y seres ajenos a su refinamiento
5.3. Las burlas realizadas por un encantador
No es infrecuente que en los libros de caballerías la magia sirva de motivo de placer y de humor. En numerosas ocasiones aparecen espec- táculos cortesanos en los que un encantador utiliza su saber para alegrar festejos en la corte. Estos espectáculos cortesanos no eran mera literatura. A. del Río Nogueras ha estudiado la relación entre estos espectáculos fic- ticios y los históricos.191
En nuestro texto, tan sólo un episodio humorístico está vinculado a la burla mágica. Es el protagonizado por Galtenor, que engaña a Claridia- no para gastarle una broma inocente (II, 29). Inicialmente la broma recuerda a los robos que los caballeros bromistas (Fraudador de los Ardi- des, en el Florisel de Niquea, o Velador de las Mañas, en el Febo el troyano) llevan a cabo aprovechándose de la buena fe de los caballeros, lo que con- fundiría inicialmente al lector. El objeto de la broma es el protagonista en persona, que será el único que no se ría, aunque sí lo harán sus acompa- ñantes (Caicerlinga, Coridón y Fidelio).
La broma de Galtenor implica su transformación: el sabio se hace pasar por un anciano abandonado por su escudero. Cuando el héroe le cede su propio caballo y le ayuda a montar, «el falso viejo aprieta las pier- nas con tanta presteza que hizo ir al cavallo bolando». Claridiano, encole- rizado, no duda en lanzar improperios al ladrón («¡Viejo falso y malo, peor que raposo hidiondo!»). La comicidad aumenta con los gestos burlescos del anciano («haziéndole con los ojos mil visajes»), que logran enfurecer aún más al caballero.
Como se verá en el apartado de fuentes, es muy posible que esta broma por parte de un sabio provenga del Olivante de Laura, donde la sabia Iper-
deja de ser significativo que la entrada de este tono popular en un libro de caballerías se realice desde un punto de vista aristocrático». Vid. A. Bognolo, «La entrada de la realidad y de la burla grotesca en un libro de caballerías: el Lepolemo, Caballero de la Cruz (Valen- cia 1521)», en J. Paredes (ed.), Medioevo y Literatura. Actas del V Congreso de la Asociación
Hispánica de Literatura Medieval, Granada, Universidad de Granada, 1995, p. 377.
191 A. del Río Nogueras, «Sobre magia y otros espectáculos cortesanos en los libros de caballerías», en J. Paredes (ed.), Medioevo y Literatura. Actas del V Congreso de la Asociación
Hispánica de Literatura Medieval, Granada, Universidad de Granada, 1995, pp. 137-149.
De igual forma, el humor en el Lepolemo también se vincula con el saber mágico de su pro- tagonista, según ha estudiado A. Bognolo, «La entrada de la realidad y de la burla grotes- ca en un libro de caballerías».
mea engaña a Darisio de una forma verdaderamente parecida. Ipermea pre- tendía trasladar al caballero a un lugar determinado. Sin embargo, en el libro de Pedro de la Sierra la broma no se convierte, como en el Olivante, en la forma como un mago encauza la errancia de un caballero; su función —dar placer— se acerca más a la de los pasatiempos cortesanos.
Finalmente, el viejo se da a conocer a Claridiano («¿Qué es esto, hijo? ¿Para qué tanta furia, pues sabéis que yo a enojaros no vengo?»). Sólo entonces el lector comprende que se trataba de una broma. Este desenla- ce coincide con la forma como suelen terminar las representaciones bur- lesco-cortesanas.192
Pedro de la Sierra juega no sólo con el protagonista, sino también con el receptor, que interpretaría lo ocurrido como una más de las artimañas de caballeros bromistas para robar a los héroes. De igual forma que Clari- diano consideraba que le habían robado el caballo, el lector caería también en el engaño, compartiendo con los personajes el gozoso alivio final, ali- vio semejante al que se producía en las burlas de los magos en los festejos cortesanos.
5.4.
La ironía de los episodios
Por último, tenemos que mencionar aquellos episodios en los que el humor se desprende de la ironía entre la situación real y la forma como la percibe algún personaje.
