Los procesos de politización de las 29 panistas fronterizas, como se ha tratado de mostrar aquí, involucraron distintos antecedentes ideológicos y partidarios, personales y familiares, alianzas matrimoniales que pudieron estimular o frenar su militancia; condiciones de vida que las orillaron a vincularse estratégicamente al Partido para mantener un terreno donde vivir, para enfrentar liderazgos depredadores. Otras mujeres, y a veces las mismas, llegaron a la vida partidaria por la coincidencia con una Iglesia que las invitaba a incidir en la vida pública, acercando a los más disímiles sectores sociales.
Ahora bien, el caudal de votos por el PAN, la vigilancia de los procesos electorales y las movilizaciones y acciones de protesta que se llevaron a cabo durante esos años, requirieron de otra serie de coincidencias que tuvieron lugar en la esfera política misma: desde la revaloración de la democracia a escala mundial, hasta la tenacidad de un núcleo duro de panistas que se mantuvieron por décadas en condiciones adversas, y un partido que se transformó y creció con la coyuntura económica crítica desde mediados de los setenta y la profundización de la crisis de 1982.
Conviene destacar lo inédito de los acontecimientos que entonces tuvieron lugar, entre otras cosas, para poder otorgar una justa dimensión a la valoración que las mujeres hicieron de su participación política, así como de la influencia que ésta ejerció en su persona y su vida familiar. No era extraño, de este modo, escuchar el paralelismo que se establecía en Ciudad Juárez como cuna de la democracia, aludiendo a las batallas de la Revolución en 1911 y las movilizaciones de 1986 por la defensa del voto. Las mujeres se comparaban así, explícitamente, como soldados y adelitas, por el valor y la determinación con que enfrentaron múltiples riesgos y agresiones. Promoción Política de la Mujer tomó, como ya se ha mencionado, el nombre de Cuartel de la Democracia, por ejemplo. El triunfo de Ernesto Ruffo en 1989 como primer gobernador de oposición en Baja California, aunado a la cadena de elecciones complicadas o fraudulentas en Tijuana, dio también un sentido de relevancia histórica y responsabilidad a las militantes que trabajaron para lograrlo.
Por lo demás, la reflexión sobre las más grandes satisfacciones de su experiencia partidaria articulaba a menudo las esferas personal/familiar, social y política, intentando desvanecer las fronteras que tampoco dejaban de estar presentes para delimitar el lugar de las mujeres en la familia y en la política. Dolores Pacheco, de Ciudad Juárez, viuda y con ocho hijos, señalaba lo siguiente: “…la política más importante y creo que para muchas mujeres, es su familia, pero es una política diferente a ésta [la del partido]…”. Es decir, hay jerarquías, y la familia es primordial, pero en ambas se ejerce la política. Y en la del partido:
[La] experiencia que he tenido es que he madurado muchísimo, he tenido una comunicación con personas […] he aprendido muchísimo, muchisísimo […] me gusta sentarme a platicar con gente que está preparada para poder aprender, he aprendido muchísimo de Acción Nacional (Dolores Pacheco, Ciudad Juárez, 1992).
177 Refiere Dolores así, dos aspectos de la mayor importancia: el rompimiento de una condición de aislamiento en el que se vive como ama de casa, por un lado, y la superación personal con el aprendizaje que ella atribuye al partido político:
Antes se nos tenía muy… ¡tú mujer de casa a hacer todo lo que estaba dentro de casa! Te casabas y ¿qué esperanzas? Ni siquiera podías trabajar, aunque hubieses sido una mujer profesionista. ¡Ahora no! Como ahora, a mí me llena de gusto porque hacemos nuestros recorridos, nuestros mítines, o promoción de la mujer. Me fascina ver a cientos de mujeres: -yo ya dejé mi casa lista, mi comida preparada y vine a participar y estoy participando-, entonces la participación en política de la mujer es primorosa porque estamos preparadas y tú vas a preparar a tus hijas, si tú estás dentro de la política vas a ir preparándolas como mujercitas (Dolores Pacheco, Ciudad Juárez, 1992).
