Territorio tecpaneco
2. La “municipalidad ladina”
2.3 El poder de la élite ladina y el gobierno del municipio
2.3.2 Las luchas políticas al interior de la municipalidad
A finales del siglo XIX, la élite dirigente de Tecpán actuó políticamente unida, pues casi siempre impuso sus intereses en las elecciones de sus autoridades y en la conquista y la defensa de sus intereses ante los indí- genas y algunos agentes extralocales. Ya en el siglo XX, sin embargo, surgieron diversas facciones políticas y familiares ladinas que empren- dieron fuertes luchas para controlar la municipalidad y desde allí consolidar el control sobre los trabajadores indígenas, apoyar el desarrollo de sus negocios como el expendio de aguardiente y afianzar sus relaciones políticas y de clientelismo con el gobierno departamental y estatal. Pero esto no era peculiaridad exclusiva de Tecpán; municipios vecinos como Patzún, Patzicía, Itzapa, Chimaltenango y San Martín Jilotepeque vivían dinámicas similares.64
En diciembre de 1926, un grupo de 80 ladinos de Tecpán protestó ante el Ministerio de Gobernación aduciendo que las elecciones realizadas el domingo 12 de ese mes y año debían ser anuladas por fraudulentas. Argumentaron que los hermanos Adrián y Manuel Marroquín, produc- tores y expendedores de aguardiente a nivel departamental, habían postulado como candidato para alcalde a su allegado Aurelio Rosales, quien, apenas unos días antes, era gerente de la fábrica que les pertenecía.65 La postulación de este individuo, como muchos denunciaron, era para que escudara a la familia que lo patrocinaba, en el fraude que éstos
64 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, (el caso de Patzún), L 29675, enero, A
1923 y AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, (el caso de San Martín Jilotepeque), L 29846, A 1925.
hacían a la Hacienda Pública por la fabricación y expendio de aguar- diente. Los quejosos afirmaron que para las elecciones los Marroquín habían traído indígenas de los municipios circunvecinos, tales como Santa Apolonia, San José Poaquil y Chichicastenango, a quienes, con el fin de que votaran por Rosales, les extendieron ilegalmente sus boletos de ciudadanía en Tecpán. Se decía que el cuerpo edil había sido electo por gente de otros pueblos y que los Marroquín obligaron a sus mozos para que votaran a favor de Rosales, como también a múltiples personas que les adeudaban dinero.66
La trayectoria de la facción creada por los Marroquín se resume así: en 1926 el alcalde era Adrián Marroquín, y el secretario y registrador civil era Augusto Ovalle Ortiz. Se afirmaba que los Marroquín, con desacuerdo del vecindario tecpaneco, venían fungiendo como alcaldes alternándose con Filemón Ovalle, tío del secretario municipal, quien les servía de forma ciega en el puesto desde 1923. Otro de sus testaferros era Asunción Castellanos, quien fungió como alcalde en 1928. En este año, el comisionado político y local de Tecpán era Emilio Rosales, primo de Aurelio Rosales, alcalde electo en 1927. Durante varios años los Marroquín se ligaron a los jefes políticos; en el último, por ejemplo, Manuel Velásquez, Jefe Político en funciones, era amigo íntimo de ellos. Además de esto, el Director General de Rentas de Chimaltenango era pariente de la esposa de Adrián Marroquín. Por último, los hermanos habían sido “protegidos” y poseían cierto vínculo familiar con el ex presidente José María Orellana (Adrián Marroquín era su sobrino político) que había estado en el poder durante el último período presidencial (1921-1926).67
Los Marroquín eran acusados de formar un cacicazgo en Tecpán. Se afirmaba que desde ese poder manipulaban a la población y habían creado alrededor de ellos una parentela y clientela, gracias al control económico
