Alcance mundial de la obesidad
CUÁNDO SE ES GORDO ?
Cuando se nace:
Los genes
Si bien todos los seres humanos estamos sometidos a las presiones del contexto en que vivimos, no todos tenemos las mismas condiciones físicas para enfrentarlas. Tal es así que en este ambiente de sobreoferta alimenticia y sedentarismo en el que vivimos, algunas personas son capaces de mantener un balance razonable entre la ingesta y el gasto de energía, pero otras sufren de un desbalance crónico que se traduce en sobrepeso y obesidad.
Entonces, para explicar dicho contraste, ya no alcanza el análisis de los distintos factores externos que incitan a comer, sino,que hay que detenerse en las particularidades de las personas que sufren ese desbalance y ver por qué se produce. En efecto, entre el 20% y el .3.0% de los obesos tienen su gatillo en los genes, heredan la tendencia a engordar.
Así como hace cincuenta años se le imputaba el problema de la gordura a la tiroides y dos décadas después fue el mal funcionamiento de la psiquis, para luego echarle la culpa de la obesidad al metabolismo lento, hoy se sabe que el fenómeno es policausal. Y entre las distintas causas que inciden en el aumento, excesivo de peso, los estudios científicos han establecido qué los genes desempeñan un.importante papel.
Según los científicos, detrás de nuestras aumentadas colas y de nuestras cinturas que se ensanchan, existe una disposición de genes que directa o indirectamente vinculan a nuestro estómago con nuestro cerebro..Estos genes, afilados.a lo largo de millones de años de evolución, parecen haber traicionado a muchos en el-mundo del siglo XXI.
Pero ¿qué son los genes? Son, en buena medida, los que determinan cómo crecen y se desarrollan las personas. En cada ser humano se observa la presencia de alrededor de treinta mil genes.
En su mayoría, se heredan en pares y una copia proviene de cada uno de los padres. Si una copia de los dos genes que heredamos es normal, esto es generalmente suficiente para prevenir una enfermedad específica. Pero cuando tenemos dos copias de un gen anormal es cuando se puede manifestar una enfermedad. Es en base a dichas características genéticas que determinados grupos étnicos tienen mayor predisposición para ciertas enfermedades que otros.
De la misma manera como algunos genes determinan el color de los ojos o la estatura -ya que contienen el ADN, que codifica rasgos específicos-
se sabe que hay otros que afectan el apetito, la capacidad de sentirse saciado o satisfecho, el metabolismo, la capacidad de almacenamiento de grasa y de reglulación del peso corporal.
Investigaciones recientes han descubierto una serie de mutaciones genéticas que podrían ser responsables.de ciertas formas de obesidad mórbida. De acuerdo con estos estudios, un gen alterado llamado GAD2
impide al cerebro percibir la sensación de saciedad, a la vez que aumenta el riesgo de obesidad al actuar sobre el hipotálamo, que regula el comportamiento alimentario y la producción de insulina en las personas. Es decir: la persona afectada, por esta alteración genética nunca ve saciado su apetito puesto que la señal de saciedad no llega a su hipotálamo, al tiempo que al comenzar a comer no produce la insulina necesaria que hace sentir la misma sensación de saciedad.
Una vez identificado el gen, es posible desarrollar un programa de detección por imágenes para identificar, desde la niñez, a aquellos que, tengan una propensión hereditaria para comer en exceso y, en consecuencia, se podrá implementar un tratamiento preventivo centrado en el cuidado de la alimentación y de la forma de vida.
Sin embargo, no hay que atribuirle .a este gen la responsabilidad en todos los casos de obesidad, ya que el mismo es un factor desencadenante sólo en una de cada diez personas obesas.
Sabemos que, además del GAD2 intervienen genes relacionados con la
grasa corporal y la forma del cuerpo. Por ejemplo, cuando uno ve a un bebé gordo, a un padre gordo, y a un abuelo gordo, se da cuenta de que hay hereditabilidad, es decir que hay tendencia a que siga la cadena de obesidad.
También se heredan los gustos y preferencias por las comidas, y lo que es más importante, se hereda la cantidad, la frecuencia y la, calidad de comida que se ingiere. Esto ha sido estudiado en chicos separados de los padres y también en. animales.
Si uno observa cómo comen los niños, ve que a algunos hay que insistirles para ir a la mesa y muchas veces dejan la comida, pero otros van inmediatamente, comen con ganas y, en general, repiten el plato. Estos últimos, aunque no hayan engordado, están mostrando algo extraño: un amor exagerado por la comida.