Se ha mencionado ya que Dolores sufrió diferentes episodios que pusieron en peligro su vida. La hija más pequeña tenía entonces siete años de edad. Narraba que hubo momentos en que pensaba que, tal vez, no la volvería a ver. Otros en los que resistió la crítica de las hijas mayores. Consideraba, no obstante, que “todo ha valido la pena” al poder contar con un gobernador del PAN por seis años [en 1992] “para sus hijos”.
Las fronteras o límites entre la vida pública y política se desvanecían, también, cuando se referían a las más grandes satisfacciones de su experiencia política, lo cual no extraña, ya que a lo largo de las entrevistas ha sido éste uno de los principales aspectos. Juanita Luna, de Ciudad Juárez lo expresaba así:
[…] el hecho de que en mi familia, los [de] parentesco […] consanguíneo, todos tengan los principios de Acción Nacional como suyos, mis amistades más queridas, el medio en el que me rodeo social y religiosamente también; las satisfacciones que hemos ganado: casillas en las cuales yo he buscado los representantes de casilla, en el 83 cuando ganó Francisco Barrio ¡una cosa tremenda, hermosísima! Son satisfacciones que nunca se van a borrar porque fueron momentos muy hermosos, independientemente las satisfacciones del diario, de que vamos a dar un curso y la gente se queda emocionadísima [y] hace suyos los principios del partido (Juanita Luna, Ciudad Juárez, 1992).
El aspecto del crecimiento personal, por lo demás, se expresaba con relatos de muy distintas circunstancias. Al asumir responsabilidades políticas, los retos obligaban a enfrentar toda suerte de temores y carencias, reales o ficticias. Carmen Sánchez, de Ciudad Juárez, contaba lo siguiente:
En el ochenta y cinco ya empecé de plano con las casillas, entonces fue para mí un trabajo tremendo porque nunca lo había hecho, no tenía facilidad de palabra, no sabía hablar, pues tenía muchas limitaciones ¿no? una persona que está dedicaba nada más al negocio, estás […] como quien dice, encerrada en un circulito, entonces yo batallé bastante, nada más que entonces sí tenía la ayuda de mi marido. Él me dijo, si usted quiere, vamos a conseguir […] a los representantes […] fuimos a hablar a una iglesia [donde] había una
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junta y […] fuimos a tocar puertas, […] hubo una casilla […] para la que no conseguía yo representante, y entonces ¡desesperada! ya se me iba a vencer el tiempo y no conseguía a nadie, entonces […], donde estaba el carro con el engomado [con propaganda del PAN] tocaba yo y preguntaba si era de ellos el carro –pues vengo a conseguir representante. Fue un trabajo muy bonito porque fui a conocer a la gente, qué piensa, también para mí fue crecimiento porque tuve que ya ordenar en mi mente lo que iba a decir [...]. Yo aprendí a hacer los manuales, aprendí oratoria; no soy buena oradora, nunca jamás seré, pero sí, cuando menos, sé hablar o no le tengo miedo a la gente de hablar. Sé cómo hacer un discurso y cosas así ¿no? Yo siempre los leo porque memoria no tengo mucha […] pero sé cómo hacerlos […] y si yo me hubiera venido al PAN sin pasar por el ANCIFEM, no sería lo que soy ahorita, no tendría la forma de participar como ahorita (Carmen Sánchez, Ciudad Juárez, 1992).
El juego de la negociación, de hacer que tus opiniones cuenten, parafraseando a Carmen Sánchez, también es fuente de satisfacciones. Nos decía ella misma:
[…] han sido muchas, muchas que son pequeñas cosas, mi felicidad no la siento en grandes cosas, pero sí en pequeñas cosas porque muchas veces, cuando les gano una - de las mujeres piensan que no somos inteligentes- y cuando he propuesto una cosa y luego salen con que no, o así, y que les demuestro con hechos de que no es y de que les gano, para mí, eso es ganar una, ¿verdad? Y decir: ‘pues es que yo tenía razón’, se hizo como yo decía y como yo opinaba y como yo quería, de esas se gana muchas, muchas por intuición (Carmen Sánchez, Ciudad Juárez, 1992).
