“De todos modos sería virtualmente imposible excluir el fenómeno de la cocaína de cualquier consideración seria de la etnografía contemporánea del hábito de mascar coca en los Andes. Los dos asuntos están tan inextricablemente entrelazados que considerarlos de forma aislada tiene un sabor a puro especialismo científico (...)” (Henman, 2005: 143).
La historia de la hoja de coca está irremisiblemente tejida, en su destino, con la historia de la cocaína, que como un espectro la sigue desde que fue aislado este alcaloide. El descubrimiento de la cocaína produjo un cambio en la mirada occidental sobre el hábito indígena de chakchar hojas de coca. Cuando se endiosó a la cocaína, se endiosó a la coca; cuando se condenó a la cocaína, se condenó a la coca. Por algunos, la coca fue reconocida como “The Divine Plant of the Incas” (Mortimer, 1901), por otros (la naciente psiquiatría) como una “droga” que genera una “adicción” comparable al morfinismo.
Hacia fines de la década del 50 del siglo XIX, se produjo un hecho crucial en la historia de la coca: el aislamiento de su principal alcaloide, al que se llamó cocaína. Según Henman, el procedimiento de extracción de la cocaína ya venía siendo utilizado por grupos indígenas de la península de Guajira, en la frontera de Colombia con Venezuela.47 Mientras tanto en Europa, hacia 1855, Gardeke extrajo un alcaloide de la hoja de coca, al que llamó
erythroxylina. Se trataba del mismo alcaloide que, entre 1858 y 1859, logró aislar Albert
Niemann, bautizándolo como cocaína. Este científico alemán es reconocido como el
47
El procedimiento de los guajiros consistia en machacar las hojas de coca y hervirlas en una solución de agua y cal en polvo.
“descubridor” de la cocaína (Freud, 1980: 9). Durante los 25 años que siguieron a su descubrimiento, la cocaína no despertó mayor interés, ni se le encontraron aplicaciones médicas.
En 1884 Carl Koller, colega de Freud, probó la cocaína en ojos de ranas y humanos, descubriendo su aplicación como anestésico local. Este descubrimiento revolucionó la ciencia médica en general y en particular la práctica de cirugías. Durante 1884 y años siguientes la cocaína y sus posibilidades de aplicación médica se convirtieron en uno de los temas más debatido por los médicos y psiquiatras de la época. Para aquel entonces, la cocaína era una sustancia legal. En Europa, el abastecedor de clorhidrato de cocaína era el empresario farmacéutico E. Merck,48 de Darmstad (Alemania), quien hacia 1888 escribió el artículo “La cocaína y sus sales”, alabando las cualidades y posibles aplicaciones de este nuevo producto de la industria farmacéutica.49
Siendo un joven neurólogo de 28 años que intentaba abrirse camino en el campo científico vienés, Freud tomó cocaína por primera vez el 30 de abril de 1884. Se había interesado en el tema a partir de la lectura de informes que describían su uso en el ejército prusiano. En noviembre y diciembre de 1884, Freud experimentó consigo mismo las propiedades y efectos la cocaína. Ese mismo año publicó “Über Coca”, su primer artículo sobre la cocaína. En una carta a su novia y futura esposa, Martha Bernays, Freud se refirió a su artículo como “un canto de alabanza a esta sustancia mágica”. En enero de 1985, Sigmund Freud publicó el artículo experimental “Contribución al conocimiento de los
efectos de la cocaína”. En febrero del mismo año se reimprimió “Über Coca”. En mayo,
Freud ofreció una conferencia sobre la cocaína en las sociedades fisiológica y psiquiátrica; la conferencia se publicaría en agosto. Freud se convirtió en un propagandista de la cocaína. La ofrecía a sus parientes cercanos, amigos y colegas médicos, para que la probasen consigo mismos y con sus pacientes. El potencial energético de la cocaína llevó a Freud a llamarla “droga mágica”, de poder curativo incomparable para la cual se le ocurrieron las más variadas posibilidades de aplicación. Freud fue usuario de la cocaína durante -por lo menos- unos 12 años, desde 1884 hasta 1895.50 Sin dudas, esta sustancia
48De este empresario alemán se formaron posteriormente las actuales Merck, Sharpe y Dohme.
