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Consideraciones conceptuales

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Maduración y desarrollo L

1. Consideraciones conceptuales

1.1. Crecimiento

El término crecimiento hace referencia a aumentos crecientes de cantidad en una característica humana determinada. Se suele aplicar a características físicas que son susceptibles de aumentos cuantitativos visibles, como ocurre en el caso de la altura, el tamaño o el peso. Ha habido intentos de aplicarlo análogamente a ciertas características de la conducta e incluso de la personalidad, pero sin éxito. No parece muy adecuada la expresión, por ejemplo, de crecer en simpatía, rendimiento o introversión.

1.2. Maduración

El término maduración se refiere al desarrollo que se produce en ausencia de la práctica o del aprendizaje. La existencia de la maduración, es decir, el desarrollo del organismo sin la presencia de aprendizaje, resulta muy difícil de probar en el caso de los seres humanos y, aunque no tanto, también en los animales, ya que resulta poco menos que imposible separar la maduración de las influencias ambientales. Los estudios realizados por diversos investigadores constituyen, en medio de su fragilidad experimental, una aproximación fundamentada a la existencia de la maduración, si bien más intuida que probada.

Está comprobado que la aparición de diversas conductas en el organismo humano depende de la maduración de ciertas estructuras específicas, como ocurre, por ejemplo, en el caso de las respuestas reflejas que no se producen hasta que no se consigue un determinado nivel de maduración neural, o la conducta de la reproducción sexual, que resulta imposible hasta que no madura la función sexual que sirve de base.

Por otro lado, la secuencia de desarrollo se mantiene constante dentro de las especies, como demuestran las leyes del desarrollo cefalo-caudal o la secuencia fija, invariable en todos los pueblos, del desarrollo del lenguaje: balbuceo, palabra, palabras pivote, lenguaje telegráfico y frase.

Algunos experimentos realizados en animales han confirmado la existencia del proceso de desarrollo, excluida la posibilidad del aprendizaje. Carmichael7 observó dos grupos de embriones de rana. A los embriones del grupo

experimental los anestesió antes de que empezaran a aparecer las respuestas natatorias, mientras que a los del grupo de control les permitió moverse libremente. Cuando los embriones de control llevaban ya cinco días nadando, dejó libres a los del grupo experimental, y en unos treinta minutos, que era el tiempo necesario para reponerse de la anestesia, realizaban los movimientos de natación con la misma soltura que los del grupo no anestesiado.

Por último, el aprendizaje produce efectos diferenciales con relación a la maduración. Esto quiere decir que el aprendizaje produce mejores resultados en el organismo cuando éste se encuentra en un nivel elevado de madurez, que cuando se encuentra en los primeros inicios. Gesell8 hizo ejercitarse a uno de dos gemelos idénticos en la

subida de escaleras, mientras al otro se le impidió realizar este mismo ejercicio. Cuando el niño entrenado alcanzó un determinado nivel de rendimiento, se permitió al segundo subir las escaleras, alcanzando el mismo nivel de habilidades en mucho más corto espacio de tiempo. Se podría argüir que el sujeto no entrenado podía estar practicando los elementos componentes del patrón de conducta que configuran la subida de las escaleras, pero también se puede pensar que el hecho de recombinar estos movimientos en un patrón más rápidamente sugiere que la maduración estaba funcionando.

Otro de los argumentos que se han invocado a favor de la maduración es la evidencia neurofisiológica existente sobre la mielinización, ya que muchas conductas son absolutamente impracticables mientras el proceso de mielinización no ha alcanzado un determinado nivel.

1.3. Aprendizaje

Aunque son muchas las definiciones formuladas por los psicólogos sobre el aprendizaje, la más común es la de un cambio permanente de conducta producido como consecuencia de la práctica. Es evidente que la maduración es indispensable para que se produzca el desarrollo, pero también es verdad que la maduración no es suficiente. Riesen9, por ejemplo, ha demostrado que, debido a la ausencia de estimulación luminosa durante los primeros

meses de vida, se producía una atrofia parcial en la retina de los monos. Asimismo, Harlow10 ha demostrado que los

monos, privados durante los seis primeros meses de vida del contacto con los iguales, sufrían alteraciones de la conducta. Frente a otros grupos de monos, los que no habían disfrutado de la interacción social se volvían masoquistas, indefensos y sexualmente inactivos.

Dentro del comportamiento humano son bien conocidas las alteraciones graves de la personalidad que se producen cuando los niños no tienen oportunidad de establecer relaciones afectivas con la madre, como ha señalado abundantemente Spitz11 , lo que pone de relieve la importancia del aprendizaje social para el normal desarrollo de la

personalidad humana.

