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Las disputas por la recuperación del poder municipal

In document OTROS PODERES, NUEVOS (página 96-111)

Territorio tecpaneco

3. La “municipalidad indígena”

3.3 La resistencia desde la “municipalidad indígena”

3.3.3 Las disputas por la recuperación del poder municipal

Las personas organizadas en las municipalidades indígenas y en el cuerpo de “principales” de varias localidades trataron de influir sobre las municipalidades ladinas de sus municipios. A principios del siglo XX, los indígenas apoyaron algunas veces a los ladinos con el fin de preservar determinados derechos. Otras trataron de mantener a la persona más idónea a sus intereses en la municipalidad oficial. Pero solamente en Comalapa llegaron a plantear la necesidad de que ésta fuese dirigida directamente por una mayoría indígena.

116 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29353, E 9, A 1916. En el caso de

Patzicía véanse los reclamos de los indígenas sobre el uso del astillero municipal, Isabel Rodas, Op. Cit., 1997.

En Tecpán prefirieron o solamente les quedó la opción de aliarse con los ladinos, así lo hicieron de1927 a 1933. Aunque aparentemente en 1931 actuaban de forma autónoma, al denunciar que la municipalidad oficial que había sido “electa”, en ese año en realidad era una imposición del Jefe Político. Aunque en este caso también existieron ladinos que se opusieron a los designados en la municipalidad no hay indicios de que éstos hayan actuado en unión con los indígenas.117 En 1933, al contrario, los mismos “principales” y miembros de la “municipalidad indígena”, tales como Policarpio Sacbajá, Narciso Díaz, Guillermo Sacbajá o Justo Cuxil, actuaban junto a los ladinos que se disputaban el manejo de la municipalidad oficial con los Marroquín.

¿Pero cómo estaban organizados los indígenas y ladinos para enfrentar a sus adversarios? Los ladinos opositores a los Marroquín se hallaban integrados al llamado «Partido Liberal Progresista Pro-obreros», y unos 30 indígenas incluyendo a los “principales” en el «Club Liberal de Indígenas Iximch», ambos de Tecpán. Varios de los escritos de protesta en contra de los Marroquín fueron firmados por los miembros de las dos asociaciones.

Es difícil saber hasta qué punto el Club Iximché fue realmente una iniciativa de los indígenas. En otros municipios, como Patzicía y San Martín Jilotepeque, por ejemplo, los kaqchikeles también estaban integrados al «Club Progresista El Renacimiento» y «Tecún Umán»,118 respectivamente. Se sabe por medio de la tradición oral que, en el primero, los ladinos tuvieron mucho que ver en su formación y en Tecpán el club apoyaba a los ladinos.119 El caso de Comalapa, por otro lado,

117 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30380, E 3, A 1931. 118 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30940, oficio 2565, A 1935.

119 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29996, E 3, A 1927. En 1931 varios

indígenas de Patzicía, dirigidos por José María Ajsivinac, Luciano Bajchac y otros tres individuos, afirmaban que la directiva del club liberal El Renacimiento, del que eran miembros, había presentado varias quejas contra el fraude electoral que se había producido en las elecciones municipales de ese año. Los kaqchikeles también apoyaban a los ladinos que se oponían a la hegemonía política implantada por tres familias

posibilita la comprensión de otras estrategias y del pensamiento que muchos indígenas desarrollaron al experimentar la dominación de los ladinos en las municipalidades. Ellos plantearon que la supremacía ejercida por los ladinos estaba vinculada al dominio numérico que tenían en la municipalidad, y de esta forma su organización fue más indepen- diente.

Cuando en 1908 se quejaban de los abusos cometidos por los ladinos decían que «sin duda el ejercicio exclusivo de los empleos es el que dándoles poder y absoluta preponderancia sobre nosotros, da motivo a que la clase ladina nos explote y nulifique».120 Buena parte del esfuerzo político de los kaqchikeles lo dirigieron a eliminar este privilegio de los ladinos. Los de Comalapa planteaban que si la municipalidad fuese integrada en igual número de indígenas y ladinos les parecía que las

