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ALTERNATIVAS PARA EL TRATAMIENTO

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El uso seguro de medicamentos

ALTERNATIVAS PARA EL TRATAMIENTO

Además de estos grupos independientes de auto-ayuda, la mayoría de los programas locales de tratamiento contra las drogas financian los programas de las terapias de sus pacientes y apoyan grupos.

Si tienes un problema serio con el alcohol o las drogas, tal vez quieras participar en un programa formal de tratamiento, ya que éstos proporcionan atención médica, terapia individual y de grupo y otros tipos de servicios de apoyo.

Es importante enfatizar que la finalidad de dicho tratamiento no es solamente "sacarte de las drogas," sino ayudarte a entender mejor el problema y crear una nueva vida en la que no necesites el alcohol ni los medicamentos para funcionar. Si en tu comunidad existe un programa para mujeres y dirigido por mujeres, tal vez lo encuentres especialmente útil.

Es muy probable que otras mujeres puedan entender mejor tu situación, tus presiones y conflictos, así como tus necesidades prácticas, físicas y emocionales. En algunos programas tal vez encuentres un centro de cuidado de niños. Para encontrar un programa con el tratamiento apropiado o grupos de apoyo, acude al consejero o consejera de alcoholismo de tu área, al centro de mujeres más cercano o al centro comunitario de salud mental; al departamento de servicios del la comunidad o de salud de tu ciudad o municipio; o al departamento u oficina del trabajo, si es que existe una en tu ciudad o municipio.

Todas necesitamos entender que los problemas de adicción no desaparecen de la noche a la mañana, espe- cialmente con un solo tratamiento. Hay que ser perseverante, determinada y resignarse a luchar por un período de tiempo que, tal vez, nos parezca eterno.

El consumo de tabaco y la Inhalación del humo que produce

En la actualidad, la cantidad de mujeres que fuma ciga- rrillos es muchísimo mayor que hace 50 años. Esto se debe a muchas de las mismas razones por las cuales muchas de nosotras bebemos. Aunque en los últimos años el consumo de tabaco ha ido reduciéndose lentamente entre mujeres adultas, las que fumamos tenemos la tendencia a hacerlo con exageración. Además, el número de niñas y adolescentes que fuman ha aumentado significativamente y, al igual que con las drogas y el alcohol, la edad en que éstas comienzan a fumar disminuye cada día. Entre 1991 y 1994, en los EEUU,

el número de niñas entre las edades de 13 a 14 años que habían fumado aumentó en un 36%. En 1993, el número de adolescentes de escuela superior que fumaban diariamente era casi un 22%. En la actualidad, alrededor de un 23% de mujeres en los EEUU fuman cigarrillos, y el nivel más alto de éstas se encuentra en la etapa reproductiva (entre las edades de 25-44 años). Esto continúa ocurriendo a pesar de que generalmente se conoce, y está bien documentado, que el cigarrillo es muy dañino para la salud y la nicotina es sumamente adictiva.

Las niñas comienzan a fumar como resultado de muchas presiones. Desde los años 20 en los EEUU, la industria del tabaco, conjuntamente con agencias publicitarias y de mercadeo, se han dirigido a la población femenina (jóvenes y adultas) para promover el cigarrillo, usando el pretexto de que fumar es símbolo de independencia, emancipación, rebeldía y autonomía. Además, el cigarrillo también se les vende a las mujeres como una forma de controlar el apetito y el peso.

Para las fumadoras, las noticias no son muy halagadoras. Las consecuencias que conlleva el fumar para la mujer son extremadamente serias, a corto y a largo plazo. No sólo desarrollan las mujeres las mismas enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco que los hombres, sino también aquéllas relacionadas con el estado hormonal, el funcionamiento reproductivo y el embarazo. Las mujeres que fuman tienen 5.5% más de probabilidades de desarrollar cáncer en el pulmón que las que no fuman. En las mujeres, la

incidencia de cáncer de pulmón ha aumentado un 3% al año, desde principios de la década de los 80. En comparación con las mujeres que no fuman, las fumadoras tienen más proba- bilidades de sufrir ataques al corazón, paros y otras enfer- medades cardiovasculares serias. Las mujeres que usan anticonceptivos orales y fuman, tienen 10 veces más probabilidades que las que no fuman de sufrir enfermedades coronarias.

