2.1. Episodios pastoriles ajenos a la trama
2.1.2. La disputa sobre el amor
Otro motivo pastoril que encontramos en la Segunda parte de Espejo
de príncipes y caballeros es el de la disputa o controversia sobre el amor (y,
relacionado con esto, sobre el mérito de la mujer). Encontramos tres momentos en los que aparece una recriminación del amor y del estar ena- morado, recriminación que se opone a las expresiones de dolor amoroso. En el capítulo cuarto, el pastor Tarido, ante los cantos de otros dos pasto- res, responde con gesto indignado a lo que él considera una sarta de estu- pideces. Tarido no canta, sino que habla irritado por la actitud de sus com- pañeros y demuestra su incomprensión de los intrincados conceptos filosóficos de las canciones de éstos. La figura de Tarido supone un con- trapunto a la de los otros dos pastores. Pero tanto uno como los otros son figuras literarias estereotipadas: la del pastor enamorado entronca con la tradición bucólica de Teócrito, Virgilio, Sannazaro, Garcilaso y Montema- yor; la de Tarido pertenece a la del pastor rústico y jocoso que hace reír
57 E. P. II, p. 5. 58 E. P. II, p. 13. 59 E. P. II, pp. 93-94.
con su ignorancia y zafiedad, tal como lo encontramos en Juan del Enci- na y sus seguidores.60En ese mismo grupo de pastores rústicos habría que
incluir a Mordaqueo, que sirve de contrapunto al pastor Darinel, en la aportación de Feliciano de Silva al ciclo de los amadises. Encontramos una controversia entre Darinel y Mordaqueo en el capítulo CXIVde la Tercera
parte de Florisel de Niquea.61No obstante, esta discusión es una especie de
duelo dialéctico entre los dos pastores, que intentan lucirse ante los perso- najes de clase alta que los acompañan. En dicho duelo se opone el delica- do razonamiento del pastor Darinel a la rusticidad de Mordaqueo, que no tiene empacho en reconocer que no entiende nada de lo que su compañe- ro dice. Mordaqueo —como Tarido en la obra de Pedro de la Sierra— expresa su incomprensión de los conceptos de su amigo Darinel, enamo- rado de Silvia. Mordaqueo dice a Darinel: «Si tu hablas filosofías ¿qué tengo que entender?». De igual forma, Tarido comenta que «no hay enten- dimiento humano que entienda» los razonamientos de sus compañeros, que él considera «caramilladas razones» e, irónicamente, «gentil filosofía». El termino «filosofía» o «filosofías» está utilizado claramente en sentido negativo, indicando la poca consideración que los desamorados pastores tienen por los afectos amorosos y su expresión. Mordaqueo considera que Darinel pretende encubrir con esas «filosofías» su falta de conocimientos y fingir que es más sabio de lo que en realidad es. Por su parte, Tarido no comprende la frase «dos cuerpos están con un coraçón», ni que se mezcle «pena con gloria y gloria con pena, como si fuessen migas con leche». La misma paradoja confunde a Mordaqueo, que llama loco a Darinel y le pre- gunta «¿qué provecho hallas tú que puede salir de penar?». Tanto Morda- queo como Tarido hablan de forma rústica y graciosa frente al lenguaje alambicado de sus compañeros enamorados, lo que hará reír a los perso- najes de clase alta que los escuchan, así como al lector de la obra.
Pero a estos pastores rústicos les resultan incomprensibles no sólo los extraños razonamientos de los enamorados, sino también su comporta- miento: Mordaqueo habla de las «sandezes de amoríos» y «sandezes de
60 También la figura del pastor enamorado se encuentra, junto a la del rústico, en el dramaturgo salmantino. Recordemos la Égloga de Fileno, Zambardo y Cardonio o la Égloga
de Plácida y Vitoriano. Vid. J. del Encina, Teatro completo, ed. de M. Á. Pérez Priego,
Madrid, Cátedra, 1991.
