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Autismo infantil

In document Salud Mental Infanto-Juvenil (página 154-157)

Elsa Gutiérrez Baró Ovidia Rodríguez Méndez

El autismo como enfermedad es un problema muy antiguo. Nadie sabe exactamente desde cuando existe. En la literatura se reporta un relato hecho por el médico francés Itard, en 1799, que trata sobre “el niño salvaje de Aveyron”, a quien llamó Víctor y lo describió “indiferente a todo y atento a nada”.

En 1911 Bleuler introdujo el término autismo. Esta palabra proviene del griego “autos” que significa ‘encerrado en sí mismo’, o sea, pérdida de contacto con la realidad que, como consecuencia de tal estado, causa la imposibilidad o una gran dificultad para comunicarse con los demás.

Se puede afirmar que el conocimiento del autismo infantil como una base más científica data de los primeros años de la década de los cuarentas.

Fue Leo Kanner, médico vienés, radicado en los Estados Unidos, quien estudió a un grupo de 11 niños que tenían determinadas características y a los cuales diagnosticó como autismo infantil precoz.

Hubo otro investigador, también vienés, Hans Asperger, que por esa misma época hizo referencia a otro cuadro clínico que tenía semejanzas con el que describió Leo Kauner, pero a diferencia de aquellos niños, éstos sí tenían un amplio lenguaje (síndrome de Asperger).

Fue Van Krevelen quien abogó siempre por la causalidad orgánica cerebral, mientras Kanner pensaba que la causa era psicológica y Asperger la consideraba predominantemente constitucional.

Por sus aportes, estos médicos aparecen citados en algunas referencias como los tres pioneros más destacados en el estudio del autismo infantil.

Durante los últimos 40 años muchos otros estudiosos se han ocupado del tema y de otros cuadros asociados y no han faltado películas, literatura científica- popular y narraciones acerca de los niños autistas, siempre dotados de exageradas características intelectuales y rodeados de misterios y leyendas.

¿Pero, en resumen, qué es el autismo infantil? Es un síndrome de disfunción neuropsiquiátrica.

Al emplear el término síndrome queda implícito que se trata de un conjunto de síntomas y su presencia indica que hay un trastorno o mal funcionamiento de un órgano o de un sistema del organismo. En el caso del síndrome autista, el mal funcionamiento está en el sistema nervioso central, fundamentalmente en el cerebro, órgano rector de todo el sistema y donde se originan todas las funciones psíquicas superiores del ser humano.

Es en el cerebro donde se desarrolla la inteligencia y el pensamiento, las emociones, lo consciente y lo inconsciente, los mecanismos del sueño y de la vigilia y muchos otros.

Lesiones mínimas, no demostrables a simple vista, alteraciones bioquímicas o eléctricas en los complicados mecanismos de sus células (neuronas) y centros nerviosos, generan desequilibrio o mal funcionamiento (disfunciones) y la aparición de síntomas.

En los mecanismos mencionados también influyen muchos factores del medio y de las relaciones interpersonales (factores psicológicos).

Para referirse a esta entidad también se emplean otras términos como: niños sin comunicación, perturbación emocional grave, Niños atípicos, etc. Todas hacen alusión a características que presentan los niños autistas, pero no se emplean en las Clasificaciones de Enfermedades Mentales, ni en las publicaciones de trabajos y textos porque pueden crear confusión con otros trastornos. Además, es necesario unificar la denominación de las enfermedades con el objetivo de que se entiendan los interesados y trabajadores del tema, para lo cual es impres- cindible hablar el mismo lenguaje y así poder efectuar estudios epidemiológicos confiables.

El término síndrome autista no hace alusión a una causa ni enfermedad determinada y puede aplicarse a cuadros clínicos con síntomas autísticos, aunque existan algunas diferencias entre ellos, sin alejarse demasiado de lo que hoy se considera en el espectro autista.

Espectro autista. Esta denominación corresponde a Lorna Wing y tiene utilidad porque ubica al autismo en un amplio rango, o sea, se puede presentar en diversos grados y en diferentes trastornos ya sea el autismo infantil, en el sentido estricto de lo que se ha descrito, como en otros trastornos profundos del desarrollo: síndrome de Asperger, síndrome de Rett, trastorno desintegrado de la niñez y enfermedad de Heller.