Las enseñanzas que se mencionan suelen aludir a la fortaleza que ellas han tenido que adquirir para enfrentar las dificultades, tanto de la vida política cotidiana, como de las grandes decepciones de una campaña perdida o arrebatada, Dolores Pacheco, de nueva cuenta, comentaba:
Yo creo que no tienes que ponerte a llorar cuando te pasa algo, ¡no, no! Te ladeas pero no vayas a tocar el piso, para que no te quedes en el piso. Hay que levantarte, se lleva [uno] muchas satisfacciones, pero también tienes tus momentos difíciles, amargos, hay lágrimas, pero ahí va mi experiencia (Dolores Pacheco, Ciudad Juárez, 1992).
Y al hablar de las dificultades, Carmen Sánchez, concluye: “¡Ah, bueno! ¡De esas hay cantidad, y más siendo mujer […]”.
En conclusión, podemos señalar que la identidad femenina panista, vista a través de la expresión de este grupo específico de militantes, muestra un cuerpo bastante sólido en aspectos que las unifican e identifican como tales. Las historias personales y familiares parecen trenzarse aquí con acontecimientos de un periodo que bien podría calificarse de especial: un paréntesis temporal (1982- 1992) que potenció y reactivó militancias de décadas, al tiempo que atrajo a grupos de mujeres que, tal vez, nunca habrían pensado en sí mismas como activistas de un partido político.
179 En este sentido, la memoria histórica, expresada en el dominio de lo que pasó en años pasados, el conocimiento de personajes panistas destacados y de los principios ideológicos, desempeña un papel importante como recurso que acredita su derecho de pertenencia al campo de la política y, en particular, del PAN. La memoria desempeña, pues, un papel destacado, reiteramos, como componente fundamental de la identidad. Recurso que también entra en juego para distinguir entre distintas clases de panistas. Así, quienes no disponen de este recurso simbólico, parecen contar con menor prestigio en el ámbito de poder que, también y simultáneamente, conforma al partido político. De la memoria traída a colación, destaca la violencia política de la que, nos cuentan, eran objeto los panistas, independientemente de que se tratara de mujeres, y de sus hijos. Destaca de estos relatos cierto orgullo y cierta sensación de empoderamiento por haber contribuido a “sembrar la semilla de la democracia”. Del recuento de esta memoria es notable la condición de igualdad en la que ellas se posicionan frente a los hombres panistas. Como cuando se subraya que “nos apedrearon y nosostros recogíamos las piedras y las devolvíamos”. El sujeto es aquí un plural inclusivo que denota, otra vez, igualdad (con los correligionarios) y pertenencia. La cohesión entre las mujeres panistas, sin embargo, brilla especialmente cuando narran la Caravana por la democracia de 1968 y el cierre de la movilización donde, además, nos muestran cómo los movimientos sociales acuden a la historia patria como parte de su estrategia.
La práctica política de las mujeres panistas, a través de Promoción Política de la Mujer, por ejemplo, aporta beneficios indudables al partido, se trate de tiempos de militancia normal o extraordinaria. De esta dimensión destaca especialmente el símil del PAN con el modelo idealizado de familia. En parte en razón de sus bases ideológicas, pero también por la forma en la que se realizaban las actividades políticas en tiempos en los que el partido, en Ciudad Juárez o en Tijuana, no alcanzaba más que a un pequeño, pero tenaz, grupo de militantes. Tal vez la peculiaridad del PAN frente a otros partidos políticos, y el éxito para atraer a mujeres a sus filas, se encuentre en la forma especialmente efectiva de transmitir a través de la dimensión práctica y simbólica, la imagen y la atmósfera de que se trataba de un partido/familia. Similitud o identificación en el que ellas mismas influyeron, ayudando a construir un espacio de la política al cual podrían transitar y en el que podrían habitar sin dejar de sentirse, un poco, como en casa.
