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Rachel tendió su mano al capitán Pettit —Capitán, quiero darle las gracias a usted y a sus tropas por todo lo que hicieron por nosotros. Espero que las lesiones sufridas no sean demasiado graves y todo el mundo se recupere rápidamente.

—No necesita dar las gracias, Srta. Winslow. Estamos aquí para proteger a nuestros ciudadanos y aliados— su apretón de manos fue firme, pero no dominante, su palma áspera y seca como conviene a un hombre que hacía más que sentarse detrás de un escritorio. Sus ojos, con un tenue tono verde, sostuvieron su mirada por un momento con calidez genuina —Confío en que tenga todo lo que necesite aquí.

—La Mayor Newton ha sido muy complaciente— Rachel miró al hombre sentado junto al escritorio del capitán. Él le miraba, pero no hizo ningún movimiento para presentarse. Su mirada, a diferencia de la de Pettit, era fría y remota, más bien como un glaciar visto desde la distancia. Impersonal, dura y fría. A ella no le intimidaban los hombres que intentaban intimidarla. Ella había pasado su vida alrededor de mujeres y hombres poderosos que eran expertos en el juego de la intimidación silenciosa, con sutiles insinuaciones y frases acertadas. Ella sonrió —Lo siento. Soy Rachel Winslow.

Él se levantó lentamente y con sorprendente elegancia para un hombre que debía superar el metro ochenta. Su estructura era notable en su absoluta simetría y proporción, casi como si hubiese sido un dibujo anatómico… el ancho adecuado en sus hombros equilibraba su torso estrecho, pero no sus caderas demasiado estrechas. Sus muslos no eran ni muy voluminosos ni demasiado delgados. Su uniforme, a pesar de la ausencia de identificación de parches o insignias, lo enmarcaba tan impecablemente que sospechaba había sido adaptado para él ¿Quién vestía uniformes antiexplosivos? ¿Qué clase de hombre necesitaba el control de cada pequeño detalle?

Rachel tendió su mano. Tu turno.

El apretón de manos se sentía más como una prueba que un saludo. Su presión era un poco más firme que cordial, en caso de que ella olvidase su posición de poder y él sostuvo su mano un poco más de lo socialmente aceptable. Las señales eran sutiles, tanto que, si no lo hubiese sabido, podría haber pensado que imaginó su demostración de dominación. Ella no había imaginado el pulgar que brevemente recorrió sus nudillos en lo que bajo otras circunstancias podría haber sido una caricia. Mantuvo sus ojos sobre él hasta que él aflojó su agarre y entonces ella retiró su mano.

—Michael Carmody— dijo como si eso fuese todo lo necesario.

Ningún rango. Ninguna afiliación. De Inteligencia. Tomando en cuenta donde estaban, lo más probable es que fuese de la CIA. Ella se volteó hacia el Capitán, ignorando a Carmody, sabiendo que a él no le gustaría eso. Bien. A ella no le gustaba ser un peón en ningún juego y se sentía así más y más a cada momento.

—Sólo hay una cosa— dijo Rachel —No he tenido la oportunidad de encontrar un teléfono. Me gustaría comunicarme con el resto de nuestra Delegación ¿Están aquí?

—El equipo médico ha sido llevado a la embajada francesa— dijo Pettit —Estamos esperando instrucciones de las otras embajadas en cuanto a los planes para el resto del equipo de ayuda.

— ¿Todos están bien?— ella decidió no preguntar acerca de Max y Grif hasta que no tuviese una idea de lo que estos hombres… no, estos hombres no… lo que Michael Carmody buscaba.

—Sí— dijo Pettit —Algunas heridas menores, nada serio.

—Gracias a Dios— el asesinato del guardia de seguridad era lo suficientemente horrible. Rachel estaba agradecida de que no hubiese sido peor —Estoy segura que está muy ocupado, pero… ¿podría arreglar que tuviese acceso a un teléfono?

—Por supuesto— dijo el Capitán Pettit —Si….

—Eso tendrá que esperar un poco más— dijo Michael Carmody, interrumpiendo al capitán sin el menor atisbo de disculpa —Tome asiento, Srta. Winslow. Estoy seguro que debe estar cansada.

¿En realidad él esperaba que admitiera cualquier tipo de debilidad mientras él movía sus piezas de ajedrez en el campo de batalla? Ella podía rehusarse, pero no ganaría nada. Por supuesto que estaba cansada. Cuando las últimas moléculas de adrenalina se quemaran, probablemente se derrumbaría. Un enfrentamiento físico estaba fuera de cuestión y ella había aprendido a convivir con el poder que el aspecto de la cooperación a menudo daba a uno la ventaja en un juego largo. Ella se sentó en el único asiento desocupado en la sala, una silla de madera sin brazos frente a la mesa del Capitán. Cruzando las piernas, se sentó —Estoy segura que en algún momento tendré ganas de dormir por todo un día, pero gracias, estoy bien.

—Tal vez…— dijo Carmody en un lento y casi hipnótico ritmo —… pudiera decirnos qué pasó en el campamento.