Entonces, no conviene sobreinterpretar lo que le pasa a un niño con el tema del comer ya que muchas veces se piensa que come o deja de comer para llamar la atención, pero el hecho de que coma en exceso puede ser una expresión de su carga genética, ese amor exagerado por la comida puede tener una explicación biológica, que luego, entrelazada con la repetición de hábitos, se hará conducta permanente.
La teoría del gen ahorrativo
Si comparamos a los seres humanos con los animales, vemos que estos últimos raramente engordan, a menos que sean viejos o estén domesticados. Los animales jóvenes casi nunca aumentan de peso, pero las personas lo hacen con mucha frecuencia.
Las observaciones nos.dicen que el hombre tiene cerca de diez veces más cantidad de adipositos en relación con su masa corporal respecto de otros animales. Los osos polares, por ejemplo, tienen una razón para estar gordos y fuera de la curva: necesitan aislarse y pasan largos períodos sin obtener alimento. Este caso, como el de otros animales que por determinadas circunstancias ahorran energía, ha llevado a los investigadores a indagar si, en el hombre la situación es similar.
Con respecto a este tema, el genetista americano James Neel, al buscar una explicación para la obesidad extrema de los indios pima, originarios de Norteamérica, propone la teoría del gen ahorrativo. Dicha teoría explica que la tribu en cuestión debió atravesar un período de hambruna en un momento de su historia (cuando se trasladaron desde México hacia Phoenix, Arizona) y muchos individuos quedaron desnutridos o murieron. Los que sobrevivieron lo hicieron -sostiene Neel- porque tenían una ventaja innata: un gen ahorrativo tendiente a acumular energía. Sus descendientes heredaron ese rasgo distintivo que resultó una carga en lugar de un beneficio.
Según Andrew Prentice, investigador del Medical Research Centre del Reino Unido, el gen ahorrativo se remite a los comienzos de la agricultura y al crecimiento demográfico. En esa época muchas personas dependían de una pequeña cantidad de cultivos en un área limitada; el fracaso de las cosechas produjo desastres en la alimentación. Los sobrevivientes fueron los que, como en el caso que estudia Neel, tenían reservas de energía y los que extendieron el gen entre sus descendientes.
Entonces, vemos que dicho gen (o conjunto de genes) permitiría una utilización más eficiente de.la comida y favorecería la formación de depósitos de grasa e incrementos rápidos de peso durante los períodos de abundancia, con el fin de acumular reservas para sobrevivir a posibles hambrunas posteriores. Este gen, de gran utilidad en el pasado, en la época actual y ante una vida colmada y sedentaria, conduciría a la aparición de obesidad y de diabetes.
En síntesis, podemos decir que los genes contenidos en el cromosoma de las células de grasa (adipositos) condicionan ciertas actividades psicológicas, neurológicas y hormonales relacionadas con los hábitos alimenticios y, por lo tanto, con la obesidad. Es fácil imaginar, entonces, cómo repetidas hambrunas a lo largo de! desarrollo de la humanidad prácticamente forzaron al sistema biológico de la regulación del peso a torcerse más fuertemente hacia el lado de la resistencia contra la pérdida de peso que hacia el lado de la protección contra el aumento de peso.
Pero, ¡cuidado! Los genes no son los que nos hacen gordos sino que establecen una susceptibilidad al aumento de peso bajo ciertas condiciones, tales como un estilo de vida sedentaria y la abundancia de comida.
Si bien el panorama respecto de la incidencia de los genes en la gordura ha avanzado considerablemente en los últimos años, aún hay muchas cuestiones sobre el tema que no han sido develadas. En los siguientes
cuadros se explícita qué es lo que sabemos y qué nos falta develar.
Lo que sabemos:
• Las personas con antecedentes biológicos de obesidad pueden estar predispuestas a aumentar de peso.
• Debido a la variación genética entre los individuos, algunas personas guardan más energía en forma de grasa en ambientes de abundancia y otras, por el contrario, pierden menos grasa en ambientes de escasez.
• En muy contadas ocasiones, las personas sufren mutaciones en genes individuales que resultan en una obesidad severa que se inicia en la infancia.
• Las personas obesas tienen similitudes genéticas que pueden brindar claridad sobre las diferencias biológicas que predisponen al aumento de peso.
• Las compañías farmacéuticas están utilizando enfoques genéticos (farmacogénicos) para desarrollar nuevas estrategias en el uso de medicamentos para tratar la obesidad.
• La tendencia a guardar energía en forma de grasa se considera el resultado de miles de años de evolución. Quienes guardaban energía en tiempos de abundancia, tenían mayores probabilidades de sobrevivir durante los períodos de hambrunas y transmitir esta tendencia? a sus descendientes.
Lo que nos falta develar:
• ¿Cuáles son los genes que, en los parientes biológicos determinan las similitudes respecto del peso corporal?
