La comida es sustancialmente la misma que la puesta en práctica durante el descenso de peso. No existe la "dieta de mantenimiento" sino un leve aumento en la cantidad de porciones (no de tamaño). En definitiva, el flaco de toda la vida come apenas un 30% más de lo que se prescribe en la dieta de descenso, es decir, un promedio de entre 7 mil y 10 mil calorías semanales, con alternancias según edad, sexo, nivel de actividad y ejercicios. La manera de cumplir con este límite es recordar siempre que la porción debe ser pequeña.
Las únicas comidas prohibidas serán aquéllas profundamente adictivas para algunos, que contienen harinas y azúcares capaces de generar dependencias químicas. Salvo esta excepción, el que ha llegado a su peso puede comer de todo, siempre en pequeña cantidad. Por ejemplo, es preferible una pequeña hamburguesa sin aderezos y seis o siete papas fritas en una salida con los hijos que una enorme ensalada comida vorazmente y sin "culpa", bañada en aceite, que no dará saciedad y es alta en calorías. Elegir la pequeña hamburguesa lo hará sentir una persona más, que aprendió la medida. En una salida a comer afuera no es necesario que precipitarse a las opciones "light"; basta compartir el plato con otra persona o dividirlo por la mitad y comer sólo una parte.
Muchos de los pacientes de mantenimiento sienten que todavía están haciendo dieta, pero nuestra intención no es esa sino que aprendan una medida y que sientan que eligen su comida dentro de todas las opciones posibles. Sentirse "a dieta” implica hacer un esfuerzo grande y probablemente el cansacio que genera hace muchas veces titubear a la voluntad. Entonces, lo que hay que modificar para mantenerse es el concepto: no hace dieta, se elige comer lo que siempre debió comerse.
Seguir agrupándose
En los grupos de mantenimiento (Premio) se trabaja la histórica relación problemática con la comida que cada uno ha arrastrado; se escucha y se muestran las dificultades, los tropiezos, la alegría y el sostenimiento de los logros. Estos grupos son una manera de hacer que el tiempo pase y se empiece a escribir una nueva historia de flaco. Sostener la delgadez implica que las fotos de gordo se vuelvan viejas, pasen al recuerdo. Esto instala un presente que conducencia un futuro; instala una identidad acostumbrada a una ropa y una imagen que ya son las propias. Ese gordo que alguna vez existió pasa a ser casi un extraño.
La asistencia a los grupos dura mientras el paciente lo necesité y se sienta gratificado y enriquecido: No se establece una relación de dependencia mayor a la que uno puede tener con un profesor o con un curso de posgrado (cosa normal); se trata de una relación de intercambio con otros, en la que se recuerda el punto débil en común: el vínculo con la comida.
En algunos "nuevos flacos" surge el deseo de "matar" a los testigos de su gordura y, en casos extremos, entran en crisis de pareja, cambian de trabajo o adoptan actitudes extravagantes. En estos casos el apoyo del grupo es fundamental para que estas personas no entren en la situación del "nuevo rico", porque estos nuevos flacos son flacos que recién están alquilando un cuerpo nuevo y que podrán transformar ese alquiler en un leasing a largo plazo.
En el extremo opuesto al "nuevo rico" vemos que existen algunos pacientes que, junto al adelgazamiento, han practicado un cambio personal tan rotundo que siguen flacos aunque no asistan a los grupos ni tengan contacto con la Clínica. Para ellos la odisea del gordo ha pasado a la historia de una vez y para siempre. Alcanzaron su deseo y se apropiaron del cuerpo y la conducta adecuada para cuidarlo. Estas personas han internalizado el proyecto, lo han hecho propio y se mantienen en su peso en el largo plazo.
Las investigaciones médico-estadísticas dicen que en veinte años los obesos serán mayoría. Entonces, ¿qué mayor placer para un ex gordo que ocupar el lugar dejado vacante por un ex flaco que engordó, uno más entre los quietos y voraces que no aguantó la enorme presión engordante del entorno? ¿Qué mayor placer que sentir que del estigma de la gordura para siempre se pasa a la antesala de una delgadez inimaginable tan poco tiempo atrás?
La siguiente es la reflexión de un paciente que, según creo, condensa la esencia de cómo debe ser el proceso de adelgazamiento y mantenimiento:
"El primer error que cometí fue que cuando ingresé a la Clínica vine a buscar una dieta mágica. Y no encontré una dieta mágica; encontré un sistema que cambió mi ritmo de vida. El otro error es que cuando uno viene acá, cuando 'el gordo' viene acá, dice: 'Vengo a adelgazar buscando una dieta mágica... Pero para seguir comiendo'. Cuando vos venís acá cambia tu forma de vivir, de pensar, de encarar la vida, porque al tener una dieta sana se vuelve sana tu conducta, entonces cambias. Cuando cambias tu conducta de vida y llegas a ser delgado querés gozar todas las libertades y todo lo que conseguiste. Entonces la comida pasa a un segundo plano: tu conducta es tan medida y austera como tu porción. Me di cuenta de que la comida es una muleta innecesaria para una renguera inexistente."