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El ntíñ’náa-trabajo comunal, su sentido comunalitario

…una asamblea decide que va a haber tequio, o sea, aquí la asamblea es la que manda, pero cuando ya dicen vamos a limpiar el camino…este hay que llevar machete y otra herramienta.

Francisco Pérez R. En todas las sociedades, existen necesidades que superar, condiciones y cir- cunstancias que de una manera u otra condicionan a los sujetos; las prácticas de carácter organizativo que les dan unidad de sentido las marcan, y por lo tanto, las diferencian de otras, o en su caso, las identifican, las hermanan y posibilitan la construcción de un horizonte común.

Las comunidades descendientes de los pueblos nativos de Abya Yala, en di- versos aspectos coinciden, convergen y confluyen, tal es el caso de sus prácti- cas de vida, la organización comunitaria, entre otras. Un ejemplo es el trabajo comunal o ntíi’ñaa. En la lengua d’bakuu, al trabajo comunal se le dice ntii’ñaa, palabra-concepto que se compone de dos vocablos: ntiñuu-trabajo y ñaa, co- munidad-pueblo; así, el concepto del ntíñ’náa tiene el equivalente de trabajo comunal o comunitario; esta es una actividad físico-material en beneficio del colectivo comunitario, realizada con la participación de los sujetos comunali- tarios, en donde el sujeto comunal, a diferencia del ciudadano, es un actor en la solución colectiva de las problemáticas que enfrenta cotidianamente.

Es necesario diferenciar las categorías de ciudadano por un lado y sujeto comunal por otro; el ciudadano. El sujeto mayor de 18 años, tiene ya dere- chos y responsabilidades; desde la mirada occidental se han librado luchas históricas por sus derechos individuales, sociales, colectivos y culturales, para garantizar o asegurar que se puedan cumplir, ha construido el Estado una estructura jurídico política garante de sus conquistas, también ha creado di- versas instancias que se hagan cargo del cumplimiento de dichos derechos; su aporte para que esto pueda concretarse es el pago de impuestos y la elección

periódica de sus representantes. Para el caso del sujeto comunal, desde peque- ño se incorpora a ciertas actividades comunitarias, como la seguridad comu- nitaria, él es parte de ésta (Sarmiento, 2008: 15); para las mejoras del pueblo, él es mano de obra, para la organización comunitaria, es un sujeto dispuesto a asumir el cargo; es decir, él se convierte en parte de la solución del problema, propone y actúa, critica y construye. Esta es una pequeña y gran diferencia entre ambos sujetos.

Aquí, se afirma que el sujeto comunal es parte de la solución del problema que afecta a su comunidad; ir al ntíñ’náa (trabajo comunal), implica la parti- cipación de todos los adultos mayores de 18 años, por ejemplo, para mejorar las condiciones de un camino vecinal, para la construcción de una escuela, una iglesia, la pavimentación de una calle, etc.; el ntíñ’náa es la aportación de la fuerza de trabajo en colectivo a la comunidad; si se ha de disfrutar de un beneficio, habrá que ser parte de la solución en la acción directa.

El ntíñ’náa como parte del entramado de las prácticas de vida comunitarias, es una forma de expresión de la vida colectiva de una comunidad. El ntíñ’náa no es ocurrencia de la autoridad, no es una mera distracción de la energía de los co- muneros, es una actividad orientada hacia el pro-mejora del pueblo; el ntíñ’náa es actividad decidida por un colectivo comunal y dirigido por las autoridades. Es lo que se desprende de lo que afirma don Pablo Martínez “… pues si urge, pues luego hay que hacerlo, que este día, este otro día… nada más que no nos agarran así de prisa, pues luego hay trabajo, nos fijan una fecha, todos lo hacemos, así lo hacen” (Entrevista, 19/04/10).

Aquí es de suma importancia que la autoridad tome el punto de vista de los comuneros, de tal manera que se valore la pertinencia de la actividad; la autoridad no manda, no se impone, más bien es observadora de su comuni- dad, percibe las necesidades, procesa, coordina, propicia la participación y propone posibles soluciones; finalmente, deciden todos en la junta comunal; así entonces, es la comunidad la que decide si habrá de realizarse la actividad, también los tiempos en que habrá de concretarse; esta manera de trabajar co- lectivamente es con cualquier autoridad, sea comunal o municipal, también en las instituciones educativas, los padres de familia reproducen esta práctica.