• ¿Cómo afectan los genes el metabolismo de la energía y su regulación?
• ¿Cuáles son las diferencias biológicas entre los que responden mejor a una dieta y los que no lo hacen?
• ¿Existen síndromes adicionales de obesidad causados por la mutación de genes individuales?
• ¿Cómo interactúan la variación genética y los factores ambientales para producir la obesidad?.
• ¿Podrán los enfoques farmacológicos beneficiar a la mayoría de los obesos?
• ¿Cómo se pueden contrarrestar miles de años de presión evolutiva?
Cuando se crece:
Biología y metabolismo
Una de las cuestiones que más controversias genera en el ámbito de la biología de la obesidad es determinar por qué algunas personas se las
arreglan para vivir en el mismo entorno tóxico y nunca aumentan de peso. Tal como dijimos cuando hablamos de genética, los seres humanos venimos al mundo equipados con docenas, tal vez cientos de genes y hormonas asociadas que regulan la ecuación energía-equilibrio. De un lado de la ecuación se encuentran las calorías que consumimos y, del otro lado, las que quemamos (a través de la actividad física y de lo que el cuerpo necesita para mantenerse en buen funcionamiento). El excesdente se convierte en grasa corporal.
Se sabe que las células adiposas se reproducen en la infancia y pubertad. Durante la infancia se producen las marcas que van a condicionar el futuro peso, pero a pesar de eso uno puede adelgazar y mantenerse, aunque siempre debe recordar que tiene esa tendencia. Hoy en día las personas delgadas puras que se controlan por su cuenta, o no se controlan, no superan el 20% de la población. El otro 35% de la gente tiene un alerta en la ropa, o en la estética, o en el malestar frente al exceso de comida, y muchos, si suben dos o tres kilos, enseguida los adelgazan.
En los adultos las células adiposas se reproducen cuando hay mucha presión alimenticia y entonces hay más células que son celdas vacías para llenar. Por lo tanto esa persona comienza a sufrir engordes muy grandes y se transforma en lo que se llama hoy un gran gordo, un hiperobeso u obeso mórbido, la persona que supera los 130, 140 kilos.
Es un descubrimiento nuevo que en la adultez se produce el crecimiento del número de células adiposas en casos de hiperobesidad. Antes se creía que sólo había agrandamiento de células, ahora se sabe que, en dichos casos, también aumenta la cantidad. Las células son como
hijos con hambre, y si hay más hijos, cuanto más grandes son, más hay que alimentarlos.
Muchas compulsiones son atribuidas a causas emocionales cuando son simplemente pedidos corporales, como cuando el cuerpo le pide azúcar a un diabético: en la hipoglucemia se produce una sensación de temblor, de debilidad profunda, de ganas de dulce o ganas de harina, y no se puede parar de comer porque se necesita.llenar una ausencia real en el cuerpo.
Asimismo, sabemos que se produce crecimiento celular en los que tienen gordura central -grasa en el abdomen y tórax-, lo que provoca más enfermedades metabólicas.
También se logró esclarecer cómo en determinados procesos biológicos que sostienen el equilibrio corporal, intervienen ciertas sustancias como las siguientes:
• La hormona PYY3-36. Es liberada por las células en el tracto digestivo en respuesta a la comida y le dice al cerebro que el cuerpo está satisfecho.
• La GRELINA. Cuando el estómago está vacío, sus células liberan
grelina, una hormona que provoca dolores agudos por hambre. • La INSULINA. Como gran reguladora de la cantidad de glucosa en
cuánta glucosa se quema y. cuánta se almacena como grasa.
• La COLECISTOKININA. Una vez que el alimento llega al intestino
delgado, esta hormona desata la liberación de encimas digestivas y actúa como una señal para dejar de comer.
• La LEPTINA. Es una hormona secretada por las células grasas del
cuerpo y mantiene los niveles dé grasa constantes. Mucha leptina en la sangre lleva a una disminución del apetito y a una combustión más rápida de calorías.
Sin embargo, el ambiente, con su carga de estrés, tambien interfiere directamente sobre los receptores encargados de dar órdenes al cerebro del tipo "me siento saciado" o "el cuerpo ya está en orden". Esto también es fundamental para entender los motivos del aumento de la obesidad en el mundo, y el efecto producido por un entorno facilitador de estrés y tensiones.
En efecto, hay elementos de influencia positiva y negativa en el comer y en el peso corporal. Por lo tanto, es necesario tener en cuenta su incidencia cuando hablamos de obesidad.
