• No se han encontrado resultados

Formación de primeras impresiones

In document FacPsi.Psic.Gen.Beltrán LLera (página 70-72)

Percepción social

1. Percepción interpersonal

1.3. Formación de primeras impresiones

El proceso de formación de primeras impresiones es uno de los apartados importantes dentro de la percepción social. Todos sabemos, por experiencia, que las impresiones que nos formamos al ver a una persona por primera vez en un encuentro casual pueden tener consecuencias trascendentales en el futuro. Dos son las características principales de este proceso. En primer lugar, que, una vez formadas, son tremendamente persistentes, a pesar de la escasez de datos informativos sobre los que se apoyan. En segundo lugar, la tendencia generalizada a extender, en forma de atribución inferencial, a las personas percibidas toda una constelación de rasgos personales, a partir de unos pocos rasgos incidentalmente observados.

La trascendencia social de este mecanismo perceptual resulta evidente cuando se considera que de estas primeras impresiones se pueden derivar consecuencias importantes en el ámbito personal, social, laboral y económico. Por eso, todo el mundo procura causar una buena impresión.

Los estudios realizados para investigar científicamente este proceso han utilizado material fotográfico y material verbal. En el primer caso, el experimentador selecciona el material compuesto de fotografías, registros de voces, fragmentos de conductas filmadas, perfiles de personalidades, etc. Una de las conclusiones más firmemente establecidas es la de que el contexto en el cual se realiza un juicio perceptivo tiene un efecto poderoso sobre los juicios sociales emitidos. Se ha comprobado, por ejemplo, que los juicios hechos sobre personas que se encontraban en una habitación agradable eran diferentes a los hechos cuando se presentaban en una habitación desagradable.

Por otra parte, uno de los puntos principales de información sobre el que se apoyan las inferencias de la personalidad es el aspecto del rostro. Así parece deducirse del estudio de Secord, que enseñó diversas fotografías de rostros a un grupo de jóvenes y les pidió que las calificaran en una serie de rasgos de personalidad, como carácter amistoso, sentido del humor, etc., comprobando que diferentes personas hacían inferencias semejantes sobre las personalidades a que se referían las fotografías presentadas. También descubrió que los rasgos cruciales del rostro podrían asignarse a dos categorías diferentes: a) rasgos estructurales, tales como la anchura y longitud de la cara, la forma de la nariz,'la configuración de la boca y el color de la piel; b) rasgos expresivos, como las contracciones musculares asociadas con la sonrisa.

Algunos movimientos posturalmente expresivos, como los movimientos de las manos, los brazos, el tronco, etc., constituyen también datos informativos importantes en la percepción de las personas.

Los estudios realizados con material verbal han intentado confirmar si se producen, en este ámbito de la percepción, los fenómenos conocidos de primacía y recencia, experimentados ya en situaciones de aprendizaje verbal, es decir, si el orden de presentación de los adjetivos en una lista puede afectar a los resultados, de forma que tanto los primeros adjetivos -por su mayor atractivo atencional o por su menor saturación informativa- como los últimos -por su efecto retroactivo sobre los anteriores- podían ser más efectivos que el resto de rasgos leídos al observador.

Los resultados parecen confirmar el efecto de primacía. En el experimento clásico de Luchins18, se entregó a un

grupo de sujetos una información sobre la personalidad de un sujeto hipotético que contenía las mismas afirmaciones generales dispuestas en un orden secuencial, distinto para cada caso, comprobándose que las imágenes que formaban los sujetos diferían notablemente entre sí, de acuerdo con el orden de presentación interna de los informes. En este sentido, cuando el rasgo introvertido precedía al resto de la información, el juicio definitivo del observador sobre el sujeto hipotético era de introversión, y de extraversión cuando éste era el rasgo presentado al comienzo del informe. De ahí se deduce que la primera información que se recibe sobre una persona es determinante en la formación de las primeras impresiones y persiste aunque vaya seguida de informaciones contrarias. En algunas circunstancias también se produce el efecto de recencia, especialmente cuando se advierte a los sujetos que sean reflexivos y no traten de formular un juicio hasta que no tengan todos los elementos suficientes para ello.