El trabajo comunal también requiere de prestancia y disposición, de la complementariedad de los sujetos, todos están para que la tarea se realice. Esta forma de trabajo colectivo se ha venido practicando desde tiempos in- memoriales, es parte de la herencia milenaria que los primeros pobladores dejaron a los que transitamos el “tiempo hoy”39, o como se dice en lengua

d’bakuu: ngub’k’u40, el tiempo contemporáneo.

Anteriormente, el trabajo comunal no sólo era para superar algunas nece- sidades comunitarias que requerían del esfuerzo físico colectivo, también eran para ayudar al vecino a construir su casa-hogar, ya sea porque así lo necesitaba por el deterioro natural, o porque iniciaba una vida de pareja, o más bien, iba a casarse o se acababa de casar; precisamente por ello, la comunidad se apropiaba del compromiso, porque así podía contar con otro comunero más, para engran- decer a su comunidad, de ahí el hecho de participar en la construcción de un espacio físico para la familia. Así lo refiere Silverio:

…habían otras costumbres, (…) nuestras casas no eran de adobe, eran de pastizales, (…) se hacía tequio, se tocaba la campana, si el señor necesitaba de su casa, va y le habla a la autoridad para que le echen una mano y ya pues, el pueblo es el que carga la casa (techo), había un explorador y va sonando un carrizo, él ya había explorado por dónde podía pasar y llegar; donde iba a ser la casa ya habían puesto los horcones grandes para colocar el techo; él prepara el tepache y… prepara y… maíz molido, agua fresca como si fuera horchata, los que no toman tepache, toman su horchatita de

maíz, la gente era organizada, (…) nosotros como niños, lanzábamos los pastos (Entrevista, 19/04/10).

La práctica descrita, se ha dejado de hacer por razones como el cambio en el tipo de viviendas, también por la penetración de la perspectiva individualista y la económica.

Al ntíñ’náa se asiste porque el pueblo requiere del trabajo de los que ahí viven, es una responsabilidad participar, no se fuerza a ello de manera puni- tiva, sino a través de prácticas en las que el sujeto no podrá ser reconocido si no participa; así, la comunidad es la que observa, valora, sanciona y premia, desde su particular concepción de justicia comunal.

De ahí lo importante que es conservar este dispositivo comunalitario, por su aporte social, es un espacio de socialización-comunalización de los sujetos y mani- festación del sentido de pertenencia, amén de la fusión de horizontes, en el sentido de que pasado y presente están unidos, en la expereiencia de las comunidades como Ñ’Ngúu, la tradición es la solución colectiva de las necesidades que les preocupa y ocupa, y con sus dispositivos, se disponen a actuar: Gadamer por su parte plantea:

“El horizonte del presente no se forma al margen del pasado. Ni existe el horizonte del presente en sí mismo ni hay horizontes históricos que ganar.

Comprender es siempre el proceso de fusión de estos presuntos horizontes para sí mismo. (...) La fusión tiene lugar constantemente en el dominio de la tradición; pues en ella lo viejo y lo nuevo crecen siempre juntos hacia una validez llena de vida, sin que lo uno ni lo otro lleguen a destacarse explícitamente por sí mismo” (Gadamer, 2003: 376-377).

Para estas comunidades, más allá de sólo hallar el horizonte de sentido como enunciación, la tradición tiene que encontrar sentido en la práctica, en la acción; de tal forma que se objetive en el momento de superar una situación que preocupa y se considera necesaria en la contingencia o emergencia, y en ese actuar, fortalecen su tradición y mantienen el horizonte con perspectiva comunalitaria; así, tradición y acción se funden y se actualizan.

39 En referencia a la enunciación “este tiempo” en español, en la noción de temporalidad

de los iñ bakuu, se refiere a estos días o los días actuales, la expresión concreta es hoy día o la contemporaneidad que vivimos.

40 En lengua d’bakuu, cuando hay referencia a ciertas prácticas que se diferencian, con-

trastan, retoman, o se actualizan, siempre se dice: ngubk’uu como complemento, expresión

que es una contracción de ngubii y k’uu; donde: ngubii, significa día; y k’uu, éste; el último

término como indicativo; así, la expresión deconstruida significa hoy día, pero que tiene dos acepciones, dependiendo del contexto de su expresión; una, cuando se alude a la concreción de una actividad concertada; la otra, cuando se refiere a la actualidad en cual- quier situación, este es el contexto de referencia que aquí se alude.

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