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Acerca del carácter ético del poder político.

CAPÍTULO 5. LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA DEL CIUDADANO, UNA PROBLEMÁTICA ÉTICA.

6.1. Acerca del carácter ético del poder político.

La noción de poder, se extiende a todas las esferas de la interacción humana, sin embargo, es en el entorno de la activad política donde más se puede observar las implicaciones éticas de éste concepto. En nuestro tiempo a través de una racionalidad impuesta por la lógica de la dominación gobernantes y gobernados parecen alejarse del espacio social compartido donde debe lograrse el "bien común". El poder político parece dejar de ser posibilidad de ejercer el virtuosismo al estilo griego, para erigirse como medio de satisfacer los intereses de los que lo ejercen. El beneficio de unos implica la pérdida de libertad de otros. Políticos y ciudadanos se convierten en actores de diferentes obras, poder por un lado y vida cotidiana por el otro.

Uno de los paradigmas principales del pensamiento político moderno, es el realismo, en medio del cual el análisis político parte de lo que existe, no de lo que debería ser. En términos generales éste pretende profundizar en un modo particular de mirar la vida social, desde la perspectiva del realismo devenida de la tradición maquiavelista. La lucha por el poder como tema primordial. El realismo político aconseja atenerse a la realidad, es decir, partir de los seres humanos tal como son. Pero esta realidad puede ser modificada por ellos mismos. Su rasgo básico consiste en relacionar la dignidad y la autonomía del ser humano con la posibilidad de participar de forma activa en las decisiones que le afectan. Así planteado se puede observar el lado ético de éste paradigma. No se conforman con la democracia representativa, sino que afirman que para conseguir una sociedad más equitativa y humana hace falta un sistema político más participativo donde la persona despliegue sus potencialidades. Las interrogantes que se abren aquí serían ¿propicia el

realismo político en la participación y plenitud del ciudadano?¿ Donde radica el sentido ético del realismo político?. Estos son algunos de los acercamientos que pretendo hacer al realismo político a través de sus principales representantes.

En términos de la relación ética y política Villoro explica en los "Linderos de la ética" como desde el siglo XVIII la tendencia basada en el orden racional, aboga por un orden natural normativo. A él deben ajustarse las asociaciones políticas. El fin de la política es la realización de un "deber ser" normativo. Posteriormente Rousseau y Kant conciben que la sociedad llegue a estar ordenada porque se rige por dos tipos de órdenes, el racional y el moral.

La asociación política debe ser producto de voluntades autónomas concertadas de los miembros que la componen. Solo puede justificarse, por lo tanto, como el medio para realizare esa exigencia de la razón práctica.204

Villoro también se refiere, a que existe otra tendencia que pretende "liberar" la comprensión de la política de la supeditación a la ética, entendida ésta como un elemento de una ciencia de hechos. "La pretensión de un saber de la política liberada de una fundamentación ética reduce su expresión a un discurso Esta tendencia se presenta como dominante en el siglo XX. Todas las formas de pensar y vivir la relación entre ética y política pueden concretarse en estados de ánimo individuales o en talantes colectivos diferenciados en distintos momentos históricos. Pero con independencia de cuál de ellas predomine en el individuo y/o en la sociedad civil en tal o cual momento histórico dado, la reflexión ética sobre los comportamientos morales del individuo y la reflexión teórica sobre la vida de la polis han sido siempre, son y serán características insoslayables

Luis Villoro, Los linderos de la ética. México: ) 7. Luis Villoro, 10

del ser humano." El ser humano además de ser social es un ser histórico. No hay modos, categorías o formas de pensar y vivir la relación entre ética y política fijados de una vez por todos.

El poder como categoría filosófica incluye la reflexión acerca de su naturaleza como un impulso fundamental del hombre, en cuyo caso se juzga como bueno o malo. Está

relacionado estrechamente con la libertad de los seres humanos, por lo que entra a formar parte del análisis el sujeto moral y sus acciones como condición de su existencia. Su dominio de acción es, en este caso, la ética.

