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Teorías sobre el desarrollo

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Maduración y desarrollo L

2. Teorías sobre el desarrollo

En un sentido amplio, la teoría sobre el desarrollo del niño hace referencia al conjunto de ideas y procedimientos utilizados en la práctica educativa. En este sentido, todos los padres tienen su propia teoría sobre el desarrollo, bien en forma de máximas o proverbios, bien en forma de estrategias educativas. En sentido estricto, una teoría se refiere al sistema orgánico de conocimientos, elaborados científicamente a través de una metodología adecuada y con una pretensión principalmente teórica.

Desde el punto de vista científico, la teoría tiene una doble función: descriptivo-explicativa y predictiva. En el primer caso, la teoría se propone suministrar una base para reunir y condensar los hechos esenciales sobre el desarrollo, propiciando, a la vez, claves explicativas de los mismos. En el segundo caso, la teoría va más allá de los hechos conocidos y aventura predicciones empíricas sobre los hechos que pueden ocurrir. Estas predicciones deben ser públicamente verificables.

El interés de la teoría científica reside en su capacidad para centrar la investigación en torno a determinadas áreas definidas como prioritarias o complejas. De ahí que toda teoría practique cierto reduccionismo, prescindiendo de fenómenos que, desde el punto de vista de otras teorías, aparecen como relevantes. La mayor parte de las teorías psicológicas han desempeñado un papel importante en el desarrollo de los conocimientos acerca del niño. Nos vamos a referir aquí a las tres teorías más señaladas: la teoría psicoanalítica, la teoría del aprendizaje y la teoría cognitivo-evolutiva de Piaget.

2.1. Teoría psicoanalítica

La teoría psicoanalítica constituye quizás el impacto más significativo sobre las teorías del desarrollo del niño y, en general, sobre las prácticas educativas. El material utilizado por el psicoanálisis para establecer sus enunciados está formado por las ideas y sentimientos expresados por los pacientes en su relación terapéutica, es decir, se trata .de un material patológico y sin referencia directa a la conducta. La amplia resonancia alcanzada por el psicoanálisis en el terreno científico se explica, sobre todo, por el carácter científico de la época en que apareció, por el atractivo de la teoría misma y por la posibilidad abierta de llegar a descubrir los estratos más profundos del alma humana.

2.1.1. Estructura de la personalidad

Para el psicoanálisis, la estructura de la personalidad presenta tres instancias que delimitan en el ser humano una esfera biológica (el ello), otra psicológica (el yo) y otra socio-moral (el súper-yo). El hombre como ser biológico tiene un cuerpo cuyas necesidades requieren satisfacción; como ser psicológico, tiene conciencia y debe mantener el equilibrio entre las necesidades del cuerpo y las demandas de la sociedad; como ser social, tiene que desarrollar una conciencia y adoptar las ideas de la sociedad donde vive.

• El ello. El ello, como instancia más primitiva, es lo que el ser humano tiene desde el nacimiento: impulsos y deseos que no son aceptados por la vida consciente; representa la parte oscura de la personalidad. El niño cuando nace es sencillamente ello, carente de instancias rectoras que controlen su conducta. Tan sólo está regulado por el principio del placer, que no conoce la moral ni los juicios de valor.

• El yo. El yo no existe desde el principio. Nace del ello bajo la influencia del mundo exterior y representa la actividad intelectual y voluntaria del ser

humano. Sin el yo, el individuo acabaría estrellándose contra la realidad exterior, empujado por las exigencias del ello. El yo se convierte así en una instancia mediadora entre el ello y la realidad exterior, de necesidad vital para la conservación del individuo.

Mientras el ello está regido por el principio del placer, el yo está regido por el principio de la realidad. El yo también tiene que hacer frente a las exigencias del súper-yo que levanta su voz contra los deseos del ello.

De esta forma, el yo se encuentra apresado entre los requerimientos del ello, que busca satisfacer sus deseos; del súper-yo, que se ha convertido en una instancia punitiva en caso de quebrantar una norma; del mundo exterior, que impone el principio de la realidad; y de sí mismo, que trata de encontrar fórmulas de compromiso para reducir la tensión provocada por las diversas situaciones conflictivas.

• El súper-yo. El súper yo, la tercera instancia psíquica, nace del yo. El yo asimila las normas vigentes en la sociedad y en la cultura a través del aprendizaje realizado en contacto con los padres. Estas normas constituyen la voz internalizada de los padres y de la sociedad. El yo se forma mediante la acción de dos mecanismos: la identificación y la introyección. El niño se identifica con los padres e introyecta dentro de sí la imagen que ellos le ofrecen. Él súper-yo, instalado dentro del sujeto, se convierte de esta forma en la instancia crítica -conciencia personal— que censura las actividades opuestas a las normas de conducta de tipo convencional. Además de la función critica, el súper-yo representa también las aspiraciones que el sujeto tiene acerca de sí mismo; incluso los arquetipos absolutos, lo más alto y noble que la vida ha ido elaborando a lo largo de los siglos, forman parte del ideal del yo.

