CAPITULO 3. COMUNITARISTAS Y LIBERALES: EL D EBATE ACTUAL
3.4. El ciudadano en el centro del debate.
Considero pertinente hacer la salvedad, que si se desean perfilar los límites de la disputa entre comunitaristas y se debe tomar en cuenta que ambos aceptan la existencia de valores morales que inspiren, en última instancia, la elaboración de normas jurídicas destinadas a garantizar una convivencia armónica entre ciudadanos. Ninguna de
las dos corrientes identifica, por ejemplo, la moral con la voluntad de poder, o cree que la moral sea el resultado de un libre juego de fuerzas. Atendiendo a ello, se desechan las tesis que puedan remontarse a cierta interpretación de la filosofía nietzscheana y que,
principalmente, se han desarrollado en el ámbito francés; me refiero a posmodernos como Derridá, Deleuze, Lyotard o Foucault. En este sentido, o -por citar alguno de los exponentes más conspicuos de la tradición liberal, se ubican en el mismo bando que algunos destacados comunitaristas como Taylor y Sandel, aceptando el arbitraje de la razón práctica en la cuestión moral, sólo que con enfoques distintos cuyo sentido es el que
conviene clarificar.
Para empezar, debe advertirse que el término liberalismo, como mencioné
anteriormente, acoge en su seno una tradición tan extensa que sostiene posiciones políticas más antagónicas de las que pueden encontrarse entre algunos comunitaristas y algunos liberales. Hay quienes distinguen entre individualistas y comunitaristas, según el peso que atribuyen a la comunidad en la formación de la identidad y la relación que establecen entre esta condición y las elecciones personales del sujeto; y hay quienes prefieren sostener que en realidad ambos grupos de pensadores son liberales sólo que algunos, como Rawls,
optarían por subrayar los procedimientos democráticos frente a la filosofía, y otros, como Taylor, se inclinarían hacia la búsqueda de la verdad en vez de hacia las tácticas políticas. En cualquier caso, las tendencias generales del liberalismo y del comunitarismo conceden desigual relevancia al individuo, y al ciudadano en la comunidad. .
La generalidad de los autores centra su crítica, más o menos matizada, en los efectos perniciosos del liberalismo como paradigma moral. En otro intento de perfilar los rasgos comunes que presentan los críticos del liberalismo, la filósofa española Amelia Valcárcel explica: "Comunitaristas son aquellos autores que, fundamentalmente, sostienen que los derechos individuales han de ceder, en ciertos casos, ante los derechos de la comunidad; y que con ello la moralidad del conjunto -incluida una práctica mejor de la individualidad aumenta".142
La afirmación de Valcárcel es un tanto genérica, pero en cualquier caso comunitaristas destacados como y otros, observan que las sociedades en las que los derechos individuales están asegurados y se fundamentan en una perspectiva subjetiva no son capaces de evitar la insolidaridad y el debilitamiento de los lazos comunitarios.
El comunitarismo declara que su intención no es revocar la autonomía o anular el disenso, sino hacer posible la libertad política en un marco democrático. La perspectiva individualista y liberal, según ellos, no ha sabido construir un yo responsable y solidario; por éstas y otras razones concluyen que la sociedad está fragmentada y que es preciso reforzar el valor de la comunidad para conseguir que el individuo se sienta responsable respecto a ella. En el fondo, la pretensión de estos autores es culminar una labor en la que la filosofía se ha visto interesada desde el intento de construir una moral social desde una perspectiva colectiva. Por supuesto, este aserto se basa en el supuesto según el cual la
comunidad es fundamental para la formación de la identidad moral de los individuos y para el desarrollo de la misma, y concluye en una tarea que, según Victoria "responde a la convicción de que sin comunidad moral no hay individuos morales"
En un primer acercamiento de ambas propuestas, podría decirse que los liberales subrayan el valor del individuo y la autonomía, mientras que los comunitaristas defienden el sentido de pertenencia a la comunidad y la propia comunidad, pero esto sería solo una simplificación que ambas corrientes no admitiría.
