Hasta el momento, hemos realizado un recorrido por las distintas etapas que atraviesa una persona obesa o con sobrepeso antes de animarse a encarar un tratamiento ¿definitivo?. Llegamos ahora al momento clave, al momento en que será necesario poner en práctica un importante despliegue de recursos, pero esta vez no para ocultar la gordura sino para quitarse esos pocos, muchos o muchísimos kilos de más que reflejan un vínculo problemático con la comida.
En este proceso de adelgazamiento trabajaremos con dos aspectos fundamentales: el conductual y el nutricional.
Adelgazar es una gran oportunidad para educar la tolerancia. La experiencia me ha demostrado que lo importante es adelgazar para
cambiar los hábitos y no cambiar los; hábitos para adelgazar. ¿Por qué?
Porque a medida que descendemos de peso, los hábitos se van modificando gracias al estímulo que representa verse bien, ver que el cuerpo va adquiriendo formas más armónicas, que no nos sentimos tan fatigados y la ropa nos queda holgada... Son sensaciones que producen mucho placer y que uno quiere conservar; y para conservarlas hay que mantenerse delgado. Por eso sostengo que el estímulo fundamental es el descenso de peso, porque al sacarnos grasa de encima podemos pensar más claramente, y esa claridad lleva a no cometer los mismos errores de siempre. Además, y esto es fundamental, se está lejos de la comida.
En realidad estamos tratando con un problema de conducta, una adicción o tendencia al exceso de comida, y si este aspecto no se resuelve, la reincidencia en el engorde es inevitable. Lo visible, el síntoma, es el cuerpo que habla desde su voluptuosidad, pero hay que ir más allá, a las conductas que llevan al exceso y al cuerpo desmedido.
Por lo tanto, para empezar una dieta, la persona obesa o con sobrepeso debe disponerse a recibir ayuda para limitar su desborde. Esta debe ser su posición y su compromiso: dejarse ayudar y confiar. Es prioritario ofrecerle un sistema coherente y contenedor, pero que la confronte con su debilidad. No se trata de enseñarle a comer porque el gordo moderno e ilustrado ya sabe de todo: masticar, dejar los cubiertos...; lo que no sabe es parar, porque está dominado. Pero lograr un descenso rápido de peso sí motiva su
deseo.
Quien inicia un tratamiento para resolver problemas de peso enfrenta una desventaja inicial: sólo se dará cuenta del placer de la delgadez cuando la alcance. Sin embargo, hay otras satisfacciones que pueden alcanzarse de inmediato.
El gran placer primario para un gordo que empieza a hacer dieta consiste en lograr el objetivo: comer menos y ver cómo, día a día, el número de la balanza baja. De esta manera empieza a quitarse de encima una vieja asignatura pendiente: adelgazar. Pero además de bajar de peso, el gordo puede vencer el descontrol y disfrutar del goce adulto que implica decir que no, convencido y sin gran esfuerzo, en vez de seguir entregándose al "goce" del desborde.
Puede reconocer que ese desborde -servirse la porción más grande, comer un paquete entero de galletitas o abrir la heladera cada media hora- lo tenía de rodillas frente a la comida, sometido. En cambio, al segundo día en que pudo controlarse y sentir saciedad, por fin se ha puesto de pie. Esa noche, cuando se acueste con el deber cumplido, sentirá un placer inmenso aunque haya bajado sólo dos kilos sobre ciento veinte. Ya habrá ganado algo: UNA ACTITUD. Y una vez alcanzada esa actitud, el objetivo siguiente
consiste en alcanzar un cuerpo flaco, un cuerpo que pueda jugar, retozar y seducir. Un nuevo estado.
Para ello hay que concentrarse sólo en cumplir rigurosamente con el tratamiento y focalizar toda la energía para llegar al objetivo: la delgadez. En esta instancia, revisar la historia de la obesidad y sus motivos profundos puede ser distractivo y desembocar en transgresiones y frenos al crear un clima interno melancólico.
Por lo tanto, la clave del resultado final consistirá en sostener ese pensamiento, ver esa luz, entender ese acatamiento basado en una lógica que produce realidades observables y conduce a la meta anhelada. Si uno fue siempre un perdedor puede ganar mucho aprendiendo una simple ley, la de escuchar, observar y hacer lo que los otros dicen (o mejor aun, muestran), al menos en la etapa inicial. Si esto se cumple y no se negocia, hay muchísimas posibilidades de alcanzar un buen resultado aunque se tenga una historia dramática. No hay historia personal que pueda con esta línea de adelgazamiento.
Una vez que se llega al peso deseado y se inicia el mantenimiento, es necesario comenzar a trabajar en profundidad sobre el reconocimiento de la nueva imagen corporal. Es decir, consolidar la relación del paciente consigo mismo y con el medio.
¿Qué es adelgazar?
Es comer mucho menos
Es recuperar la capacidad de goce Es ir perdiendo poco a poco
sin recordar lo que se pierde
y viendo día a día lo que se gana Es recuperar la autonomía
Es transparentar el yo real Es despegar las suposiciones y valorar lo que se obtiene Es transformar una ilusión vacía en una meta concreta
Es tener esperanza, ponerle fecha y obtener un resultado
Es una vuelta al equilibrio Es recuperar la autoestima Es redescubrir el cuerpo
y ponerlo a jugar
Es ordenar mente, cuerpo y emociones Es prevenir enfermedades o curarlas Es redescubrir los huesos y los músculos Es dormir mejor, más profundamente
logrando un verdadero descanso Es una solución
al abandono de persona agravado por el vínculo
Tal como adelantamos en la introducción del libro, el concepto de nuestro tratamiento se basa en el CORTE inmediato con los excesos,
la MEDIDA -en la porción, el cuerpo y la ropa-; y la DISTANCIA entre las
comidas y con la comida. Hemos condensado en estas tres actitudes las claves conductuales de nuestro enfoque. Lo cognitivo va a ser luego utilizar esta tríada para muchísimas otras situaciones de vida.
