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WACHUMA: HISTORIA Y USO TRADICIONAL

3.4. EL USO TRADICIONAL DE WACHUMA

3.4.1. El curanderismo del norte del Perú y sur de Ecuador: un “eje de salud”

En su libro “Plantas, cerros y lagunas poderosas: la medicina del norte del Perú” (1992), Lupe Camino cuenta que, medida que fue profundizando en el trabajo de campo con el recojo de testimonios orales, descubrió que el uso de wachuma delimita un “eje de salud”, cuyo centro se encuentra en las lagunas Huaringas.

Las Huaringas son un conjunto de lagunas sagradas ubicadas en la sierra de Piura (Huancabamba y Ayabaca), en donde radican algunos de los maestros curanderos más reputados del norte de Perú. Sus aguas tienen poderes medicinales que atraen peregrinajes a lomo de burro de decenas de clientes de los curanderos, que guían dichas comitivas. Llegando a las lagunas, una alfombra de flores diminutas de muchos colores dan la bienvenida a los visitantes. Los curanderos realizan un rito con ofrendas a la laguna al borde sus aguas, y posteriormente se procede a la “limpieza” terapéutica de los pacientes con varas de chonta y otros elementos. Esa misma noche, al regresar al pueblo o caserío de

donde es oriundo el curandero, tiene lugar un rito que dura toda la noche e incluye la bebida sacramental de wachuma.

Los peregrinos y visitantes de las Huaringas provienen de pueblos y ciudades (Chiclayo, Salas, Penachí) de la costa del departamento de Lambayeque; de la sierra norperuana- ecuatoriana: Loja, Zamora y otras localidades ecuatorianas; y -en menor número- de Piura, la Libertad y Cajamarca. Los límites del eje son Loja (Ecuador) por el norte y la costa de Lambayeque (Peru) por el sur. Lupe Camino sostiene:

“Lo que encontré (...) es un eje que va desde Ecuador, donde los límites evidentemente no existen, hasta la costa peruana, es un eje de salud que tiene reciprocidad e intercambio de bienes y productos, lo cual permite una salud más sana y una alimentación mejor, y eso da como una cohesión a los grupos humanos, y relaciona a los grupos, correlación en que cada pueblo intercambia plantas y servicios con los pueblos vecinos (...)” (Lupe Camino, programa “La Hora de nuestra Coca”, Radio Latina, 21.08.08).

Este “eje de salud” incluye los llanos y valles de la costa (una zona cálida o yunga) y la sierra y el páramo (una zona fría o jalca). Se sustenta en un sistema de reciprocidad que revela la persistencia de formas de intercambio prehispánicas e incluye el trueque de alimentos, servicios y plantas medicinales, clasificadas como “cálidas” o “frías”. Los pisos fríos producen las especies “cálidas” y los pisos cálidos producen las especies “frías”. En todo el “eje” se tienen nociones comunes en torno a la salud, y en este contexto ocupa un rol central el uso de wachuma para el tratamiento de una amplia gama de enfermedades y problemas diversos. Las modalidades de cura incluyen en todos los casos importantes la realización de una mesada o rito de wachuma, además de peregrinaciones, baños, dietas, limpias, rezos y ofrendas a los cerros, lagunas y otros lugares sagrados. El uso del wachuma es el rasgo central y definitorio en toda el área; otras plantas maestras, como el “tabaco” (Nicotiana tabacum) o la “micha” (Brugmansia) son de uso complementario. Asociado al uso ritual de wachuma, encontramos vigente el culto a los cerros, a los seres que habitan el agua y a los espíritus de las plantas.

El contexto social está marcado por el mestizaje y el sincretismo. En esta zona, las culturas locales fueron afectadas por la invasión española y la adopción de valores europeos; actualmente la población es mestiza. “En la sierra de Piura, el componente racial

propiamente andino se encuentra mezclado con el europeo en proporciones variables pero dentro de un general mestizaje de sangres.” (Polia, 1996: 102). En toda el área, se ha

perdido el uso del idioma quechua, así como de las otras lenguas locales que allí se hablaron. En los menesteres de la vida cotidiana -y también en los ritos- se habla el español. Sin embargo, la cultura “(...) si bien sincrética, conserva “elementos indígenas en

fuerte proporción” y ésta es especialmente fuerte en lo que concierne a la cosmología, el rito y la medicina. En estos aspectos se reconoce con claridad lo “andino” (op. cit.: 102).

