CAPÍTULO 4. EL CIUDADANO, ENTRE EL INDIVIDUO Y EL BIEN COMÚN.
4.4. Individuo vs Ciudadano.
Kant, como el gran representante del "proyecto de la razón"' del siglo XVIII, proclama la subjetividad del individuo en cuanto tal y su autonomía moral interna como el
fundamento último de su libertad, por tanto el ciudadano kantiano es abstracto y se mueve en la sociedad a través de una dicotomía que va de lo moral a lo legal, pero priorizando su conducta moral sobre su acción social. La primera se decide por imperativos morales internos, los cuales considera a priori y que no necesariamente dan respuesta a situaciones concreta de la vida política. Desde esta perspectiva para las ideas colectivistas su
pleno desenvolvimiento de la persona en la sociedad lo considero acertado ya que el individualismo puede representar el punto inicial del reconocimiento del ciudadano como persona, primero que todo.
El punto de vista kantiano acerca de la moral asume como principio universal la libertad subjetiva del individuo en cuanto tal y es ahí justamente donde considero, reside la
diferencia fundamental entre el pensamiento moderno de Kant con el pensamiento antiguo de Aristóteles que condicionaba dicha libertad a la búsqueda de la felicidad en el grupo social.
La actividad política que se desarrolla en estos momentos en los llamados "estados modernos" procura de hecho, si bien no de palabra, separar dicha unidad esencial entre el subjetivismo moral de cada persona con la realidad externa social y política. La causa fundamental considero no se debe a la procuración del mal hacia los ciudadanos por parte de los gobernantes sino más bien a una limitación de compresión de la realidad política, vista como una actividad pragmática de los gobernantes para lograr su fines. Esto ha traído como consecuencia que el ciudadano contemporáneo se ve como persona
fragmentada en su acción social y en su individualidad, la barrera entre ambos ámbitos de la persona hace más fácii el control político sobre ellas, debido a que actúa por coerción y no por convicción de su papel como agente transformador de la sociedad.
La política utiliza tal fragmentación para imponer criterios de legitimidad, tal como aceptación de ideologías y sistemas políticos. En esa separación provocada entre moral individual y moral pública, la persona sale afectada pues se retrae y desplazándose hacia el interior de sí mismo, procurando alejarse de la injusticia y perdiendo el sentido de su responsabilidad social para con los otros, sus iguales antropológicos.
La actividad política, como forma de organizar la vida social hacia el bien común se aleja de sus intereses y de sus deberes como individuo para consigo mismo son priorizados no pudiendo nivelar lo público y lo privado. De esta forma la posibilidad del ciudadano de participar en el bien común se ve disminuida.
Aristóteles, vio el fundamento del bien común fuera del sujeto mismo, en el grupo social, pero no por eso se contrapone a Kant, pues el acto de procurar ser virtuoso se inicia con la voluntad individual de cada quien. La prioridad que da Kant a la individualidad del sujeto bien puede verse como un intento de hacerlo responsable de sus acciones, lo que a la larga influye positivamente en el grupo. Su imperativo categórico en cuanto a no hacer a los demás lo que no quieres para ti mismo como ley universal, incluye a los otros según mi comprensión de su obrar por deber , o sea los demás son tomados en cuenta para la
realización individual, por tanto su subjetivismo deja de ser puro, como pudo ser la racionalidad de Descartes.
Considero que entre el Aristóteles ni en Kant no hay contradicción de fondo entre el bien individual y el bien social en el ciudadano. Aristóteles fundamenta la ética a partir de su definición de la naturaleza del hombre la cual es política y por tanto social, es decir es apto y hecho para vivir en Polis. Es conocida la afirmación en su obra Política de que el que existe sin polis por naturaleza y no por azar es o inferior a un hombre o superior a él (o una bestia o un Dios, agregará mas adelante). Por su parte la preocupación moral kantiana se centra en justificar que ciertas acciones se encuentran sometidas a normas a y leyes morales universales pero que no por eso dejan de actuar en función de la vida de las
personas. El propio Kant aclara en la "Fundamentación de la Metafísica de las
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porque empezó su sistema filosófico por la razón pura, para luego analizar la razón práctica en la cual incluye a la moral. Él encuentra el fundamento de las leyes morales en la razón pero si se observa las leyes morales son elaboradas por el propio sujeto y como mencioné evitando hacer a otros lo que no quieres para ti mismo procuras el bien de otros en el actuar. Por tanto considero que a pesar de la
abstracción de su pensamiento, la naturaleza social del hombre está tomada en cuenta en su teoría ética así como la procuración del Bien común.