Tanto el aprendizaje como la maduración son necesarios, incluso se implican mutuamente, ya que ambos se funden en el desarrollo del individuo. A veces, sin embargo, se han querido entender como realidades separadas y hasta se ha desatado la polémica sobre cuál de ellas es más importante en la contribución que prestan al desarrollo de la persona. Pinillos 12 establece una serie de conclusiones que iluminan la perspectiva evolutiva por lo que se refiere a

estos dos componentes evolutivos:

- la maduración es condición necesaria, pero no suficiente del desarrollo; hace falta ejercicio o aprendizaje;

7L. Carmichael. The development of behavior in vertebrales experimentally removed from the influence of external simulation: Psychological Revew 33 (1926) 51 - 58

8Arnold Gesell y H. Thomson, Learning and growth in identical twins: Genet. Psichol. Monogr. 6 (1929). 1 - 124 9 A.H. Riesen, The development of visual perception in man and chimpancé: Science 106 (1947) 2744, 107 - 108

10 H. Harlow y M Harlow, Privación social en los monos, en R.C. Atkinson, Psicología contemporánea. Blume, Madrid 1975 11 R.A. Spitz, Hospitalism: The psychoanalistic study of child (1945) 53 – 54.

- la estructura genética de la especie y del individuo pone límites o techo al desarrollo, pero en el ser humano estos factores son bastante elásticos;

- el ejercicio prematuro no acelera los procesos maduracionales: «no por mucho practicar se madura más temprano»;

- la insistencia en el ejercicio o la enseñanza precoz puede perturbar el desarrollo normal, enfrentando al sujeto con metas inalcanzables para el momento evolutivo en que se encuentra;

- las posibilidades de influir en el desarrollo por medio del aprendizaje son muy limitadas, pero superiores a lo que la psicología comúnmente cree.

1.4. Desarrollo

Es el término más amplio de todos los utilizados. En este sentido viene a abarcar comprensivamente al crecimiento, a la maduración y al aprendizaje. El desarrollo hace referencia a cambios en la naturaleza y organización de la estructura y la conducta de un organismo sistemáticamente relacionados con la edad, es decir, cambios evolutivos y, por tanto, acumulativos e irreversibles.

El proceso de desarrollo presenta una serie de rasgos característicos que conviene examinar.

1.4.1. Diferenciación

En primer lugar, el desarrollo es un proceso de diferenciación. Inmediatamente después de la concepción, el huevo fertilizado comienza a dividirse y multiplicarse. Al principio, las células son estructural y funcionalmente indistinguibles, pero un poco más tarde las células comienzan a diferenciarse unas de otras convirtiéndose en células especializadas en la estructura y en la función, como, por ejemplo, células nerviosas o células musculares. Lo mismo se puede advertir en la diferenciación de las respuestas del niño de un año, que son al principio globales y luego locales. El niño alcanza un objeto al principio con los brazos, las piernas y la cabeza, pero poco a poco este movimiento generalizado se va haciendo más preciso hasta que lo alcanza sólo con el brazo.

Las reacciones emocionales del niño son globales e indefinidas, una especie de respuesta de excitación general, que luego va dando paso a las emociones diferenciadas de alegría, miedo o cólera. Lo mismo se puede decir de la concepción esquemática que el niño tiene, al principio, del cuerpo humano, que se va diferenciando progresivamente a medida que se articulan los elementos componentes. La inteligencia es, al comienzo, también una habilidad general que va diferenciándose con el tiempo en habilidades especiales: inteligencia espacial, numérica, verbal, etc.

1.4.2. Integración

La integración es una consecuencia de la diferenciación. Puesto que las células del organismo se diferencian en la estructura y en la función, la supervivencia de cada célula y la estructura total depende de la integración cooperativa que se logre de todas estas diferentes funciones. La única manera de asegurar el correcto funcionamiento del organismo es conseguir que la actividad de los distintos órganos esté coordinada al servicio del organismo como un todo. Ahora bien, la necesidad de esta coordinación está en función del grado de autonomía logrado por los órganos particulares.

El aprendizaje es un buen ejemplo de integración. Evolutivamente se puede observar la forma en que las habilidades se van organizando en patrones cada vez más complejos, como ocurre en el aprendizaje del juego o del lenguaje, donde se combinan los sonidos para formar palabras y éstas para formar sentencias. Dentro de un nivel más general, las teorías de la personalidad utilizan el término integración para describir la manera en que las actitudes, los valores, los motivos y las opiniones tienden a ser consistentes y coherentes con la personalidad. En general, a medida que el niño se desarrolla, descompone su ambiente y sus experiencias en piezas que poseen sentido para él, y después reagrupa y reorganiza estas piezas dentro de un nuevo conjunto que él percibe como su yo y su mundo.

1.4.3. Proceso de transacción entre organismo y ambiente

El desarrollo es esencialmente un proceso, una actividad continua que sigue una dirección perfectamente orientada hacia la madurez. Es además un proceso de cambio en el cual el niño se desarrolla, absorbiendo todo lo que le está sucediendo a él, biológica y mentalmente, mientras combina todas estas experiencias con las experiencias previas.