49
En 1885 Freud también degustó la cocaína de Parke, señalando que tenía un bouquet distinto pero que era también de excelente calidad.
50
Los “Sueños sobre la cocaína” que se reproducen en “Escritos sobre la cocaína” (1980), indican que Freud siguió utilizando la cocaína por lo menos hasta el año 1895.
tuvo una marcada influencia en su vida y en su obra. El primer sueño que sometió a una interpretación detallada tuvo lugar en la época en que tomaba cocaína.
Freud consumió –y recomendó emplear- el clorhidrato de cocaína en forma oral, un aspecto muy importante considerando que los efectos varían notablemente de acuerdo a la vía de absorción del alcaloide, ya sea esta oral, nasal, intravenosa o pulmonar. La experiencia permitió a Freud establecer una distinción entre la toma oral -que no implica daños para la salud- de la peligrosa inyección intravenosa (op. cit., 346). Wilhelm Fliess, médico de Berlín amigo de Freud, comenzó a utilizar el clorhidrato de cocaína por medio de la absorción nasal, modalidad más corriente en la actualidad (op. cit., 351).
En la década del setenta del pasado siglo renació el interés por la cocaína y los artículos de Freud fueron redescubiertos y revalorados. En 1963 se publicaron, por primera vez juntos, todos los artículos de Freud sobre la cocaína; los mismos que habían sido “excomulgados” de las ediciones de sus voluminosas obras completas. Sigmund Freud fue el primero en descubrir y registrar cuidadosamente las propiedades y efectos de la cocaína. Sus principales afirmaciones han sido confirmadas por los estudios científicos más recientes, y son importantes para comprender la acción de la cocaína por vía oral (Henman, 2005; Ossio, 1989).
La cocaína por vía intravenosa en adictos a la morfina: “el tercer flagelo”
“Los psiquiatras acusaron a Freud de haber creado el tercer flagelo, el primer flagelo era el alcoholismo, el segundo era el morfinismo, el tercero era el cocainismo, eran los flagelos, con los cuales los siquiatras han reemplazado a los verdaderos flagelos de la humanidad, que son la guerra, el hambre, la peste, los flagelos apocalípticos, sin embargo a nombre de esta guerra humanitaria contra las drogas, es que se produce la violencia en Afganistán, se produce la violencia en Colombia... Y la corrupción, la cual no queremos verla porque es tan habitual.” (Baldomero Cáceres, programa radial “La Hora de nuestra Coca”, 26.08.08).
En mayo de 1984, Freud comenzó a tratar con cocaína la adicción a la morfina de un amigo suyo, Ernst von Fleischl-Marxow. No tuvo en cuenta el peligro de abuso. Fleischl, y otros adictos a la morfina, empezaron a agenciarse por sí mismos la cocaína y a emplearla
por medio de inyecciones intravenosas. Se supo que la cocaína así empleada es más peligrosa que la morfina: produce un rápido deterior físico y moral, existe el riesgo de una sobredosis y puede ser letal. También puede ocasionar manía persecutoria y un estado alucinatorio similar al delirium tremens, que a veces se manifesta como la alucinación de insectos diminutos que se mueven por debajo de la piel. En 1885 Fleischl, que se inyectaba cantidades cada vez mayores de cocaína, fue víctima de una psicosis tóxica con visión de serpientes blancas, que motivó un escándalo en la sociedad vienesa. Al poco tiempo, falleció a causa del uso excesivo y descontrolado de cocaína.