Es prudente asumir que el universalismo kantiano alejado de situaciones sociales concretas da pie ser tomado como ejemplo de ruptura entre ética y política, ya que se puede entender la acción del ciudadano moderno despojada acciones transformadoras. Sin embargo hay que decir, en honor a hacer justicia al pensamiento kantiano en cuanto al ciudadano, que sus ideas permitieron comprender la posibilidad del individuo de
reflexionar acerca de sus acciones morales, así como comprender la necesidad de asumir las consecuencias de las mismas. Un ciudadano que no asuma su papel transformador en la sociedad como una norma de conducta tendrá limitada su acción social y en ese sentido su responsabilidad política no será asumida de manera consciente. La comprensión racional de cada individuo acerca de sus actos morales y sus consecuencias, son premisas
fundamentales para la participación social de los ciudadanos. Esto también justifica la posibilidad de la educación moral que cada persona puede recibir. Bajo esta perspectiva la responsabilidad política del ciudadano es perfectible de educar por la sociedad.
El modelo propuesto por la llamada "ética deontológica "de Kant, encaminado a ver la acciones morales como hechas por deber y el carácter autorregulador de la conciencia individual, polarizan a partir del siglo el debate acerca del ciudadano. Su deontología
dando rienda suelta al poder de la razón humana da pie a entender al hombre de la sociedad plural actual replegado al interior de sí mismo.
En medio de este debate entre el bien común que debe procurar el ciudadano y el individualismo propio de cada persona arriba el pensamiento ético al siglo XIX , pero superado por otra arista del problema ¿el ciudadano contemporáneo debe responsabilizarse con la procuración del Bien Común o debe priorizar su individualidad?.
En medio de este debate filosófico entre el bien común que debe procurar el ciudadano y el individualismo propio de cada persona, el siglo XVIII prácticamente se despide con un gran logro político, que viene a demostrar la influencia de las normas morales en la práctica política, me refiero a la aprobación en por el órgano legislativo francés de los "
Derechos del Hombre y del Ciudadano" de su contenido específico que no es el interés principal de este análisis, el uso distinto de las nociones de hombre y de ciudadano viene a corroborarme lo que venía planteando acerca de la separación del individuo y el ciudadano como facetas de la persona fragmentadas en la práctica política. Aún y cuando la interpretación generalizada tiene un sentido explicativo de que tal separación se debe a que los derechos del hombre son anteriores la sociedad y por tanto más amplios que los del ciudadano, a mí me transmite tal separación una visión fragmentada de las acciones
morales de la persona que he venido fraccionando. La ética privada y la pública se separan, sin que se vea la primera como condición de la segunda. Los derechos del hombre se ubican a partir de un implicación ética individual, referente más bien a cada quien,
mientras que los derechos del ciudadano, tienen que ver con la actividad política por lo que más bien quedan entrampados en demandas que se consigan o no, poco impulsaran la responsabilidad política del ciudadano al mejoramiento social, quedan al final como
aspiraciones individuales, cuestión que a propiciado a lo largo del siglo XX su violación constante.
Los derechos del ciudadano generalmente se despojan de su contenido comunitario para convertirse en aspiraciones individuales quedando en el marco de la ética privada. La violación de los derechos humanos del ámbito político en las dictaduras por ejemplo, recibe el rechazo social y en el caso de las sociedades democráticas se matizan.
Se han separado los campos de manera que los derechos del Hombre tienden a conferirle al individuo libertades que le permiten conducir su vida personal de la manera que individualmente lo considere oportuno, le confieren una autonomía a su actuar en la cual la sociedad no puede o no debe inmiscuirse . Por su parte los derechos del Ciudadano vienen a ser como aspiraciones de poderes, que no aseguran a mi modo de ver el ejercicio de la responsabilidad política de los ciudadanos en la gestión s asunto sociales.
La carta expresa en este sentido amplio, la limitación de la cual vengo hablando de separar ética y política como facetas excluyentes de la actividad de la persona.
No obstante debo aclarar que estos derechos se proclaman en el inicio de la vida republicana y que deben haber evolucionado hacia la sociedad democrática, veremos más adelante si realmente ha ocurrido tal evolución.
Concluyendo estas ideas observo que se deja de lado en este documento el
planteamiento de los deberes del ciudadano para con la sociedad, la responsabilidad política que viene a constituir un deber no es tema de análisis en esta etapa, por tanto el modelo deontológico en la ética para analizar la noción de ciudadano va siendo superado a medida que avanza el siglo XIX por el individualismo con rostro de relativismo.
Retomando al liberalismo, éste es también es una doctrina filosófica que se caracteriza por ser una concepción individualista, en otras palabras, es una concepción para la cual el
individuo y no los grupos, constituye la verdadera esencia de las relaciones sociales, por tanto, a partir de ese momento los valores individuales son superiores a los colectivos, el individuo decide su destino y hace historia.