El ello, que no tiene contacto con la realidad y que influye en la personalidad de forma inconsciente, busca la gratificación inmediata de las necesidades. El niño y el adulto inmaduro están gobernados más por las demandas del ello que por el yo realista o el super-yo censurante. El yo es capaz de demorar una acción que aliviaría las tensiones, si esa demora tiene interés, a largo plazo, para el sujeto. El super-yo es la autoridad internalizada que castiga a través de los sentimientos de culpa, e incluso ante la mera proposición de una conducta reprobable.

Estas tres instancias o esferas de la personalidad no son propiedades físicas, sino constructos hipoté ticos, nombres dados a funcionamientos observados en la realidad. De las tres instancias, sólo la primera, el ello, está presente desde el nacimiento. Durante los primeros años de vida se van desarrollando el yo y el super-yo. El ello y el super-yo operan sobre la conducta de forma inconsciente, en contraste con el yo, cuya motivación conductual es consciente.

2.1.2. Desarrollo psico-sexual

La persona humana, según Freud, está motivada por impulsos que buscan satisfacción a través de la expresión en el mundo exterior. En el hombre hay, desde el nacimiento, una doble realidad pulsional: el impulso de vida (Eros o libido: impulso a conservar la propia vida y propagar la especie humana) y el impulso de muerte (tanatos, impulso agresivo contra uno mismo o contra los demás). Ahora bien, todas las funciones corporales como la respiración, excreción, comida, etc., pueden expresarse directamente desde el nacimiento, excepto el impulso sexual, que sólo alcanza la actividad consumatoria en la madurez; por eso busca expresarse a través de otros impulsos, de su funcionamiento y de otras localizaciones corporales.

La libido es, para Freud, una entidad cuántica; una energía que puede aumentar y disminuir, y tiene un marcado carácter biológico. Freud ha dejado claramente dibujada la secuencia del desarrollo psico-sexual, que ha dividido en estadios y va estrechamente ligada a la teoría de la libido. Los estadios significan tanto momentos evolutivos como órganos corporales en torno a los cuales está fijada la libido. Los estadios siguen una línea secuencial ascendente, pero el individuo puede quedarse fijado en alguna de sus etapas o incluso regresar a etapas anteriores de su evolución.

a) Estadio oral. Desarrollo de la dependencia

El centro de interés del niño está en la boca, a través de la cual tiene la sensación de placer. La boca le proporciona el contacto con el pecho de la madre y le permite satisfacer sus necesidades de alimento. La fase oral se revela abiertamente por la tendencia del niño a llevarse cualquier cosa a la boca o chuparse el dedo. El estadio oral se divide en dos subestadios: el oral dependiente y el agresivo. Este segundo se produce en el momento del destete. El niño se muestra agresivo a causa de la frustración que le produce el destete y también por las sensaciones que acompañan al crecimiento de los dientes.

A lo largo de este estadio, el niño aparece fisiológica y psicológicamente inmaduro y dependiente, necesitado por ello del cuidado de los padres o adultos. Pero tanto, la excesiva gratificación como la excesiva frustración pueden ocasionar fijaciones, haciendo que la libido quede adherida a la zona erógena en la que el niño encontraba placer. En términos psicoanalíticos, estas conductas no representan sucesos específicos, sino estilos potencialmente durables de relación con el mundo.

En realidad, el punto focal de la organización de la personalidad infantil en este período no es necesariamente la boca, sino la constelación total de inmadurez, dependencia, deseo de ser protegido, etc. Los individuos fijados en este estadio desarrollan un sentido optimista del mundo, tienen relaciones adultas dependientes, son amistosos, generosos y esperan que el mundo los proteja. El tema crucial de este estadio es el destete. Cuanto más difícil es para el niño dejar el regazo de la madre y los placeres asociados con ella, mayor será la proporción de libido dejada en este estadio.

b) Estadio anal Posesividad

Al comienzo del segundo año de vida, la zona erógena objeto de la libido es la región anal. El niño siente placer en la retención y expulsión de las heces y de la orina. El conflicto se establece entre las demandas de satisfacción (por parte del niño) y las normas sociales (representadas por los padres) que le exigen eliminar en un lugar determinado, y esto pone límites a su gratificación.