En 1885, Lewin criticó a Freud por haber promovido la utilización de la cocaína para el tratamiento de los adictos a la morfina. El neuropsiquiatra Erlenmeyer se sumó a los ataques contra la cocaína, a la que calificó de “tercer flagelo de la humanidad”, peor incluso que los otros dos (el alcohol y la morfina). La cocaína comenzó a ganarse reputación de droga muy peligrosa cuya utilización puede conducir a un vicio -el “cocainismo”- semejante al morfinismo (op. cit.: 217). Ese mismo año, Freud publicó “Anhelo y temor de la cocaína”, su último artículo sobre el polémico tema. En este texto, reconoce los peligros que entraña la administración de cocaína por medio de inyecciones intravenosas (op. cit.: 10-11). Y aclara: “Todas las informaciones de adicción a la cocaína
y deterioro a consecuencia de su utilización se refieren a personas que eran previamente adictos a la morfina. (...) Tengo una amplia experiencia de personas que han utilizado regularmente la cocaína durante largos periodos de tiempo, sin haber sido previamente adictos a la morfina, y yo mismo la he tomado durante algunos meses sin percibir ni experimentar nada parecido al morfinismo ni ningún deseo de utilizar la cocaína de forma continuada.” (op. cit.: 287).
Además de diferenciar la vía de administración oral de la inyección intravenosa, Freud descubrió que las reacciones a la cocaína varían mucho de una persona a otra; o sea que el factor de la predisposición individual es decisivo. “Sospecho que el motivo de la
irregularidad del efecto de la cocaína es la serie de variaciones individuales existentes de excitabilidad y en la variación del estado de los nervios vasomotrices sobre los que actúa la cocaína.” (op. cit.: 220). Freud defiende a la cocaína: “(...) es necesario que los médicos comprendan que la posibilidad de que se produzcan efectos tóxicos no debe impedir la aplicación de la cocaína para producir un fin deseable.” (op. cit.: 219).
En su defensa de las propiedades de la cocaína, y la importancia de investigar sus aplicaciones prácticas, Freud contó con el apoyo de científicos en los Estados Unidos. Entre ellos, el doctor Hammond, uno de los principales líderes de la medicina norteamericana, quien sostenía que el hábito de la cocaína es comparable al del café o el té, y completamente diferente al que produce la morfina. Sin embargo, en Europa, Freud no tuvo grandes aliados. Finalmente, en el cuerpo médico de la época, se acabaron imponiendo los criterios de Erlenmeyer, Kraepelin y otros psiquiatras. En un par de años, la cocaína dejo de ser considerada una “panacea” o “droga mágica” para adquirir la fama de “alcaloide maldito” que –injustamente- se le achaca hasta la actualidad. Freud no pudo frenar la rápida y completa eliminación de la cocaína en los tratamientos psiquiátricos. También fue sustituída en su uso como anestésico local para cirugías y se abandonó toda investigación sobre sus propiedades terapéuticas. Muchos psiquiatras hasta el día de hoy se niegan a reconocer los aportes de Freud en la comprensión de las propiedades y efectos de la cocaína. Por ejemplo, un psiquiatra argentino sostiene: “Resulta notable que, a pesar de
las experiencias llevadas a cabo con esta droga, Freud pasara por alto su único uso útil en medicina: el efecto anestésico local.” (Dagnone, 1994: 17).51
Me referiré a continuación a la “prédica psiquiátrica” que condujo a satanizar, condenar y finalmente prohibir no sólo a la cocaína, sino también a la hoja de coca.
1.2.2. “Prédica psiquiatría”, satanización y prohibición de la coca y de la cocaína
Mientras que el wachuma ha permanecido al margen de la legislación sobre drogas y la atención pública, la cocaína y las hojas de coca desde inicios del siglo XX vienen siendo objeto de una serie de condenas y prohibiciones, tanto en el ámbito internacional como en los países productores de hojas de coca: Perú, Bolivia y Colombia. El martes 29 de abril de 2008, en la cabina de radio Latina, Manuel Seminario y Baldomero Cáceres intercambiaban puntos de vista sobre el origen de la condena que pesa sobre la hoja de coca:
51
En el libro “Adicción a cocaína. Enfoques actuales para su abordaje terapéutico.” El Dr. Oscar A. D’Agnone es médico psiquiatra, docente del Departamento de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Manuel Seminario: -“Para mí, el principal enemigo [de la hoja de coca] es la industria
farmacéutica. No te olvides que Fonda fue vicepresidente de la Merck.”52
Baldomero Cáceres: -“Los intereses que están detrás pueden ser económicos, pueden ser
políticos, en el sentido que es una manera de manejar a la población, de decirle que el Estado es bueno y cuida su salud, de acuerdo, pero en realidad la razón para el sistema es psiquiátrica, no podemos argumentar contra la industria farmacéutica pero sí podemos argumentar contra la psiquiatría.” (Programa radial “La Hora de nuestra Coca” -Radio Latina-, 29.04.08).
