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Aprender en lugar de entrenar: cómo desarrollar la técnica

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El sistema de aprendizaje de Total Immersion ha superado a todos los demás métodos de enseñanza de la natación para adultos, ya que es el único método que enseña nuevas técnicas de la forma en que mejor las aprendemos, paso a paso. En lo que respecta al cuerpo, la tarea de contraer un músculo es completamente distinta a la de en- señar a este mismo músculo a moverse con una brazada eficaz. El aprendizaje de la técnica implica sensaciones, hábitos y movimien- tos que al principio resultan difíciles y que deben sentirse como na- turales. El aprendizaje de una nueva técnica se organiza mejor en un proceso paso a paso que divide una tarea de grandes dimensio- nes en pequeñas piezas y vuelve a combinarlas gradualmente para que resulte fácil dominar cada uno de los pasos. La forma más efi- caz de determinar si domina una de las técnicas es aprender a sen- tirlas. Cada uno de los movimientos que deberá practicar en este

programa se ha diseñado para que hasta el nadador más inexperto sienta las partes clave de la brazada de natación como lo hace un atleta de élite. Hasta ahora, todos los expertos en natación le habrán descrito la forma en la que nada un nadador olímpico, pero es mu- cho más difícil imitar las formas que las sensaciones.

La práctica continua de una misma cosa no le convertirá nece- sariamente en un experto en nada y esto incluye el estilo de crol. To- dos conocemos la famosa historia del desafortunado caballero que vagaba por la calle 57 en Nueva York con la caja de un violín. El ca- ballero detiene a un transeúnte y le pregunta: “Perdone, ¿cómo lle- go a Carnegie Hall?” La respuesta sarcástica del transeúnte fue: “¡Practique, practique, practique!”.

Una respuesta un tanto brusca, aunque en parte cierta. Supon- gamos que el violinista practicara mucho, pero que no tuviera oído. ¿Y si se dedicara a arañar el arco sobre las cuerdas del violín todos los días, sin importar el tipo de chirridos que emitiera, pero con- tento, sabiendo que está ejercitando los músculos del brazo para po- der seguir haciendo más ruido al día siguiente?

¿Le parece una ridiculez? No conteste hasta que no esté completa- mente seguro de que ésta no es la forma en la que usted y la mayoría de la gente que conoce lleva practicando la natación durante años. Los músicos dedican muchísimo tiempo a practicar sonidos bellos, pero pa- ra ellos, la calidad del tiempo que dedican a la práctica es mucho más importante que la cantidad. Esto es igual para los nadadores. Debemos comprender que la práctica convierte en permanente lo que se esté prac- ticando, tanto si practica bien como si practica mal.

Si es como la mayoría de los nadadores, lo que más le interesa es realizar depósitos en la cuenta de su banco aeróbico. Y sabe que pa- ra hacerlo necesita que el corazón trabaje en la gama aeróbica, nor- malmente durante más o menos una hora. Generalmente, una se- sión de entrenamiento aumenta la frecuencia cardíaca. Si su gama aeróbica de entrenamiento es 120 pulsaciones por minuto y su fre-

cuencia cardíaca básica es de 80, una sesión de entrenamiento de una hora de duración creará unas 2.400 pulsaciones adicionales. Un beneficio perfectamente satisfactorio si se invierte en un deporte que no requiere tanta técnica como el correr, pero no en la natación.

En el agua pagará un precio mucho más alto durante el trans- curso de esas 2.400 pulsaciones, ese precio son las 2.000 brazadas o más que da. Cada una de esas brazadas deja marcada una leve hue- lla en el sistema nervioso central y va marcando un movimiento, creando un hábito. Si lleva varios años nadando, esos hábitos de bra- zada estarán muy incrustados. Piense un momento. Si esas 2.400 pulsaciones de “fitness” sólo suponen alrededor de un 30% del ren- dimiento de nado y las 2.000 pulsaciones de “técnica” afectan alre- dedor de un 70%, como hemos mencionado anteriormente, ¿a cuál de ellas debemos prestar más atención? Naturalmente, ya empieza a pensar como un nadador de Total Immersiony se prepara para ver la natación como un asunto de memoria muscular y no de potencia muscular.

Por memoria muscular los entrenadores entienden formas habi- tuales de movimiento. Gracias a esta memoria muscular, podemos montar en bicicleta, atarnos los cordones de los zapatos y escribir en un ordenador sin tener que pararnos a pensar en cómo hacerlo. Una vez que se ha aprendido bien una técnica, sólo tiene que dejar que los músculos hagan el resto. Desafortunadamente, si ha aprendido algo mal, los músculos hacen el resto de una forma agresiva y si pien- sa que los músculos van a dejar de practicar esos vicios así como así, está equivocado.

La memoria del músculo es como la de un viejo disco de vinilo que se ha tocado cientos de veces. La aguja del tocadiscos, que pa- sa una y otra vez por las ranuras del disco, las hace cada vez más profundas. En el deporte, los músculos y el sistema nervioso se “mar- can” cada vez más para ejecutar automáticamente un movimiento de la misma forma, lo que está muy bien si su brazada es eficaz, pero

no tan bien sino no lo es. Si se practica durante mucho tiempo, una mala brazada se hace prácticamente inmune al cambio.

Prácticamente inmune no significa que no pueda hacerse. Para convertir los vicios en hábitos eficaces, primero hay que plantearse la necesidad de borrarlos, para luego sustituirlos. Debe asegurarse de que cada una de esas 2.000 brazadas que da en una hora de en- trenamiento se parezca lo más posible a las brazadas económicas de los mejores nadadores.

¿Por qué las personas que nadan para mantenerse en forma e in- cluso los atletas de competición sedientos de medallas y sus entre- nadores pasan la mayor parte del tiempo entrenando duro para in- tentar mejorar la fisiología con más y más largos o largos más duros o con menos descanso entre repeticiones? Van cuesta abajo, les fa- lla la concentración, empiezan a fatigarse, intentan mantener los tiempos que marca el reloj y el ritmo con otros nadadores y gra- dualmente erosionan la eficacia y acaban practicando errores.

Haga el cambio hoy mismo. Comience su transformación de un nadador que entrena a un nadador que practica. Como nadador que sólo entrenaba, dar brazadas era algo que hacía para moverse de un lado a otro de la piscina. El objetivo era hacer largos. Llevar la cuen- ta de los largos nadados era sagrado. Como nadador que practica, se dará cuenta de que cada brazada es una inversión de futuro en su natación, cada largo es una oportunidad para desarrollar su estilo en una máquina bien engrasada que le llevará más lejos y más deprisa, o que lo convertirá en un estilo desordenado y laborioso. Un nada- dor que practica no trabaja más duro, sino que le saca más partido al mismo o incluso a un menor esfuerzo.

Mientras practica algo muy curioso le pasará a su fuerza muscu- lar, al igual que le pasó a Alexander Popov. A pesar de que la fuer- za muscular ya no es su santo grial, ésta aumentará, pero aumenta- rá en músculos que se mueven de una forma eficaz a la vez que desarrollan más fuerza. Popov se convirtió en el mejor nadador del

mundo, sólo con la práctica y mientras practicaba, sus músculos de- sarrollaron la forma física que necesitaban para conseguir marcas mundiales. Para sacar el máximo partido a su fisiología, no se preocu- pe tanto por la cantidad de metros que nada y cambie el enfoque a cuántos metros recorre el cuerpo cada vez que da una brazada. To- davía obtiene las 2.400 pulsaciones adicionales, a la vez que ejerci- ta los músculos. No tiene nada que perder.

Haga trabajar esas 2.400 pulsaciones a su favor

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