3.4.2. El curandero como especialista en el uso de wachuma

El curandero, conocido popularmente como “maestro”, es una respetada figura social, que cumple funciones de médico y sacerdote. Ha sido definido como “(...) terapeuta con

funciones sacerdotales de acuerdo a los cánones de la medicina tradicional andina.”

(Polia, 1996: 88).

Al igual que los herbolistas indígenas, el curandero posee conocimientos acumulados durante milenios acerca de las propiedades de las plantas. Sin embargo, lo que caracteriza al maestro curandero como tal, es su capacidad para diagnosticar las causas de las enfermedades -o predecir otros asuntos- a través de los estados conciencia propiciados por el wachuma; “(...) no se es curandero si no se es capaz de dominar la virtud del San

Pedro.” (Polia, 1989: 59). Los curanderos se definen como tales por su capacidad de

dominio y de aplicación curativa del wachuma, con el cual alcanzan estados elevados de conciencia y entendimiento. El uso de wachuma faculta al curandero en su capacidad visionaria y adivinatoria, le permite entablar contacto con las entidades del mundo mítico (los “encantos”) y la ejecución de ritos con fines terapéuticos (Polia, 1996: 76-77).

El curandero no está excento de las tareas agrícolas y ganaderas, así como de otras actividades comunales propias de la sierra peruana. Las noches del martes y del viernes, generalmente, el curandero realiza las mesadas. Antiguamente los curanderos no cobraban por sus servicios, sino que pedían la “voluntad” de sus clientes; hoy es más frecuente que cobren una tarifa, de este modo pueden dedicarse a tiempo completo a las labores terapéuticas (Polia, 1996: 96-98).

Hay tres formas fundamentales de iniciarse como curandero. Una de ellas es la iniciación por vía patrilineal, de padres a hijos; aunque tambien puede ser de abuelos a nietos, de tíos a sobrinos y otras combinaciones familiares. Otra forma de iniciación es a través de una enfermedad que el futuro curandero logra superar a través de la frecuentación de un maestro, tras lo cual se convierte en su discípulo. Y una tercera modalidad es por medio de un sueño iniciático, que revela la vocación (Polia, 1996: 77, 114-115).201 Luego de la inciación sobreviene un largo periodo de aprendizaje, en que el aprendiz acompaña al maestro como ayudante en las mesadas o sesiones curativas con uso de wachuma. Es un requisito, para que se consume felizmente cualquiera de los tres tipos de iniciación, que el neófito tenga buena “conexión” con el “remedio” o wachuma. El conocimiento es recibido por el discípulo de parte de su maestro, en una comunicación “de boca a oído”. Asimismo, el aprendiz también comienza a recibir conocimiento a través de su comunicación con el “espíritu” del wachuma. Adquirir la competencia de curandero, representa una especialización que requiere de un largo tiempo, en algunos casos más de un decenio (op. cit.: 107). “El ser un maestro de wachuma o un maestro de ayawaska, no es una cuestión,

como nosotros que vamos a la universidad cinco años y obtenemos un título universitario, o siete para ser médicos, en el caso de ser un maestro, pueden ser 10 años o 15 años para que al fin le den la oportunidad de poder brindar este conocimiento.” (Ana María Pérez

Villarreal, comunicación personal).

201

La investigadora Ana María Pérez coincide en términos generales con las ideas expuestas: “Yo

he visto tres formas por las que un curandero empieza. Una es porque tiene vocación, a él mismo le nace, en el caso de curandero de San Pedro, buscar los artes, las piedritas, le nace armar una mesita. Otra es porque su abuela, su abuelo, los padres o madres fueron curanderos, entonces ha mirado desde que nació cómo se hace esto y tiene un conocimiento por estar al lado de alguien. Y una tercera forma es por una enfermedad, en la que agotas todo tipo de medicinas y nadie te encuentra qué tienes, pero sigues teniendo la enfermedad, y tú tienes que comenzar a curarte con estas plantas.” (Ana María Pérez, programa radial “La hora de nuestra coca”, jueves 31.07.08).

CAPÍTULO 4

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