La coca está puesta a los ojos del mundo como una “droga” y su consumo es considerado “toxicomanía”, por causa de la psiquiatría. Baldomero Cáceres lo explica con claridad meridiana:
“Aprobadas las virtudes de la coca por la medicina naturalista y experimental del siglo XIX, que se apoyó en el trabajo pionero de Unánue (1794), según registra Mortimer (1901), su uso habitual fue categorizado sin embargo como “intoxicación crónica” por uno de los padres fundadores de la psiquiatría, Emile Kraepelin, en su manual de la nueva disciplina (...) sin mediar revisión bibliográfica alguna, ni apoyo experimental o clínico, fuera de reacciones idiosincráticas y casos de abuso de cocaína (...)”.
“En la primera edición de su clásico manual (1883), todavía no se mencionan intoxicaciones por drogas como parte del inventario de “enfermedades mentales”, pero en la segunda (1887) ya aparecían las intoxicaciones crónicas, “alcoholismo y morfinismo”, para designar el uso habitual y el deseo de consumir tales sustancias, como si el problema no fuera estrictamente la medida, puesto que eran los casos de abuso los que proporcionaban clientela a la naciente especialidad médica. El terrorismo psiquiátrico había creado ya dos fantasmas, a los cuales agregaría Kraepelin en su cuarta edición (1891) un “tercer flagelo” (expresión acuñada por Erlenmeyer, 1886) para designar al “cocainismo” (Cáceres Santa María, 2007: 42).
“Apoyado en prejuicios racistas y serias deficiencias metodológicas (...) el discurso siquiátrico sobre las “toxicomanías”, dentro de las cuales se cuenta al “cocainismo”, constituye un “marco de referencia” (...) que debe ser abandonado, lo que permitirá
52
El señor Fonda, presidente de la comisión de las Naciones Unidas que llegó al Perú para estudiar el “problema de la coca” en el año 1949.
recobrar la validez de la anterior información, proveniente de la investigación médica.” (op. cit.: 26-27).” 53
Para Anthony Henman, la prohibición de la coca y de otras plantas, es obra de grupos protestantes fundamentalistas de los Estados Unidos, que tienen una visión medieval del mundo y pretenden el “fitocidio” de la coca. Esta delirante campaña de exterminio de una especie vegetal, se explica por tres factores: (1) el afán modernizador del siglo XX, que trajo el paradigma de que el verdadero remedio no es una planta o derivado de una planta, sino un pastilla o un producto del laboratorio; (2) motivos económicos: las industrias farmacéuticas quisieron desplazar toda posible competencia del uso tradicional de plantas; (3) y el autoritarismo del Estado moderno, que busca controlar los estados de conciencia y las formas de consumo de la gente.
Con experiencia personal y trabajos de campo sobre el tema, Anthony Henman afirma que la cocaína para la mayoría de las personas no representa un problema de salud, ni acaba en una “adicción”. Henman corrobora la posición de Freud y los resultados del Proyecto
Cocaína de la OMS; coincide con Baldomero Cáceres en que la psiquiatría y la industria
farmacéutica son quienes promovieron esta satanización de la cocaína.