ladinas locales, encabezadas por la de José Escobar. En este caso, los indígenas apoyaban la candidatura de Francisco Samayoa como alcalde y de Hipólito Arriola como síndico. Al mismo tiempo, los “principales” estaban confrontados con su alcalde indígena electo, el señor Cayetano Miculax, quien, al parecer, era “aliado” de la facción ladina en el poder. Los indígenas lo acusaban de imponerles contribuciones innecesarias, de engaño y de favorecer a los ladinos en las votaciones; pedían entonces la elección de un nuevo alcalde indígena. En este caso, por diversas circunstancias, las elecciones fueron repetidas dos veces y la última se realizó en marzo, sin que ganara el candidato que apoyaban los indígenas. Al final, estos últimos fueron acusados por el Jefe Político de alterar el orden público en el pueblo. AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30380, E 7, A 1931. En Chimaltenango, en el año de 1933, un grupo de más de 20 indígenas dirigidos por el también indígena Ventura Ovalle se había aliado a los ladinos y propuso una planilla en donde predominaban los indígenas. En ese año se formaron dos bandos en las elecciones, el oficial y el libre, este último apoyado por los kaqchikeles. Debido a que en esta ocasión el Jefe Político estaba demasiado cerca, observó las acciones de Ovalle y sus compañeros y los acusó de que siempre habían querido oponerse a las autoridades y que en ese año había instado a los indígenas para que votaran por personas que ellos habían escogido. La autoridad departamental afirmó que debido a todo esto les había llamado la atención a los indígenas, pero que estos últimos se exaltaron y dado este hecho habían sido encarcelados. AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30660, E 34, A 1933.

condiciones sociales y políticas de los primeros mejorarían, que los cargos serían distribuidos con equidad y que los privilegios que predominaban serían eliminados. En ese año, los comalapenses pidieron que la munici- palidad fuera integrada por igual número de indígenas y ladinos y, además, que el cargo de alcalde primero y síndico fuese asumido por los primeros, «para que sirva de control en las determinaciones del resto del ayuntamiento y se eviten en lo posible los abusos en las exacciones y el reparto injusto de los servicios».121 De esta manera se estaban planteando la integración de una municipalidad con participación de los dos grupos, pero donde ellos, los indígenas, tuvieran un papel serio en la toma de decisiones.

Los kaqchikeles estaban de acuerdo en que los servicios personales eran importantes en la comunidad (ello de alguna manera era parte de una práctica tradicional en la vida de las comunidades desde hacía varios siglos), pero les molestaba sobremanera que la carga recayera únicamente sobre ellos, cuando en el municipio vivían indígenas y ladinos. Firmaban la solicitud 29 personas, de las cuales diez sabían leer y escribir.122 La petición fue obviada por el gobierno; de esta manera, en octubre de ese mismo año, pedían que se autorizara el establecimiento de una “municipalidad indígena” con su alcalde, síndico y regidores, separada de la “municipalidad ladina”, es decir, que se eliminara la municipalidad mixta y que indígenas y ladinos se gobernaran por sí mismos legalmente.123 En 1927, más de 40 indígenas de Comalapa hicieron una nueva petición para que la municipalidad fuera integrada por mayor número

121 Ibidem, 1908.

122 En ese año, el Jefe Político dijo que sería oportuno aumentar el número de regidores

indígenas en la municipalidad para que el deseo de éstos fuese satisfecho. El fiscal del gobierno, por aparte, expresó que los abusos alegados por los kaqchikeles no eran verdaderos, puesto que existían leyes que regulaban la vida en los municipios. Ninguno de los funcionarios quiso hablar o hacer alusión a la solicitud de que fuese nombrado un indígena en el puesto de alcalde primero y síndico.

de individuos indígenas. Que se nombraran dos alcaldes (1º. y 2º.) indígenas, un alcalde ladino, un síndico indígena y otro ladino, seis regidores: cuatro indígenas y dos ladinos. Estos últimos reaccionaron diciendo que Valeriano Otzoy era el individuo que siempre había instigado a los indígenas a rebelarse y que ahora trataba de dividir a indígenas y ladinos, y todo ello –decían– lo hacía con la mala intención de que no se diera el progreso en el municipio. Además, afirmaban que todo esto lo hacía para «tener bajo las plantas del indígena a los ladinos, lo que sería una terrible amenaza para la segunda clase».

El Jefe Político dijo por su parte que la organización que pedían los indígenas sembraría discordia por el predominio de la clase indígena, y no era conveniente que se fomentaran esas divisiones.124 Pero las cosas no quedaron allí. En 1933 algunos kaqchikeles de Comalapa denunciaron que en las elecciones de diciembre de ese año se impondría como alcalde al ladino Ramón Rodríguez. El Jefe Político indicó que ya no soportaría más la altanería de estas personas y entonces los castigó, según dijo, para sentar un precedente, pues dichos individuos habían estado molestando a los altos funcionarios desde hacía mucho tiempo. En agosto de ese mismo año, los indígenas también sentarían un precedente ante la exclusión que se les imponía.125

En 1933 renunció de su cargo el regidor decano de la municipalidad y se tuvo que elegir a su sustituto; la ley, sin embargo, estipulaba que

124 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29996, E. 16, A 1927. En 1928 los de

