Territorio tecpaneco
2. La “municipalidad ladina”
2.2 La administración del municipio, las oficinas públicas, los burócratas y el control del Estado
Entre las varias obligaciones de la municipalidad, especificadas en la ley respectiva de 1879, se contemplaba la administración de los bienes inmuebles y los recursos económicos del municipio. Además, era la encargada del orden y la tranquilidad interior de las poblaciones, tenía
25 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30039, E 5, A 1931.
26 Es importante observar que muchos habitantes de los municipios se opusieron en
determinados momentos a esta práctica. En 1931, varios vecinos de Tecpán protestaron aduciendo que los miembros de la municipalidad habían sido seleccionados por disposición del Jefe Político. El alcalde y los demás miembros electos ratificaron todo ello al renunciar de sus cargos, afirmando que dejaban sus puestos para que las elecciones se desarrollaran sin la intervención de nadie, para que la gente escogiera a los individuos de su simpatía y para seguir los principios de libertad. A pesar de todo ello y del descubrimiento de que las votaciones habían sido manipuladas, el gobierno no aceptó la renuncia, aduciendo que los inconformes eran unos cuantos indios y, además, porque los cargos municipales eran obligatorios. AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30380, E 3, A 1931.
el deber de promover el progreso y la mejora de la población. Estas disposiciones se traducían en el manejo adecuado de los bienes territoriales municipales, las rentas, y la obligación de proporcionar los servicios más importantes como agua, luz, educación, salud y seguridad.27 Relacionado con todo ello estaba el control de las oficinas de la municipalidad. Durante el régimen conservador, los funcionarios municipales y burócratas –alcalde, regidores, secretarios y tesoreros– manejaban más o menos, según su propio entender e intereses, las oficinas y los registros que se llevaban en dicha institución, en especial los libros de caja o cuentas municipales. Con los liberales en el poder, las ideas de orden y progreso, en principio, fueron aplicadas al desarrollo de las tareas municipales, coadyuvando un mayor control del Estado sobre el manejo de los asuntos municipales.
Así, en 1878, cuando el Jefe Político visitó Tecpán ordenó que el registrador civil se pusiera en contacto con el párroco para que las personas, principalmente los indígenas, antes de ser bautizados o unidos en matrimonio, presentaran constancias de estar anotados en el registro de la municipalidad. Pidió que se tuviera en cuenta el artículo 29 del Código Civil (sobre el registro civil de los ciudadanos y vecinos) y que se publicaran, por medio de bandos mensuales, éstas y otras obligaciones de los vecinos de la localidad, al igual que las sanciones que se impondrían si no se cumplía con lo prescrito en dicha ley.28
En ese entonces, el Jefe Político observó que los libros de fondos municipales de Tecpán29 tenían un orden muy confuso, no era utilizado el papel de sello correspondiente, y al mismo tiempo no estaban autorizados por él. Dado el desorden demostrado en las cuentas registradas en los libros, el funcionario departamental ordenó que se
27 Tipografía del Progreso, Op. Cit., 1881.
28 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 28664, E 43, A 1878.
29 Los fondos monetarios de las municipalidades provenían principalmente de los
arbitrios y multas que la misma institución imponía a los habitantes y comerciantes de la localidad.
cerraran esos documentos y que fueran enviados a la jefatura política junto con los comprobantes de gastos, con el fin de ser glosados en ese lugar. Mandó que los registros de entrada y erogación de dinero que se hicieran en los siguientes días fueran anotados en los libros de cuentas que quedaban abiertos.30
Días después, los miembros de la municipalidad protestaron ante el Jefe Político pidiéndole que cambiara los conceptos denigrantes vertidos sobre la municipalidad con relación al manejo de las cuentas municipales «por el honor y buen nombre» y que habían quedado registrados en el acta de visita. El alcalde y sus regidores elaboraron un extenso escrito donde daban los pormenores sobre la visita de la autoridad departamental y sus observaciones. Explicaban que en realidad los libros no estaban desordenados ni alterados, pues el método de registro era el que se había utilizado desde muchos años atrás (en la época conservadora). Por último, pedían que se dejara a la municipalidad en libertad para continuar el sistema de contabilidad hasta que el gobierno no dispusiera otra cosa con relación específica a Tecpán.31
Por supuesto que las disposiciones para establecer un mejor orden y vigilancia de los registros en la municipalidad no eran instrucciones arbitrarias del Jefe Político; más bien respondían al ideal e interés del Estado por desarrollar, desde entonces, un mayor control sobre su población, sus intermediarios ladinos y el manejo del asunto público. No por gusto se pedía que los indígenas fueran especialmente controlados en cuanto al registro civil, pues a muchos de éstos, se pensaba, probablemente no les interesaría registrarse como vecinos, ciudadanos o en cualquiera otra categoría de la civilidad liberal, ya que su forma de vida era ajena a este nuevo orden. Al contrario, al Estado sí le interesaba reconocer a su población, ya fuese por fines políticos, económicos o ideológicos.32
30 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 28664, E 43, A 1878. 31 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 28664, E 10, A 1878.
