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Poder y libertad: una teoría política

78 BEENARD BAILYN

de las ramificaciones o funciones gubernamentales.16 Estaban de acuerdo, en general, acerca de lo que Molesworth escribió al de­ finir un “ auténtico whig” en su Introducción a la obra de Hotman, Franco-Gallia (1 7 1 1 ): “ es aquel que sostiene exactamente la rigi­ dez de la muy antigua constitución Gótica, con sus tres estados, del rey (o reina), los señores (Lords) y el vulgo {Com mons), de­ pendiendo la legislatura de los tres en conjunto, y hallándose el

1G Robert Shackleton arguye ( “ Montesquieu, Bolingbroke y la Se­ paración de Poderes” , French Studies, III [1949], 25-38, y Montesquieu

[O xford, 1961], pp. 298-301) que Montesquieu interpretaba el equilibrio de la constitución inglesa según la moderna idea de la separación de los poderes y que había inferido esta idea del Craftsman, de Bolingbroke. Este argumento parece poco convincente en ambos puntos a juzgar por las prue­ bas presentadas. L o más que puede afirmarse, al parecer, es que al co ­ ntentar la constitución inglesa Montesquieu trata, en efecto, de mostrar la correspondencia de las fuerzas sociales con los poderes que actúan en el gobierno (a los que, por cierto, definió claramente com o legislativo, eje ­ cutivo y ju d icia l), pero no llegó a hacerlo con la suficiente claridad. Véase

Spirit of the Latos (Franz Neumann [com p .], Nueva Y ork, 1949), libro ix, sec. & (esp. p. 156; cf. p. Iviii). Su parcial y confusa combinación del concep­ to del Estado mixto con el concepto moderno de la separación de poderes (que los colonos, ocasionalmente, extrajeron sin duda de sus escritos: por ej., Boston Gazette and Country Journal, 2 de enero, 1758) es descripta por Weston en English Constitutional Theory, pp. 124-125; por Betty Kemp,

King and Commons, 1660-1832 (Londres, 1959), pp. 82-85; y, sobre todo, por W . B. Givyn, The Meaning oí Separaáan of Poioers (Tulane Studies in Political Science, IX , Nueva Orleáns, 1965), pp. 104, 109; este trabajo de particular importancia llegó a mis manos demasiado tarde como para ser empleado en la elaboración de este libro. Bolingbroke, en su debate con los publicistas de W alpole sobre si el equilibrio gubernamental se alcanza adecuadamente por la independencia o por la dependencia mutua de los poderes, daba por sentado, com o sus oponentes, que el objeto de la discusión era el gobierno mixto de Inglaterra, o la constitución, o el Rey, los Lores y los Comunes. Véase Isaac Rram nick, Bolingbroke and His Circle: The Politice of Nostalgia in the Age of ¡Palpóle (Cambridge, 1968), espec. cap. V I ; y Gwyn, Sepáration of Potuers, pp. 91-99. En los argumentos de Bolingbroke se entremezclan los conceptos de equilibrios y controles, la constitución mixta y la separación de poderes; los hallaremos repetidos lite­ ralmente por Thomas Hutchinson en su notable mensaje del 14 de ju lio de 1772 a la Cámara de Massachusetts, en el cual intentó justificar la propo­ sición de un salario independiente para el gobernador de ese Estado poi analogía con la independencia del Rey, los Lores y los Comunes, en Ingla­ terra. Thomas Hutchinson, __The -History o f . . . Massachusetts-Bay (Law- rence S. Mayo [com p .], Cambridge, 1936), III, Apéndice W (esp. pp. 408- 4 0 9 ). Más adelante se sugiere, cap. V I, sec. 3®, que en Norteamérica los orígenes de la moderna doctrina de la separación de poderes se hallan en los esfuerzos revolucionarios por recrear el equilibrio gubernamental dentro de una sociedad que básicamente carece de toda división en ca­ tegorías o Estados. Para una referencia sobre el profundo y esclarecedor análisis de Montesquieu y la doctrina de la separación de poderes en Massachusetts en vísperas de la controversia revolucionaria, véase Ellen E. Bren'nan, Plural Office-Holding in Massachusetts, 1760-1780 (Chapel H ill, 1945)', cap. ii; sobre los orígenes ingleses de la doctrina, cf. Gwyn, Sepa- ration of Poivers, caps, iii-v.

L A REVOLUCIÓN NORTEAMERICANA 79

ejecutivo confiado al primero de ellos, aunque con la obligación de rendir cuentas a todos los demás en caso de mala administra­ ción” . En otras palabras, estaban de acuerdo primordialmente y de manera muy significativa en que estos tres órdenes sociales integraban y compartían, y así debían hacerlo, por representación o algún otro medio, el poder legislativo del gobierno. El poder, en las funciones legislativas, según lo explicaba Moses Mather, con palabras que obtenían universal aprobación, se hallaba ubicado con tanta prudencia como para coordinar las fuerzas y preservar los derechos de tod os; cada estado está dotado de una facultad de auto­ defensa contra las extralimitaciones de los otros dos por medio de la posi­ bilidad de oponer su negativa a alguna o a todas sus resoluciones, de manera que ni el rey n i la nobleza ni el pueblo puedan ser despojados de sus derechos n i de sus propiedades, a no mediar su propio consentimiento otorgado en el Parlamento, y no pueden dictarse leyes ni imponerse tributos salvo cuando fuere necesario, y ello a ju icio de los tres estados reunidos en el Parlamento, para el bien común y los intereses del rein o.17

Se convenía también en que las funciones del ejecutivo eran, en gran medida, si no totalmente, atribución esencial del primer estado de la sociedad, la Corona. Se entendía que los derechos que podía ejercer eran los derechos propios del poder: prerro­ gativas y privilegios que naturalmente correspondían al monarca y sus servidores. Pero la conformidad llegaba sólo hasta allí. Existían varias interpretaciones que intentaban explicar de qué manera este equilibrio de las fuerzas sociales obraba para impo­ sibilitar el indebido ejercicio de las prerrogativas inherentes al poder. Algunos autores consideraban que bastaba con el equi­ librio y el resguardo asegurados por el hecho de que la acción del ejecutivo se viera circunscripta a ciertos límites impuestos por leyes, en cuya elaboración hubiesen participado los tres poderes. Pero otros eran capaces de concebir expedientes más sutiles para delimitar las prerrogativas propias del poder. Una cuestión fun-

17 Francis Hotman, Franco-Gallia. . . (trad. de Molesworth, 2® ed., Londres, 1721), p. vii (la Introducción de Molesworth fue reeditada sepa­ radamente en 1775 com o The Principies o¡ a Real W h ig ); Mather, America’s Appeal (JH L 5 9 ), p. 8. Cf. la formulación de Trenchard en su History of Standing Armies, reproducida con autorización por Bolingbroke en su

Craftsman, N9 198 (ed. en vols., Londres, 1731, V I, 1 4 2 ): “ T od o gobierno prudente trata, dentro de lo posible, de mantener separadas las ramas legislativa y ejecutiva, de manera que puedan fiscalizarse reciprocamente. Nuestro gobierno no concede al R ey ninguna facultad legislativa excepto una voz negativa, que es absolutamente necesaria para preservar al eje­ cutivo. Parte de las obligaciones de la Cámara de los Comunes consiste en penar a los transgresores y corregir los perjuicios ocasionados por la parte

ejecutiva del gobierno; ¿y cómo podría cumplir esta función si se tratara de las mismas personas, a no ser que su espíritu público fuera lo bastante profundo como para ahorcarse o ahogarse ellas mismasl” .