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Atracción interpersonal

In document FacPsi.Psic.Gen.Beltrán LLera (página 77-81)

Percepción social

3. Atracción interpersonal

La atracción personal es un proceso fácil de vivir, pero difícil de explicar. Los psicólogos llevan muchos años investigando el sentido de la atracción humana. Es verdad que la mayor parte de las investigaciones se han realizado con estudiantes universitarios a los que se les pedía estimar su atracción hacia una persona imaginaria de la que sólo tenían datos informativos estandarizados y con la que no mantenían contacto alguno. Esta es la razón por la que sabemos tan poco sobre lo que atrae hacia una persona más que hacia otra en ambientes naturales. Sin embargo, a pesar de las limitaciones de estos estudios, los resultados parecen, a primera vista, bastante sensatos. Todos ellos señalan que nos gustan más las personas que están cercanas, 1as que están de acuerdo con nosotros, las que tienen rasgos personales semejantes a los nuestros, las personas a quienes les resulta fácil satisfacer nuestras necesidades y cuyas necesidades podemos satisfacer con facilidad, las personas competentes y, finalmente, las personas a las que gustamos.

Claro que esto es una súper simplificación. Por ejemplo, los estudios más recientes señalan que nos sentimos particularmente atraídos hacia las personas altamente competentes que son en algún grado vulnerables. Así, las encuestas demostraron que la popularidad de Kennedy subió abundantemente después del fracaso de la bahía de Cochinos. Kennedy, hábil estratega político, excelente comunicador, buen atleta, casado con una mujer de envidiables condiciones, hijo de una familia famosa, resultó más humano y, por tanto, más atractivo cuando apareció ante el público como falible. Asimismo se ha comprobado en laboratorio que las personas más atractivas son las personas con grandes cualidades que cometen algún error.

No es fácil dar una explicación comprensiva de la atracción entre personas. En principio parece que las personas se sienten más atraídas por la semejanza, pero luego se estrechan las relaciones cuando se asientan sobre una base de complementariedad. Es decir, la persona dominante buscaría a la dependiente y la protectora a la necesitada de protección («Dios los cría y ellos se juntan», dice la expresión popular). Vamos a describir algunas de las explicaciones que los psicólogos han descubierto en el curso de la investigación sobre la atracción interpersonal.

3.1. Teorías

Son muchas las teorías psicológicas que pretenden explicar la atracción humana, cada una de ellas basada en una manera diferente de ver la conducta.

La corriente cognitiva. Interpreta la conducta social como resultado de los procesos mentales. Newcomb, por

ejemplo, destaca la tendencia a organizar las ideas que tenemos sobre los otros, sobre uno mismo y sobre las cosas del ambiente de una manera armoniosa, equilibrada o simétrica. La atracción es pues un proceso que tiene lugar en la mente humana. La buena relación interpersonal se caracteriza por un acuerdo básico sobre las personas, lugares y cosas; un acuerdo básico que abarca, por supuesto, lo bueno y lo malo, los gustos y los disgustos. La relación insatisfactoria, en cambio, derivaría de una falta de equilibrio balanceado entre acuerdos y desacuerdos. Cuando se establece un estado de desequilibrio, una persona puede tratar de convencer a la otra para que cambie, o cambia ella, o niega que exista el desequilibrio.

Ahora bien, situar la semejanza y el acuerdo como base de la atracción humana plantea no pocos problemas, ya que los opuestos también parece atraerse. La gente parece tener la capacidad de estar de acuerdo en estar en desacuerdo. Sin embargo, la mayoría de las relaciones íntimas implican un acuerdo básico. Nos sentimos atraídos porque estamos básicamente de acuerdo.

La teoría del refuerzo tiene sus raíces en la teoría del aprendizaje e interpreta la atracción como una respuesta aprendida. En lugar de centrarse en los procesos mentales, por los cuales la gente maneja gustos y disgustos, la teoría del refuerzo trata de describir cómo se establece la atracción. En general, la gente se siente atraída por los premios y rechazada por los castigos. Dé esta forma, la atracción personal se explica a través del aprendizaje. A lo largo de la experiencia, aprendemos a buscar la compañía de aquellas personas con las que nos sen timos bien, porque al estar con ellas nos divertimos, compartimos puntos de vista, trabajamos en tareas comunes, nos sentimos apreciados y admirados por ellas. Por el contrario, aprendemos a evitar a aquellas personas con las que nos aburrimos, discrepamos o nos enfrentamos abiertamente. La atracción puede explicarse, por tanto, perfectamente por el condicionamiento clásico, en el sentido de que nos sentimos atraídos hacia las personas que asociamos con sensaciones agradables y evitamos a las personas que asociamos con sensaciones desagradables. De ahí el consejo que se da a las parejas con problemas, de pasar juntos unos días de descanso en lugares agradables. Como tendemos a asociar positivamente las personas y las cosas gratificantes, y negativamente las personas y los estímulos aversivos, nos sentimos más atraídos hacia las personas que nos aprueban que hacia las personas que nos desaprueban o critican. Lo difícil de explicar en esta teoría es que los premios y castigos se combinan frecuentemente respecto a la misma persona; por ejemplo, nos sentimos atraídos hacia personas que nos aprueban, pero también nos castigan, como ocurre en la relación padres-hijos. La respuesta que se da es que la proporción de los premios respecto de la conducta es mayor que la de los castigos. En resumen, nos sentimos atraídos porque somos reforzados.