Los pensadores griegos, padres de la cultura occidental, abordaron el carácter ético del poder desde la visión mitológica y filosófica de la lucha del más fuerte, en cuanto a

jerarquía social. La lucha de poder entre hombre y dioses marcó la pauta. El ser humano tenía necesariamente sujeción al poder divino. Aquí surgen algunas preguntas filosóficas: ¿Por qué eran los dioses superiores respecto al hombre en la jerarquía? ¿Por qué era el hombre inferior? ¿Por qué el hombre tenía que estar sujeto al poder divino?.

Lo cierto es, que el poder divino sometía al ser humano desde sus inicios y para mantener tal sumisión era castigado por los dioses en caso de desobediencia. Ej, la muerte de Sócrates, el mito del hombre circular dividido a la mitad en el "Discurso de Aristófanes "en el "Banquete" de Platón, etc. ¿La creación de los dioses por el hombre y la sumisión a ellos es resultado de la necesidad humana de estar sujetos a un poder?. ¿La sujeción de los seres humanos al poder de los dioses significa que él mismo hombre pone límites a su libertad?.

A mi modo de ver, cabe la posibilidad de considerar que la práctica de acciones morales fue resultado de la necesidad del ser humano de "protegerse "de su tendencia a la

desobediencia al poder. La práctica de las virtudes en la sociedad era un medio que protegía" de ésta tendencia.

La democracia griega encuentra fundamento en la idea del Bien platónica. Las acciones éticas de los ciudadanos a través de la práctica de las virtudes, podían dar la esperanza de llegar a ser feliz en el plano individual. El poder, era un medio que posibilitaba actuar para "otros" con amor, por tanto, era una posibilidad de ser bueno. El Bien, en Aristóteles pasa de ser una idea, como en Platón, a ser una realidad mundana, en tanto poder para gobernar la ciudad. Pero igual, dominar a otros seguía siendo un medio para mostrar bondad hacia los demás y obtener felicidad individual.

El poder como fenómeno histórico incluye su fenomenología la cual reviste diferentes formas como la sujeción, coerción, dominio y consenso, etc. Su dominio de acción en este caso, e la Política como actividad organizadora de la vida en sociedad. E Poder desde esta perspectiva se relaciona con el acto de gobernar. El orden es visto como un medio para estructurar la vida en grupo.

El fenómeno del poder tiene por tanto un desarrollo histórico ideológico que ha estado presente en el hombre desde que tiene conciencia de ser un ser social. El análisis de la fenomenología del poder no puede darse el lujo de especular, necesita basarse en los hechos como resultado tangible de las actividad humana en sociedad. Aquí se encuentran las vivencias y experiencias siempre ubicadas en un contexto determinado, llámese polis, ciudad, país, nación, etc. El criterio de referencia para el análisis del poder en este caso, debe ser la efectividad con que se ejerce el mismo.

En las relaciones políticas el poder debe ser empírico, efectivo, técnico, imponiendo la mayor racionalidad funcional posible para mantener la convivencia social en orden. En la actividad política no es prioridad el virtuosismo personal, pues de lo que se trata es de

lograr un efecto social de "orden". No se ha logra el "bien común" , añorado por los griegos sobre la base de la libertad personal, sino sobre la dominación de unos sobre otros.

Gobernar se convierte en un acto de dominación necesario. Pero por otro lado, el poder político actúa como un instrumento enajenante para el sujeto moral, pues su libertad se convierte en blanco de la dominación. En otras palabras, sólo la libertad de cada sujeto moral es posible ejercer el poder político. Históricamente la eficacia del poder como instrumento del orden social se basa en cuan menos libre sea cada individuo para tomar decisiones del rumbo del desarrollo social.

Respecto al carácter ético del poder político, es probable que sea uno de los conceptos más amplios en las ciencias humanas sea el de poder, debido a que es abordado desde diversos ámbitos y en la mayoría de ellos adquiere diferentes significados. Expresiones cotidianas tales como: "es una persona de poder", "no abuses de tu poder", etc., son utilizadas con frecuencia por el ciudadano promedio cuya función social no está relacionada directamente con la práctica política, por lo que el abanico de posibles

significados que despliega dicho concepto está en dependencia del contenido para el cual se utiliza. A los efectos de este artículo se analizará el poder en su variante de poder político, ya que tal manifestación del mismo está ligada a una de las actividades sociales principales para la organización de la vida social, la práctica política. La misma condiciona que el concepto poder se interprete de la manera que lo hace Hans Morgenthau, "como un conjunto de relaciones entre las A partir de esto se puede afirmar que el poder es el elemento distintivo de la política, entendida como la actividad de los grupos sociales que permite organizar la vida de estos en la comunidad social. Es precisamente esta visión

del poder político como un fenómeno social con carácter relacional, la que permite develar su profundo significado ético, el cual será el objetivo principal de este trabajo.

