Inteligencia y creatividad
2. Naturaleza de la inteligencia
Las explicaciones que los psicólogos dan de la inteligencia se pueden reducir a estas tres, según la interpretación que da Vernon: biológicas, psicológicas y operativas, según acentúen el poder de adaptación al medio, la capacidad de aprender, o la aptitud para el pensamiento abstracto. Las teorías biológicas consideran la inteligencia como una capacidad adaptativa del organismo. Evidentemente, este punto de vista resulta excesivamente general y no permite estudiar las diferencias individuales dentro de una cultura determinada.
Dentro de la posición psicológica, que pone de relieve la capacidad de aprender, destaca la interpretación de Hebb que distingue dos tipos de inteligencia. La inteligencia A, que define como potencial innato o pura capacidad de desarrollo; se trataría evidentemente de una cualidad innata que se añade a la posesión de un buen cerebro y un buen metabolismo neural, es decir, una característica del sistema nervioso en virtud de la cual el sujeto es poten- cialmente capaz de adquirir la ejecución inteligente. La inteligencia B es el funcionamiento actual del cerebro en un momento determinado; este funcionamiento es debido a la inteligencia Aya las memorias, conceptos y estrategias aprendidas a través de la interacción con el ambiente. Los tests de inteligencia miden las diferencias individuales en inteligencia B.
También hay que señalar la interpretación de Cattell, que distingue entre inteligencia fluida e inteligencia cristalizada. La inteligencia fluida se re vela en situaciones nuevas, en las que no se puede lograr una adaptación perfecta utilizando el repertorio de habilidades del individuo (habilidades cognitivas). La inteligencia cristalizada se revela en aquellos tests cognitivos que requieren hábitos aprendidos de pensamiento. La inteligencia fluida tiene una relación mayor con la diferencia genotípica que la cristalizada y una curva de desarrollo diferente, alcanzando su nivel máximo mucho antes. En ambos casos se está haciendo referencia a dos concepciones de la inteligencia: la inteligencia como potencialidad genética, es decir, cualidades básicas derivadas del sistema nervioso central del sujeto, y la inteligencia como resultado del aprendizaje y de los factores ambientales. La distinción entre estos dos tipos de inteligencia surgió a raíz de los resultados de la extirpación quirúrgica de una parte considerable de la corteza cerebral realizada en pacientes adultos, frente a los resultados obtenidos con este mismo tipo de operación realizada en sujetos de poca edad. Mientras que la extirpación realizada en sujetos adultos apenas si produjo efecto observable sobre las puntuaciones en los tests de inteligencia, cuando se realizaba en niños pequeños afectaba gravemente a su desarrollo intelectual.
En consecuencia, se podría pensar que las células cerebrales necesarias para el desarrollo de la inteligencia no son esenciales para mantener un alto nivel intelectual, una vez alcanzado éste. Por otra parte, muchos aspectos de la inteligencia humana continúan desarrollándose perfectamente durante la madurez en muchas personas, si bien es verdad que la velocidad y la capacidad para hacer frente a problemas nuevos generalmente se va debilitando con los años. Esta es la razón de hablar de dos clases de inteligencia, que en circunstancias normales se superponen de tal manera en la vida práctica que, de hecho, resultan indistinguibles, pero que son conceptual y estadísticamente distintas, como se ha podido comprobar en ocasiones como la ante- riormente señalada.
A pesar de los esfuerzos de algunos psicólogos como Cattell, que ha intentado distinguir entre estas dos clases de inteligencia en poblaciones normales con diferentes tipos de pruebas, los tests que actualmente utilizamos miden en realidad una
mezcla de inteligencia A y de inteligencia B, y resulta poco menos que imposible valorar el potencial genético aislado de los efectos de experiencia.
La definición operativa de inteligencia más conocida universalmente es la de Boring, en el sentido de que la inteligencia es «lo que miden los tests». Parece en realidad una definición circular, ya que los tests se definen como instrumentos que miden la inteligencia, pero se sigue manteniendo con el tiempo. La definición operativa tiene una gran ventaja y es que exige procedimientos rigurosos, implica un acuerdo sobre los conceptos entre diversos observadores y elimina los elementos ambiguos o confusos. Es verdad que resulta ventajoso disponer de una definición operativa de la inteligencia aceptada por todos, pero existen demasiados tests diferentes y demasiadas ideas distintas sobre sus ventajas y desventajas como para que el cociente intelectual se considere una dimensión operacionalmente satisfactoria, comparable del todo a la de las ciencias modernas.