32 El control de la población y el buen manejo de los libros de registros no era una
exigencia nueva para los funcionarios locales. Durante las visitas pastorales de los obispos a las parroquias, en la época colonial, éstos casi siempre sugerían que se
El estricto control sobre la administración de los bienes monetarios de la municipalidad también era importante, debido a que el “buen gobierno”33 era parte del nuevo orden que se estaba implantando. El fin principal de todo ello era la centralización del poder en el Estado y, como se ha dicho, un mayor control sobre sus intermediarios y “aliados”. Con esto, los dirigentes del gobierno local estaban siendo cuestionados no solamente en su «honor», como ellos decían, sino también en el poder y control que tenían sobre los asuntos del municipio. Pero los ladinos defendieron sus intereses, no por gusto plantearon que sólo una disposición presidencial específica los haría cambiar en el manejo tradicional de las cuentas municipales.34 Con ello, estaban imponiendo sus criterios al igual que sus intereses, al mismo tiempo que cuestionaban el poder del Estado, que desde ese entonces, como se ve, pretendió inmiscuirse mucho más en los asuntos locales.
Con el mismo propósito, el Jefe Político inspeccionaba y pedía que en los juzgados locales siempre estuviera a mano la Constitución, los códigos y las leyes, a partir de las cuales se debía aplicar la justicia en los municipios.35 El Estado no iba a permitir que los jueces de paz (ladinos) impartieran justicia de acuerdo con otros cánones, sino únicamente con los constitucionales. Éstos fueron los primeros indicios del nuevo carácter del Estado, el cual trataba de involucrar a la población alrededor del orden liberal y, a la vez, se otorgaba todo el poder y la razón sobre la forma de organizar y estructurar a la sociedad. Los dirigentes no quisieron tomar en cuenta que la población que deseaban gobernar o controlar estaba dividida y así los grupos mantenían intereses, identidades y posiciones de clase diferentes y contradictorias que el mismo Estado no tuvieran al día y en orden los libros de bautizos, matrimonios o defunciones. Sus fines también eran económicos e ideológicos pero ahora, con la Reforma Liberal, los nuevos y viejos propósitos respondían a intereses de otro poder, es decir, el del Estado liberal y la élite que lo manejaba.
33 Jean Piel, Op. Cit., 1995.
34 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 28664, E 43, A 1878. 35 Ibidem, 1978.
podría allanar, pero sí contribuiría a profundizar dada su política centralizadora y coercitiva.
En los primeros veinticinco años de la Reforma Liberal, el Jefe Político de Chimaltenango desarrolló bastante control sobre la administración de la municipalidad de Tecpán y de las otras municipalidades del departamento. Fueron muy frecuentes las visitas de este funcionario a los municipios, mediante las cuales hacía un recuento de las actividades, de los aciertos y desaciertos de los burócratas y ediles locales. Durante estos recorridos, inspeccionaba las escuelas, la oficina de correos, las cárceles, el rastro municipal, las obras en construcción, las oficinas de la municipalidad, los libros de registros y preguntaba sobre el estado de las siembras de comunidad y la salubridad en el municipio. Daba órdenes para hacer mejoras en aquellos lugares donde observaba deficiencias, por ejemplo, en el ornato de la población, en los presupuestos para las obras públicas, en la asistencia de niños a las escuelas y, como se ha visto, en el manejo de los fondos municipales. Tenía especial cuidado de informarse sobre el manejo del astillero municipal36 y escuchaba las quejas de los miembros de la municipalidad sobre diferentes asuntos, por ejemplo, con relación a la constante negativa de los alcaldes indígenas a proporcionar fuerza de trabajo para la agricultura.37
Este control también se hacía evidente en la obligación de la municipalidad de consultar y solicitar al Jefe Político o al Ministro de Gobernación la autorización para hacer cualquier inversión y aumento de arbitrios. Es abundante la documentación existente en los archivos relacionados con las constantes peticiones de las municipalidades para que se les aprobaran los diferentes gastos. Por ejemplo, desde la compra
36 El astillero era (es) una porción de tierra boscosa de donde la población extraía
madera para la construcción de viviendas y leña para los hogares, su uso estuvo regulado por las municipalidades. En la actualidad este bosque en Tecpán es una de las reservas naturales más importantes de la región.