La ironía con fines cómicos la encontramos en el episodio de la Duquesa del Valle (II, 11), donde unos personajes perciben al héroe como cobarde. Se constata una doble ironía: por una parte, la comitiva de la duquesa se burla irónicamente de Claridiano cuando éste rechaza justar, ya que piensan que lo hace por cobardía; por otra parte, posteriormente se produce una situación irónica: el héroe es el único capaz de derribar a un caballero que había derrotado a todos los de la duquesa.193
192 La broma concluye «con un parlamento de distensión tras el sobresalto inicial y la agitación de su puesta en escena», como afirma Del Río Nogueras, «Sobre magia y otros espectáculos cortesanos en los libros de caballerías», p. 146.
193 El origen del episodio se encuentra en el Amadís de Gaula. Basado en la misma idea, nos encontramos en la Tercera parte de Florisel de Niquea con el episodio en que Fenix de Corinto y Astibel de Mesopotamia son considerados cobardes por las doncellas a quie-
Tan sólo el primer momento puede considerarse verdaderamente humorístico. En él, Petildo, Conde la de la Laguna Honda, envía una don- cella a Claridiano para solicitarle que juste con él «en serviçio de las damas», primero, y «por lo que le tocava a cavallero», después. Sin embar- go, nuestro héroe se niega cortésmente en ambas ocasiones, y ha de sufrir las burlas de la doncella mensajera y de su compañía.
Las respuestas de la doncella mensajera van desde el comentario joco- so («Yo bien creo que más deve ser vuestra voluntad de holgar que de tra- bajar, y essa es la causa de querer ser libre de amor») hasta las imprecacio- nes («Malditas sean vuestas disculpas —dixo la donzella— tan a vuestra deshonra. ¡Cuán mal empleadas son en vós tan ricas armas! Y no sin causa tan sanas las tenéis, pues más es vuestra guerra con palabras que con las armas»). Pero lo que más nos interesa son sus comentarios irónicos:
¡Ay, bien aya cavallero de tan poco ruido! —respondió la donzella—. ¡Dichosas damas, que tan seguras caminan con semejante guardador!
Pero esas palabras —pronunciadas con ironía por la doncella— resul- tan ciertas, ya que, como el lector bien sabe, la compañía de Claridiano está perfectamente protegida por el héroe. Las damas que acompañan a Claridiano conocen de sobra su valor y coraje, por lo que la ironía de la situación les produce risa. El efecto cómico para ellas viene dado por la falsa percepción de esta doncella, que juzga a Claridiano de forma equi- vocada. Por ello, su risa es mayor cuando Fidelio, el escudero de Claridia- no, cae en el mismo error que la mensajera y piensa que el héroe rechaza la justa acobardado.194
La ironía de la situación se pone de manifiesto en el segundo momen- to del episodio, cuando un caballero que guarda un puente derriba a todos los caballeros de la duquesa. Poco después, Claridiano lo derrota y pasa triunfante. En ese momento la duquesa reconoce la equivocación que ha
nes acompañan. Sin embargo, posteriormente las doncellas comprueban lo equivocadas que estaban al respecto. Vid. Silva, Florisel de Niquea (Tercera parte), cap. 30, pp. 93-97. Asimismo, encontramos el mismo motivo en Febo el troyano de Esteban Corbera, quien retomó de forma prácticamente literal el citado episodio del Florisel en el capítulo 35 de su texto (pp. 165-170). Marcos Martínez, en la tercera parte del ciclo, imitará este episodio de Sierra.
194 De nuevo, el lector vuelve a compartir la risa con unos personajes del texto, que sirven de testigos de los acontecimientos cómicos.
cometido al menospreciar a quien no conocía. Por su parte, la irónica don- cella, al haber presupuesto la cobardía del héroe, queda burlada, irónica- mente, con los hechos. Claridiano no se molestó en responder a las burlas de la doncella con palabras, se ha limitado a demostrar su valor con las armas, lo que contradice el reproche de la doncella: «más es vuestra guerra con palabras que con las armas». Se produce una situación irónica con res- pecto a un comentario irónico.195