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gran desarrollar activamente su vida social en el tiempo libre.

A continuación se realiza el análisis de la pre- valencia de los indicadores de déficit en los dis- tintos años según el lugar de residencia habitual de las personas, los estratos socio-económicos a que pertenecen, las características personales y las del hogar en el que viven teniendo como re- ferencia las figuras AE2.6.1, 2 y 3 del Anexo es- tadístico 2.

PARTICIPACIÓN COMUNITARIA

En la sección anterior se mencionó que no participar en asociaciones o actividades sociales explica la mitad del comportamiento del índice de vida social y tiempo libre en todos los años estudiados.

El elevado déficit de participación comuni- taria entre la población urbana fue aumentando desde 2004, pero a un ritmo más acelerado entre 2005 y 2007; en el último año la variación absoluta llegó casi a un punto porcentual, mien- tras que en los dos años anteriores aumentó el déficit más de 5 puntos porcentuales. Sin duda los conflictos vigentes desde 2007 como el de la pastera Botnia, el campo, la inflación y los re- clamos salariales –relacionados con la descon- fianza sobre las estadísticas oficiales de precios y pobreza– pueden haber convocado a la ciuda- danía a participar más en grupos o actividades específicas y entonces el déficit de participación fue menor.

Esta no participación se observa tanto entre la población del Gran Buenos Aires como de las ciudades del interior (figura AE2.6.1). Con va-

riaciones interanuales de signo contrario, en las ciudades del interior aumentó el déficit signifi- cativamente entre 2006-2007 y creció menos de 2 puntos porcentuales en los cinco años; en cambio, en el GBA la no participación creció desde 2004 y se desaceleró el último año, alcan- zando 7 puntos porcentuales más en 2008 que en 2004. Esta falta de participación social fre- cuente estaría indicando que los residentes de las grandes ciudades argentinas no comparten intereses que los unan mediante lazos estables y fuertes con los otros. Sólo en situaciones coyun- turales los ciudadanos participan espontánea- mente de algún grupo no organizado y efímero que los congrega por una necesidad u objetivo general, sectorial o barrial (reclamos salariales, inseguridad, medidas contra el narcotráfico, de- sabastecimiento de electricidad o agua, apoyo o rechazo a un proyecto de ley, etc.), pero estas ex- presiones colectivas no están siendo evaluadas por nuestra encuesta.

Con respecto a la estratificación social se ra- tifica lo manifestado en los informes del Barómetro de la Deuda Social Argentina de años anteriores. La participación social está positiva- mente asociada con el estrato socio-económico y con el nivel de educación; es decir, que cuanto más alta es la posición social y el nivel educa- tivo, las personas tienen mayor probabilidad de participar en grupos de tipo secundario.

Es destacable que en el estrato muy bajo au- mentó el déficit de participación social todos los años desde 2004 (7,5 puntos porcentuales) acentuándose en el período 2005-2007. Desde entonces sólo una de cada diez personas parti- cipó activamente en algún grupo. En la clase medio alta también aumentó el déficit en más de 7 puntos porcentuales durante los últimos

cinco años: mientras en 2004 participaban cuatro de cada diez personas, en 2008 lo hacen sólo tres.

Al analizar las restantes características seña- ladas en la figura AE2.6.1 puede afirmarse que la falta de participación social se asocia tanto a hombres como a mujeres y con los menores ni- veles educativos que caracterizan a los estratos sociales más bajos.

En el último año aumentó la participación de los varones, adultos, jefes de familia, del estrato bajo y con educación primaria completa. Por el contrario, disminuyó entre las mujeres, ma- yores de 60 años y que manifestaron ser jefas de hogares no familiares y unipersonales.

La variación absoluta entre 2004 y 2008 in- dica que el déficit de participación social au- mentó significativamente entre las mujeres no jefas de hogar residentes en el Gran Buenos Aires y menores de 35 años.

PRÁCTICAS DE SOCIABILIDAD

Se considera déficit de prácticas de sociabi- lidad a la situación de las personas que no tienen tiempo libre o que teniéndolo no lo usan para salir con su familia o amigos o realizar tra- bajos comunitarios o solidarios. Este déficit au- mentó levemente entre los años 2004 y 2006 (25% a 30%) y retrocedió en los dos últimos años llegando al valor más bajo en 2008 (22%). No obstante, estas variaciones no son estadísti- camente significativas. En otras palabras, si en los primeros años aproximadamente tres per- sonas de cada diez tuvieron déficit en el desa- rrollo de las prácticas de sociabilidad en su

tiempo libre, en 2008 descendió a dos personas cada diez (figura AE2.6.2).

El comportamiento de este indicador pre- senta diferenciales por estrato socio-económico. Las brechas entre el estrato muy bajo y el medio alto se mantienen significativas durante los cinco años y por cada persona de la clase más alta que no usa su tiempo libre para prácticas de sociabilidad, hay aproximadamente dos del es- trato muy bajo en la misma condición. El déficit disminuyó entre 2006 y 2008 en ambos es- tratos.

Este indicador parece presentar un compor- tamiento contracíclico. En los primeros años del período, caracterizado por un alto desarrollo económico y la disminución de la desocupación, la población optó menos por salir en su tiempo libre con familiares y amigos o realizar tareas solidarias –tal vez optaron por otras actividades más caras o no tuvieron tiempo libre porque tra- bajaban más–; en cambio, cuando se avizoró una desaceleración de la economía, en la crea- ción de empleos y comenzó a perfilarse el au- mento del costo de vida, la conducta fue de mayor contención de los gastos y la recreación se restringió al círculo de personas más cer- canas.

Intuitivamente no cabría esperar diferencias en la baja de prácticas de sociabilidad en el tiempo libre por sexo; sólo en 2008 con la dis- minución de 6 puntos porcentuales en el déficit de los varones hubo una diferencia significativa entre ambos, con mayor privación entre las mu- jeres. En general la carencia de prácticas de so- ciabilidad estuvo asociada en la medición de 2008 con las personas mayores de 34 años, con educación hasta secundaria completa, que viven

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