El individualismo liberal, que como ya mencioné tiene como padre al filósofo inglés de la Ilustración, John Locke, comienza a partir de la Modernidad a la concepción del ciudadano hasta nuestros días, conservando del liberalismo clásico la idea central de la libertad del individuo como valor absoluto. Esta ideología liberal, en tanto constituye una interpretación de la realidad política, está históricamente unida al desarrollo del sistema capitalista y dentro de él representa el espíritu de la burguesía poseedora de los grandes recursos económicos y de las fuentes de trabajo.
Ahora bien, ¿Qué relación guarda el individualismo con la responsabilidad política del ciudadano?
La respuesta debe dar inicio por dejar claro que el individualismo liberal pone como meta y fin de la institución social defender la libertad del individuo, lo cual es loable desde el punto de vista del derecho a la libertad que tiene cada persona por el sólo hecho de serlo, en segundo lugar, justifica la independencia del individuo para actuar completamente de acuerdo con sus propios deseos por encima de su dimensión social.
Para explicar estas afirmaciones tengo que referirme necesariamente al orden
económico de la sociedad y el cual se convierte en prioridad para el individualismo liberal. Según el liberalismo la esfera económica se condice por leyes que le son propias, su hija la economía de mercado con su ley de la oferta y la demanda excluye a la economía del control del estado y en el plano humano la persona es vista principalmente como un consumidor potencial dejando de lado el resto de sus valores como ser humano,
sustituir el interés social procuración del bien común exacerbando el individual con carácter desenfrenado.
En la actualidad el liberalismo tiene un nuevo descendiente que el llamado " el cual nació aproximadamente en los años ,„ del siglo XX. Tiene de novedoso respecto al liberalismo clásico considerar la intervención del estado en los asuntos económicos para tratar de corregir la falla del anterior de dejar que las leyes del mercado actúen de forma ciega sobre la persona y darle apariencia más humana.
El establece determinados límites jurídicos y señala los campos de actividad económica, tratando de lograr que la iniciativa privada alcance sus objetivos y de que se logre bienestar social. Pero la prioridad económica produce a la noción de
ciudadano una brecha en el plano ético producto de la separación que se ha producido entre las normas morales y los bienes. De ahí resulta en gran medida la llamada "crisis de los valores" del mundo actual, la cual a mi modo de ver más que pérdida de valores se trata de un resquebrajamiento entre la autonomía personal de los individuos y el valor
sobreestimado a los bienes. El consumismo inclina la balanza de la persona a su favor dejando de lado la procuración de la justicia en la sociedad. En este sentido, la persona se ve más como un "objeto"' que como "sujeto" de la acción social, convirtiéndose la sociedad cada vez más, en un espacio para lograr fines individuales en detrimento de la procuración del bien común, el cual es garantía de la vida digna de todos y cada uno de sus miembros. Como muy bien describe el filósofo argentino Carlos Cullen:
No podemos decir que son catástrofes naturales que los hombres se mueran de hambre, se mueren de hambre porque no encontramos el consenso suficiente y no tenemos la
capacidad suficiente para resolver un tema que podemos resolver, es decir, que somos responsables de esta situación los ciudadanos.
No concuerdo con la extendida valoración de que se han perdido lo valores en el
hombre actual, creo que hay muchos valores, sin embargo no logran concentrarse alrededor de la justicia que es el valor calve de 1 sociedad, por tanto aparecen dispersos en una suerte de aislamiento que no pasa de ser intentos de organizaciones, instituciones, grupos y ciudadanos individuales. Lograr la justicia social requiere procurar armonizar los intereses de los ciudadanos alrededor de la procuración del bien común. En este caso los ciudadanos (gobernantes gobernados) deben centrarse en encausar la voluntad y los compromisos de todos a través de la formación ética de la persona, reduciendo el margen a la acción moral espontánea en los marcos de la sociedad política. El orden político establecido debe estar basado primero que todo en el interés común de la justicia a través del desarrollo de políticas públicas. En este sentido la propuesta de la filósofa española Adela Cortina acerca de "la ética de mínimos y la ética de máximo"186 me sirve de referencia para ilustrar la problemática que genera la tensión entre el individuo y el ciudadano, facetas de la persona. Bajo su óptica habría que acordar principios y normas básicas para la convivencia de manera que se pudiera garantizar a todos la justicia y la dignidad personal en los marcos de la comunidad y por otro lado se respetarían aquellas normas de grupos específicos cuya práctica sólo les interese a ellos mismos y no interfiera con el desarrollo del bien común. Aparentemente podría parecer loable de lograr dicha propuesta sino no fuera porque la organización social como mencioné al principio, está determinada por intereses.
Carlos 35
CAPÍTULO 5. LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA DEL CIUDADANO, UNA