3. Estructura de la inteligencia
La primera interpretación estructural de la inteligencia es la teoría de las facultades, según la cual la mente está compuesta de una serie de facultades o poderes, cada uno relativamente independiente de los otros. En la edad media se hablaba de un triple poder del alma humana, a saber: el conocimiento, el sentimiento y la voluntad. Al final del siglo XVín, el filósofo Ray hizo una lista de 30 poderes de la mente. El valor de estas descripciones está en que sirven para delimitar campos de investigación psicológica, pero tienen el inconveniente de que conciben estas facultades o poderes como verdaderos órganos o causas materiales relativamente independientes los unos de los otros.
La teoría psicológica actual de la estructura déla inteligencia tiene una base bien distinta de -la vieja teoría de las facultades, ya que mientras las facultades son el resultado de la introspección, los factores o aptitudes mentales se configuran a través de métodos científicos experimentales, especialmente del análisis factorial.
Como señala el profesor Secadas38 el análisis factorial descompone una tabla de correlaciones en sus factores
fundamentales, de forma semejante a como el análisis gramatical reduce a unos pocos elementos todos los ingredientes de un párrafo literario. Del análisis de las correlaciones resultan unos factores -conceptos más amplios y menos numerosos*- mediante los cuales queda explicada la variabilidad de la tabla, lo mismo que el análisis gramatical de un párrafo literario reduce a unas cuantas partes de la oración (verbos, adjetivos, sus tantivos, pronombres), todas las palabras contenidas en el mismo. Algo parecido ocurriría si se aplicaran todos los tests existentes en el mercado a una población y se analizara luego factorialmente la tala resultante de correlaciones de cada test con todos los demás.
Supongamos, por ejemplo, que haya una correlación muy estrecha entre los resultados de dos tests de inteligencia realizados por cada individuo. Esto significaría que las variables que rigen los factores de una actividad intervienen más o menos en los rendimientos de la otra, es decir, que las dos formas de conducta están funcionalmente unidas y son dependientes de una misma aptitud o mecanismo psicológico. Después sólo queda ver a cuántos factores hay que recurrir para explicar la variabilidad de los resultados y de las intercorrelaciones. Más concretamente, si los sujetos que han resuelto bien unas pruebas han resuelto también todas las restantes, esto indicaría que todos los problemas habían sido resueltos por una capacidad común, la inteligencia general. Pero también puede haber ocurrido que dos sujetos se muestren especialmente hábiles en la solución de un determinado tipo de problemas, por ejemplo matemáticos, pero no en los otros, por ejemplo verbales. En este caso habría que aceptar la existencia de aptitudes o capacidades independientes dentro de la inteligencia. Veamos pomo lo interpretan los diversos especialistas.
Spearman presenta una teoría bifactorial de la estructura de la inteligencia. En su investigación comparó los resultados de dos pequeños grupos de niños de Oxford en diversos tests y descubrió correlaciones positivas entre todos ellos, demostrando que todas las semejanzas entre los tests podían explicarse por un mismo factor de inteligencia que más tarde llamó G (inteligencia general). Por otra parte, las correlaciones entre los tests no eran per - fectas, descubriendo así que cada actividad o test tenía factores específicos o factores S. Estos factores S son numerosos y estrictamente específicos para cada test. Por definición, no hay dos actividades que compartan factores específicos. De esta manera, el resultado de un niño en cualquier test se explicaría por cierta cantidad de capacidad general (factor G), junto a una cantidad específica exigida por el test particular (factor S). Por eso la teoría de Spearman se llama bifactorial ó de dos factores.
Vernon ofrece un modelo jerárquico y mantiene . la idea de que las diferencias individuales se explican mejoren términos de un factor general, común a todos los tests, y una serie de factores de grupo,, cada uno de los cuales tiene pesos positivos en algunos tests y peso O o casi O en otros. En este sentido habría un factor general (G) medido por tests verbales y no verbales. Después, un factor V: ED (verbal educativo), medido por tests de analogías verbales, y un factor K: M (espacial mecánico) medido por pruebas espaciales y de ejecución mecánica.
Análisis posteriores han demostrado que los tests con saturación en el factor V: ED se subdividen para dar un factor verbal y un factor numérico, y el factor K: M, en factores menores de habilidad espacial, conocimiento mecánico y habilidades manuales.