La idea que considero supera ambas teorías es que el individuo no puede pensarse de forma aislada, con independencia de la comunidad que da origen a la formación de su identidad y que permite o coarta el desarrollo de su libertad, pero por otro lado tampoco debe diluirse su individualidad en los marcos de la comunidad. Precisamente es la importancia concedida al individuo y a la autonomía de éste de donde se infiere que es necesario atender a las circunstancias sociales que condicionan la formación de su identidad y el desarrollo de su autonomía. De hecho, aquellos que defienden el comunitarismo
democrático tienen en común con los liberales muchos de sus objetivos fundamentales. Cualquier respuesta adecuada al problema transcurre por la conexión entre los dos polos del problema: el individuo y la comunidad. de los comunitaristas, la cuestión estribaría en que el individualismo liberal ha otorgado una preeminencia exagerada al individuo, concebido como un átomo, hasta el punto de asfixiar el proyecto ilustrado de la autonomía del sujeto.
Ahora bien la repercusión de ambas posturas en debate, se inclinando hacia la noción del ciudadano, precisamente El hecho de sentirse ciudadanos de una comunidad da una
pertenencia a los individuos que los motiva a trabajar por ella. En la noción de ciudadano se juntan las dimensiones de la persona que venimos comentando, el racional de cada
individuo en su la búsqueda de la justicia y la dimensión social en la búsqueda de una identidad propia de pertenencia. Ante cualquier comunidad se presenta el reto de unir razón y sentimiento de las personas que al integran en el logro del bien común.
De ahí que en la década de los noventa del siglo XX renazca el viejo concepto de ciudadanía, ya que esta es una noción mediadora porque integra exigencias de justicia y a la vez hace referencia a los que son miembros de la comunidad, une la racionalidad de la justicia del individuo, con el sentimiento de pertenencia a la comunidad del ciudadano,
dando coherencia moral a la persona en lo que a las relaciones humanas se refiere
Ahora bien, esa racionalidad respecto a la justicia se entrelaza con la responsabilidad de la persona. La misma tiene dos dimensiones, la del individuo para consigo , su cuidado, conservación y realización personal y la responsabilidad política que tiene que ver con al puesta en práctica de la justicia respecto a los demás integrantes de la comunidad. La sociedad es capacidad de convivencia, pero también oportunidad de participar en al construcción de una sociedad justa, en la que los ciudadanos puedan desarrollar sus cualidades y adquirir virtudes. Por eso cuando la persona se refugia en su moral privada acaba perdiendo su ciudadanía real y su capacidad de humanizarse. No es extraño, como refiere Adela Cortina144, que la tradición liberal haya ido asumiendo la deliberación como condición indispensable de una vida política auténtica, ni tampoco que autores
comunitarios la consideren como el medio adecuado para generar desde las preferencias individuales una voluntad común.
Considero que si desea un verdadero autogobierno de los ciudadanos, resulta necesario fortalecer los lazos de unión entre el individuo y la comunidad sobre la base de la
responsabilidad política del ciudadano. Aquí se trata de la problemática que encierra la distinción necesaria entre lo privado y lo público (lo personal y lo político) y en la responsabilidad que sienta la persona ante la procuración del bien común, explico continuación.
Una democracia en los marcos de la sociedad plural puede funcionar únicamente con la participación de los ciudadanos, que tienen un papel importante en decidir quién debe encabezar el gobierno, y en establecer cuales deben ser las prioridades del mismo. Los asuntos públicos conciernen y afectan a todos, luego la participación ciudadana es una vía para promover cambios que mejoren la calidad de vida en la comunidad y que colaboren en el logro de metas o fines comunes. Hay una gran fuerza detrás de la suma de las fuerzas individuales que debe ser tomada en cuenta para desde ahí iniciar la procuración del Bien Común. Este no existe fuera del individuo mismo, la condición para su búsqueda debe ser la movilización de las voluntades individuales y de la responsabilidad política.
La acción moral del ciudadano en la sociedad plural se caracteriza por desarrollarse en un contexto donde la economía es prioridad, siendo que las leyes del mercado imponen conductas a los mismos. La adquisición de bienes materiales y el consumismo provoca el efecto social del mercado como organizador de la vida de las personas. La persona en su faceta de ciudadano, puede llegar a sentir que ya no necesita la política y se va
extinguiendo su interés a participar en ella como actividad organizadora del orden social justo, llegando a formar parte sólo de su universo contextual El ciudadano ve con recelo la
actividad política, que lejos de lograr la justicia y el bien común hace estragos en el sistema de organizaciones e instituciones públicas, creando conflicto entre el estado y la
representación de los gobernados. Tanto es así que el ciudadano no ve ni a la política ni a los políticos como su referente.