66 Ibidem, 1927. 67 Ibidem, 1927.
y político que habían logrado desde muchos años antes y de lo cual los Marroquín se ufanaban. Sus vínculos con el poder departamental también les habían dado fuerza y confianza para mantener su fuerte dominio político a nivel local. Sus fines más importantes, como lo mani- festaban sus adversarios, era mantener el control sobre la población indígena, principalmente el de la fuerza de trabajo y producir aguardiente libremente sin tener que pagar impuestos a ninguna oficina fiscal. Con relación a esto, se decía que la familia recibía en mandamiento a más de 400 indígenas que trabajaban anualmente para ellos y que mensualmente producían 20 mil litros de aguardiente sin pagar un sólo centavo como impuesto al erario.68
Por otra parte, el grupo de ladinos inconformes y adversarios de los Marroquín fue presidido por Manuel María Girón, Jacinto Rivera, Javier Marroquín y Everardo Galindo (éstos también habían manipulado a varios de los firmantes del memorial de protesta), quienes postulaban como alcalde al señor Jacinto Rivera. Éste, al parecer, tenía rivalidades personales con la familia Marroquín y ello formaba parte del pleito por el poder local o el control de la municipalidad. Así, las intenciones de Rivera también significaban una revancha personal contra los poderosos Marroquín.69
En estos procesos, los indígenas también entraron a escena y apoyaron a los partidarios de Rivera. Su pretensión era disminuir el trabajo forzado
68 Ibidem, 1927.
69 En el año de 1926, mientras era alcalde Adrián Marroquín, Jacinto Rivera tuvo
diferencias personales con su hermano mayor Pedro Rivera. El primero pretendía despojar a su hermano de algunos bienes que éste poseía o manejaba. Adrián Marroquín, dado que era alcalde, intervino en el asunto y obligó a Jacinto a devolver a su hermano las escrituras de los bienes que éste le había arrebatado. A Jacinto no le quedó otra opción que regresar los documentos a los hijos de Pedro y desde entonces, según Marroquín, el señor Rivera había tenido animadversión a su persona y familia. Afirmaba que Rivera también los había denunciado en fechas anteriores como defraudadores del fisco y por ello el inspector de Hacienda había cateado la fábrica de los Marroquín y que en ese entonces no se había encontrado ninguna anomalía. (El Director General de Rentas, sin embargo, era pariente de los Marroquín). Ibidem, 1927.
y, según dijeron los “riveristas”, recuperar una finca llamada “San Francisco” que los Marroquín pretendían vender.70 Aun así, desde el punto de vista de los dos bandos de ladinos en oposición, los indígenas solamente estaban siendo manipulados para apoyar los intereses de cada grupo. Los indígenas, sin embargo, tenían otra opinión e intereses en la participación con los ladinos.
Los contendientes también se ligaron a las alas políticas del Partido Liberal, éstas últimas surgidas a partir de las diferencias de intereses entre los grupos políticos que integraban la élite gobernante del país. La adhesión la hizo cada facción de manera separada, reflejando sus diferencias en el ámbito local. De esta suerte, los vínculos con los líderes del gobierno y de dicho partido también fueron usados como recursos para legitimar o deslegitimar, según fuera el caso, las pretensiones localistas de cada facción. Así, Rivera fue acusado por el Jefe Político de Chimaltenango como una persona alineada hacia el ala llamada Progresista del partido mencionado, el cual había postulado como candidato para presidente a Jorge Ubico en las últimas elecciones presidenciales –1926– por lo que, según se decía, Rivera no convenía como alcalde.71
Los seguidores de Rivera afirmaban que éste no era ubiquista, sino uno de los directores de la “Liga Nacional Tecpaneca”, que precisamente había trabajado en contra del ubiquismo y en pro de las aspiraciones del candidato oficial, el general Lázaro Chacón. Al contrario, acusaron a los Marroquín de haberse unido por intereses personales y no patrióticos a la candidatura de Lázaro Chacón. Se afirmó que los Marroquín habían formado una agrupación local con el nombre de “Liberal” y que debido a esto se habían profundizado las diferencias entre los dos grupos, que
70 Ibidem, 1927.
71 El Jefe Político acusó a los partidarios de Rivera del delito de sedición y de hacer
reuniones nocturnas; por lo cual se les detuvo durante un breve tiempo. Ibidem, 1927.