Tanto las fumadoras jóvenes, como las primerizas experimentan dificultad al respirar, tos, y falta de energía. Estudios recientes han demostrado una reducción drástica en el funcionamiento pulmonar de las adolescentes y las niñas fumadoras (siendo los efectos más serios para estas últimas). En la actualidad, el fumar es la causa principal de muerte prevenible en los EEUU. Más de 152 mil mujeres mueren cada año en este país debido a las consecuencias de fumar. Dichas consecuencias incluyen: el cáncer del pulmón, la enfermedad cardiovascular, el paro cardíaco y el derrame cerebral. En 1987, el cáncer del pulmón sobrepasó al cáncer del seno como la causa principal de muerte para las mujeres en los EEUU.

El consumo del tabaco en las mujeres también se asocia con cáncer de las vías urinarias, la laringe, la boca, el esófago, los ríñones, el páncreas y la cérvix. Las mujeres que fuman tienen un mayor riesgo de morir debido a alguna enfermedad crónica de obstrucción de los pulmones, y más riesgo que las que no fuman, de sufrir de osteoporosis,

bronquitis crónica, enfisema, sinusitis crónica, úlcera péptica y del duodeno e hipertensión severa.

En las mujeres, el consumo del tabaco también se asocia con la reducción de la fertilidad y menopausia prematura. Las fumadoras pasivas (expuestas al humo del cigarrillo de los demás), encaran un riesgo serio que atenta contra la salud. Las investigaciones demuestran que las mujeres que no fuman, pero se encuentran expuestas al humo del cigarrillo de sus maridos, tienen el doble de probabilidades que las mujeres que no fuman, de desarrollar cáncer del pulmón.

Otros estudios muestran que los hijos/hijas de los padres/madres que fuman tienen mayor riesgo que los hijos/hijas de los padres/madres que no fuman, de contraer enfermedades de las vías respiratorias y de desarrollar leucemia y linfoma cuando son adultos. Durante el embarazo, el consumo de tabaco, ya sea activo o pasivo, plantea serios riesgos para el futuro bebé.

Los bebés de mujeres que fuman durante el embarazo tienen mayores probabilidades de ser enfermizos y pesar menos al nacer. Fumar durante el embarazo también aumenta el riesgo de sangramiento, ruptura prematura de las membranas, aborto, nacimiento prematuro y muerte del recién nacido. El riesgo del síndrome de muerte súbita (SMS) también puede aumentar con el consumo de cigarrillos durante el embarazo.

Aun el contacto con el humo de otros fumadores (conocido como consumo pasivo) es también un riesgo serio

para la salud. En 1993, el humo producido por el consumo de tabaco de otros (también llamado humo ambiental o ETS, por sus siglas en inglés) fue declarado como carcinógeno por la Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency) de los EEUU, la cual lo coloca en una categoría similar al asbestos y al gas radón. Estudios de investigación han revelado que para aquellas esposas no-fumadoras, expuestas al humo de cigarrillos de sus maridos, la probabilidad de desarrollar cáncer del pulmón es dos veces mayor que para las esposas de hombres que no fuman. El consumo pasivo de tabaco también puede afectar el desarrollo del feto, la inteligencia del niño, el desarrollo del lenguaje, su avance en la escuela y su comportamiento.

Los cigarrillos bajos en brea y nicotina ("light" y "ultralight") no son menos dañinos ni disminuyen el riesgo de aquellas enfermedades asociadas con el consumo de cigarrillos regulares que describimos anteriormente. Además, estos cigarrillos tienden a ser consumidos con mayor frecuencia y en mayores cantidades para poder satisfacer el deseo por la nicotina.

Me hubiera gustado que toda esta información hubiera existido cuando yo era joven. Empecé a fumar en los años 30, cuando tenía 12 años, y nunca supe que tuviera nada de malo. Sí nos decían que fumar retrasaba el crecimiento, pero yo era alta, por lo que eso no me importaba. Fumé durante toda mi juventud, a los 20 y 30 años, y nunca nadie me sugirió que dejara de hacerlo.

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