La teoría del intercambio es una modalidad de la teoría del refuerzo, al interpretar la atracción en términos de premios y costos; de ahí que todas las relaciones humanas, amistad, matrimonio, trabajo, etc., se expliquen en términos de una ratio en la cual los costos son más bajos que los beneficios. La relación se rompe cuando el intercambio se percibe como injusto por alguno de los participantes, es decir, cuando los costos empiezan a pesar más que los premios. Todas las relaciones, aun las más íntimas, pueden interpretarse, según esta teoría, en térmi - nos de costos y beneficios, en un doble sentido. En primer lugar, cualquier relación establecida puede ser evaluada en sí misma para comprobar si reporta los beneficios mínimos que uno esperaba de ella. En caso positivo, la mantendrá y en caso negativo, romperá con ella. En segundo lugar, se puede evaluar la relación establecida en comparación con otras posibles alternativas. Aunque, en principio, esta teoría parece reducir egoístamente los térmi - nos de la relación a un inventario de ventajas y desventajas, permite en realidad explicar cualquier tipo de conducta, tanto la egoísta como la desinteresada. Nos sentimos atraídos por aquellos que nos ofrecen mayor recompensa. La teoría de la equidad apela a. una distribución justa, equitativa, de costos y beneficios, de manera que cuando una persona siente que recibe menos de lo que es debido, o entrega menos de lo que es debido, vive una sensación de desequilibrio que habrá de reestablecer. El ámbito de aplicación de la teoría es amplio y puede abarcar desde los negocios económicos a las amistades y a las relaciones íntimas. Hay dos formas de reestablecer la equidad, una real y otra mental o percibida. Se «establece la equidad real cuando se actúa realmente sobre uno de los elementos del desequilibrio: la persona que se siente explotada por su pareja puede dejar de trabajar en la casa o reservarse parte de sus ingresos. Se reestablece la equidad mental o percibida cuando uno se convence de que la relación es verdaderamente equitativa, lo que supone una reinterpretación o reconsideración psicológica de los elementos de la relación (rebajando unos o revalorizando otros).

El principio de equidad se cumple, por lo general, en las relaciones sociales entre amigos y compañeros, con un reparto equitativo entre lo que se da y lo que se recibe (hoy paga uno el café, a la espera de que el otro lo pague mañana). También se cumple en las relaciones más íntimas, aunque su mayor complejidad implica el juego de otras muchas variables. Los estudios hechos sobre matrimonios demuestran que las personas que confesaban que su pareja era tan deseable como ellos, se sentían más felices (y el matrimonio era más estable) que aque llos que creían que su pareja era más deseable p menos deseable que ellos. De hecho, cuando una persona consideraba su pareja más atractiva, ella tendía a ser más rica o más cariñosa.

Para la teoría interaccionista, la atracción no es un proceso personal, ni se trata de una decisión cognitiva o una respuesta asociada con premios o beneficios; es más bien un proceso interpersonal. Se trata de un proceso instantáneo más que de un proceso continuo; por eso los factores que son importantes en una situación pueden no serlo en otra; por ejemplo, un hombre ha podido sentirse atraído hacia una mujer inicialmente por su apariencia física, pero más tarde encuentra que esto no es suficiente para sostener un matrimonio y puede descubrir que continúa sintiéndose atraído por otros factores. Veamos algunos de ellos.

3.2. Determinantes de la atracción

Proximidad. Todos estamos de acuerdo en que la proximidad es un factor clave en la determinación del atractivo.