El tema de este estadio está relacionado con el afán de poder, y se desarrolla en torno al entrena miento del aseo. Si el niño prolonga la retención, puede provocar la inquietud de los padres; si lo hace arbitrariamente, provoca su indignación. Esta forma de agresividad puede emerger en la vida adulta revistiendo formas de terquedad excesiva o de capricho. Sólo si acepta las demandas de los padres, establecerá la base del autocontrol personal. La fijación en este estadio puede estar favorecida por la gran severidad de los padres.

c) Estadio fálico

Alrededor de los cuatro años, la región genital se convierte en foco de placer libidinal reflejado en la curiosidad, inspección y estimulación de los órganos sexuales. El centro del conflicto lo constituye el deseo de poseer al padre del sexo opuesto y el miedo a la venganza del padre del mismo sexo. Este complejo edípico -amor por la madre y sentimientos hostiles hacia el padre, a quien tiene por rival- se resuelve, por parte del niño, identificándose con el padre y adoptando su conducta, actitudes y valores.

d) Período de latencia

El complejo edípico suele estar resuelto en torno a los seis años y entonces comienza el período de latencia. Con este nombre se hace referencia a un cierto período de calma respecto a los impulsos se xuales, que tiene indudablemente un carácter biológico, pero también cultural. De hecho, este período coincide con la entrada formal en la escuela y el ingreso en el grupo de iguales. Como la escuela y los amigos absorben por completo el interés y la capacidad de atención del niño, desaparece la preocupación sexual, que suele ser una fuente de conflicto con los padres, a quienes molesta la simple demanda de información sobre el tema.

e) Estadio genital

Al comienzo de la pubertad surgen de nuevo, y con fuerza renovada, los impulsos sexuales, y el adolescente tendrá que hacer frente a las sanciones de los padres y de la sociedad en relación con esos impulsos. Asimismo, el adolescente tiene otras dos tareas importantes que realizar en este momento: aceptar su propio sexo y lograr un ajuste adecuado con el sexo opuesto a través de las relaciones heterosexuales. Con la orientación adecuada de estas importantes tareas, el ciclo psico-sexual, al no existir fijaciones o regresiones a estados anteriores, parece encaminado, y el individuo puede establecer relaciones provechosas con los demás y vivir una vida satisfactoria. Para Freud, estos dos últimos estadios, el de latencia y el genital, tienen menos importancia que los estadios anteriores, ya que la personalidad está ya establecida desde los primeros años.

2.1.3. Estructura del carácter

Freud ha señalado que el yo se encuentra apresado entre los deseos insistentes del ello y las prohibiciones impuestas por los padres. Los conflictos pueden surgir a lo largo de todo el proceso de evolución psico-sexual dando lugar a una serie de mecanismos que el niño utiliza para regular los deseos peligrosos y superar así las etapas que la libido recorre en su proceso evolutivo. Estos mecanismos se desarrollan en forma de rasgos de carácter. Pue de ocurrir, por ejemplo, que la libido quede fijada en alguna etapa pre-genital de desarrollo y se mantenga así invariable en la vida adulta. En este caso, no ha habido verdadero desarrollo del carácter; se ha producido más bien una perversión.

Otra modalidad con antecedentes evolutivos es la formación de reacción. El sujeto reacciona entonces negando el instinto. Así, la limpieza y el orden serían formaciones de reacción contra los deseos de placer orgánico. También suele utilizarse, para resolver los conflictos planteados a lo largo del desarrollo, la llamada conducta de sublimación, que es una satisfacción sustitutiva. El interés hacia el dinero, por ejemplo, es una sublimación, ya que el dinero es un objeto sustitutivo.

La forma más elevada del carácter viene determinada por el carácter genital. Este estadio supone el establecimiento de un yo fuerte y consolidado que, después de haber recorrido y superado las distintas etapas sin fijarse en ninguna de ellas, llega al modo racional del comportamiento, de acuerdo con los principios de prudencia y consideración de los demás.

Para Freud, la madurez humana viene expresada adecuadamente por dos palabras esenciales, el trabajo y el amor, que revelan mejor que ninguna otra el verdadero carácter genital. El hombre maduro, el hombre mentalmente sano es el hombre productivo y capaz de amar. Pero el amor significa la superación del narcisismo, de manera que la ma- durez psicológica se identifica con la salud mental, y ésta con la virtud.

Al comentar la teoría psico-analítica, conviene destacar, en primer lugar, las aportaciones de Freud a la psicología del niño tanto desde el punto de vista teórico -suministrando hipótesis— como desde el punto de vista práctico, es decir, en el terreno de la acción educativa. Así, hay que señalar la importancia de las experiencias infantiles tempranas como determinantes cruciales en la estructura de la personalidad, el carácter irracional que adopta la conducta en muchos momentos de la vida, la identificación como proceso de asimilación y de introyección de las pautas sociales, el papel de las relaciones interpersonales en la relación de la conciencia,

la descripción de una línea secuencial básica del desarrollo psico-sexual y la interpretación de la estructura del carácter como consolidación de las formas de reacción ante los desafíos planteados al sujeto en cada uno de los estadios de desarrollo.

También hay que señalar algunas criticas, entre otras el carácter mecanicista de su sistema interpretativo de la conducta humana, el origen del carácter social y moral entendidos como elaboraciones de la libido o formas de reacción ante el impulso, la reducción de la conciencia a meras introyecciones de pautas parentales o socioculturales y, sobre todo, desde el punto de vista metodológico, la reducción de sus investigaciones a la verbalización de ideas y sentimientos al margen de la conducta observable.

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