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Poder y libertad: una teoría política

72 BERNARD BAILYN

diado con mayor detenimiento, era el de Dinamarca. La supresión de las libertades parlamentarias en Dinamarca se había producido unos cien años atrás, es cierto, pero este suceso, prolijamente exa­ minado en un tratado famoso en los círculos opositores y en Norte- américa, fue vivido como una experiencia contemporánea por los colonos.

An Account o f Denmark (1694), de Molesworth, dejó esta­ blecido el concepto general, implícito en todas las otras bistorias similares pero explícito en ésta, de que la preservación de la liber­ tad dependía de la capacidad del pueblo para mantener eficaces controles sobre quienes gozan del poder y, por lo tanto, en último análisis, de la vigilancia y la fibra moral del pueblo. Algunas for­ mas de gobierno exigen de la virtud de la población sacrificios particularmente gravosos. Era sabido que la democracia — el go­ bierno ejercido directamente por todo el pueblo— demandaba vir­ tudes tan espartanas y abnegadas por parte de todos, que probable­ mente sólo sobreviviría donde la necesidad impusiera una recta conducta a fin de asegurar la perpetuación de la raza. Otras fo r­ mas de gobierno, como las aristocracias, por ejemplo, requieren obligaciones menos estrictas, pero aun en éstas son indispensables la virtud y la vigilancia sin tregua, al menos por parte de la clase gobernante, si se quiere que las prerrogativas sigan siendo justas y que los peligros de la tiranía queden desterrados para siempre. La falta de esta vigilancia era lo que babía postrado la libertad en Dinamarca, puesto que allí una nobleza disoluta, más interesada en usar sus privilegios para satisfacer sus pasiones que para servir al Estado, había desatendido su seguridad y permitido alistar un ejército permanente,. que pronto suprimió la constitución y las libertades que ésta protegía.

Lo contrario de todo esto era igualmente cierto y de implica­ ciones mucho más directas. Los contados países que habían con­ seguido mantener sus libertades pese a todos los esfuerzos de su­ puestos tiranos movidos por la ambición del poder, habían perte­ necido a pueblos esforzados cuya vigilancia nunca había decaído y cuyas virtudes no habían sido contaminadas. Los suizos, un pue­ blo rústico aislado en su retiro montañoso, eran antiguos miembros de ese heroico grupo; habían ganado su libertad hacía mucho tiempo y la habían sostenido desde entonces inquebrantablemente. Los holandeses eran miembros mucho más recientes: apenas un siglo antes se habían liberado del despótico dominio de España; ellos también constituían un pueblo animoso, de virtudes inflexi­ bles .y calvinistas, y estaban dirigidos por una aristocracia alerta. Más recientes todavía en su evasión de las sombras eran los cor­ sos, cuyo levantamiento contra el poder de los genoveses, apoyados por Francia, había empezado apenas en 1729; en la época de la

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Ley del Timbre se hallaban todavía luchando para mantener su independencia y libertad, b ajo la conducción de Pasquale Paoli. 9 Pero por sobre todo estaban los ingleses mismos. La actitud asumida por los pobladores de las colonias ante el mundo entero de la política y del gobierno se había gestado fundamentalmente en la arraigada convicción de que ellos, como británicos, com­ partían un sin igual legado de libertad. Creían que el pueblo in­ glés, aunque se había visto amenazado con frecuencia por déspotas surgidos de entre ellos mismos, había conseguido sostener, en gran medida y durante un lapso mucho más prolongado que cualquier otro pueblo, una tradición de exitoso control del poder y de aque­ llas malas inclinaciones de la humana naturaleza que podrían im­ pedirle cumplir sus funciones apropiadamente.

Si se tienen en cuenta los obstáculos naturales que se oponen a la obtención de tales triunfos y en vista de la deplorable historia de otras naciones, todo ello, tal como los colonos podían apreciarlo, había sido una extraordinaria proeza. Aunque no de índole mila­ grosa, pues era posible explicarla históricamente. El habitante co ­ mún de Inglaterra, según ellos creían, descendía de simples y v i­ gorosos sajones que habían conocido la libertad desde los mismos albores de la raza y que, a través de los siglos, no habían perdido el anhelo de preservarla. Pero había hecho falta algo más que el anhelo. Allí estaba la peculiar “ constitución” de Inglaterra, des­ cripta por John Adams, reforzando, estructurando, expresando ese temperamento del pueblo, amante de la libertad, con palabras que casi todos los norteamericanos aprobaban hasta antes de 1763, c o ­ mo “ la más perfecta combinación de los poderes humanos dentro de la sociedad, que haya podido idear y llevar a la práctica la li-

9 A cerca de los despotismos más recientes, en especial Dinamarca y Suecia, véase Votes and Proceedings of Boston (JH L 3 6 ), p. 3 5 ; Dulany,

Con-síderations (JH L 1 3 ), p. 46n; Samuel Williams, A Disecarse on the Love of our Country. . . (Salem, 1775: JH L Pamphlet 5 5 ), p. 2 1 ; H . Trevor Colboum, The Lamp of Experience (Chapel H ill, 1965), pp. 74, 137. Sobre los Estados libres sobrevivientes, véase, por ejemplo, John Joachim Zubly,

The Lato of L ib e r ty ... (Filadelfia, 1775), Apéndice, pp. 3 3 4 1 ; [Cárter Braxton], An Address t o . . . Virginia; on the Subject of G overnm ent...

(Filadelfia, 1776: JH L Pamphlet 6 6 ), p. 18; [James Chalmers], Plain Truth . . . Containing Remarles o n . . . Common Sense. . . (Filadelfia, 1776: JH L Pamphlet 6 4 ), pp. 9 y ss.; [Charles Inglis], The True Interesl of America__Strictures on a Pamphlet lntitled Common Sense — (Fila­ delfia, 1776), pp. 46, 61. Para un detenido análisis del influyente ensayo de Molesworth, Account of Denmarlc, véase Commonwealthman, de Robbins, pp. 98-109, 393-394. Sobre los corsos, consúltese por ej. en Arthur Lee la comparación entre sus luchas contra franceses y genoveses con las de los atenienses contra Jerjes, de los hambreados romanos contra sus dis­ tintos sitiadores, de los flamencos contra “ un monarca de inmenso poder” y de los georgianos contra los turcos. “ M onitor V ” , Virginia Gazette ( R ) , 24 de marzo, 1768.