LA VIOLENCIA EN CONTRA DE LA MUJER
QUÉ PUEDES HACER SI SIENTES QUE ERES VÍCTIMA DE HOSTIGAMIENTO SEXUAL
Nota de las autoras: Es crucial darnos cuenta de que cada situación es diferente. La clase de estrategia que elijas dependerá de muchos factores, incluyendo cuánta capacidad tengas para arriesgarte a perder el empleo y cuánto apoyo sientas por parte de tus compañeros de trabajo. (Por ejemplo: la raza y las diferencias de clases algunas veces aislan a los trabajadores entre sí).
1. Recuerda que tú no eres culpable. El hostigamiento sexual es la atención sexual impuesta. No importa lo complicada que sea la situación, el hostigador es el responsable por el abuso.
2. Anota lo que suceda. Lleva un diario; guarda todas las notas o fotografías del hostigador—no las tires al estar furiosa. Escribe las fechas específicas, lugares, momentos, clases de Incidentes, tus respuestas, sus preguntas, todos los testimonios.
3. Asegúrate de tener buen apoyo antes de entrar en acción. Rompe el silencio, habla con otros en tu trabajo, escuela, o en el exterior, pide ayuda mientras obtienes una respuesta. Ellos se sentirán con la responsabilidad de apoyarte si tú expones las faltas del hostigador. A la vez, ten
cuidado a quien confias esta información, para asegurarte que preserven tu privacidad.
4. Investiga en tu trabajo o en tu escuela la política y el proceso reivindicatorío para los casos de hostigamiento sexual. Conoce todos sus registros antes de actuar. Si es posible, investiga en los registros particulares de los administradores, entrenadores, camareros u oficiales del personal o de los consejeros ocasionales, o de otros a los que necesites involucrar para que tu queja sea escuchada.
5. Descubrirás a otras que han sido hostigadas que actua- rán contigo. Una acción colectiva y la unión de quejas fortalecerán tu posición. Alguien que no haya sido hostigada puede unirse a la acción colectiva. Trata de utilizar las orga nizaciones que ya existen, tales como tu gremio o tu organi- zación de empleados, el centro local para la crisis por violación o una organización particular de mujeres para tu grupo étnico o racial para que te ayuden a formar una estrategia y a llevar a cubo una respuesta colectiva.
6. Hazle saber al hostigudor lo más clara, directa y explícitamente posible que no estás interesada en sus atenciones. Si haces esto por escrito, guarda una copia
7. Evalúa tus opciones. ¿Qué es lo que quieres obtener de la acción que vas a tomar? ¿Cuáles son tus principales inquietudes y metas? ¿Qué tipo de acción es más conve- niente para tí? ¿Cuáles son los posibles resultados, incluyendo los riesgos que traiga cada acción?
8. Antes de ponerte en acción dentro de tu trabajo o escuela, planifica con otras una estrategia para ser lo más
creativa posible; piensa en el proceso judicial sólo como último recurso.
Recuerda: El hostigamiento sexual es ilegal, por lo que puedes usar este hecho para fortalecer tu posición.
EL MALTRATO
El maltrato de las mujeres que frecuentemente se refiere a la violencia física llevada a cabo mediante ta agresión y el daño físico general, es el crimen más común y menos reportado en los EEUU. Mujeres de todas las edades, razas, clases sociales y nacionalidades son maltratadas. Somos agredidas por los hombres con quienes nos casamos, por nuestros hijos y sobrinos que nos amedrentan y nos abofetean y por otros parientes del sexo masculino quienes nos hostigan y degradan verbalmente. El 25% de las familias americanas tiene un historial de maltrato.
Existen muchos tipos de maltrato. La mayoría de las mujeres que son golpeadas son maltratadas repetidamente por la misma persona. Conforme pasa el tiempo, esta agresión aumenta en frecuencia y severidad.
Me han aventado vasos, he sido pateada en el abdomen, tirada de la cama y golpeada mientras estaba en el suelo—estaba embarazada. He sido azotada, pateada y empujada, levantada y vuelta a tirar. He recibido puñetazos y patadas en la cabeza, pecho, cara y abdomen en numerosas ocasiones. He sido abofeteada por decir algo de política, por un punto de vista diferente en religión, por renegar, por llorar, por querer que haya comunicación. He sido amenazada por no hacer algo que me fue ordenado. He sido
amenazada cuando mi marido ha tenido un mal día—cuando ha tenido un buen día.
Otras mujeres son maltratadas con menos regularidad. Independientemente de la frecuencia, el maltrato también afecta nuestra autoestima y la de nuestros hijos e hijas.
Soy de clase media alta, mi padre borracho golpeaba a mi madre todos los sábados. En la mañana del domingo, ella trataba de inventar el por qué de sus contusiones. Viví toda mi niñez bajo esta sombra— la posibilidad de violencia.
Algunas de nosotras habíamos sufrido el abuso verbal por años y habíamos empezado a creer en las degradantes mentiras que oímos. Las personas que estudian la violencia física en contra de la mujer han intentado entender el por qué la violencia entre las familias es tan predominante. La indiferencia del sistema legal y la actitud general de la sociedad les otorga el permiso a los hombres para maltratar a las mujeres.
Muchos hombres conocieron la violencia desde niños en sus hogares; muchos hombres que usan la violencia física vieron a sus padres maltratando a sus madres y muchas mujeres que han sido maltratadas han crecido en familias donde el poder del hombre nunca ha sido puesto en duda y el castigo físico es aceptado "en el nombre del amor". Cuando nuestras familias nos enseñan a aceptar el poder del hombre en todas sus formas, es difícil desafiar el mensaje. Lo que hace que el problema sea más complejo es que los hombres que maltratan son aquéllos que están más cercanos a
nosotras, quizás los padres de nuestros hijos. También podemos estar atadas a ellos por el amor y la lealtad. Permanecemos en casa no sólo porque el hombre no nos deja partir o porque lo haga lo más difícil posible, sino también porque deseamos que este episodio sea el último, que las cosas marchen mejor, que nuestros hombres cambien. Bus- camos excusas para justificar dicho comportamiento.
Después que lo dejé solía decir, "Sí, él me abofeteaba y me pateaba, pero yo decía algo que lo ponía como loco", o "Él sólo me pegaba cuando discutía". Ahora veo que todos tenemos el derecho a expresar nuestro coraje—es natural—pero él no tenía derecho a expresar su furia tan violentamente, hiriéndome.
No dejamos el hogar porque, ¿qué haríamos con los niños y niñas? ¿Cómo podríamos vivir y mantenernos? ¿A dónde iríamos? Raras veces tenemos la protección adecuada del clero, de las cortes o de la policía que con frecuencia, no nos toman con seriedad.
Al principio de mi matrimonio, fuimos a un cura para buscar ayuda. Después de algunas visitas, éste me dijo que mi esposo realmente no quería lastimarme, que sólo estaba confuso y se sentía inseguro. Las cosas continuaron. Esta vez acudí a un doctor. Me dio unas pequeñas pildoras para tranquilizarme y me dijo que tomara las cosas con más calma. Estaba "demasiado nerviosa". Finalmente, ful a una amiga y cuando su esposo lo supo, me acusó de complicar las
cosas y de exagerar la situación. El le dijo a mi amiga que se alejara de mi.
Muchas mu|eres maltratadas han tenido experiencias similares en cuanto a ser puestas en tela de juicio, ser denigradas o que les dicen que sus problemas son insignificantes. Siempre debemos recordar que ninguna mujer merece ser verbalmente maltratada o golpeada Toda mujer merece que se le tome en cuenta seriamente.
IMPACTO DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA EN LOS