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ELIMINADORES DE BRAZADA

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Eliminadores de brazada y natación golf: dos pruebas para su PTS

ELIMINADORES DE BRAZADA

dos pruebas para su PTS

El objetivo de la práctica de técnicas sensoriales no es hacerle sen- tirse mejor, sino hacer que nade mejor para desarrollar una brazada más eficaz. Recordará que una buena brazada es la que le permite desplazar su cuerpo por el agua con más eficacia, por lo que sólo ne- cesitará unas cuantas brazadas para cubrir una distancia determina- da. Más trabajo con menos gasto de energía. El distintivo más per- manente de un nadador experto es un número inferior de brazadas y una brazada más larga. Luego las ventajas no son sólo teóricas. Una brazada eficaz consigue medallas para los nadadores de competición y al resto de nosotros nos llena de satisfacción personal.

Todo esto está muy bien. Pero, ¿cómo sabe si está progresando? Me alegro de que me lo pregunte. Las dos estrategias de prácticas siguientes miden justamente eso.

ELIMINADORES DE BRAZADA

La primera se denomina eliminadores de brazada porque se trata de hacer justamente eso: tener la disciplina suficiente para nadar con menos brazadas de las que da normalmente.

Es una táctica eficaz que Alexander Popov ha utilizado para con- vertirse en uno de los nadadores más eficaces del mundo. También funcionará en su caso, aunque naturalmente los números serán algo diferentes. Recuerde que Popov se ha ganado el título de invencible en los 50 metros libres, la versión de un esprín total en natación. Competición tras competición, invierte exactamente 33 brazadas de un extremo de la piscina a otro. Pero para llegar a un recuento de brazadas tan bajo, durante los entrenamientos se disciplina para dar tan sólo unas 24 brazadas en cada repetición de 50 metros. Como ha entrenado su cuerpo para dar sólo 24 brazadas, las 33 que se per-

mite el día de la competición (aun así tres menos que las de sus ri- vales) son como coser y cantar.

Si esta diferencia de nueve brazadas no le impresiona, intente es- to usted mismo. Encuentre una piscina olímpica de 50 metros (una de verdad, no como las que los hoteles denominan de “tamaño olím- pico”). Primero compruebe cuántas brazadas le lleva nadar un largo lento. A continuación, compruebe cuántas brazadas le lleva nadar un largo rápido. Una gran diferencia, ¿verdad? Me lo imaginaba. Pa- ra reducir esta diferencia, practique una variación de una serie que Popov ha conseguido perfeccionar.

El objetivo de esta serie es comprobar cuánto puede acercarse a la velocidad de carrera sin dar más de 24 brazadas. Popov empieza con 50 metros libres “lentos” (10 o más segundos más lento que su mar- ca de 22 segundos en esta distancia). En cada repetición consecuti- va, va un poco más deprisa. Cuando no puede ir más deprisa, pero puede mantener 24 brazadas, va otra vez “despacio” e intenta con- seguir en cada repetición un poco más de velocidad y acercarse ca- da vez más a la velocidad de carrera sin pasarse de la cuota de 24 brazadas.

Eso es lo que se llama disciplina. Usted también puede compro- bar si tiene esta disciplina con una variación de la serie de Popov. Primero, obtenga un promedio de un recuento de brazadas en 25 metros (o del largo de la piscina donde nade habitualmente). Haga un recuento realista. No se trata de hacer el recuento de un solo lar- go que nada descansado y a la perfección. Cuente las brazadas en medio de un nado de 800 metros, cuando ya lleve algo de tiempo nadando, está empezando a sentirse cansado y mantiene la forma en simplemente “servible”.

A partir de ahora, el número que haya obtenido en este recuen- to es el número que debe batir, independientemente del número de largos que nade. Prométaselo a sí mismo. Niéguese, so pena de su propio honor, a dar más brazadas en esa misma distancia.

Así es como funciona. Si normalmente da entre 21 y 22 braza- das por largo, su misión a partir de ahora es hacer repeticiones de entre 19 y 20 brazadas y ni una sola más. Al principio parece sen- cillo, ¿verdad? Simplemente nada una serie de repeticiones de 50 metros, en las primeras repeticiones se siente descansado y consigue mantener fácilmente un recuento de entre 19 y 20 brazadas. ¡Eli- minar brazadas es súper fácil!

Pero en el segundo largo de la cuarta repetición, nada como si cualquier cosa, da la brazada número veinte y, oh, oh. ¿Por qué que- dan 5 metros para llegar a la pared?

¿Qué otra cosa puede hacer? Se ha jurado a sí mismo que no da- ría la brazada número veintiuno, sólo queda una cosa por hacer gi- rar de costado y dar patada hasta llegar a la pared. Mmmmm. Está claro que esto de eliminar brazadas va a suponer algo de trabajo des- pués de todo.

Así, cuando empieza el largo siguiente, y todos los demás a par- tir de ahora, se ha convertido en el eliminador de brazadas, plena- mente consciente de cómo usa cada brazada y se asegura de que ca- da una de ellas se estira para cubrir la distancia de 25 metros. Se olvida del reloj. Se olvida de su rival en la calle siguiente. Lo único que le preocupa es cómo economizar en lo que debe gastar, que es como aprender a ahorrar. Igual que en la vida real.

Repita conmigo. Está trabajando para nadar bien y no para nadar más deprisa. Al principio, el recuento de brazadas le hará más lento. Sepa que va a pasar y no se preocupe por ello. También deberá esti- rarse y deslizarse durante más tiempo. No pasa nada. Su recuento de brazadas anterior ha sido el recuento “normal” durante tanto tiempo que su cuerpo necesitará más tiempo para adaptarse. Al final, el re- cuento más bajo y eficaz se convertirá en el “normal nuevo” y de al- gún modo, con toda esta obsesión por las brazadas, la velocidad aca- bará por volver sin que se dé cuenta. Como todos los buenos profesores saben, la disciplina enseña más que la indulgencia.

