo al lado de la madre. - Incorporarlo rápidamente a la familia.

- Incluir al padre en las tareas de estimulación e higiene. De 0 a 3 años de edad

El vínculo del niño con su madre, indispensable para su desarrollo, se fortalece con la lactancia materna, pues a través de ésta el bebé recibe no sólo el alimento que le permite subsistir, sino también el afecto materno. El niño necesita afecto incondi- cional, aquél que perdura sin exigencia, que no depende de su comportamiento. Ese afecto incondicional es, casi seguro, el pilar fundamental de la resiliencia.

Durante sus primeros años, el niño comienza a desarrollar la sensación de confianza básica, como sentimiento positivo hacia el mundo. Se genera la sensa- ción de que los demás lo cuidan. De ese modo, aprende a confiar en los cuidados que le brindan y en el afecto que le dan, y permite que en el niño también surja la confianza en sí mismo.

¿Qué pueden hacer los padres en esta edad?:

- Proveer amor incondicional, y expresarlo de manera física y verbal, ya sea tomándolo en brazos, acunándolo, acariciándolo o usando palabras suaves para calmarlo, confortarlo y alentarlo para que se calme por sí mismo. - Proveerle lactancia materna, como alimentación exclusiva, durante 4 meses y

extenderla hasta el primer año.

- Reforzar reglas y normas, y utilizar la supresión de privilegios y otras formas de disciplina que no lo humillen, dañen o expresen rechazo.

- Modelar comportamientos que comuniquen confianza, optimismo y fe en los buenos resultados.

- Alabarlo por logros y progresos.

- Estimularlo para que intente hacer cosas por sí mismo con un mínimo de ayuda de los adultos.

- Reconocer y nombrar los sentimientos del niño. - Usar el desarrollo del lenguaje.

- Prepararlo para situaciones desagradables o adversas.

- Estar alerta a su propio temperamento para saber cuándo introducir cambios. - Contrapesar la necesidad de exploración con apoyos seguros.

- Ofrecer explicaciones, junto con reglas y disciplina. - Darle consuelo y apoyo en situaciones de estrés y riesgo. - Proveer un ambiente muy estable, pero con novedades.

- Cambiar y modificar la mezcla de libertad y seguridad, de acuerdo con lo que indiquen sus reacciones.

De 4 a 7 años de edad

En esta etapa, el niño es muy activo. Poco a poco el juego con los pariguales desplaza el juego solitario. El juego de roles permite revivir situaciones, re- solver conflictos y anticipar conductas. Es muy curioso e indagador. Como a los 5 o 6 años se identifica con el padre del mismo sexo. Precisa de un mae- stro, cuyo afecto no esté condicionado por sus logros escolares. El afecto con los padres está más condicionado a la presencia de características valoradas por el grupo.

Aumenta de manera gradual sus posibilidades de relación y de comprensión del sentido de los límites puestos como cuidado y protección. Para ello, es necesario que los límites sean razonables y no dependan de la arbitrariedad del adulto. Las frustraciones intensas sin sentido, generan desconfianza, inhibiciones y agresiones.

Una vez adaptado a sus actividades escolares, la relativa independencia ganada lo conducirá desde situaciones que puede manejar con autonomía, hasta aquéllas para las cuales necesita ayuda y aquéllas para las cuales ofrecerá ayuda. La independencia y la cooperación son dos aspectos del proceso de inte- gración social.

¿Qué pueden hacer los padres, trabajadores de la salud y educadores?:

- Ofrecerle amor incondicional y expresárselo verbalmente.

- Abrazarlo y usar una voz suave para calmarlo y enseñarle técnicas para que se calme antes de hablar de su problema como respirar muy profundo o contar hasta diez antes de reaccionar.

- Promover el valor, la confianza, el optimismo y la autoestima de manera permanente.

- Reforzar normas y reglas, y usar la supresión de un privilegio y otras formas de disciplina para establecer límites sin humillarlo.

- Alabarlo por los logros obtenidos. - Animarlo a que sea independiente.

- Ayudarlo en su aprendizaje para reconocer sentimientos propios y ajenos. - Preparado gradualmente para situaciones adversas.

- Animarlo a que demuestre simpatía y afecto por los demás.

