1.3. ESTADO DE LOS CONOCIMIENTOS SOBRE EL WACHUMA
1.3.5. Antropología: estudios sobre el uso tradicional de wachuma
Desde fines de los años 70 hasta la fecha, se avanzó bastante en el conocimiento antropológico del uso tradicional del wachuma. Hay dos libros fundamentales sobre el tema. Uno es “El chamán de los cuatro vientos” (1980), donde el antropólogo norteamericano Douglas Sharon se refiere a un curandero costeño; el otro es “Despierta,
remedio, cuenta...” de Mario Polia (1996), cuyos dos tomos describen, con prolongado
trabajo de campo, el curanderimo de la sierra. Gracias a estos autores, hoy contamos con una idea más o menos clara sobre el uso de wachuma en el norte de Perú. Otros libros
105
El curanderismo de Salas, en la costa del departamento de Lambayeque, también ha sido estudiado por Dobkin de Ríos (1979).
106
importantes, que permiten una mirada más abarcativa sobre el tema, son: “Plantas, cerros
y lagunas poderosas: la medicina del norte del Perú” de Lupe Camino; “Dioses y oratorios andinos de Huancabamba. Cosmología y curanderismo” de Sabino Aguilar
Arroyo; y “El curanderismo en las comunidades de Mórrope y Salas” de Javier Macera Urquizo.
“El chamán de los cuatro vientos”, Douglas Sharon (1980).
Es el libro clásico y más citado sobre el tema. Hacia 1965, el antropólogo Douglas Sharon conoció al curandero trujillano Eduardo Calderón Palomino.107 Fue surgiendo una amistad entre ambos, a medida que el antropólogo desarrollaba el trabajo de campo.108 Sharon efectuó cuatro visitas a Trujillo, que representaron 7 meses de observación etnográfica entre 1970 y 1974. Como aprendiz y asistente del “maestro”, realizó observación participante durante nueve sesiones curativas o mesadas, las que refiere como “nueve noches de magia”.
Sharon ofrece una completa descripción del contexto social del curanderismo en el medio urbano y provincial de Trujillo, caracterizado por la “envidia institucionalizada” con las consiguientes acciones de brujería y daño. Refiere la “flora mágica” empleada por los curanderos. Describe los “inicios espirituales” de Eduardo: la iniciación, el aprendizaje y las formas de curar. Explica el concepto de “poder”, la concepción del tiempo y del espacio implícitas en las sesiones y el rol del curandero. Sharon considera al curanderismo norteño como un sistema sincrético, mezcla de elementos cristianos y prehispánicos. Sin embargo, enfatiza “las raíces aborígenes de la mesa”, estableciendo una continuidad con la cosmovisión prehispánica reflejada en las mesas moche, quechua, aimara e inca. Al mismo tiempo, observa la capacidad de adaptación del curanderismo, que se está adecuando con éxito a los requerimientos de los nuevos tiempos.
“Despierta, remedio, cuenta.... Adivinos y médicos del Ande”, Mario Polia Meconi (1996).
107
El encuentro se produjo en el templo mochica de Chan-chan, en las afueras de Trujillo. Eduardo, además de curandero era artesano, y había sido contratado para la restauración de los frisos de este sitio arqueológico.
108
Mario Polia Meconi es arqueólogo y antropólogo, director del proyecto “Andes Septentrionales”, que investiga la arqueología y la antropología médica y religiosa de las provincias de Huancabamba y Ayabaca (departamento de Piura); además de profesor visitante de antropología médica en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).
“Despierta, remedio, cuenta.... Adivinos y médicos del Ande” fue publicado por el fondo editorial de la PUCP en 1996, con un prólogo de Fernando Cabieses.109 Tiene como antecedente “Las lagunas de los encantos”, libro previo del autor. En esta nueva entrega, los contenidos están más detallados, a lo largo de dos tomos de unas 400 páginas cada uno, fruto de un trabajo de campo continuado durante más de 25 años. Durante varios meses de cada año, Polia ha radicado en comunidades rurales de las provincias de Huancabamba y Ayabaca (sierra de Piura), observando la cultura en su fluir cotidiano.