Comalapa lograron integrar un síndico indígena a la municipalidad, lo que no existía en ninguna municipalidad oficial del departamento. (Se acordó que el funcionario electo vistiera como ladino y supiera leer y escribir, ése fue Carlos Raxjal). Este beneficio, sin embargo, obedeció a una estrategia del Jefe Político que, por alguna razón, pretendía “desestabilizar” o quizá darles una lección a los ladinos miembros de la municipalidad. Éstos, aunque integrantes del partido progresista, no eran aceptados por el Jefe Político ni por dicho partido. AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango. L 30081, septiembre de 1928.

dicho funcionario debía ser ladino. Los indígenas, al contrario, eligieron a uno de ellos para el cargo y, aunque las elecciones se repitieron dos veces, los kaqchikeles siempre eligieron para el puesto a Juan José Matzer, un indígena educado. Como represalia por esta actitud, el Jefe Político dejó vacante el puesto.126 En ese mismo año, los ladinos de Comalapa dijeron que había dificultades en el municipio por la integración mixta de la municipalidad oficial, puesto que los indígenas la obstaculizaban y no los dejaban actuar. Pidieron entonces que se autorizara la formación legal de una municipalidad de ladinos y otra de indígenas.127

El caso de Comalapa es la enunciación de una dinámica interétnica de confrontación política y étnica. Es decir, había una fuerte contra- dicción entre indígenas y ladinos que se manifestaba en una pugna que tenía como propósito imponerse en la dirección de la municipalidad oficial. Cuando los kaqchikeles se percataron de que el mayor número de miembros y la cooptación de los puestos más importantes por parte de los ladinos era lo que les daba la supremacía y el poder de manipularlos, desarrollaron una serie de intentos para recuperar cierta influencia en la institución. Para lograrlo una de sus justificaciones fue su superioridad numérica en el municipio y por eso el derecho de tener una mayor canti- dad de miembros en la municipalidad, aunque, por supuesto, en otras ocasiones fueron más flexibles al plantear una integración numérica más o menos paritaria de indígenas y ladinos.

Podría plantearse que los líderes kaqchikeles tecpanecos, patzicienses o patzuneros, pensaron de forma muy parecida a los comalapenses. Es decir, entendieron que la exclusión que vivían también era manejada políticamente desde el nivel local y por la cooptación que los ladinos habían hecho de las municipalidades, lo cual les hacía reaccionar en su contra.128 A pesar de que no se enfrentaron directamente a los ladinos,

126 Ibidem, 1933.

127 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30660, E 26, A 1933.

128 El hecho de que aquí se resalte la conciencia que los indígenas llegaron a tener

sus actuaciones en defensa de la tierra y de los trabajadores son indicios de que también racionalizaron y desarrollaron estrategias para atacar a sus oponentes. Por otro lado, la organización y mantenimiento de la “municipalidad indígena” fue una forma muy clara de imponer cierta voluntad a nivel local, por parte de los “principales” de los pueblos.

En décadas posteriores, sin embargo, otras municipalidades siguieron la tendencia comalapense. En 1943 los líderes indígenas de Itzapa se oponían a que los ladinos extrajeran leña del astillero San Isidro. Además, el Jefe Político informó en ese entonces que dichos kaqchikeles pedían constantemente la remoción de funcionarios municipales, del intendente y el secretario, sólo porque no actuaban como ellos querían. El jefe departamental argumentó que efectivamente se había sustituido a estos funcionarios en noviembre, y ya en diciembre los indígenas pedían la destitución del nuevo intendente porque demandaban que se nombrara a uno de su «raza». El funcionario afirmó que de accederse, ello empeoraría las cosas. Pero aún más, planteó que no eran solamente los de Itzapa los que pretendían estas cosas, sino también los de Balanyá, Patzún, Patzicía, Acatenango, quienes se hacían acompañar de grupos de indígenas «analfabetas» y solicitaban constantemente la remoción de los funcionarios municipales. El Jefe Político planteó que solamente con medidas drásticas se podría parar esta acometida de los indígenas.129 Desde la segunda década del siglo XX, las “alianzas” entre indígenas y ladinos fueron importante en Tecpán y también en otros municipios del departamento, por ejemplo, en el ya mencionado caso de Patzicía, en Chimaltenango y, en algún sentido, también en Comalapa130. Es notorio

se hayan percatado de que además de los ladinos el Estado mismo también los segregaba. Las protestas de los indígenas después de la caída de Estrada Cabrera, en 1920, son una clara evidencia de que éstos también se dieron cuenta de las otras dimensiones de donde emanaba la fuerza que los relegaba a una vida de miseria.

129 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 32240, E 1, A 1943.