Thurstone ha expuesto la teoría de los factores múltiples o aptitudes mentales primarias, que minimiza la posibilidad de encontrar un factor general. A lo largo de su investigación, logró identificar ocho factores principales que se han convertido en la base de los subtests de su bien conocido test de aptitudes mentales primarias (PMA = Primary Mental Abilities). Los cinco factores más conocidos son V =* comprensión verbal, F «fluidez mental, N = factor numérico, R = razonamiento y S * factor espacial.
Guilford ha señalado críticamente que las teorías anteriores ofrecen un concepto simplificado de inteligencia y no hacen justicia a su riqueza y variedad esenciales. Según Guilford, los tests de inteligencia pueden diferir entre sí atendiendo a ciertos rasgos fundamentales, como las operaciones, el contenido y el producto. Las operaciones que los tests demandan hacen referencia a la cognición, memoria, pensamiento convergente, pensamiento divergente y evaluación. El contenido sobre el que versan las operaciones puede ser: capacidad figura 1, simbólica, semántica y conductual. Por último, el producto o resultado alude a unidades, relaciones, clases, sistemas, transformaciones e implicaciones. La conclusión general es que la inteligencia humana está constituida por numerosos factores comunes, independientes y situados en un mismo nivel de generalidad. La clasificación abarca un total de 120 aptitudes perfectamente diferenciadas.
Sternberg39 se aleja de alguna manera del modelo factorial y propone una teoría llamada triárquica que consta de
tres partes o subteorías. La subteoría componencial relaciona la inteligencia con el mundo interno del individuo y especifica los mecanismos mentales que conducen a una conducta más o menos inteligente. Sternberg distingue entre componentes o aptitudes latentes (de adquisición, de retención, de transfer y de ejecución) y metacompo- nentes o procesos de control que tienen la responsabilidad de planificar la conducta del sujeto. La sub-teoría experiencial relaciona la inteligencia con una tarea relativamente nueva o con la automatización de la tarea en una situación determinada. La subteoría contextúa! relaciona la inteligencia con el medio externo/especificando tres actividades: adaptación al medio dado, selección de un medio mejor al encontrado y transformación del medio en función de las habilidades, intereses y valores propios. Estas tres subteorías indican de alguna manera que hay tres maneras de ser inteligente y que hay diferencias individuales en las distintas formas de serlo.
Frente a la interpretación estadística de la inteligencia está la interpretación cualitativa. El representante más autorizado es Piaget, cuya teoría hemos apuntado ya en otro lugar. Baste considerar que la orientación básica de Piaget es biológica, por cuanto considera la inteligencia como una cualidad de adaptación al ambiente.
La adaptación, cuando se logra, es un estado de equilibrio entre las acciones del organismo y las acciones del ambiente. El concepto de acción es importante en el sistema de Piaget, para quien el organismo es siempre una rea - lidad eminentemente activa. Mientras la interpretación psicológica tradicional de las interacciones organismo- ambiente se contemplan desde una perspectiva mecanicista: estímulo-respuesta refuerzo, Piaget defiende la interacción entre organismo y ambiente, en la que ambos elementos se influyen mutuamente y el organismo no se limita a responder de forma reactiva, sino que se comporta como un ser esencialmente activo.
Otros psicólogos como Hunt consideran la inteligencia desde la perspectiva del procesamiento de información. Se interesan especialmente por la manera en que la gente varía en el uso de estrategias para codificar, almacenar y recuperar la información, y cómo se relaciona el uso de las estrategias con las medidas tradicionales de la inteligencia. Esta orientación tiene la ventaja de suministrar mucha luz dentro de la dinámica de la inteligencia. Por ejemplo: ¿qué significa decir que una persona tiene una gran habilidad verbal, si no podemos especificar las clases de procesos que producen la ejecución en los ítems del test verbal? De hecho, los adultos que puntúan por encima del promedio en tests standarizados de inteligencia verbal tardan menos tiempo en recuperar la información verbal de la memoria a largo plazo que los adultos de baja capacidad verbal. Esto quiere decir que una interpretación de la inteligencia desde la perspectiva del procesamiento de información puede suministrar informaciones útiles sobre el funcionamiento de la inteligencia y los procesos cognitivos que desembocan en una conducta más o menos inteligente.