- Comunicarse a menudo con él para discutir acontecimientos y problemas cotidianos, así como compartir ideas, observaciones y sentimientos. - Enseñarle a que acepte responsabilidades por su comportamiento negativo. - Aceptar sus errores y fallas, pero al mismo tiempo orientarlo para que mejore. - Darle consuelo y aliento en situaciones estresantes.

De 8 a 12 años de edad

Sus actividades se centran en aprender las habilidades de la vida diaria. Desea tener amigos íntimos y ser objeto de la aceptación de sus padres, quienes adquieren una importancia cada vez mayor. Si se burlan de él o le muestran que es incapaz, se sentirá inseguro. El manejo adecuado de los fracasos consiste en hacer un análisis sobre cómo se produjeron y en generar opciones de solución en conjunto.

El amigo (o amiga) íntimo asume un lugar de privilegio. Le cuesta mucho más que antes aceptar límites. El cuerpo infantil que conocía y dominaba, comienza a modificarse de diferentes maneras, y esto produce gran inseguridad. Para que recupere la confianza, es de gran ayuda que conozca los cambios que se produzcan en él y que entienda que son parte de un hecho positivo: su crecimiento físico.

¿Qué pueden hacer los padres, trabajadores de la salud y educadores?:

- Brindar amor incondicional y expresarlo de manera apropiada a la edad. - Usar actitudes tranquilizadoras para ayudar a que maneje y module sus

sentimientos.

- Aplicar conductas consecuentes que trasmitan valores y normas, incluso factores de resiliencia.

- Explicar con claridad las normas y expectativas. - Elogiar logros y comportamientos deseados.

- Proveer oportunidades sobre cómo lidiar con problemas y adversidades. - Alentar la comunicación de hechos, expectativas, sentimientos y problemas. - Equilibrar el desarrollo de la autonomía, y las consecuencias o sanciones de

errores, con cariño y comprensión.

- Comunicar y negociar con él acerca de su creciente independencia, sus nuevos desafíos y sus nuevas expectativas.

- Instarlo a que acepte la responsabilidad de su conducta.

- Promover y desarrollar su flexibilidad para que seleccione diferentes valores de resiliencia.

El adolescente de 13 a 19 años de edad

Hay un conflicto en el joven que ahora tiene su cuerpo con funciones sexuales adultas, pero con una organización psicosocial con características

infantiles. El crecimiento rápido de los adolescentes también desorienta a pa- dres y educadores. Muchas veces no saben si tratarlos como a niños o mayores. Los padres perciben que el niño está cambiando y que van perdiendo al niño- hijo. El joven percibe la pérdida de su propia infancia, de las figuras paternas que lo acompañaron en esos años y del cuerpo que materializaba una identidad de niño. Mientras tanto, para buscar su propia identidad, tratará de separarse de las figuras parentales. Buscan la diferencia para llegar a la afirmación de lo propio y debido a la rebeldía que esto engendra a veces, los conflictos familiares se incrementan.

El grupo adquiere un significado especial. Las dificultades con los padres pueden ser desplazadas hacia los profesores. Éstos, además, reviven situaciones similares que tuvieron con sus propios hijos. La confianza básica se tambalea. La irrupción de cambios físicos, emocionales y sociales le hace perder confianza en sus propias posibilidades, puesto que aún no las conoce bien. A esto contribuye, también, el hecho de cambios en el nivel de escolaridad con nuevas exigencias y nuevos grupos de paraiguales. Lo mismo ocurre si sale a buscar trabajo y no lo encuentra. Para tomar la mayoría de sus decisiones, el adolescente precisa de un adulto que lo acompañe para recibir información o escuchar una opinión. Éste apoya, pero quien decide es el joven. La actitud de colaboración y de respeto por la decisión del adolescente, fortalece la resiliencia.

¿Que pueden hacer los padres, trabajadores de la salud y educadores?:

- Estimular las capacidades de escuchar, de expresión verbal y no verbal, y de comunicación.

- Fortalecer el manejo de la rabia-enojo y de las emociones.

- Reforzar la capacidad de definir el problema, de optar por la mejor solución y de aplicarla cabalmente.

- Ofrecer preparación para enfrentar las dificultades de los cambios escolares y laborales.

- Reafirmar los conceptos de protección familiar y procreación responsable. - Fomentar la habilidad de reconocer esfuerzos y logros.

- Estimular la capacidad de comunicación afectiva.

- Aclarar los roles y favorecer el establecimiento de límites razonables para todos los miembros de la familia.

Desarrollo psicológico de niños

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