130 En varias oportunidades el individuo Eugenio Son actuó en apoyo de sus compañeros

que estas alianzas se produjeron cuando los ladinos empezaron a dividirse y a ligarse a las alas políticas del Partido Liberal. Estas rencillas locales fueron importantes para los indígenas, pues la división de los ladinos les daba un espacio para aliarse con los sectores opositores y aprovecharse del conflicto para obtener algunos beneficios.

Hay que resaltar también que los indígenas, como grupo, casi en ningún momento ni municipio se vincularon a las facciones en el poder, sino que depositaron su confianza en los ladinos que luchaban contra el poder. Sus objetivos en este caso son bastante claros: defender las tierras que habían logrado retener en sus manos hasta ese entonces, disminuir la carga de trabajo que pesaba sobre ellos y recuperar poder político. Por supuesto, hubo individuos de origen indígena que optaron por servir a los intereses de los ladinos en el poder, como en el caso de Patzicía, en 1931, pero actuaron de forma individual y los organizados también se opusieron ante éstos que los “traicionaban”.

Hay que retomar y observar también qué forma e implicaciones tuvo la alianza entre indígenas y ladinos. En Tecpán, buena parte de la información sobre la actuación de los “principales” y la “municipalidad indígena” proviene de los ladinos implicados en el conflicto. En este sentido, es importante tener en cuenta lo que dijeron los miembros de los bandos en pugna sobre la participación de los indígenas en la contienda. Ambos se acusaban de ser manipuladores de estos últimos, unos de los mozos y otros de los indígenas “principales”. Los ladinos que estaban en contra de los Marroquín, sin embargo, planteaban que los

ocasiones actuaba en ayuda de los ladinos con quienes compartía cargos en la municipalidad. Este doble juego quizá se debió a intereses personales, pero también pudo ser una forma de obtener beneficios para el grupo al seguir el juego de los dominadores; es decir, no era conveniente cortar definitivamente las relaciones con ellos en esa coyuntura política. En 1910 Son, junto con otros 25 individuos indígenas, solicitaba ante el Ministerio de Gobernación que el señor Paulino Ovalle, reconocido como ladino, fuera restituido en su cargo como alcalde del pueblo. AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29190, E 4, A 1910.

indígenas eran sus aliados debido a que éstos sufrían la explotación y manipulación que sobre ellos ejercían esos caciques.

Al parecer, todas las perspectivas sobre la actuación o unión de indígenas y ladinos eran ciertas. La alianza como una estrategia política daba como resultado precisamente eso, es decir, al unir fuerzas para derrotar a los Marroquín, tanto los grupos como los individuos buscaban beneficios particulares y muy distintos. Así, desde una perspectiva utilitarista, ambas colectividades se unieron porque tenían el mismo enemigo, pero con proyecciones diferentes sobre los provechos que obtendrían. Para los indígenas aliarse a los ladinos era casi el único camino que había para lograr algunas ventajas en cuanto al trabajo y la tierra.

Es cierto que también hubieran podido adular y solicitar al gobierno que los protegiera ante los ladinos en la posesión de la tierra, por ejemplo; pero esto no siempre daba resultado. En todo caso, éste era otro recurso y la alianza con los ladinos era lo más apropiado en ese momento porque, de ganar éstos, los indígenas suponían que podrían influir un poco más en la municipalidad. Pero ¿qué ganaban los ladinos al aliarse con los indígenas? Principalmente desarrollar otro frente de oposición que debía manifestarse legítimo y ligado al poder estatal. No por gusto los ladinos “sugirieron” a los indígenas que se organizaran en el «Club Progresista de Indígenas Iximché» y el Jefe Político por su parte trató de deslegi- timarlos al decir que en Tecpán no existía ningún club liberal, puesto que ni siquiera estaba organizado en la cabecera departamental.

En cada escrito de protesta que hacían los ladinos opositores, sin embargo, tenían especial cuidado de escribir el nombre del «Partido Liberal Progresista Pro-obrero» en el que ellos estaban organizados y el «Club Iximché» de los indígenas. En este caso, además de ganar la lucha, los ladinos tendrían asegurada la confianza y la “obediencia” de los indígenas, tan importante para obtener fuerza de trabajo para sus cultivos. De esta manera, cuando los ladinos opositores denunciaban que los Marroquín tenían más de 400 indígenas habilitados, también afirmaban que dicha familia se estaba apropiando de un recurso tan importante

para ellos. Sus luchas contra ese cacicazgo tenía entre sus principales objetivos eliminar ese acaparamiento de fuerza de trabajo.

Si se ve de esta manera, la coalición era demasiado aventurada para los indígenas. En cierto modo, los kaqchikeles fueron manipulados porque sirvieron a los intereses de los ladinos opositores; pero debe tenerse en cuenta que los indígenas también instrumentalizaron la alianza puesto que se aprovecharon de las rencillas ladinas para adquirir algo de poder

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