37 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 28664, E 43, 1878 y L 28744, E 745, A
de útiles para las oficinas de la municipalidad hasta los desembolsos más exorbitantes para la construcción de un edificio, la compra de acciones de un molino de trigo o la celebración de una fiesta suntuosa, como la que se hizo para conmemorar el cuarto siglo de la fundación de la ciudad de Santiago de Guatemala, en Iximché.38
Por otra parte, es necesario observar que la municipalidad se encargaba de recaudar cuotas e impuestos; planificar y financiar, por sus propios medios, la construcción de obras públicas; organizar y financiar las escuelas locales, las oficinas municipales y de correos; registrar en los libros respectivos la calidad civil de los vecinos; administrar los servicios públicos y el control de los bienes municipales, tales como el uso del astillero municipal. La mayoría de las medidas que se tomaron alrededor de estos asuntos fueron consultadas a las autoridades superiores.39
A pesar del control establecido por el Estado, la mayor parte de las decisiones tomadas por la municipalidad fueron autorizadas o modificadas en lo mínimo por los agentes del gobierno. Por ejemplo, el cobro por encarcelar mozos fugados, decisión tomada por los dirigentes de varias municipalidades en Chimaltenango, incluyendo Tecpán, fue bien recibido por la Jefatura Política y solamente hizo algunas modificaciones en la cantidad a cobrar;40 otros casos fueron los presupuestos para las obras públicas, los cuales casi siempre fueron aprobados en los montos totales que presentaban.41
Para comprender lo anterior es necesario advertir que, con el paso de los años, los líderes de las municipalidades de Tecpán, Chimaltenango o Patzicía, se vincularon por diferentes medios –familiares, compadrazgo,
38 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29758, enero, A 1924.
39 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 28912, E 51, A 1895; L 28756, E 210 y
L 29604, enero, A 1922.
40 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29076, E 14, A 1904 y L 29675, febrero,
A 1923.
profesionales o clientelismo– con los funcionarios departamentales y del gobierno central.42 Esto dio lugar a que el control sobre los asuntos locales fuera menos estricto y hasta en algunas ocasiones negociado. Tal fue el caso de la construcción del edificio municipal de Tecpán, a finales del siglo XIX; la edificación del molino de trigo; en esa misma época, o el control de la fuerza laboral, asuntos que se describen en otros capítulos de este trabajo.43 Conforme a todo esto, los ladinos también obtenían dominio sobre sus proyectos locales, el manejo de la municipalidad y el control de los indígenas, que según ellos era de su única incumbencia.
Hay que señalar también que los tesoreros y, mucho más, los secretarios, eran los expertos en la conducción y manejo de los asuntos burocráticos y de los recursos monetarios en las municipalidades. Eran los aliados de los dirigentes municipales, por lo que estos últimos defendieron el derecho que les daba la ley municipal para designarlos. En 1933, Jacinto Rivera, alcalde de Tecpán, protestaba porque el Ministro de Gobernación había nombrado a Ramiro Rojas como secretario de la municipalidad. En su protesta, el alcalde afirmaba que la ley daba potestad a las municipalidades para nombrar a sus secretarios. Aducía que él ya había nombrado a Benigno Alemán, quien era un hombre experto en su trabajo. Decía que éste era un individuo que conocía muy bien a la población tecpaneca y que por ello podría servir mejor en el puesto. Afirmaba que las personas ajenas al municipio (como lo era Rojas) no eran aptas para este cargo debido a que no conocían la idiosincrasia de la gente y las necesidades de la población.
Como se ha dicho, los secretarios tenían bastante influencia en las municipalidades y, probablemente, por ello el alcalde quería elegir a una persona de su confianza, como seguramente lo era Alemán.44 Por
42 Véase el epígrafe 2.3 de este capítulo. 43 Véase el capítulo cuatro de este trabajo.
44 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30660, A 1933. Hasta el Jefe Político
requería personas de mucha confianza como secretario en la Jefatura Política. En ese mismo año, 1933, pedía la remoción de su secretario de apellido Puig, y solicitaba
otro lado, el hecho de que el alcalde adujera que el designado conocía mejor la idiosincrasia local, también puede ser indicio de la identidad local desarrollada por los ladinos, es decir, había cierta manera de ser tecpaneco y las autoridades respondían a este hecho.
