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B’iikuu-fiesta y ritualidad

Como un espacio catalizador de la comunalidad, en la fiesta hallan expresión los diferentes elementos de la comunalidad; es el acto donde se manifies- ta que hay pertenencia al espacio vital y/o territorio. Simbólicamente y de acuerdo con la religiosidad, en el caso de los iñ bakuu, que en el proceso de la conquista espiritual se acopla al catolicismo, está el santo patrón, que es la equivalencia del Ibi, que en lengua d’bakuu significa: dueño, cuidador, gene- rador, guardián; entonces, la fiesta es un acto de agradecimiento por permitir la estancia y hacer lugar para la comunidad y cobijarla con sus energías. Esto se desprende de los relatos de la memoria presente en las personas de Tlaco- lula, sobre el lugar que ahora ocupa la comunidad, relata Silverio Villar:

…era una ciénaga, por lo que había árboles y pasto. Cuando se establecie- ron, la madera de los árboles la utilizaron para parar los horcones para las casas y el pasto para techarlas. Pero no podían edificar casas porque había mucha agua, entonces buscaron una persona de conocimiento,41 llegó una

mujer, una madre anciana que hizo un trabajo para que el agua se fuera por abajo y ya no brotara.

La relación con el espacio vital se establece desde el diálogo, la comunicación con las energías, no es el arrasamiento de la vida o la invasión sin concesión, es canalización de las energías vía petición, dentro de una relación de respeto:

Esa persona de conocimiento que hace trabajos utilizando las fuerzas natura- les logró que se empezara a secar la tierra y poder ser cultivable, en tanto, también la piel se fue secando. Luego buscaron un santo en quien creer que estuviera en el centro del lugar, lo trajeron por allí donde viven los zapotecos, ese es el santo San

41 En lengua d’bakuu, se nombra Iñ denuu, de donde es contracción de iña: gente y de-

nuu, que sabe o conoce, de donde se infiere que el Iñ denuu es una persona de conocimien- to; o cuЄ, que es una forma de nombrar a quienes tienen la posibilidad de comunicarse con las energías presentes en los ojos de agua, montañas, el bosque; y también es capaz de manipularlas para que traigan el bien, como curar enfermedades, e incluso ciertos males dirigidos a alguien en específico.

Sebastián, que hasta ahorita tenemos. Se celebró desde entonces a este santo, se trató de unificar con el santo de Tepeuxila, pero no se pudo y ahora, pues celebra- mos a nuestro propio santo patrón (Hernández y Ángeles, 2009).

Así entonces, se establece en el centro del lugar un sitio para la celebra- ción con actos de carácter ritual y en forma de agradecimiento, que una vez cumplidos, dan paso a la festividad mundana, de algarabía y felicidad, lo que viene a reforzar el sentido de pertenencia a la comunidad y, por supuesto, al espacio vital.

La fiesta, al ser de carácter comunalitario, hace partícipes a todos los inte- grantes de la comunidad; hay quienes fueron nombrados para las actividades que complementan el ritual que implica la relación del ser humano y sus espacios con lo sagrado (Barabas, 2002: 3), se organizan para avenir el espacio con flores, incienso, velas y los arreglos de figuras multicolores en papel o plástico picado; el cantor de la iglesia cumple con su servicio, igualmente la banda filarmónica municipal, crea un ambiente de respeto y sacralidad con sus notas musicales en los espacios habilitados ex profeso.

Más tarde, en el caso de la fiesta del santo patrón San Sebastián, la alegría desborda corazones, ahí también hay bandas filarmónicas, que ya sea como servicio o como aportación voluntaria participan con sus piezas musicales en la conformación de un ambiente que hace partícipes a todas las generaciones pre- sentes en la comunidad. El lugar, igualmente habilitado para la alegría, también es producto de la aportación de trabajo comunalitario en forma de ntíñ’náa; los organizadores, son nombrados para cumplir temporalmente la encomienda de hacer posible la fiesta.