Veinte brazadas en una distancia de 25 metros es un punto de par- tida significativo desde donde puede empezar a separarse el trigo de la paja. Si su recuento es más alto, siga realizando un esfuerzo para llegar a este recuento o a uno más bajo. Cuando consiga nadar 25 metros en 20 brazadas o menos, intente nadar 50 metros en 40 o me- nos, y después, 75 metros en 60 o menos. Pero no añada largos por- que sí a sus repeticiones si esto significa que va a dar más de 20 bra- zadas por largo. Sólo podrá convertirse en un nadador que nada siempre con eficacia si se niega a nadar ineficazmente.

Cuando pueda nadar habitualmente 100 metros, cuatro largos, en 80 brazadas o menos (Tom Dolan, el plusmarquista norteameri- cano en 1.650 yardas libres, dio 56 brazadas por cada 100 yardas cuando batió el récord de la milla), estará listo para empezar a na- dar series de repeticiones de 100 metros con un descanso de entre 15 y 30 segundos. Cuando pueda hacer entre ocho y diez repeticio- nes sin dar nunca más de 80 brazadas, habrá traspasado un umbral importante hacia su éxito en la natación. Con este estilo puede ir a una competición o participar en un triatlón y mostrarse orgulloso de su brazada.

Tenga la disciplina suficiente para contar brazadas en casi todos los largos hasta que la eficacia se haya convertido en un hábito. Des- pués, al igual que Popov, puede empezar a cambiarlas astutamente por velocidad. Procure dar el menor número de brazadas para obte- ner la máxima velocidad y si no está satisfecho con el coste, inténte- lo de nuevo. Nade series de dos o tres repeticiones de 50 metros con el recuento más bajo. A continuación, haga más repeticiones, cada una un poco más rápida e intente reducir el “coste de brazadas” por cada segundo que gana en velocidad. Repita este ciclo varias veces y obtenga un mejor resultado cada vez. Regatee consigo mismo.

Según domine la transacción de los 50 metros, intente repeticio- nes de 100 metros, que le proporcionan un campo más amplio pa- ra jugar a este juego. El golf. O sea, el golf de la natación.

PTS: Q

UÉ GANAN LOS CAMPEONES AL NADAR MÁS DESPACIO

Cuando el Equipo de Natación Nacional Ruso entrenó durante un mes en la Universidad de Carolina del Sur para batir al Equipo Na- cional estadounidense, sus secretos no se le escaparon a Bill Irwin. Irwin, realmente mi primer entrenador cuando empecé a nadar en el instituto, vive en Columbia, Carolina del Sur y nada todos los días en esta universidad. Así que acampó con los rusos todas las maña- nas, con los ojos bien abiertos, cuaderno en mano y la cámara a to- da marcha.

Sin embargo, Irwin admite que no observó nada de lo que espe- raba encontrarse. Unos nadadores excelentes, sí, pero no especial- mente rápidos. Irwin comentaba: “En todo el mes, no sudaron ni una sola gota. Nadaban durante cuatro o cinco horas al día, repi- tiendo series fáciles de crol con medio punto muerto”. (Véase el ejer- cicio de intercambio de manos en las páginas 105-107)

Fácil sí, pero ejecutado con exactitud.

“¿Por qué, preguntó Irwin al entrenador ruso, trabajan tanto una brazada tan exagerada?”. “Porque una de las mayores ventajas de uno de los campeones del mundo, Alexander Popov, es que siempre lle- va una mano adelantada delante de la cabeza para alargar la línea de su cuerpo”, fue la respuesta. El entrenador quería que todos los otros nadadores incorporaran también este hábito. También sabía que no era algo natural, sino que tendrían que hacer que lo fuera “impri- miéndolo en el sistema nervioso”, haciendo más y más repeticiones durante horas hasta que formara parte del sistema nervioso de cada nadador. Cualquiera que sea el término de este ejercicio en ruso, el equipo se pasó todo el mes practicando tan sólo una parte de una práctica de técnica sensorial, el intercambio de manos, con una paciencia extraordinaria. Y esto lo practicaron antes de nadar más fuerte o más rápidamente.

Qué pena que uno de los nadadores estadounidenses de estilo li- bre con más talento no estuviera ahí para presenciarlo. Durante uno de los cursos de Total Immersion, que impartí en la costa oeste de Estados Unidos, tuve la oportunidad de observarle durante treinta minutos sabiendo que ha competido con los mejores nadadores del mundo y ha formado parte de equipos de relevos plusmarquistas, pero no ha conseguido nadar bien en los últimos años. Ha pensado incluso en retirarse, aunque aún le faltan bastantes años para tocar techo.

Le observé mientras nadaba una serie de esprines con largos sua- ves de recuperación. ¿Qué piensa? En cada esprín, su cuerpo se alar- gaba y era eficaz. En cada largo suave, perdía la forma y nadaba peor. Como sólo pensaba en recuperarse físicamente, no se daba cuenta de que los largos suaves formaban parte también del entrenamien- to de su sistema nervioso y recaía en un nado ineficaz en el mo- mento en el que su cuerpo acusaba la fatiga. En su mente, el mayor esfuerzo, trabajar la fisiología, era la parte más valiosa de la sesión de entrenamiento. Sin embargo, un entrenamiento deficiente del sistema nervioso arruinaba completamente el trabajo aeróbico.

Su declive ya no me sorprende.

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