El autor enfoca el asunto desde la perspectiva de la antropología médica y religiosa, situando al curanderismo en contexto de la visión del mundo de los habitantes de la zona. El contenido del libro incluye geografía, clima, zonas de vida y producción en la sierra de Piura; mitos de origen del San Pedro; el uso del San Pedro, el tabaco y la micha (floripondio). Describe a los maestros curanderos, las modalidades de iniciación, el estado social y las funciones del curandero, el concepto de “sombra”, los “encantos” o mundo mítico, la mesa (el altar del curandero y su ajuar), la cosmología implícita en la mesa, la teoría médica tradicional, el concepto de enfermedad y los ritos terapéuticos. Cada uno de estos aspectos es tratado en su marco histórico: Polia se esfuerza por documentarse respecto a las fuentes coloniales de los siglos XVI–XVIII y a las evidencias arqueológicas e iconográficas del uso de wachuma en tiempos prehispánicos. De esta forma, logra demostrar en varios casos una “continuidad cultural” en las prácticas rituales. Al igual que Sharon, Polia (op. cit., 71) considera al curanderismo norteño como un sistema sincrético. Sin embargo, no profundiza en qué clase de sincretismo se trata, ya sea una fusión, síntesis, etc., de acuerdo con los avances teóricos en esta clase de estudios (Griffiths, 1998).
Polia observa con preocupación que, en áreas rurales, se está perdiendo paulatinamente el uso tradicional de wachuma: “(...) mucho de lo que encontré al comienzo de mis
investigaciones, hoy ya no existe. Una parte significativa de la voz de aquella tradición
109
plurimilenaria ha vuelto al silencio porque la mayoría de sus grandes transmisores e intérpretes han desaparecido sin dejar, en muchos casos, ni sucesores ni huellas.” (op.
cit.: 10-11).
Gracias a los aportes de Polia y Sharon, es posible bosquejar una caracterización del rito de wachuma. Este, conocido como mesada, se realiza en la mesa: una manta tendida en la tierra sobre la cual se disponen “los artes” u objetos rituales. Si bien las mesas varían de acuerdo a la región y al modo de trabajo de cada curandero, todas comparten una lista básica de “artes” y una misma organización espacial. La mesada dura unas ocho horas que pueden ser divididas en dos fases, en correspondencia con las dos fases de la acción sicotrópica. La primera fase, desde las 10pm hasta la medianoche, consiste en la bebida sacramental del wachuma, invocaciones a las “divinidades” y otros actos rituales. En la segunda fase, desde la medianoche hasta el amanecer, los estados acrecentados de conciencia que propicia el wachuma se aplican en el “rastreo” (investigación) y diagnóstico o predicción sobre los problemas específicos que motivaron el rito.
“Plantas, cerros y lagunas poderosas: la medicina del norte del Perú”, Lupe Camino (1992).
Para desarrollar el trabajo de campo, la antropóloga realizó 10 visitas -de 20 días cada una- a Huancabamba, entre los años 1987 y 1989. Hizo observación participante en ritos, buscando comprender desde adentro -al igual que Sharon y Polia- la cosmovisión inherente al uso de wachuma. Los contenido tratados son: referencias sobre el medio geográfico; las concepciones sobre la salud y la enfermedad; mediadores para restituir la salud (elementos naturales cargados de poderes, como vientos y cerros); el curandero: iniciación, formación, función social, sus objetos de poder y técnicas de diagnóstico; las parteras; el sistema botánico; los poderes y la funcionalidad de las plantas (ya sean estas cálidas o frías); y plantas alimenticias rituales.
Los testimonios orales recogidos por Lupe Camino le permitieron plantear la existencia de un “eje geográfico de salud”. Es decir, un territorio delimitado por nociones comunes en torno a la salud, cuyos límites son Loja (Ecuador) por el norte y la costa de Lambayeque por el sur. El uso de wachuma, para el tratamiento de una amplia serie de enfermedades y problemas, es el rasgo característico de este “eje de salud”. Se conciben tres tipos de
enfermedades: (1) de Dios o naturales, (2) del hombre -con o sin intención- y (3) por desequilibrio térmico. Las modalidades de cura incluyen en todos los casos importantes el uso de wachuma, además de frotaciones, rezos, chupas, peregrinaciones, baños, dietas, vómitos y “pagos” a la Pachamama.
“Dioses y oratorios andinos de Huancabamba. Cosmología y curanderismo”, Sabino Aguilar Arroyo (Lima, UNMSM, 2004).