En Ñ’Ngúu, durante el año hay fiestas en las que la alegría es la constante, y en otras, el ambiente está cargado de ritualidad, como lo es la fiesta de todo- santos; esta festividad se compone de cuatro momentos. El primero, se realiza el primer domingo de octubre, se parte de la iglesia que está en el centro de la comunidad a los panteones viejo y nuevo. En el trayecto, la banda filarmónica municipal ejecuta música fúnebre; la finalidad es avisar a los fieles difuntos la proximidad de su retorno a la comunidad. El segundo, durante los días 31 de octubre y 1º de noviembre, un día dedicado a los niños y el otro a los adultos,

se va a traerlos a los panteones con el rezandero y música y se retorna con ellos para dejarlos en el centro de la comunidad. En el tercero, hay una calenda que consiste en que el cantor de la iglesia y la banda filarmónica municipal, se hacen presentes en cada hogar para que en el altar familiar se realice un ritual para los festinados de la ocasión. El cuarto, consiste en ir a dejarlos al panteón –con la banda de música y el rezandero–, partiendo de la iglesia, una vez que estuvieron un día con la familia; esto es en los días: primero y dos de noviembre.

El simbolismo es evidente, en el caso del llamado a los muertos y al ir a traerlos con el rezandero y la banda filarmónica municipal interpretando música fúnebre; al partir de la iglesia –lugar de donde se despidieron corporalmente de su comu- nidad –a su última morada corporal, indica que será el mismo camino de retorno que habrán de transitar al integrarse temporalmente a la comunidad y a su familia; pero lo más importante es que al iniciar el trayecto de la iglesia, que es también centro de la comunidad, indica que se le despidió espiritual y corporalmente del lugar donde hizo comunidad, y de ese mismo sitio parte la invitación a regresar y compartir con quienes lo esperan en el tiempo que se ha establecido para ello.

Encaminar al espíritu de los difuntos al panteón, partiendo igualmente de la iglesia, tiene el mismo sentido, es un adiós de la comunidad, con los para- bienes para la otra vida que el rezandero se encarga de enunciar, ya habrá otro momento para un retorno próximo. El que se visite cada hogar y hacer un ritual breve por parte del cantor ante el altar familiar acompañado con música fúne- bre, significa que la estancia de los visitantes espirituales con sus familiares, es bendecida y es esperada fervorosamente; también de esta manera, la ofrenda del altar está lista para que los espíritus de los comensales visitantes hagan de su estancia un placer gastronómico.

La fiesta de todosantos y los rituales que implica, es un indicador de que en la comunidad de Tlacolula, quienes han abandonado corporalmente el mundo no dejan de pertenecer a ésta, por ello, la comunidad toda se convierte en un lugar con la comida suficiente para la satisfacción plena de los visitantes, y el ritual es deseo de una estancia espiritual sin conflicto, acompañada por las dei- dades en las que creyó.

B. Comunidad-comunalidad y espacio vital-territorio

Los pueblos originarios de Abya Yala, con su particular forma de vivir y mirarse a sí mismos, de igual manera que en su interacción con unos otros, mantienen una relación de carácter comunalitario con su entorno o espacio vital, y su entramado social obedece a esta práctica societaria, lo que le da la cualidad nombrada como comunalidad.

Así, para poder tener una aproximación a los distintos espacios de manifes- tación de las prácticas comunalitarias, por cuestiones de abordaje, se agrupan en: espacio vital, organización comunitaria y perspectiva de mundo-conoci- miento, los que conforman una tríada; aunque para los pioneros de la comu- nalidad lo integran los elementos: territorio comunal, trabajo comunal, poder comunal y fiesta comunal.

La tríada que aquí se plantea, no tiene la intención de contradecir los apor- tes de los teóricos de la comunalidad, sino que desde la perspectiva comunali- taria presente en el pueblo iñ bakuu, su práctica comunal se integra esquemá- ticamente de la siguiente forma:

con su perspectiva de mundo-conocimiento; todo ello se retroalimenta y per- mite configurar y reconfigurar los tres elementos de la tríada que son inter- dependientes.

Desde nuestra concepción se entiende así: el espacio vital está ahí, pero ge- nera en quien habita en él una mirada, una concepción, un pensar y un senti- miento; quien se vincula con su territorio, genera reflexiones en lo social, que a su vez plantean una forma de organización societal que no se contrapone a la posibilidad de que el espacio vital favorece; el espacio vital, con los flujos energéticos y entes ahí presentes es recíproco con la sociedad que lo respeta y ayuda a permanecer en un equilibrio temporal donde fluye vida.

Los elementos de la tríada se conforman a su vez de ciertos componentes que ayudan a darle coherencia a esa concepción del mundo, lo que se desarro- lla sintéticamente en los apartados subsiguientes.

Espacio vital-territorio vivido, apropiado, recreado y sacralizado

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