61 Feliciano de Silva, Florisel de Niquea (Tercera parte), ed. de J. Martín Lalanda, Alca- lá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 1999, pp. 350-351.
mugeres».62La palabra «sandezes» es también una de las que utiliza Tari-
do, junto con «necedades» y «simplezas», para referirse a este comporta- miento, impropio de su clase social. Tarido es el que expresa más clara- mente una visión materialista cuando afirma:
[…] téngame yo mi ganado tan bien repastado como lo tengo, que de gordo no cabe en el pellejo, y no vosotros, que, perdido el juizio, perdéis el cuidado d’ello y lo traéis macilento.63
Y finalmente expone lo que parece una declaración de principios de todo pastor desamorado:
Más precio yo mi libertad con esta simpleza que me veis que toda vues- tra sabiduría. Harto mejor es tener cuenta el pastor con su ganado […].64
Mordaqueo, por su parte, expone un elogio de la vida pastoril en el capítulo séptimo de la Tercera parte de Florisel de Niquea,65pero no cae en
la burda apología de lo terrenal, sino que incide en lo idílico de ese tipo de vida. Todo ello hace de Mordaqueo una figura más simpática y menos materialista que Tarido, al que nada salva de su bajeza y zafiedad.
Otra controversia sobre el amor la encontramos en el capítulo déci- mo quinto del segundo libro, cuando Claridiano es testigo de las cancio- nes de dos pastores, uno de ellos enamorado sin esperanza y otro, desamo- rado. Aquí, sin embargo, la contienda se limita a la contraposición de dos composiciones poéticas, una en elogio del estado del enamorado y otra en contra de dicha situación.66Estas composiciones se hallan dispuestas en
admirable simetría, sin que ningún elemento exterior la destruya.67 De
hecho, en el momento en que el héroe caballeresco parece que va a inter- venir, hace su aparición, de súbito, la pastora Caicerlinga, que se conver- tirá en el objeto del deseo amoroso de Claridiano. Los poemas que apare- cen justo antes son el marco de dicha aparición.
62 Florisel de Niquea, p. 24. 63 E. P. II, p. 162. 64 E. P. II, p. 163.
65 Florisel de Niquea, pp. 24-25.
66 Un pastor desamorado entona una composición contra el amor, «Herir mi pecho amor es escusado»; en respuesta, el enamorado canta «Nunca yo sin amor tendré conten- to», que se opone al anterior.
67 Existe, eso sí, una canción en la que el pastor enamorado reprocha a su amada el rechazo con que paga su cariño, canción que antecede a las otras dos composiciones.
En esta escena, el pastor que canta contra el amor no es burdo como Tarido; al contrario, tañe y canta con tanta dulzura como el enamorado, y su poema no se caracteriza por un lenguaje rústico, sino que es igualmen- te elevado.
En la Diana enamorada de Gaspar Gil Polo también podemos leer como dos pastores cantan defendiendo diversas posturas sobre el amor: «Sireno y Arsileo cantaron, el uno contra y el otro a favor de Cupido».68
Se trata de los poemas «Ojos, que estáis ya libres del tormento» y «Ojos, que mayor lumbre habéis ganado».69Otra contraposición de composicio-
nes poéticas se encuentra en un libro de caballerías, la quinta parte de
Belianís de Grecia, obra de Pedro Guiral de Verrio, que se conserva manus-
crita y data de finales del siglo XVI. En esta obra, unas doncellas de clase
alta exponen sus ideas sobre el sentimiento amoroso a través de sendos poemas: «Dexadme en mi desengaño» frente a «¿Qué cosa sin amor dará contento?». A estos dos se añade un tercero, que expone lo cruel del sen- timiento amoroso: «Los sabores, los gustos que me á dado».70Las simili-
tudes entre estos poemas y los de Pedro de la Sierra muestran que perte- necen a la misma tradición de composiciones en contra y a favor del amor. Sin embargo, en la obra de Guiral de Verrio no son pastores, sino donce- llas de alta alcurnia, quienes se dedican a discutir a través del canto sobre el sentimiento amoroso. También se encuentra una confrontación de opi- niones sobre el amor vertidas en forma poética en la Selva de aventuras: contra el amor canta Soticles «¿Por qué llamáis amor a un león fiero», y en favor del sentimiento Luzman entona «Es amor una cumbre de esperan- za».71Las semejanzas entre los poemas de Guiral y de nuestra obra se per-
ciben más claramente al compararlos con los de la Selva de aventuras.