Aguilar Arroyo realizó trabajo de campo en Huancabamba alta, media y baja. Aplicó entrevistas e hizo observación participantes en rituales y diversos eventos sociales. En la primera parte del libro, “Configuración ecológica y cultural”, se hace un recorrido geográfico de la zona baja y del valle alto de Piura, donde hay una serie de cerros “encantados”. Luego se trata la geografía, la ecología, los sistemas de vida y la historia cultural de Huancabamba.
La segunda parte, “Las montañas”, presenta los aportes antropológicos del estudio. El autor refiere la jerarquía de las divinidades y su distribución espacial; así como la presencia de los conceptos de centro y dualidad en la organización del espacio. Por ejemplo: los cerros Pariacaca y Witiligún en torno al pueblo de Huancabamba; las “aguas vivas” de Huancabamba Alta y “los cerros vivos” de Huancabamba baja; las grandes montañas Chikwate Grande y Gran Paratón. También se tratan las especialidades de diferentes lagunas conocidas como Huaringas, así como de los cerros poderosos. Se nos revela cómo la hierogamia cósmica (cerros-lagunas, padre sol-madre luna) desciende al escenario social, como paradigma y ejemplo para el hombre y la mujer andinos. Se describen dos ritos de la lluvia: “San Pedro Chikwatero” y “el peregrinaje de los mallkis”. Se hace una semblanza de los sacerdotes waringueños y la forma de “compacto” con los “encantos”, a través de un rito en la “corona” de los grandes cerros. Describe la genealogía de los maestros, siendo los más prestigiosos los de raigambre prehispánica (conocidos como “brujos moros” de “raza abolenga”).
La tercera parte, “El poder de los encantos como fuerza vital”, contiene una explicación del proceso intelectivo de la población. Se refiere la universalidad del culto a las montañas y se hacen paralelos entre la cosmovisión de Huancabamba y la de Ayacucho, donde el autor también ha realizado estudios etnográficos. La conceptualización del espacio humaniza y
sexualiza la morfología del paisaje. “Vieja del Cerro” o “Encanto del Cerro” son formas de nombrar a Dioses andinos de origen prehispánico, como principios ordenadores y transformadores de la naturaleza, con una organización jerárquica y dual. Se entiende al Dios andino como “centro matriz” y “principio operador”. Un ejemplo es el cerro Chikwate Grande, gran pakarina que separa territorios y desde la cual fluyen ríos hacia los cuatro costados. El autor afirma que la organización jerárquica de los dioses andinos guarda correspondencia con la organización social y espacial de la sociedad.
“El curanderismo en las comunidades de Morrope y Salas”, Javier Macera Urquizo (Lima, UNMSM, 2004).
El trabajo de campo se prolongó durante cuatro meses en cada una de las comunidades estudiadas. Las técnicas fundamentales fueron encuestas y entrevistas. El estudio comienza con un relevamiento de las características socioeconómicas de las comunidades investigadas. Luego se describe el sistema mágico-curativo: esferas del accionar mágico (magia amorosa, ganado y chacras, etc.), los encantos y mitos de origen del San Pedro. El autor observa que los poderes mágicos no son de por sí malignos o benignos, sino depende de con qué intención sean usados: el mismo poder puede ser empleado para diversos fines. Más adelante, se describe la acción terapéutica: “la mesa como representación y la mesa como acción”. El autor finaliza señalando las condiciones sociales en el curanderismo: los roles del curandero, la captación de clientes y los servicios anexos.
Al igual que Sharon (1980), Polia (1996) y Camino (1992), Macera Urquizo sostiene que el curanderismo basado en el wachuma tiene su origen en el “chamanismo” prehispánico. Al sustrato de fuerzas mágicas “gentiles” se le suman figuras católicas como Cristo, San Cipriano y otros santos. El sincretismo resultante se expresa en la mesa y su división en dos campos: el campo gandero-malero y el campo justiciero-curandero. Las diferencias entre presente y pasado estarían en relación con las distintas condiciones sociales: mientras en las comunidades prehispánicas la salud era un concepto integral que abarcaba toda la comunidad, ahora se trata de un sistema individualista, dirigido a “clientes”.
PARTE I
COCAMAMA Y WACHUMA: UN ESTUDIO COMPARATIVO