Esta situación se convierte en una paradoja, pues por un lado el ciudadano elige por representación a sus gobernantes del poder político, a través del voto y por otro lado siente que su elegido no lo representa en el ejercicio de sus funciones. Se produce una separación entre el actuar de los elegidos y la correspondencia con el contenido de la actividad para la cual fueron electos. A simple vista, da la impresión que el "deber ser" de la política está en un lado y la realidad de su "hacer" en el otro.
Creo que la anterior paradoja es una circunstancia externa a la persona en su faceta de ciudadano, en tanto ella como sujeto ético tiene la posibilidad de organizar la práctica política a su favor, dígase a favor de la justicia.
La noción de Aristóteles del ser humano como "un animal político" y cuya acción se estructura a partir de las categorías que surgen de la reflexión ética puedo retomarlas para dejar abierta la posibilidad del ciudadano actual de lograr un orden social justo.
Desde la perspectiva moral una persona comprenderá que la política, como la concibió el es una reflexión para la convivencia y no un espacio público para el mal y la injusticia. Convivir significa vivir por el otro. Coexistir es existir por el otro. Es como decir, que la actividad política es al mismo tiempo la base para el ejercicio de la vida activa, y no al revés. El hombre no se organiza civilmente porque es activo, sino que actúa porque es un ente político, destinado por su naturaleza. Para poder actuar con vistas a este fin, necesita ser elocuente, poder persuadir acerca de lo que es justo o injusto, conveniente o perjudicial.
Llama mi atención que en una lógica basada en principios democráticos, se debería buscar el "bien común", a través de una articulación colectiva de actores sociales. Pero
parece que sucede lo contrario, son los principios rectores de la lógica de mercado los que parecen imperar logrando mezclarse con la política actual: sólo hay intercambio entre quienes tienen el poder y los recursos necesarios, el beneficio de uno implica la pérdida de otro, por lo cual es muy difícil que funcionen más que como unidades individuales
haciendo que gobernante y gobernados ciudadanos se convierten en actores de diferentes obras, poder y vida cotidiana.
Desde mi perspectiva el ciudadano actual no ha renunciado a hacer política, sino más bien sufre un desencanto de la misma, por desarrollarse en medio del llamado realismo político.
Al respecto Luís Villoro expone otra visión a la que se debe aliar el ciudadano actual, la de fundamentar en la ética la comprensión de la política:. "La pretensión de un saber de la política liberada de una ética reduce su expresión a un discurso
Sigue diciendo Villoro que en la actualidad existe la tendencia a reducir la valoración ética a un factor de la política y dirigida esta última por intereses particulares. Es bueno aclarar que con la participación de los ciudadanos en la actividad política, se facilita la solución y atención a sus problemas y desafíos, sin embargo no se garantiza la prioridad en cada individuo de los asuntos de los otros como propios. La participación ciudadana es un medio de expresar inquietudes, de involucrarse y de comprometerse socialmente pero es asumir la corresponsabilidad sobre el destino común que se comparte necesariamente con otros y que debe iniciarse a partir de la comprensión individual de cada miembro de la comunidad.
Ahora bien, como comenta Adela Cortina146, el inusitado aumento del poder
desde el cual es posible reforzar las capacidades de los seres humanos para vivir en libertad o, por el contrario, someter a gran parte de ellos al sufrimiento, ha puesto sobre el tapete de la reflexión el concepto de responsabilidad, en el sentido de que a mayor poder, mayor responsabilidad, cuanto más potentes los medios, tanto más urge responsabi- lizarse de ellos los individuos y encauzarlos hacia buenos fines.
Para lograr la justicia social es necesaria una asunción personal de responsabilidades por parte del ciudadano, especialmente en la política, debido a que la misma incide directamente en la organización del orden social. Las actividades profesionales, las asociaciones, las instituciones y organizaciones., insiste Cortina, en sobradas ocasiones toman decisiones encaminadas más al bien particular que al común, dejando de lado las voluntades particulares de los individuos para participar en la comunidad.
De esta carencia depende desde el último tercio del siglo XX se vengan reforzando las éticas aplicadas, justamente bajo la idea de responsabilidad que intentan aplicar responsa- blemente por parte de los individuos y ciudadanos los principios éticos que orientan estos ámbitos sociales a cada uno de ellos.