Algunos de los resultados de la influencia y el poder de los secretarios en las municipalidades pueden verse en los casos siguientes. En 1931, los indígenas de Yepocapa se quejaron del secretario municipal por sus abusos en las elecciones municipales. Aducían que dicho funcionario imponía su voluntad y sus caprichos en la extensión de boletas de ciudadanía, amenazando a la gente para que votara por determinado candidato a la alcaldía.45 Por las mismas razones y en esa misma época, también estaban descontentos con los secretarios algunos vecinos de Patzicía46 y Tecpán. Los vecinos de Santa Cruz Balanyá se quejaban del secretario municipal porque éste los obligaba a financiar y trabajar en la construcción de un acueducto desde un lugar muy lejano de la población.47
que en su lugar fuera nombrado Rubén Flores, que hasta entonces había estado en la secretaría municipal de Tecpán (el nombramiento de Rojas como secretario en Tecpán quizá se debió precisamente a este cambio que pedía el Jefe Político). Dicha autoridad departamental aducía que Puig era inexperto, lo que probablemente era verdad, pero también reafirma su pretensión de tener un secretario de confianza como lo era Flores, quien ya había servido en dicha oficina en Chimaltenango. Por otra parte, estos burócratas hacían carrera; el representante más genuino de ellos en el departamento quizá haya sido Rufino Popol, quien sirvió como secretario casi durante 30 años en la Jefatura Política de Chimaltenango y otro buen número en la municipalidad de dicha cabecera departamental.
45 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30380, E 2, A 1931. 46 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30380, A 1931.
47 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29293, E 21, A 1914. En el ejercicio de sus
funciones, los miembros de la municipalidad conformaban comisiones para atender los diversos servicios que se debían prestar a la población. Ésta era una disposición legal que estaba definida en la ley de municipalidades. En este sentido cada miembro, desde el alcalde hasta los regidores, se encargó de dirigirla, aunque en ocasiones también se integraron vecinos “honorables”. Los más importantes y especificados por la ley eran la de hacienda, abastos, agua, policía, higiene pública, ornato, escuela, vacuna, fomento y caminos, educación y la de estadística. Tipografía del Progreso, Op. Cit., 1881.
Además de ellos, otros funcionarios y empleados fueron el Comisio- nado Político –que al mismo tiempo tenía el cargo de Comandante Local (encargado de organizar las milicias locales), el oficinista de correos, los maestros de las escuelas primarias, policías y en la cabecera departamental algún médico. El Comisionado Político era un funcionario nombrado por el Jefe Político y por eso muy ligado a esta autoridad departamental. Dada la precariedad en las finanzas del gobierno, muchos comisio- nados políticos tuvieron que encargarse del control de otros municipios. El de Tecpán, por ejemplo, también fue responsable de Santa Apolonía y San José Poaquil, aunque su sede y su mayor influencia la ejercía en Tecpán. Legalmente se le encargó el fomento del «progreso y el adelanto» de estos pueblos. En Tecpán, este delegado ordenó la construcción del parque y la plaza central, así como la formación de alamedas y paseos, tareas en las que al final no tuvo mucho éxito.48
Además de lo anterior, su principal trabajo era controlar la formación de las cuadrillas de mozos que eran enviados en mandamientos a las plantaciones de café. De esta forma el comisionado se ligó mucho con la municipalidad y, más de una vez, fue acusado de manipular a los funcionarios de la última. De la misma forma, dicho empleado generalmente fue un tecpaneco y casi siempre estuvo ligado a los ladinos poderosos de la localidad.49
Parecidas características tuvieron otros dependientes locales, entre ellos los maestros, los policías o algún otro oficinista como el encargado de telégrafos. Ya sea que fuesen originarios de Tecpán, como en muchos casos lo eran, o de otras localidades, éstos afincaban intereses en la localidad, ligándose así con los miembros de la élite local. De esta manera, sus tareas también eran vistas y usadas como instrumentos para legitimar el poder ladino. Con ello influyeron y se defendieron ante la coerción del Estado, y por otro lado neutralizaban las estrategias de
48 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 28731, E 1726, A 1886. 49 Ibidem, 1886.
resistencia y defensa desarrolladas por los indígenas ante el control de los mismos ladinos. Esta forma de concebir y utilizar las instituciones políticas, militares, educativas o de servicio a nivel local (es decir, la utilización de lo legal), fue el mecanismo más efectivo con que contaron los ladinos en su lucha por mantener el poder.