A través de las relaciones que entabla el sujeto- ciudadano a través del poder político, queda involucrado directamente como sujeto moral, en tanto único responsable de las acciones y las consecuencias morales de las mismas. Como considera el sociólogo alemán Max Weber, el sujeto moral lo es en tanto es el único que tiene "la posibilidad de prever los efectos del propio comportamiento y corregir el comportamiento mismo con base a tal

De aquí se infiere que el poder como concepto moral, está asociado a las condiciones de la imputabilidad de los actos, lo que implica atribuir cada acción moral a un sujeto moral. Éste se involucra en el poder político a través de dos roles fundamentales, el de gobernante y el de gobernado y para cada uno de ellos las formas de poder adquieren un significado diferente. Al decir de Alfredo Cruz, estas pueden ser "el fin o bien al que se ordena su ejercicio por los gobernantes y la condición del sujeto sobre el que se ejerce el poder, o sea los Tomando estas ideas como punto de partida, se analiza el poder político no entendido como un fenómeno de la práctica, haciendo la salvedad que es una de sus principales características, sino entendido como un concepto valorativo que no se rige sólo por los medios que emplea, sino por los fines que persigue. En este sentido el poder político se define "como el poder que se ejerce en una comunidad política, para la consecución de los fines que corresponden a esta Visto así es concepto que se puede aislar del resto de las relaciones sociales para procurar la comprensión de su carácter ético.

M a x Weber, Economía y Sociedad. VI. FCE, 1977) A. Cruz, Ethos y Polis. (España: E U N S A ,

Cuando el poder político se analiza desde la perspectiva de la ética, aflora como un problema filosófico en el cual destaca su relación con la libertad de los seres humanos, por lo que entra en el campo específico del el sujeto moral y sus acciones. La definición más general de poder político en este sentido, la esboza el sociólogo alemán Max Weber al reconocerlo como:

La probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa

Como se observa, el autor subraya algunos de los rasgos del poder político que revelan su carácter ético, tales como, el carácter intencional y voluntario de las acciones de poder, así como la posibilidad de hacer valer la voluntad del gobernante a pesar de las resistencias reales o potenciales de los ciudadanos.

Los filósofos griegos, fueron los primeros en abordar el carácter ético del poder político desde la visión mitológica y filosófica de la lucha del más fuerte en la estructura social de aquellos tiempos. La lucha de poder entre hombre y dioses marcó la pauta, en la medida en que el poder divino sometía al ser humano a la sumisión, procurándose mantener la misma a través del castigo. Tal como lo considera Francisco Piñón en su trabajo "Filosofía y Fenomenología del Poder", el poder político surge como resultado de la tensión que se crea entre los límites de la particularidad de cada individuo y el ámbito de la colectividad. Esto significa, que el carácter individual de las acciones de cada sujeto tiene la tendencia a expandirse para alcanzar cada vez más los intereses individuales, mientras la colectividad en la que tiene que vivir el sujeto moral, como resultado de su naturaleza social, limita dicha expansión. Esta tensión constante entre el interés individual y el del

colectivo, posibilita el desarrollo del poder político como un tipo de relación social, a la cual se le atribuyen diferentes valores entre los que se encuentran, el de bueno y malo.

La democracia griega tomó la "idea del Bien" de Platón como fundamento a las acciones éticas de los ciudadanos en el marco de la polis, debido a que en ella se podían practicar las virtudes, posteriormente la filosofía de Aristóteles desarrolla este mismo fundamento partiendo del bien platónico como idea, pero llegando a concebir el poder político como un instrumento real para gobernar la ciudad. Cabe destacar que en ambos casos el ejercicio del poder se veía como un medio para mostrar bondad hacia los demás y así participar en el logro del bien común, entendido como "el conjunto de libertades, bienes y servicios que hacen posible a las personas su mejor desarrollo en la sociedad de la que forman por lo tanto el poder era bueno en sí mismo.