“Ahora lo que me interesa históricamente es cómo se creó este consenso de que la cocaína
es una sustancia tan extremamente maléfica, cuando la gran mayoría de las personas no han tenido ninguna experiencia con ella, ¿a partir de qué llegaron a convencer a la gente de que eso fuera así?, entonces uno tiene que ir atrás, y ver desde principio de siglo XX, cómo se montó eso, Baldomero Cáceres bien dice que eso tiene que ver con la siquiatría, tiene que ver con la industria farmacéutica, o sea fueron trabajando tanto el tema de la asociación con la criminalidad, con la delincuencia, con la violencia, con la muerte y todo lo demás, y cada vez que surgía el más mínimo ejemplo de eso le daban toda la repercusión posible, y cada vez que surgía un ejemplo de un uso adecuado, controlado, etc., nadie quería llamar la atención a eso, inclusive la persona que estaba de por medio generalmente no quería llamar la atención, entonces ha habido en el siglo XX a través de todos sus medios, su maquinaria de propaganda, su capacidad de controlar el pensamiento de las masas, ha creado ese diablo justamente imaginario, porque la cocaína no es lo que la gente dice, o sea sencillamente no es, no mata a nadie, muy poca gente se vuelve
53
Esta es la explicación más sintética y clara del asunto la encontramos en “Historia, prejuicios y
dependiente, la gente que está teniendo problemas se da cuenta y ellos mismos optan por controlarse, o sea la cantidad de gente que realmente pasa mal con cocaína es realmente ínfima, o sea ¿de qué estamos hablando?, para que se arme toda una guerra internacional, se fumiguen miles de hectáreas, se pongan miles en la cárcel, ¿para qué, cuál es el mal que estamos tratando de curar?, es un mal totalmente imaginario, es una creación totalmente espúrea, es propaganda, nada más, y eso es triste (...)” (Anthony Henman, Barranco,
05.01.08).
Institucionalización del paradigma psiquiátrico y prohibición de la coca en el Perú
Hacia 1913, con la publicación de “El cocainismo y la raza indígena”, Hermilio Valdizán inició su “prédica psiquiátrica” contra la hoja de coca y la ancestral costumbre andina del
akulliku. De este modo, ingresó en las ciencias peruanas el “paradigma psiquiátrico”
tabulado en el manual de Kraepelin (Cáceres Santa María, 2007: 26-27).
El prejuicio contra la coca se institucionalizó en el Perú hacia 1950, con la “prédica” del Dr. Carlos Gutiérrez Noriega, máxima autoridad psiquiátrica para esa época en Lima. Desde 1944, Gutiérrez Noriega, secundado por colegas como Ricketts, Saenz y Zapata, asume la “leyenda negra” de la coca, catalogando como “toxicomanía” al akulliku practicado por los pueblos andinos. Sus investigaciones no tuvieron otra base que los criterios psiquiátricos, teñidos de supuestos racistas. Se refieren a un “problema indígena”, dentro del cual el uso de la coca sería el factor de atraso y degeneración racial. Se trató de una estigmatización de la hoja de coca y de los pueblos andinos. Esta “prédica psiquiátrica”, muy adecuada al gusto limeño o “criollo” pues justificaba la inferioridad del colonizado y legitimaba la permanencia de estructuras colonialistas de poder, fue fuerte y continua durante 30 años (Cáceres Santa María, 2007: 48-49).
En 1947, durante el Gobierno del Dr. José Luis Bustamante y Rivero, arribó al Perú una comisión de las Naciones Unidas para estudiar el “problema de la coca” y definir si el hábito andino de akulliku era nocivo para la salud. El señor Fonda, presidente de esa comisión declaró al diario “El Comercio” (12 de setiembre de 1949), antes de realizar el estudio:
“(...) creemos que el uso cotidiano, inveterado de las hojas de coca, como masticación, para extraer el jugo de la planta, es decir, para extraer el alcalide básico, no sólo es absolutamente nocivo y, por tanto, perjudicial, sino que es causa de la degeneración racial de muchos núcleos de pobladores y de la decadencia que visiblemente demuestran numerosos habitantes indígenas –y aun mestizos- de ciertas zonas de Perú y Bolivia.