luego se habían manifestado en las elecciones para alcalde.72 Años después, en 1933, cuando Ubico ya había llegado a la presidencia, los “riveristas” se declararon alineados al Partido Liberal Progresista, y afirmaron que desde 1926 este partido era el abanderado de la «redención y la justicia». Con ello, nuevamente manifestaban su tradición de ligarse interesadamente al poder imperante en el país.73
En la siguiente década, las diferencias entre los dos grupos seguían vigentes. A finales de 1932 y principios de 1933, se produjo un enfrentamiento por la elección de Jacinto Rivera como alcalde municipal. Algunos vecinos allegados a los Marroquín impugnaron las elecciones, aduciendo que el electo era una persona senil (con 70 años de edad) y por eso no convenía como dirigente de la municipalidad. El Jefe Político aprobó la protesta y en días posteriores se realizaron nuevas elecciones que ganaron los candidatos encabezados por Asunción Castellanos y propuestos por la familia Marroquín. Ante esto, las protestas de los “riveristas” dieron lugar a otra elección seguramente ganada por Jacinto Rivera, quien en ese año gobernaba en contra de la voluntad del jefe departamental.74
Los enfrentamientos de 1933 dieron a conocer otros pormenores de la dinámica política y de la lucha por el poder que se vivía en Tecpán. Primero, los Marroquín continuaban ejerciendo una fuerte influencia a nivel local y seguían siendo protegidos por el Jefe Político. A su vez, sus opositores, entre ellos Andrés Girón, Everardo Galindo, Angel Custodio Jiménez, Jacinto Rivera y sus hijos, ya se declaraban miembros del Partido Liberal Progresista de Tecpán, pero no eran muy bien vistos por el Jefe Político, quien los definió como dirigentes no gratos del partido.75
72 Varias de las manifestaciones escritas que circularon sobre esta contienda aparecieron
en volantes que fueron distribuidos en Tecpán; otros fueron publicados en el periódico “Nuestro Diario”. Ibidem, 1927.
73 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30660, A 1933. 74 Ibidem, 1933.
Galindo fue culpado de defraudador de la hacienda pública porque, supuestamente, cuando había sido alcalde producía aguardiente clandestino. Girón, se dijo, era contrabandista y un ebrio consuetudi- nario. Se afirmó que Custodio Jiménez, siendo alcalde en 1921, había malversado fondos de la municipalidad y robado un semoviente en el poste público.
Desde 1923, por lo menos, los Marroquín venían peleando con la familia de Manuel María Girón. En ese año, acusaron a esta persona de asaltar una carreta oficial para poner en libertad al preso Donato Girón. Después señalaron a los hijos de Manuel María, entre ellos Sigilfredo y al mismo Donato, de haber asaltado la casa del carretero Flavio Galindo que trabajaba para los Marroquín.76 Pero los Girón también tenían motivos para acusar a sus adversarios. Se afirmó que en 1907 los Marroquín habían atacado a balazos a Federico Palomo y posteriormente lo expulsaron de Tecpán. Se dijo que en 1916 Adrián Marroquín junto con Asunción Castellanos acribillaron a balazos al señor Arturo Díaz Gálvez, quien no había muerto en ese entonces, pero que restablecién- dose había sido atacado nuevamente por Adrián en plena plaza pública de Tecpán, muriendo después en Panajachel. Por último, se les acusó de que en mayo de 1930 planificaron y ejecutaron la muerte del regidor segundo de la municipalidad de ese entonces, el señor Silverio Rosales. Se dijo que a pesar de todo esto estaban libres.77
En la década de los veinte, el gobierno no tuvo mucho interés en resolver estas luchas internas en los municipios. En el caso de Tecpán, el fiscal del gobierno argumentó, en abril de 1927, que era demasiado difícil establecer las irregularidades que se denunciaban con relación a las elecciones, debido a que había muchos intereses de por medio. Lo que sí puntualizó el funcionario, fue la necesidad de hacer una averiguación sobre el caso de la defraudación en el ramo de licores. Se dijo que si en esta investigación no se esclarecían los hechos sucedidos
76 Ibidem, 1933. 77 Ibidem, 1933.
en las elecciones, cuando menos se reprimirían las defraudaciones al fisco.78 El gobierno no hizo ningún esfuerzo por controlar el poder que habían desarrollado los Marroquín, pues éstos estaban muy bien protegidos por el Jefe Político. Aunque el delito de asesinato del regidor segundo, imputado a los Marroquín en 1930, fue juzgado, esta familia salió impune y fueron otros los que sufrieron la sentencia de los tribunales.79
A pesar de que en Tecpán estas luchas fueron extremas, pues el asesinato y las conspiraciones eran parte de las estrategias utilizadas, de ninguna manera fue un caso único o aislado. Como se ha afirmado, muchas personas en otros pueblos se quejaron de los caciques y de las facciones familiares y políticas que imponían su voluntad sobre la población y vivían en pugna frente a otras facciones similares.80 Los municipios de Chimaltenango, pues, vivían una dinámica política intensa en la que tomaban parte diversos actores importantes. Así el Jefe Político tenía un papel fundamental y la formación de clubes y partidos liberales en los municipios también tuvo su propio alcance. Aunque las facciones políticas y familiares surgieron de la misma dinámica local y departamental, los clubes liberales municipales les dieron un soporte organizativo, por medio del cual se ligaban al gobierno de turno y justificaban sus pleitos locales.81
78 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 29996, A 1927. 79 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30660, A 1933.