A partir de la Modernidad, cobra auge el análisis del poder político a través del pensamiento de Nicolás Maquiavelo, el cual considera, que todo "Príncipe" que desee obtener poder debe primero que todo, luchar por conquistarlo y luego ser capaz de mantenerlo, aunque para ello tenga que dejar de el carácter bueno del mismo. La eficacia del sistema político, según Maquiavelo, justifica la lucha de poder y la necesidad de utilizar cualquier medio para lograr el objetivo, iniciando así el período del llamado "realismo" en política, a partir del cual los valores de bueno y malo del poder político quedan subordinados a la eficacia del ejercicio del mismo. Se asumen la sujeción, lo coercitivo y el dominio de gobernantes sobre gobernados como rasgos del ejercicio del poder. Al respecto en su afamada obra "El príncipe", N. Maquiavelo declara:

Malavassi, Guillermo: Por el Camino de la Ética. (San José: Universidad Autónoma de Centro América., Ediciones Quingentésimo Americano,

Aquel que deja lo que se hace por lo que debería hacerse, marcha a su ruina en vez de beneficiarse; pues un hombre que en todas partes quiera hacer profesión de bueno es inevitable que se pierda entre tantos que no lo son. Por lo cual es necesario que todo Príncipe que quiera mantenerse en el poder aprenda a no ser bueno y a practicarlo o no de acuerdo con la

Estas ideas del florentino se interpretan como expresión del carácter malo del poder político, considerándose que dejó de lado el llamado "justo medio" aristotélico, para ubicarse en una "posición extrema", desde la cual subordina las ideas morales acerca de la bondad humana a lo que él considera el "arte de gobernar" sobre la base de la eficacia.

En cualquier caso, hay que precisar, desde el punto de vista filosófico y coincidiendo con el filósofo M. Foucault, que el poder en sí mismo no es ni bueno ni depende del uso que hagan los sujetos del mismo.

Considero que la problemática moral que encierra el poder es vista en este caso, como causa más que como consecuencia, por lo que es válido tomar en cuenta como rasgo del carácter ético del poder político la resistencia que el propio sujeto moral desarrolla al interior de sí, como una fuerza que le permite rechazar la dominación que intentan imponerle fuerzas externas a él.

El análisis del carácter ético del poder político puede tornarse muy amplio, tomando en cuenta que el ser humano para organizar su vida en grupo construye un sistema de relaciones sociales extenso y complicado, de acuerdo a las diferentes épocas históricas. Sobre esta base, una acotación más estrecha puede resultar de tomar en cuenta, que tal sistema de instituciones sociales y políticas, no puede funcionar sino existe en él un orden

como garantía mínima de que las acciones colectivas se dirigen hacia los fines sociales para los que fueron creadas. En este caso, es necesario, como se mencionó anteriormente, partir del análisis al sujeto moral el cual se encuentra siempre en relación, bien sean "relaciones producción" o "relaciones de significación", entendiendo estas últimas como "las relaciones que establecen en el poder político a través de los roles de gobernante y

La tendencia moderna del poder político a basarse en la efectividad que el mismo puede lograr, determina en gran medida que la política sea considerada como una ciencia de carácter práctico, cuya primera intención debe ser descubrir y describir, la forma en que está organizada la sociedad y cuales son las mejores estrategias para reorganizarla. Ante esto, se despliega en todo su esplendor el carácter instrumental de la razón humana

inaugurado con la modernidad, el cual a su vez, concibe que la política como ciencia, debe decir como pueden mantener el poder político los gobernantes y como son las relaciones con los gobernados, con independencia de las consecuencias positivas o negativas que esto provoque en la vida de las personas. A través de las relaciones políticas los gobernantes deben velar porque el poder sea efectivo utilizando para lograrlo la mayor racionalidad funcional posible, de manera que arroje un efecto social de orden. Profundizando acerca de