68 G. Gil Polo, Diana enamorada, ed. de F. López Estrada, Madrid, Castalia, 1987, p. 247.
69 Ibídem. Los pastores continúan con su contienda poética: «Alégrenos la hermosa primavera» (cantada por Sireno) y «Mil meses dure el tiempo que colora» (cantada por Arsileo), pp. 249-253.
70 Cito de acuerdo con la edición de José Manuel Lucía Megías, que aparece en Anto-
logía de libros de caballerías castellanos, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos,
2001, pp. 96-97.
71 Contreras, Selva de aventuras, pp. 76 y 74, respectivamente. Además de contrapo- sición de composiciones poéticas con respecto al amor, encontramos en la obra de Jeróni- mo de Contreras otra en la que se oponen el amor divino y el humano en sendos poemas (pp. 112-115).
La última de las controversias pastoriles de nuestra obra es la que mantienen Coridón y su hermana Galismena.72El motivo de la disputa no
es tanto el concepto de amor como el valor de la hermosa pastora Caicer- linga, de la que Coridón está enamorado, al igual que todos los pastores de la zona e incluso el propio Claridiano. Galismena comenta que la pas- tora «está ensobervecida, haziendo a todos iguales en el parecer, aunque no en el padecer», y le reprocha a su hermano que la valore por encima de las demás e incluso de los varones: «no ensalces a Caicerlinga tanto que por ella no sólo deseches todas las pastoras, pero amengües todos los pastores de la ribera». Ella considera al hombre superior a la mujer, de forma que, por mucho valor que tenga la pastora, «por ser muger no llega a tanto como el del menor pastor de nuestra habitación, pues le basta ser varón». Estos comentarios misóginos dan pie a que Coridón, airado, responda con violencia. Sin embargo, a pesar de todo lo que Galismena dice, se deja entrever que el valor de Caicerlinga nunca es puesto en duda, ni siquiera por la misógina pastora, que se revelará posteriormente como una íntima amiga de aquélla. En efecto, es la situación lo que Galismena rechaza: «Otro no veréis por esta ribera que pastores olvidados de apacentar sus ovejas, […] teniendo más cuenta de hermosear sus rabeles que de recoger su ganado y librarlo del carnicero lobo». El comentario final de la pastora resulta irónico: «Yo os prometo, gallardo pastor, que no parece esta ribera sino habitación de Venus y Cupido». Ésta fue la misma idea que cruzó la mente de Eleno de Dacia, quien, al ver tantos enamorados en Tinacria, afirmó:
¡Ó, soberano Dios! ¿Por ventura es aquí adonde los antiguos dizen está plantada la morada de la diosa Venus?, que otro no he oído, después que en ella reposo, sino lamentos.73
Tal como le reprocha Coridón, los comentarios de su hermana se deben a «la poca cuenta que de amor» hace, lo que la lleva a hablar de los sentimientos ajenos sin consideración. Por tanto, Galismena se opone a la opinión de su hermano en dos aspectos: a) el valor de la mujer, más en concreto de Caicerlinga (en opinión de Coridón, la belleza y honestidad de la dama es tal que ha de provocar necesariamente un amor puro y ele-
72 E. P. II, p. 22. 73 E. P. II, p. 164.
vado), y b) el sentimiento amoroso (el pastor piensa que, si ella conociera el amor, cambiaría su opinión sobre la actitud de los pastores frente a Cai- cerlinga).74
Estos momentos pastoriles se vinculan con la trama general de la obra en mayor o menor grado: el de Eleno es prácticamente independiente y carece de desarrollo argumental posterior; la contraposición de poemas, aunque sirve como presentación del ambiente pastoril en que aparecerá por primera vez la pastora Caicerlinga, tampoco resulta indispensable para la trama; por último, el de Coridón y Galismena, aunque no sea esencial, resulta ligeramente más relevante que los momentos citados para el des- arrollo argumental posterior; su principal función es la de informar al lec- tor de la reacción que la belleza de Caicerlinga ha producido en el ámbito pastoril en el que se nos ha introducido precisamente con estos dos perso- najes. Sin embargo, su disputa sobre el amor, elemento prescindible, no es sino otro motivo pastoril más que Pedro de la Sierra quiso incluir en su heterogéneo libro de caballerías.