80 Sobre los otros municipios de Chimaltenango véase, AGCA, B, Gobernación,
Chimaltenango, L 29996, A 1927; Isabel Rodas, Op. Cit., 1997.
81 Sobre este hecho quizá es importante decir que lo más lógico habría sido que el Jefe
Político apoyara a la facción que tuviera un ligamento más cercano al Partido Liberal. Contradictoriamente esto no fue siempre así debido a que dichos funcionarios también crearon vínculos con las familias importantes de los municipios y la cabecera departamental, y muchas de éstas no siempre pudieron ligarse a tiempo al partido gobernante. El caso de Tecpán es típico. Mientras gobernó Orellana –de 1921 a 1926– los Marroquín no necesitaron ligarse a partido político alguno, pues tenían la protección personal del presidente. Cuando éste dejó su cargo, empezaron las protestas contra el dominio de los Marroquín, pero éstos aún siguieron gobernando durante
Las rencillas faccionales, en parte, estuvieron ligadas a la pretensión del Jefe Político de imponer los alcaldes y regidores que él y sus aliados locales escogían. De 1930 a 1933 aparecen los listados de las planillas propuestas para cada municipio desde la Jefatura Política. En ellas se afirma que los designados eran los propuestos por el Partido Liberal, dado el patriotismo e interés que manifestaban por sus propios municipios. Estas listas eran enviadas al Ministerio de Gobernación para que el titular diera su aprobación.82 Dichas imposiciones, que seguramente no se limitaron a los años que se citan, no siempre produjeron los resultados que buscaban, es decir, el control y la subordinación de la población y las municipalidades al gobierno y la Jefatura Política. En muchas ocasiones esta práctica hizo que las protestas fueran más evidentes y con mayores argumentos, como sucedió en Tecpán y Patzicía, en 1931, y en Chimaltenango y Comalapa, en 1933.83 Las municipalidades fueron abolidas por el gobierno de Jorge Ubico en 1935. Así, en lugar del alcalde electo cada año, el mismo presidente nombró a los intendentes municipales. La única facultad que le quedaba a la población era elegir a los regidores y síndicos municipales, quienes debían subordinarse en muchos sentidos ante el intendente. Este cambio fue resentido en alguna medida por los ladinos, porque aunque siguieron predominando sobre los indígenas y sobre muchos de los asuntos locales (como el trabajo forzado) desde ese entonces los agentes directos del gobierno también tenían derecho a decidir sobre la localidad y mante- nían un control sobre las personas.84
algunos años a nivel local. Sus adversarios, sin embargo, ya se habían ligado al partido gobernante –el Liberal Progresista– ante lo cual los Marroquín no tuvieron otra opción que seguir buscando la protección del Jefe Político. Por eso dicha autoridad, durante 1933, veía a los dirigentes del partido en Tecpán como no gratos y apoyaba a los Marroquín.
82 AGCA, B, Gobernación, Chimaltenango, L 30380, E 7 y 3, A 1931.
83 Ibidem, 1931. Para el caso de Comalapa puede verse: AGCA, B, Gobernación,
Chimaltenango, L 30660, A 1933.
84 Isabel Rodas, Op. Cit., 1997, y Piero Gleijeses, «La aldea de Ubico: Guatemala 1931-
Aunque este cambio mermó muy poco el poder de la élite ladina en los municipios, muy pronto la Revolución de 1944 habría de franquear el camino para que su hegemonía económica y política fuese realmente eliminada en Tecpán y en otros municipios de Chimaltenango y Gua- temala. A pesar de ello, el proceso fue lento y duró más de 30 años, es decir, hasta que los indígenas a principios de la década de los setenta del siglo XX retomaron la dirección de las municipalidades en la mayoría de los municipios del departamento. Para ese entonces, el país vivía otras dinámicas sociales y políticas, y la vida en los municipios estaba cambiando.