Existen otras enfermedades neurobiológicas como esclerosis tuberosa, retraso mental, malformaciones cerebrales, afecciones cerebrales, enfermedades metabólicas, alteraciones genéticas, etc. donde pueden aparecer, o no, síntomas o rasgos autistas con distintos grados de severidad.

Diagnóstico

El diagnóstico del autismo infantil es clínico, sólo la observación cuidadosa y la historia que ofrecen los padres y otros familiares son los elementos básicos para conocer qué es lo que presenta el niño. No hay marcadores psicobiológicos que puedan tomarse en cuenta para afirmar o negar el diagnóstico de autismo. Si éstos se conocieran, evitarían dudas, errores, omisiones y contradicciones como ocurren a veces; bastaría con buscar la presencia o ausencia de estos marcadores para afirmar o negar la enfermedad.

De acuerdo con las investigaciones y los estudios realizados se puede afirmar que este trastorno no se debe a factores humanos. Por tanto, los padres no son culpables de la enfermedad de sus hijos, más bien sufren y enferman al tener que enfrentar un trastorno de esta naturaleza.

Por otra parte, los niños autistas no tienen signos o estigmas físicos que anuncien el trastorno. Muchos son, incluso, niños muy bellos, que no se diferencian de los niños normales.

Con frecuencia se indican estudios de gran utilidad para conocer si hay lesiones que expliquen si el paciente oye bien o no, si existe una atrofia cortical o cualquier otra lesión, o una epilepsia concomitante con el autismo, etc. Estos exámenes tienen por objetivo determinar el diagnóstico y tratamiento más adecuado.

Cuadro clínico

El lenguaje está afectado siempre. El habla puede estar ausente y algunos nunca llegan a hablar. Otros tienen lenguaje, pero el tono es monótono, singular, confunden los pronombres y no requieren interlocutor, con frecuencia repiten lo que oyen (ecolalia) el discurso es repetitivo e irrelevante.

Es muy evidente que se trata de un trastorno de la comunicación. El niño o el adolescente tiene una incapacidad para relacionarse de forma normal con las personas adultas o con sus paraiguales.

La conducta es extraña, presentan aleteos de las manos, autoagresiones, impulsividad, agresividad con los demás personas, los juegos son repetitivos y el uso de los juguetes no es habitual. Con frecuencia hay síntomas obsesivo- compulsivos.

Leo Kanner, en 1943, describe las características de comportamiento del autista:

- Extrema soledad autista.

- Ausencia de una postura anticipatoria para ser cargados.

- Desviación o retraso en el desarrollo del lenguaje con ecolalia o inversión pronominal.

- Monótonas repeticiones de ruidos o expresiones verbales. - Excelente memoria (mecánica).

- Limitada gama de actividades espontáneas. - Estereotipias y manierismos.

- Deseo obsesivo-ansioso de mantener la identidad.

- Anomalías en las relaciones con las personas, con preferencia por las imágenes o los objetos inanimados.

El Manual Estadístico de los Trastornos mentales en 1980 lo clasifica dentro del grupo de los Trastornos Profundos del Desarrollo. Estos corresponden a un grupo de trastornos con afectación simultánea y grave de áreas básicas del

desarrollo psicológico del niño con variación en la severidad y expresividad de un paciente a otro.

La clasificación de1992 CEI-10 (OMS) diferencia estos trastornos como sigue:

- F84.0 Autismo infantil. - F84.1 Autismo atípico. - F84.2 Síndrome de Rett.

- F84.3 Otros trastornos desintegrativos de la infancia.

- F84.4 Trastorno hiperquinético con retraso mental y movimientos estereotipados.

- F84.5 Síndrome de Asperger.

- F84.8 Otros trastornos generalizados del desarrollo. - F84.9 Trastornos del desarrollo sin especificación.

La Asociación Psiquiátrica Americana en la IV Clasificación del Manual Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV) clasifica los Trastornos Profundos del Desarrollo en:

- F84.0 Trastorno autista (de Kanner). - F84.2 Trastorno de Rett.

- F84.3 Trastorno desintegrativo infantil. - F84.5 Trastorno de Asperger.

- F84.9 Trastorno generalizado del desarrollo no especificado.

Trastornos generalizados del desarrollo. Características generales

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