Evidentemente, es difícil interactuar con personas que no están cercanas. La influencia de esta variable sobre la atracción se pone de relieve en algunos estudios realizados en residencias de colegios universitarios. Por lo general, las amistades se establecían entre personas que vivían más cerca y la distancia variaba tan sólo de 6 a 12 km. En otro estudio, realizado entre estudiantes casados dentro de una urbanización que constaba de varios edificios de dos pisos con cinco apartamentos por planta, las dos variables más importantes en el establecimiento de las amistades fueron la distancia y la orientación de la casa. Concretamente, los vecinos de al lado, los de la misma planta, y aquellos cuyos apartamentos estaban muy cerca de los buzones de correos y de las escaleras de entrada y salida, tenían más amigos que el resto de los vecinos. Quizás en todo esto haya algo más que la pura proximidad geográfica, y es el hecho de que, al ver más a alguien, nos resulte familiar. Las personas y las cosas que nos resultan familiares nos agradan por sí mismas, y además porque nos permiten predecir mejor su comportamiento futuro y consiguientemente ajustar nuestro comportamiento al que esperamos de ellas. La proximidad nos lleva a la familiaridad y ésta a la atracción.

Semejanza. Las personas que comparten actitudes y papeles sociales son más atractivas la una para la otra.

Estudios psicológicos bien recientes han descubierto que cuanto más se aproximan las respuestas de una persona en un cuestionario de opinión a las respuestas de otra persona, a la que no conoce, más le atrae esa persona. Lo mismo ocurre en estudios que analizan el grado de atracción entre miembros de diversos grupos, es decir, la gente se siente atraída por las personas semejantes y trata de alejarse de las menos parecidas.

La mayor parte de los estudios confirman que los amigos y las parejas tienden a ser semejantes en inteligencia, edad, status económico, raza, etc. En este sentido, es difícil explicar el hecho bien conocido de que los opuestos se atraen (el locuaz por el silencioso). Quizás haya una clave especial de excitación—relacionada con el impacto de lo prohibido- que se produce cuando personas diferentes en algún aspecto se sienten atraídas una a la otra sobre alguna base determinada, como ocurre en el flechazo.

No faltan estudios que señalan que la mayor atracción se produce cuando la otra persona es a la vez semejante y diferente del sujeto. Con todo, la fuerza parece estar en la semejanza. ¿Cuál es la explicación? La clave está aparentemente en la familiaridad que ofrece la semejanza y en la ausencia de tensiones suscitadas por las diferencias, que pueden dar lugar a posturas defensivas.

Por otra parte, el encontrar personas que piensan como nosotros nos estimula porque confirma y refuerza el valor de nuestra experiencia personal. Por último, es obvio esperar que los que piensen como nosotros se muestren predispuestos hacia nosotros de forma favorable.

Apariencia física. Es uno de los determinantes socialmente significativos de la atracción. La belleza, el color de la

piel, la altura, son algunos de los elementos que las personas tienen en cuenta en la atracción. Los estudios psicológicos demuestran que las personas con gran atractivo físico son mejor tratadas, son más consideradas socialmente y tienen más oportunidades de ser felices; y esto ocurre a lo largo del ciclo vital: en la etapa preescolar, en la adolescencia y en la vida adulta. En un principio, los psicólogos habían llegado a pensar -como han confirmado algunos estudios sobre matrimonios-, que nos sentiríamos más atraídos por aquellos que tienen niveles de atractivo semejantes al nuestro, pero luego comprobaron la enorme fuerza del atractivo físico, ya que éste aparecía como el único determinante crucial de satisfacción tanto en los encuentros casuales e instantáneos como en los más estables y permanentes. La semejanza de niveles de atractivo entre las parejas puede explicarse por otros mecanismos como la experiencia, el éxito o el fracaso.

Es verdad que el asunto es mucho más complejo de lo que parece y que los resultados están además modulados por variables como la concepción de los papeles sexuales o las actitudes tradicionales o liberales de las personas en cuestión. Pero nada de esto disminuye la importancia del atractivo físico que justifica las cuantiosas inversiones de las empresas en ofrecer productos eficaces para mejorar la apariencia física, y el espectacular aumento del consu- mo de esos productos en todas las capas de la sociedad.

La influencia del atractivo físico es evidente respecto a las relaciones con el otro sexo, pero también interviene en las relaciones con él mismo sexo. En los estudiantes, por ejemplo, la popularidad y el gusto parecen depender ampliamente de la apariencia física, incluso cuando el objeto del gusto es un miembro del mismo sexo. En los negocios y en la política, las relaciones del mismo sexo pueden estar basadas en los mismos rasgos de atractivo físico que se han señalado para el sexo opuesto.

Las razones de la fuerza que tiene la apariencia física son muchas. En primer lugar, como los psicólogos señalan, la apariencia física es parte de un proceso de transformación simbólica. Las características físicas son básicamente agentes neutrales, pero llegan a ser elementos esenciales en el mundo simbólico de los seres humanos, y como tales son transformados en objetos significativos que no son neutrales en sus consecuencias. Los standards de belleza física son relativos de cultura a cultura, pero todas las culturas distinguen entre personas hermosas y no tan hermosas.