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CONCLUSIONES
En el marco de la transición mexicana a la democracia, la participación de las mujeres de la frontera norte vinculadas a un partido conservador, tuvo especial relevancia. Entender en qué consistió su proceso de politización y el papel que ellas desempeñaron en esta transición fue el doble objetivo que guió el desarrollo de esta tesis. Presento aquí las conclusiones de una investigación que se enfocó al análisis de la participación política de las mujeres militantes panistas en Ciudad Juárez, Chihuahua, y Tijuana, Baja California, durante los años ochenta del siglo pasado. Investigación que nos aproxima a la cuestión, de carácter más general, de cómo se genera y se articula cierta resistencia individual y colectiva contra un orden de dominación que es simultáneamente de género y política. Se trata de un caso que permite acotar con claridad ciertas condiciones de tiempo, subjetivas y territoriales que considero especialmente interesantes y aún determinantes.
Entre 1982 y 1992 –periodo central de este estudio–, tuvieron lugar acontecimientos de la mayor importancia tanto a escala internacional como nacional: la caída del muro de Berlín, el derrumbe de dictaduras latinoamericanas y los bonos en ascenso de la democracia, por ejemplo. El número de los países democráticos se incrementó considerablemente durante los tardíos años ochenta, y después de 1990 había claramente más democracias que regímenes semiautoritarios y autoritarios en el mundo (Campbell, 2008, p. 7). En México, dicho periodo fue también de cambios profundos: tuvo inicio un nuevo modelo económico (con altos costos sociales) y se registró una importante insurrección electoral que dio paso a una lenta y complicada transición a la democracia.
Durante esos mismos años, el feminismo y las movilizaciones de mujeres se hicieron especialmente presentes a escala internacional, y México no fue la excepción. Entre las distintas expresiones de su participación social y política, el activismo de las mujeres por la apertura democrática recayó en las panistas. Sobre todo durante la primera parte de la insurrección electoral, y aun antes, como se ha visto en esta tesis. Conviene destacar, sin embargo, que su intervención tuvo lugar en medio de una atmósfera de ascenso de las demandas por la equidad de las relaciones entre hombres y mujeres. Ascenso que se daba a contrapelo de una densa estructura práctica y simbólica en la que el orden de dominación masculino tenía un gran peso. El activismo de las mujeres de la frontera norte presenta especial interés al mostrar aspectos que permiten esclarecer la construcción social de la la derecha, al atraer a mujeres de distintos sectores sociales, y destacadamente, de sectores populares. El Partido Acción Nacional, actor importante en la transición mexicana a la democracia, se ha caracterizado como un partido de clases medias y conservador en moral social. Los sectores empresariales y la iglesia católica se desempeñaron, del mismo modo, como aliados en la oposición al partido hegemónico, ordenando un contexto de participación femenina todavía más complejo.
La región fronteriza condensa también una problemática social, cultural y económica, cuyos elementos son, así mismo, factores de la participación política de las mujeres: pertenece a
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un área culturalmente transnacional dividida por una línea y un muro fronterizos que unen y dividen a Estados Unidos –el país más rico del mundo– con México, que ocupa el 15ª lugar por su PIB nominal. Las dos más importantes ciudades de la la frontera norte, Ciudad Juárez y Tijuana, destacaron en la insurrección electoral, especialmente entre 1982 y 1992. Se trata de ciudades
feminizadas, tanto por los procesos migratorios como por la atracción que ha ejercido un peculiar
tipo de industria, llamada maquiladora, dedicada al ensamble de productos de exportación. Sobre todo durante el periodo de estudio, dicha industria contrataba privilegiadamente mano de obra femenina.
El planteamiento que guió la investigación consistió en entender y hacer inteligible por qué, cómo, y con qué consecuencias las mujeres, especialmente de los sectores populares de Ciudad Juárez y Tijuana, se insertaron en la militancia del PAN durante este periodo, desde una perspectiva personal y colectiva. Aquí presento un breve recuento sobre los resultados más importantes y una reflexión general sobre algunas de sus implicaciones teóricas y metodológicas.