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Los gritos del cuerpo: el dolor como alarma

Tengo una hija. Cuando llegué a pesar 140 kilos ya prácticamente no podía hacer nada. Ella jugaba con su madre, yo la miraba pero nunca podía jugar con ella. Y no me daba cuenta de lo importante que podía ser para ella jugar conmigo, porque yo estaba alejado de las emociones, no vivía: mi coraza de grasa también había tapado mi corazón.

(Extraído de un grupo CLAVE)

Bajar de peso no es sólo un mandato social y personal, sino que es una petición del cuerpo. Buscar la aceptación social por tener tal o cual figura, más o menos estética, es una forma muy frivola de intentar ser querido. El que realmente necesita ser querido es el cuerpo, pero para poder reaccionar algunas personas desgraciadamente tienen que llegar a una situación límite; y en el caso de la persona obesa, este límite irrumpe generalmente cuando

corre serio riesgo su salud. Si alguien tiene consciencia del mal que se está haciendo y, sin embargo, no puede parar de comer, no es porque sea tonto o suicida sino porque, en realidad, es un adicto.

Ahora bien: las personas saben perfectamente lo que les puede pasar por estar gordo o por excederse en cualquier área. Todos saben que las personas de edad avanzada con mucho sobrepeso en algún momento comenzarán a manifestar las consecuencias de su exceso. Las rodillas, las caderas, el estómago, el corazón, sufrirán transformaciones Todo el organismo se desequilibrará: la presión, el colesterol y el ácido úrico subirán sus niveles. Además, como vimos en el capítulo 2, tendrán propensión a distintos tipos de cáncer, trastornos de circulación, ronquidos, apnea de sueño y problemas digestivos.

Pero el miedo no sirve como antídoto. (Hay casos de gente recién operada de cáncer de pulmón que va al baño del hospital a fumar.) Por lo tanto, imponer el miedo no sirve en los adictos, pero lo que sí sirve corno antídoto es la consciencia de estar atento a uno mismo.

Cuando han sobrepasado su peso máximo, algunos pacientes dicen: "Ahora sí estoy preocupado, me encontraron el colesterol alto". Y antes, ¿no les importaba no poder mover el cuerpo? No, porque estaban sobreadaptados, no sólo porque les gustaba comer sino porque no podían parar, inclusive sabiendo del daño que se ocasionaban. Sin embargo, y lamentablemente, sólo pueden recapacitar ante los gritos del, cuerpo: Este mecanismo refleja el grado más extremo de la adicción, donde se le da prioridad al placer y se niega en forma crónica el daño, al punto de llegar a situaciones irreversibles.

Ahora bien, es real que muchos que fueron primero "gorditos", son hiperobesos porque se fueron adaptando de a poco. ¿Será el gordo hiperobeso un gran distraído? ¿Un gran negador que encajona, por comodidad, la boleta de luz para no pagarla, aunque después se la corten? ¿O simplemente, la grasa entra muy despacio, al principio no se nota y luego pesa tanto que el retorno es agobiante?

Se engorda en soledad, por cuenta propia y sin mirarse ni ser mirado. Y ya con el cuerpo agrandado, la ropa agrandada, el plato agrandado y el humor disminuido, se toma consciencia del estado al que se llegó. Y así como se produjo esto como "cuentapropista", cuesta mucho "emplearse", "depender" de otro para salir del problema.

Es en este punto donde surge la resistencia, la rebeldía, las pocas ganas de realizar una tarea organizada, un trabajo más para oponerse a algo que apareció espontáneamente, sin esfuerzo y, para colmo, con placer. Pero que causó daño por no saber parar ante las primeras señales.

En muchos casos, es cierto, todas las otras áreas en donde se pusieron las fuerzas andan bien: se puede padecer de obesidad y ser un triunfador laboral, intelectual, cultural, familiar, como hombre o mujer, como padre o madre. Encarar la asignatura pendiente sin un reaseguro de éxito genera muchas veces fastidio por no tener que enfrentar zonas débiles y temor de que el “no poder” lleve por delante lás áreas que están en cierto orden.

Ser fuerte es reconocer las debilidades que se tienen; ser grande es enfrentarlas;

ser sabio es saber ganar y también perder, entender que es valioso levantarse y probar, ya sea por el mismo o por otro camino, animándose a conocer lo desconocido.

Si una persona supuestamente normal llega a perder la capacidad de moverse por una gran obesidad, es evidente que sus mecanismos de negación se encuentran tan exacerbados que no perciben el daño que ocasionan. Porque el obeso mórbido, aunque esté sobreadaptado, está físicamente dañado.

Al fin y al cabo, el mecanismo de adaptación no es más que una automanipulación, una forma acomodaticia de hacer siempre lo que uno quiere, con mucho de placer, de un placer infantil pero placer al fin. Porque el placer es la tranquilidad, aunque en este tipo de tranquilidad está la muerte y en él límite está la vida. A veces falla el cálculo y el placer lleva a la muerte.

En el fondo de la obesidad mórbida que se niega a replantear su relación hedonista con la comida, hay una fantasía omnipotente de eternidad que elude el límite, una fantasía del más allá, o una omnipotencia inmensa muy cercana a la idea de ser Dios.