Hay que tener en cuenta también el factor estético de la belleza. Otra razón es la tendencia de los seres humanos a extender o proyectar sobre una persona atractiva cualidades, rasgos y estados asociados con el atractivo: buena salud, status económico, inteligencia, etc. Son atributos que se suponen, aunque no hayan sido demostrados. También cabe pensar en una acentuación del status propio por asociación con la persona físicamente atractiva, ya que si ésta es, también lo será la persona a quien elija. Por último, la persona físicamente atractiva es mejor tratada, y por ello puede alcanzar valores bien estimados: seguridad, confianza, inteligencia, etc., lo cual, a su vez, aumenta su atractivo.

Evidentemente, hay otras características que favorecen la atracción entre las personas, además de la apariencia física o la proximidad. No se puede negar que estos rasgos influyen poderosamente en las personas a la hora de establecer una relación, pero su fuerza es más visible en los comienzos de la relación humana, dando luego paso a otras características más estables, como generosidad, afabilidad, cordialidad o competencia.

La cordialidad, como hemos visto en el estudio de las impresiones, es un rasgo central que arrastra implícitamente otros rasgos favorables, como el buen carácter, el sentido del humor y la generosidad. La competencia es en sí misma un rasgo de carácter estable que favorece el atractivo de una persona. Ahora bien, cuando la persona competente comete algunos errores, aparece más atractiva que si no los comete, ya que el exceso de aptitudes, éxi- tos y triunfos provoca una gran inseguridad en las personas (efecto Prattfall).

También nos resultan atractivas las personas que se interesan por nosotros y a quienes resultamos, a su vez, atractivos. Ahora bien, a veces nos molestan los halagos y la adulación, sobre todo cuando vienen de ciertas personas. Por lo general, aunque el halago siempre gusta, sólo lo aceptamos de verdad cuando viene de alguien a quien respetamos, porque de lo contrario nos suena a falso o nos obliga a responder con la misma conducta y, a lo mejor, no lo encontramos justificado.

En resumen, los motivos por los cuales una persona nos resulta atractiva son muchos y muy diferentes: porque está cerca (proximidad), porque es como nosotros (semejanza), porque nos gusta su aspecto (apariencia física), porque tiene algo especial (cordialidad, competencia), o porque le gustamos (reciprocidad).

4. Amistad

La amistad es un concepto eminentemente social, ya que nadie puede tener un amigo por sí mismo. La amistad exige la existencia de otras personas y un conjunto de interacciones con ellas para mantenerla. En una sociedad como la nuestra -cada vez más anónima, prácticamente un mundo de extraños en el que nuestras relaciones se van haciendo progresivamente más específicas, puntuales y basadas en el intercambio-, la presencia de la amistad adquiere un relieve especialmente significativo. Gracias a la amistad, podemos las personas ir más allá de las relaciones comerciales e institucionales, es decir, establecer relaciones significativas, íntimas y duraderas.

Quizás convenga distinguir entre amistad y relaciones amistosas. La amistad es una relación interpersonal íntima, que implica a cada individuo como entidad personal. Las relaciones amistosas, en cambio, son resultado de una relación formal y un estadio preliminar en el desarrollo de las amistades. Las relaciones amistosas no son simplemente algo agradable, sino algo necesario, una exigencia de la sociedad actual, pues las relaciones obligadas con los compañeros de trabajo y con los vecinos pueden mejorar o perturbar nuestras condiciones laborales, familiares o recreativas. De hecho, constituyen una defensa contra el conflicto, el aburrimiento o la soledad. Las amistades, en cambio, se establecen por sí mismas. Las amistades y las relaciones amistosas tienen características comunes y diferenciales. Ambas requieren, en alguna medida, que la interacción sea voluntaria, pero este carácter de voluntariedad es más acentuado en las amistades que en las relaciones amistosas, pues mientras las amistades son inequívocamente voluntarias, las relaciones amistosas pueden llevar implícito el compromiso de mantenerlas mientras se cumple alguna condición, por ejemplo mientras las personas trabajen juntas.

Las amistades son por sí mismas individualizadas, únicas e irreemplazables. Las relaciones amistosas, en cambio, son intercambiables.

Cuando se marchan los viejos vecinos de la casa, los que vienen a ocupar su lugar también mantienen con nosotros relaciones amistosas, pero no funcionan necesariamente como amigos. Las amistades implican además un nivel de intimidad que las relaciones amistosas no tienen, aunque evidentemente hay muchas clases de amigos, entre los cuales se establece una adecuada y precisa jerarquía. Tenemos conocidos con los que jugamos al tenis o preparamos un examen, buenos amigos con los cuales salimos a divertirnos, amigos íntimos que nos ayudan en los momentos más difíciles y los mejores amigos a los que confiamos nuestros secretos. Hay pues jerarquías de

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