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LAS MUJERES Y EL PASO DEL TIEMPO

In document nuestros-cuerpos-nuestras-vidas (página 198-200)

Por Paula Doress-Worters, con Norma Meras Swenson, Robín Cohén, Mickey Friedman, Lois Harris, Louise Corbett y Kathleen MacPherson. Introducción por Verónica Nielsen-Vilar. Adaptación de Mabel Bianco, (Fundación Para El Estudio e Investigación de la Mujer, Argentina), y Graciela Freyermuth (Grupo de Mujeres de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, México).

Contribuidoras a las ediciones previas: Judy Norsigian, Tish Anisimov, Davi Birnbaum, Lorraine Doherty, Ruth Hubbard, Kathleen MacPherson, Audrey Michaud, josephine Polk-Matthews y Diana Laskin Siegal.

Las mujeres experimentamos tantos cambios—físicos, sociales, económicos y emocionales—durante cada década que pasa, que éstos no se pueden abordar en un solo capítulo. Sin embargo, debido a que los intereses de las mujeres mayores son a menudo ignorados, aún en los libros feministas, es importante que esta información llegue a nuestras lectoras.

Es por este motivo que queremos recomendar el libro titulado Envejecer Juntas, de Paula Doress-Worters y Diana Laskin Siegal (autoras y coautoras de este capítulo) a aquellas mujeres que buscan información más detallada acerca de la mujer, la salud y el paso del tiempo. Este libro es un manual de salud completísimo dirigido específicamente a las mujeres de mediana y tercera edad que brinda una perspectiva más amplia de aquellos temas que aquí no podemos abordar completamente por motivos de espacio.

Envejecer Juntas fue escrito en colaboración con el "Boston Women's Health Book Collective", autoras de "Nuestros cuerpos, nuestras vidas", y está disponible en diferentes

librerías bajo el tema de salud, al igual que a través del mismo Colectivo.

Diferentes grupos de mujeres participaron en las dis- cusiones acerca de este capítulo, que trata de la vida de la mujer desde los 40 hasta los 80 años o más. El Colectivo de la Menopausia escribió la sección sobre menopausia.

Un grupo de mujeres mayores, entre las edades de 52 y 78 años, se reunieron durante el curso de un año, hablaron sobre sus vidas, proporcionaron información importante, afinaron algunos aspectos y contribuyeron a la redacción y edición. Un grupo de mediana edad, entre los 39 y 56 años, se reunió con nosotras en una serie de sesiones y se convirtió en un grupo de apoyo mutuo; también se reunieron varias veces con el grupo de mujeres mayores con el fin de adquirir otras perspectivas sobre sus propias vidas y las de sus padres. Finalmente, el grupo de mujeres mexicanas de San Cristóbal de las Casas adaptó mucha de esta información a la realidad de la mujer latinoamericana.

El contexto en el cual envejecemos

En mi último cumpleaños me di cuenta de que ya me había quedado sola, en verdad me sentí muy sola. Nadie se acordó de que ese día era mi cumpleaños.

LA EDAD Y LA DISCRIMINACIÓN

Algún día todas seremos viejas si vivimos lo suficiente, y la mayoría de nosotras desea vivir una larga vida. Sin embargo, nuestra cultura no valora ni el proceso de enve- jecimiento, ni la vejez, y separa a las personas por edad y generación.

Existe una discriminación sistemática contra las personas por su edad cronológica. Esto permea nuestro pensamiento en forma sutil e inconsciente de tal manera que la discriminación en contra de los viejos, que ocurre en todas nuestras instituciones sociales, aparece como algo "natural" hasta que reflexionamos al respecto. La discriminación por la edad tiene varios orígenes.

Primero, nuestra sociedad niega la realidad de la enfer- medad y la muerte, especialmente debido a que muchas de nosotras creemos secretamente en nuestra propia inmortalidad.

Una mujer de 94 años de edad dice:

Nunca pensé en la vejez, creí que toda la vida iba a ser joven. Aunque estaba rodeada de gente mayor, nunca pensé en volverme vieja.

Aislamos a los viejos o enfermos para ignorar nuestra dependencia terminal y nuestro propios temores a la

Contabilizando por Claribel Alegría

En los sesentiocho años que he vivido hay algunos eléctricos instantes: La alegría de mis pies

brincando charcos

seis horas en Macchu Pichu los diez minutos necesarios para perder la virginidad el zumbido del teléfono

mientras esperaba la muerte de mi madre la voz ronca

anunciándome el asesinato de Monseñor Romero quince minutos en Delft el primer llanto de mi hija no se cuántos años soñando con la liberación de mi pueblo algunas muertes inmortales los ojos de aquel niño desnutrido tus ojos cubriéndome de amor una tarde no me olvides y en esta hora húmeda las ganas de plasmarme en un verso

en un grito en una espuma.

enfermedad y a la muerte. Esta negación masiva nos desanima a planificar nuestro años de vejez.

Creo que al final de cuentas a todas nos asusta la vejez; bueno, a mí sí me asusta. Yo me parezco mucho a mi madre y cuando me doy cuenta de que se está poniendo jorobada, que tropieza cuando camina, que no me oye cuando le hablo y que se confunde con las calles, me da pánico. Yo siempre la vi tan autosuficiente, porque enviudó muy joven y fue mi padre y mi madre, pero cuando veo la forma en que empieza a decaer, me da miedo y tristeza. Lo que uno quiere es negar la vejez, porque es mejor negarla que asumir que para allá vamos.

Segundo, el aislamiento de los ancianos y el desaprove- chamiento de sus habilidades y sabiduría prevalece par- ticularmente en épocas de rápidos cambios sociales y tecnológicos, en las que olvidamos que podemos aprender mucho acerca de la vida de quienes cuentan con una mayor experiencia.

Finalmente, una fuente importante de discriminación en nuestro sistema orientado hacia la ganancia es la devaluación de todos aquéllos que no "producen"—los viejos, los jóvenes, y quienes los cuidan. Por ejemplo, algunas personas mayores son marginadas antes de que estén listas para el retiro presuponiendo que, pasada cierta edad, no pueden aportar nada significativo.

El envejecimiento tiende a exagerar o ahondar las diferencias de clase. Los que están envejeciendo adinerados muchas veces son capaces de mantener su posición económica a través de cambios, enfermedad, etc., mientras

que las personas de bajos ingresos se hacen inevitablemente más pobres si se enferman y no pueden conseguir un trabajo asalariado (esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres).

Aun cuando somos viejos, discriminamos a las personas mayores. Una mujer mexicana en sus 70 dice:

Me gusta relacionarme con personas más jóvenes que yo; me siento más a gusto con ellos que con gente de mi edad. La gente de mi edad me deja satisfecha, pero si puedo relacionarme con gente más joven, lo prefiero.

Una mujer colombiana cuarentona:

Me gusta la gente cuarentona o treintona; no muy viejos.

En los EEUU, las mujeres de mediana edad y mayores han iniciado acciones contra las imágenes estereotipadas de los medios que fomentan la discriminación. Las Panteras Grises y la Liga de Mujeres Mayores dirigen "observadores de los medios", y han logrado que la gente esté alerta en cuanto a estos estereotipos.

A mí me pasa, cuando veo a una mujer que usan para anuncios, digo: ¡qué bueno que no soy como esa mujer, qué horror! Por ejemplo, con respecto a cómo son con sus parejas; ves en los comerciales cómo adoran a los hombres; cómo los ven como una figura adorable. O las mujeres de las telenovelas, tan alejadas de una.

Existen algunos éxitos. Por ejemplo, las imágenes de mujeres de edad mediana y avanzada que se muestran en los

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