Los psicólogos han ideado una serie de modelos para explicar la formación de impresiones. El modelo suma está basado en la suma total de los valores de las puntuaciones de cada uno de los rasgos percibidos de personalidad. En condiciones experimentales, se le presenta al observador una lista de rasgos de personalidad pertenecientes a un sujeto hipotético, pidiéndole que lo califique en cada uno de los rasgos en una escala de 1 a 7. La impresión que se hace el observador del sujeto es muy positiva cuando la suma total de las puntuaciones es eleva da, y muy negativa si la suma resultante es reducida. De acuerdo, por tanto, con este modelo, la mejor manera de producir una buena impresión a los demás será mostrar todas las cualidades posibles, aunque algunas de ellas no se posean en un grado muy elevado, pues lo importante es la suma total.

El modelo promedio se centra, en cambio, en la puntuación media de los rasgos (la suma de los valores de cada rasgo dividida por el número total de cada rasgo). En este caso, la mejor impresión de un candidato no se consigue mostrando todos los rasgos de su personalidad, sino sólo los rasgos positivos elevados, ya que, si se exhiben muchos rasgos con una puntuación baja, se restará valor al promedio total, por lo cual se recomienda silenciar estra- tégicamente los valores pequeños o moderados.

Aunque, a primera vista, los dos modelos parecen antagónicos y excluyentes, constituyen en realidad dos posibles alternativas según el tipo de percepción necesaria o la cantidad de datos que se posean; de forma que cuando los datos sean escasos y homogéneos, el modelo sumativo es el adecuado, mientras que el modelo promedio es más rentable cuando los datos están en contradicción con los datos percibidos en primer lugar.

Asch19 ha destacado, frente a los modelos anteriores, el modelo gestáltico, afirmando que los rasgos frío y cordial

tienen un valor central porque atraen en torno a ellos otros muchos rasgos personales. En un experimento, leyó a un grupo de sujetos una lista de rasgos: «inteligente, habilidoso, diligente, cordial, decidido, práctico, cauteloso», diciéndoles que se aplicaban a una persona real, y les pidió que hicieran una breve descripción de lo que les parecía el sujeto. A un segundo grupo le dio una segunda lista con los mismos adjetivos, excepto el de cordial, que fue sustituido por frío. Aunque la única diferencia entre ambas listas era la palabra sustituida, los resultados fueron muy diferentes. En el primer caso, se trataba «de un científico que realiza experimentos y persevera después de muchos contratiempos, pensando en alguna obra benéfica». En el segundo, se trata «de una persona snob que cree que su inteligencia y su éxito le sitúan por encima de los demás».

Kelley20 ha intentado comprobar la hipótesis de Asch, pero con personas reales a las que presentaba como cordiales

o frías antes de aparecer en público ante los sujetos. A la persona-estímulo (el conferenciante), lo presentaba como «un profesor de ciencias sociales y económicas, llegado de otra universidad, de 26 años y casado, más bien cordial (o frío), trabajador, práctico y decidido»; luego, la persona presentada aparecía en público y daba una conferencia de unos 20 minutos. A los sujetos se les pedía luego consignaran su impresión por escrito, asegurándoles que la única finalidad de la prueba era estudiar las reacciones de los universitarios sobre los profesores.

El resultado fue que a los estudiantes a los que se les presentó como cordial, lo percibieron como «atento, social, simpático, de buen carácter», es decir, de forma mucho más positiva que los sujetos a quienes se les presentó como frío. Y lo más llamativo fue que los sujetos a quienes se les dijo que el profesor era cordial, realizaron un 56% de intervenciones en diálogo con el profesor, mientras que los otros sólo realizaron un 32%.

In document FacPsi.Psic.Gen.Beltrán LLera (página 70-72)