También en la década de los setenta surge la sospecha de si una de las causas de la crisis del Estado del Bienestar no será la actitud pasiva que genera en sus ciudadanos. El concepto de ciudadanía en torno al cual gira el Estado social de Derecho es el de ciudadanía social, según el cual, es ciudadano aquél que en una comunidad política ve protegidos sus derechos civiles, políticos y pero al ser el Estado el encargado de procurar su protección, la ciudadanía social se entiende como "el derecho a tener derechos", como la
Adela Cortina, Ciudadanos del mundo. ( Madrid: 1997 ) 68.
"patente de corso" para reclamar educación, atención sanitaria, seguro de desempleo, jubilación, sin tener que asumir por ello responsabilidades. El ciudadano se acostumbra a
reclamar, en vez de buscar trabajo, procurarse el mejor seguro, llevar una vida sana para no ser oneroso en el presupuesto sanitario, etc.
Es éste sin duda un punto sumamente discutible y discutido, pero en lo que todos convienen es en que la idea de ciudadanía entraña características como la actividad, el protagonismo y la asunción de responsabilidades por las propias decisiones, junto con otros en la polis. Una noción de ciudadanía que abunda en la necesidad de responder de las propias decisiones, pero no indica si cada ciudadano debe hacerse responsable también de crear las condiciones en las que todos puedan ver protegidos sus derechos, aunque no estén en situación de hacerlo por sí mismos, ni mucho menos si ese "todos" incluye a todos los seres humanos. Cortina incluir también en la noción de la "actividad" ciudadana la
exigencia de asumir la responsabilidad por otros, de suerte que cualquier ser humano pueda desarrollar sus capacidades en libertad.148
Ahora bien, las ideas liberales enraizadas en la acción del ciudadano tiene grandes dificultades para atribuirle responsabilidades, porque ha promovido una cultura del individualismo de los derechos, pero ha incapaz de fundamentar filosóficamente y de fomentar en la vida cotidiana una cultura de la responsabilidad, si no es a través de prédicas y discursos que prometen un futuro luminoso, que nunca llega y que carecen de la
respuesta : ¿por qué tengo que hacerme responsable de la suerte de otro, no digamos ya de la humanidad?.
El comunitarismo por su parte declara que la comunidad es lo primero, sin embargo no define sobre que deben ser responsables los ciudadanos, ante quien y por qué razones. Este
vacío perjudica a todos, pero sobre todo a los más débiles, porque en la práctica política se diluyen las responsabilidades políticas entre gobernantes y gobernados quedando los más pobres a merced de tal disolución. En la práctica nadie responde directamente por la injusticia social.
No obstante como mencioné al inicio, a raíz de las críticas de los autores
hacia el liberalismo, y viceversa la noción de ciudadano se ubica como posibilidad de convergencia. El propio Rawls (representante principal del liberalismo) elaboró su contrarréplica, revisó el formalismo de su doctrina moderando su
y aceptó ciertos aspectos de la crítica en su trabajo El
liberalismo este segundo libro Rawls recoge ciertas objeciones hechas a
Teoría de la justicia e intenta responderlas, cuestión que no es ahora objeto de análisis. Lo
que si es necesario advertir es que la teoría de la justicia liberal expuesta por Rawls es, según su propio autor, una doctrina estrictamente política, no una filosofía del hombre que implique un ideal moral completo. Así, Rawls reformuló el alcance y los presupuestos de su primera teoría buscando lo que él denomina "estabilidad", esto es, pretendiendo que su nueva formulación pudiera ser aceptada por todos los ciudadanos en cuanto persona razonable y racional, y por eso apela a su razón pública. En su libro El Liberalismo
Político aclara que su liberalismo es uno "estrictamente político"150 como una versión moderada del liberalismo, aunque en ella todavía se encuentren importantes desacuerdos con las posturas defendidas por los pensadores comunitaristas. También hay que resaltar que el primer avance del fue continuado por un alud de contrarréplicas
J. Rawls, New York, Columbia Press, Traducción castellana: El liberalismo político, Barcelona, Crítica, Esta obra reúne varias revisiones de conferencias que ya habían sido publicadas y que en su conjunto representan una de ajustes a su Teoría de ¡ajusticia.
liberales que, del mismo modo, han obligado a éste a moderarse. En la actualidad, tras veinte años de disputa, las posiciones de unos y otros se encuentran en la mayor parte de los casos mucho más matizadas.
En primer lugar, el debate actual presta atención a lo que se denomina "el individuo en es decir el individuo situado dentro de una comunidad, o incluso situado dentro de varias comunidades al mismo tiempo que a su vez integran a otros individuos
diversamente interrelacionados. Atendiendo a esta perspectiva, la concepción de la persona