Lo que resulta es una nueva organización, una nueva creación, producto de todos estos ingredientes. Ahora bien, si el desarrollo es un proceso de transacción, de intercambio, entre el organismo y el ambiente, la conducta humana (inteligencia, comportamiento social, etc.) es modificable por la experiencia.

1.4.4. En el desarrollo se revela el individuo como una totalidad

En el desarrollo humano, la persona es más que la suma de sus partes, ya que éstas constituyen un verdadero sistema. La organización no es, sin embargo, estática; la persona se encuentra en un proceso constante de organización, un proceso que sólo se detiene con la muerte. La conducta del individuo es un producto de toda su herencia y de todo su ambiente, dentro de una organización individual; es un individuo distinto y único que construye sus reorganizaciones desde los factores que contribuyen a su propio desarrollo. La inteligencia también debe ser entendida de acuerdo con la consideración del niño como un todo. La inteligencia es una forma de conducta y, como toda conducta, refleja la organización de la persona; en este sentido, está influida por su equipamiento biológico, por las experiencias de la vida, la naturaleza de la cultura en que vive y las relaciones humanas en las que está comprometido.

1.4.5. El individuo es un sistema abierto de energía

El niño, que se caracteriza por su actividad, en lugar de buscar la reducción de la necesidad o de la tensión, busca el equilibrio de la energía y de la información. La apertura de un sistema depende de la cantidad de intercambio entre él y lo que está fuera. Un sistema abierto significa que la persona está continuamente siendo influida por e influyendo en su ambiente.

Un sistema abierto de energía mantiene un estado idóneo, es decir, intenta mantenerse a sí mismo y equilibrar las fuerzas que hay dentro de él. No es simplemente un proceso homeostático, es decir, una respuesta reactiva al ambiente psicológico y fisiológico, de manera que el desencadenamiento de la conducta reside fuera del organismo, sino que el organismo es actor y está continuamente activo.

El estado idóneo significa que el organismo no vuelve a un estadio anterior, sino hacia adelante, a una nueva organización que le mantiene en un equilibrio perfecto. Esta nueva organización se de riva de su condición anterior, pero incorpora la nueva información recibida del ambiente a través del feed-back. Parece existir un óptimo de energía para cada individuo y que éste opera para mantenerse habitualmente dentro de este rango de energía. Pero el organismo no trata de reducir la tensión por sistema, como algunos han llegado a pensar; por el contrario, si el organismo no se siente suficientemente activo, puede elevar el nivel de tensión y encontrarla satisfactoria.

1.4.6. Estadios sucesivos

Una forma generalmente aceptada de interpretar el desarrollo es describirlo en términos de estadios o fases que el sujeto tiene que recorrer, cualquiera que sea su contexto social o cultural. Ahora bien, los límites de un estadio deben ser delineados de manera no arbitraria. Por eso mismo, los criterios para definir un estadio no pueden ser de carácter cuantitativo, sino cualitativo, como, por ejemplo, cambios en la organización conductual o la emergencia de formas nuevas de conducta. Por otra parte, el orden secuencial de esos cambios cualitativos que señalan empíricamente estadios particulares debe ser constante. La edad en que los individuos entran en un estadio varía, pero los individuos tienen que atravesar los mismos estadios en el mismo orden.

1.4.7. Plasticidad

La especie humana, como ha señalado Pinillos, es la que posee un período más largo de desarrollo, ya que una tercera parte de la vida es de carácter progresivo, centrada por tanto en tareas de adquisi ción. Es verdad que el hombre a lo largo de toda la vida está abierto de forma permanente al desarrollo de su personalidad, pero también es verdad que, a partir de los años juveniles, su conducta va perdiendo elasticidad y, por ello mismo, oportunidades de alcanzar objetivos más elevados.

En los animales existen unos períodos llamados críticos que hacen referencia a unos intervalos de tiempo en los que el organismo está especialmente preparado para adquirir determinadas habilidades o pautas de comportamiento. En estos períodos de tiempo se aprende más, mejor y más rápidamente.

Ahora bien, cuando transcurren esos intervalos de tiempo, la capacidad adaptativa, de aprendizaje, disminuye, y las adquisiciones se hacen más difíciles y lentas. En los animales, esos períodos críticos son muy breves, quizás de horas, mientras que entre los seres humanos son mucho más prolongados.

Algunas experiencias como las señaladas anteriormente (síndrome de hospitalismo de Spitz) dejan una huella profunda en la personalidad del hombre. Pero los efectos no hay que considerarlos tan drásticos ni, por supuesto, irreversibles, como en algún momento se pensó, ya que la naturaleza humana es especialmente plástica, y esa plasticidad se manifiesta tanto en la naturaleza elástica de los períodos críticos como en la capacidad de reor ganizar la estructura personal a lo largo de la vida.

In document FacPsi.Psic.Gen.Beltrán LLera (página 34-38)