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Comienza el verdadero tratamiento

Hay un resultado final y pasos intermedios para llegar a un lugar, donde llegan no los elegidos,sino los que eligen llegar y se quedan los que eligen quedarse.

Una vez alcanzado el peso ideal, cumplidas las pautas descriptas en el capítulo 7, comienza otro trabajo que es más arduo que el previo y ubica a la persona entre el temor al retroceso y el viaje omnipotente: el mantenimiento. ¿Por qué? Porque se ha ganado la primera batalla, después de un gran esfuerzo personal y colectivo se ha derrotado a la gordura, pero ¿cuándo se gana la guerra?

Un paciente que bajó 63 kilos dijo una vez en un grupo que cuando era gordo soñaba con ser flaco y que, una vez alcanzada la meta, tenía pesadillas en las que engordaba. Su caso no es el único, muchos de los que han alcanzado su peso viven con el temor de volver a subir. Ese temor tiene sus razones: han llegado a la Clínica después de vivir quince, veinte o treinta años "a dieta", obsesionados por la comida y los horarios. Luego de un trabajo constante han alcanzado finalmente una delgadez que no es sólo un estado -como puede serlo para el flaco de toda la vida- sino una virtud y un logro. Como gordos, poco tenían que perder; su actitud no era de atención ni consciencia.

Cuando finalmente llegan a su peso, muchos pacientes creen haber entrado en un paraíso perdido o nunca alcanzado, insertos ya en un mundo ilusorio, pretenden que la delgadez dure para siempre como por arte de magia. Pero la realidad adulta es diferente, en ella nada es para siempre: ni el amor, ni el dinero, ni la salud, ni la felicidad. Además, las estadísticas mundiales no los favorecen: con otros sistemas sólo un doce por ciento logra mantener el peso después de tres años de alcanzado. Esta estadística repite el patrón del resto de las adicciones.

Es importante que aquél que ha llegado a su peso se ubique dentro de esta realidad, acepte los altibajos y excluya la ilusión de que la flacura mantenga un sello de inviolabilidad de por vida. Y que entienda que, por otro lado, ninguna área del vivir se sostiene sin ser cuidada.

Por lo tanto, se debe intentar mantener el estado de delgadez durante el

26Los grupos Premio, de mantenimiento, siguen a los grupos CLAVE y forman parte de la segunda etapa del método de CORTE, MEDIDA y DISTANCIA.

mayor tiempo posible, pero con la precaución de que si en algún momento se produce un tropezón, éste no debe transformarse en una caída libre. El paciente que está en mantenimiento aprende que la única magia es la alarma que suena en la balanza cuando subió dos o tres kilos. Subir más de eso implica un mes de desorden y él ya sabe captar el desvío a los pocos días, para que el peso no se le vaya de las manos. La alarma aparece en las palabras de dos pacientes: "Cuando me agarré un atracón (me puse tres kilos), paré porque pesaron en mí mis amigos, los logros, mi vida social y mi vida deportiva, más que la comida. Actué como un flaco que engordó". "Puedo detectar rápido los dos kilos que me puse otra vez. El mantenimiento es como un jardín inglés al que se cuida y protege; pero cuando aparecen las primeras malezas, éstas se deben cortar rápidamente para que no invadan todo el jardín."

El tema de los desvíos o posibles atracones se trabaja específicamente, en los grupos de mantenimiento. Y no es el fin, no es que todo lo hecho pierde sentido, sino que merece ser resignificado para seguir adelante.

Los nuevos flacos

Gordo es quien está pegado a la comida y flaco, quien se despegó y puede dejar de comer cuando quiere. Un gordo que deja de comer porque debe, pasa a ser flaco porque quiere. El nuevo flaco aprende las negociaciones que el flaco primario ha hecho toda la vida: si un día comió de. más, al otro compensa. Pequeña porción mediante, ha aprendido a parar de comer.

Para un nuevo flaco la balanza es de primera necesidad. Debe controlar diariamente su peso, aun y sobre todo cuando sale de viaje. Además de seguir guiándose por el CORTE, la MEDIDA y la DISTANCIA,

debe hacer actividad física (caminar, trotar, nadar, andar en bicicleta, hacer gimnasia o algún deporte), la mejor herramienta para.el mantenimiento. De esta manera el cuerpo se endurece, consume energía y segrega hormonas de bienestar (endorfinas). Sin movimiento se puede bajar de peso pero es muy difícil mantenerse.

Algunos pacientes, lejos del fantasma de "volver a engordar", caen en la tentación del viaje omnipotente y eufórico. Creen haberse recibido de flacos con mayúscula y el peso se les vuelve a ir de las manos. Lo que ocurre en estos casos es que se corre la prioridad: la dieta pasa aun segundo plano en sus vidas, aparecen otros temas que distraen, se desconectan de su peso y, tarde o temprano, terminan comiendo, de más. En general, son personas que dejan de concurrir a los grupos porque están seguros con su peso, pero les falta el cable a tierra, el contacto con gente que está en una situación parecida.

Es que mantenerse es una elección. Uno elige un camino y después decide comprar un auto para recorrerlo o bien hacer el trayecto a pie. También puede optar por quedarse quieto, mirando la elección. Pero para que realmente haya elección y simplemente preferencia, algo del

camino hay que recorrer. Es decir, si elijo la delgadez y no hago nada para alcanzarla, significa que prefiero estar delgado pero me quedo pasivamente bien gordo, contemplando lo que elegí, sin hacer ningún esfuerzo, salvo el esfuerzo enorme de vivir gordo como si nada malo pasara.