Los últimos descubrimientos acerca de por qué engordamos confluyen en un punto: la clave de la obesidad está en el balance que establece nuestro organismo entre la energía que gana y la que gasta. Pero dicha energía depende de procesos volitivos, como explica el investigador Marcelo Rubinstein, científico del Instituto de Genética y Biología Molecular. Es decir: si el organismo necesita más oxígeno, automáticamente el corazón bombea más rápido y el oxígeno viaja a bordo de la hemoglobina hasta los tejidos. En ese caso no es necesario tomar ninguna decisión consciente. Pero si necesita energía, debe procurársela mediante la caza, la pesca o... la visita al supermercado.
Entonces, para entender la obesidad hay que entender él balance energético. Y una homeostasia –equilibrio entre ingreso y egreso- energética no se regula automáticamente sino que depende de un laberíntico sistema neurohormonal cuyas innumerables vías desembocan, tarde o temprano, en el cerebro; más precisamente, en el hipotálamo.
EL HIPOTÁLAMO
Ubicado en el cerebro, el- hipotálamo reviste una gran importancia como centro regulador de funciones vegetativas, entre las cuales se destacan:
• Intervenir en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono, de las grasas y de las proteínas.
• Regular la eliminación de orina y mantener el equilibrio hídrico. • Regular la temperatura corporal.
• Provocar la sensación de hambre. • Participar en la regulación del sueño.
• Influir en. el crecimiento corporal y en las..funciones sexuales -entre otras- a través de la regulación de la producción de hormonas.
A lo largo de la evolución, la alimentación ha estado íntimamente vinculada con circuitos cerebrales de recompensa y placer. Sabemos que uno de los mensajeros químicos involucrados en la .alimentación es nada menos que la dopamina, un neurotransmisor asociado con la adicción de todas las drogas de abuso.
Asimismo, vemos que otra de las vedettes que cumplen roles protagónicos en el. escenario del hambre es la serotonina, también vinculada con el estado de ánimo. Es un mensajero químico que actúa sobre las neuronas que secretan melanocortinas, los agentes anoréxicos - los que inhiben el apetito- más:potentes que hay en el cerebro.
Por otra .parte, las melanocortinas tienen su contracara en otro neurotransmisor conocido como. desencadenante de voracidad: el
péptido.
Entonces, vemos que en materia de hambre y saciedad existen en el centro de decisiones del cerebro dos tipos de neuronas que controlan la ingesta de alimentos: uno actúa como acelerador (neuroquímico NPY) y el otro como un
freno (melanocortinas). Lo singular del caso es que durante el adelgazamiento se activan las neuronas aceleradoras y se bloquean, las inhibitorias. Es decir, cuando intentamos perder peso, nuestro cerebro estimula la ingesta de alimentos.
Según Rubinsteiri, no hay sistema del organismo que no participe directa o indirectamente del control de la energía. Pero el verdadero problema de la obesidad -opina el; científico- es que los seres humanos somos esclavos de
nuestra carga genética, especializada, como dijimos anteriormente, en conservar energía.
El factor sentirse bien: las grasas, los azúcares y la sal.
La democratización de las comidas con alto contenido de grasas, azúcar y sal, combinada con estilos de vida cada vez más sedentarios, está creando lo que los expertos de la salud denominan una "transición de la nutrición". -Y nos está matando. Se ha diseñado una sociedad que garantiza la existencia de gente con un estado físico pobre, de gente obesa que muere por enfermedades relacionadas con la alimentación:
GRASAS + HARINAS → OBESIDAD AZÚCAR → DIABETES
SAL → HIPERTENSIÓN
Es indudable que la comida más sabrosa es dulce, grasosa o salada. Y lo que la diferencia de otras sustancias que engordan menos es, fundamentalmente, el gusto. Pero, paradójicamente, el consumo en exceso de estas comidas es lo que ha generado los tres grandes males de nuestra era: la obesidad, la diabetes y la hipertensión. Entonces: lo que más gusta es lo que peor hace. ¡Qué dilema para el hombre! ¡qué difícil de sobrellevar!.
recién nacidos se ve el placer, que les produce.
Por su parte, el encanto de las grasas no se debe a que sean sabrosas sino a que son cruciales para otros sabores. Tal como se aclaró en un congreso sobre obesidad celebrado este año en Praga, no es que la grasa sea inocente, lo que ocurre es que tiene unos cómplices necesarios que son las harinas y los azúcares, vehículos del ingreso a las células a través de la insulina.
Entonces, vemos que muchos sabores se acentúan o liberan con la ingesta de grasas; por lo tanto, si hay pocas grasas, hay poco sabor. Y esto se produce porque la grasa tiene un largo círculo de moléculas que se sienten suavemente en la lengua y, por lo tanto, su ingesta es placentera. Los tecnólogos en alimentos han inventado, formas de obtener proteínas y polisacáridos simulando el comportamiento de las