Estas tres pautas, aplicadas con sentido amplio, abren muchas otras puertas:
El CORTE es con el exceso, con la obsesión, con la voracidad. Es despegarse y desapegarse. Alivia y permite comenzar o recomenzar.
La MEDIDA es en la porción, en el talle, en la acción, y aplaca el hambre.
La DISTANCIA es con la comida y con el exceso. Tornar distancia es
medir, apreciar, ver, ser sin otro, ser objetivo. Distanciar las comidas es darse cuenta de que se puede estar sin comer tanto ni tantas veces... ¡y no pasa nada! (ni siquiera hay más hambre, sino menos).
comida es física y mental. Planteamos también la distancia con el exceso, un concepto más amplio ya que implica reconocer qué es exceso.
Exceso es lo que abre el apetito. Exceso es lo que está de más.
Exceso es-lo que nos esclaviza y nos limita.
Exceso es lo que hago aunque no tenga ganas reales. Exceso es la voracidad.
Exceso es no reconocer el límite y el borde del plato. Exceso es lo que rompe el equilibrio ingreso-egreso. Exceso es lo que nos engorda.
Exceso es lo que pasa a ser "normal" con el tiempo. Exceso es lo que no permite saber cuál es la medida justa. Exceso es la falta de borde, de límite, de fin.
Cuando se frena el exceso con la comida, se libera energía que puede usarse para otros fines más adecuados.
Ser gordo es ser "excesivo" en conducta, en cuerpo, en plato y en talle. Esto, en definitiva, es la ADICCIÓN: "manotear" más de lo mismo e ignorar cómo se puede "sacar" de adentro lo propio, lo sano, lo inteligente, lo tranquilizador y lo creativo; o dejar "vacío" el interior para que se pueda llenar de a poco con verdades.
En última instancia, para poner distancia con lo que está de más y descubrir lo propio, auténtico y sano, es necesario darse cuenta de lo poco que se es con mucho de más. Podemos decir, entonces, que adicción es no cortar a tiempo, es no tener medida y es no detectar la distancia óptima. Es caerse del borde.
Y el problema no es la comida. El problema no es uno. El verdadero problema es el vínculo con ella, que va del pegoteo a la negación de la existencia o sus consecuencias. No hay punto medio, no hay grises. Todo es blanco o negro. Todo o nada. Compulsión o retracción, soledad o multitud, desborde o límite.
El comer excesivo devora proyectos, autoestima, cuerpo, estética, amor propio, elegancia, libertad, buen humor. Cuanto más se come, más objeto se es y, paradójicamente, la comida pasa a ser sujeto: vive la comida y muere la persona.
El gran aprendizaje es desapegarse para UNIRSE adecuadamente. Desapegarse para observar, con la distancia justa para mantener la individualidad, para estar en el lugar justo con el vínculo justo, en el momento justo y con la cantidad-medida justa.
Cuando se genera un corte con la comida de más, el exceso de grasa se empieza a desprender, y detrás de esa grasa aparece un individuo, sin rótulo de obeso o gordo, sin exceso, con MEDIDA. El cuerpo aparece, la delgadez es
un hecho y la armonía es posible. Acciones, pensamientos y sentimientos se acomodan en su justa proporción. La PERSONA vuelve o se descubre. Está presente porque comienza a SER y elige en libertad.
Los pacientes, una vez hecho el corte, sienten ya al flaco adentro. Actúan como flacos, piensan como flacos y quieren seguir siendo flacos. Repudian el ser gordo, aunque estén con 30 o 40 kilos de más. Ven el camino, ven el futuro, saben que en esta ruta no hay ni atajos, ni laberintos. Y aunque no vean siempre la meta, saben que están recorriendo el camino y que existe una llegada.
Aprenden a estar atentos, a no dejarse apabullar, a no distraerse. Y elevan el umbral de tolerancia a los problemas. Tal es así que no dramatizar ni exagerar situaciones o conflictos ayuda a que el logro se pueda hacer propio antes de lo imaginado, y por el tiempo que se desee. Tal vez de por vida.
También baja el umbral de tolerancia, de esa otra tolerancia llamada RESIGNACIÓN: comienzan a ser más inflexibles y rígidos para poder rechazar la tolerancia a la medianía, el “masomenismo” y la falta de compromiso (brazos caídos).
Es notable: con saciedad por poco ingreso o ingreso justo, el no querer más de lo mismo alivia tanto el “hambre patológica e inconducente” deja lugar a un HAMBRE DE LOGROS Y VIDA.
Podemos resumir la esencia de los tres pilares que proponemos del siguiente modo:
Con CORTE se reconoce el malestar
Con MEDIDA hay equilibrio y sobriedad
Con DISTANCIA se logran la objetividad y la lucidez
A continuación, veremos más detalladamente de qué trata cada uno de estos pilares o claves conceptuales y conductuales de nuestro enfoque.