Una mirada distinta de descontento cruzó el rostro del Capitán Pettit que fue rápidamente sofocada. Su desagrado por todo lo que estaba pasando reafirmaba la evaluación de Rachel de que Carmody estaba detrás de este no tan sutil interrogatorio haciéndolo pasar por una sesión de repaso. Ella anguló ligeramente su cuerpo para enfrentar a Carmody —Pensaba que eso ya lo sabían.

—Siempre es bueno tener la información de primera mano— dijo él con una débil sonrisa.

—Me temo que la mía podría ser un poco desordenada. Todo sucedía a la vez y lo admito, también estaba asustada al principio como para poner mucha atención a los detalles— había estado demasiado ocupada corriendo por su vida — ¿Si me puede dar alguna idea de lo que le interese?

—Uno nunca sabe lo que sería importante ¿no es así?

Realmente le disgustaba este hombre, con su actitud de superioridad y su leve evaluación sexual —Oh, no sé. A veces uno piensa que sí.

Sus ojos se recrudecieron aún más, si es que eso era posible — ¿A qué hora comenzaron los ataques?

Rachel dobló sus manos en su regazo para ocultar el temblor involuntario. No quería que él supiera que el solo pensamiento de lo que pasó, agitaba una cascada de adrenalina de miedo en ella. Por supuesto, si él era quien ella pensaba que era, él ya lo sabría —No lo puedo decir con precisión, pero cerca del amanecer.

— ¿Después del amanecer o antes?

Al amanecer. El estruendo de las explosiones la catapultaron de su sueño para tomar conciencia. Su corazón se aceleró, sus miembros se congelaron instintivamente en los primeros segundos de pánico. Abriendo sus ojos en la oscuridad, sin aliento con la instantánea aceleración de la noche de terror, acorralada e impotente para enfrentar cualquier monstruo que viniera por ella. Apretó sus manos y sus uñas se clavaron en sus palmas. Deseaba no poder recordarlo, pero sabía que nunca sería capaz de olvidar —Si es importante, creo que justo antes.

— ¿Y nadie en el campo parecía tener alguna preocupación de que algo estaba a punto de suceder?

—No que yo haya notado.

— ¿No había mayor seguridad? ¿Ninguna medida de prevención?

—Como dije, no estoy al tanto de lo que alguien en el campamento pudiese o no haber sabido.

— ¿Y Usted Srta. Winslow?— preguntó Carmody — ¿Estaba consciente de que habría un ataque inminente?

No sabía de qué lado estaba este hombre y no quería proporcionarle municiones. Tampoco quería mentir. Había escuchado de muchas personas estranguladas con su propia red de engaños. Si tan sólo tuviese alguna idea de lo que buscaba. A quién buscaba… ¿Dacar, Max, su padre? ¿Ella? ¿Su padre había violado la brecha de seguridad por ponerse en contacto con ella la noche anterior? Pero ese hecho no tenía sentido… todos los involucrados aquí en el campamento Lemonnier lo sabían… el nivel de seguridad no podía haber sido tan alto ¿Y por qué no informarle a ella? Ella debió haberlo sabido cuando llegaron los Halcones Negros a menos de diez horas después de la llamada de su padre —No sabía que iba a ocurrir un ataque. Si lo hubiese sabido, le aseguro que no me habría ido alegremente a dormir y esperar.

— ¿Cuánto tiempo usted y su equipo estuvieron ahí?

Otro asunto para el registro. Sin embargo, decirle a él lo que ya sabía no le costaba nada —Poco más de dos meses.

— ¿Y no tuvieron ningún problema con los rebeldes? —No, ninguno.

—Y qué hay de sus líneas de abastecimiento ¿Con qué frecuencia veían a algún americano?

Rachel frunció el ceño —Lo siento, no entiendo. No veíamos quien traía los suministros…al menos, yo no. La carretera más cercana, si puede llamarse así, terminaba en una villa ocupada a veinte millas de distancia. Alguna de nuestra gente hacía el viaje por noticias y para recoger nuestros suministros en ese punto. La mayor parte de nuestro campamento: carpas, alimentos, medicina y equipo… fueron aerotransportadas y acomodadas antes de que yo llegara.

— ¿No acompañó a nadie desde su campamento hacia este pueblo?

—No. Generalmente era una excursión de un día completo y yo tenía otros deberes. — ¿Y nunca vio a algún estadounidense acompañar a alguien al campamento? —No.

— ¿Y los lugareños somalíes? ¿Alguien que le haya parecido inusual o una visita frecuente?

— ¿Inusual? No creo que uno vea común a somalíes hambrientos... hombres, mujeres y niños… pero no, nada que yo recuerde.

— ¿Y los hombres con fusiles?

Rachel sonrió —Eso se había convertido en algo un poco más usual.

— ¿Cuánto contacto tuvo con los rebeldes entre el ataque y el momento de su rescate?

Rachel suspiró —Ninguno, gracias a Dios. — ¿Nunca vio a nadie cerca del campamento?

Ella estaba mirando a través de la puerta de la carpa otra vez, cegada por el sol, sosteniendo un arma desconocida mientras el hombre que intentaba salvarla se retorcía de dolor detrás de ella. La selva cerrada en torno a ella, llena de sombras ominosas. Ella veía monstruos por todas partes —No, a nadie.

— ¿Y la Comandante De Milles? ¿Cuántas veces salió para encontrarse con alguien?

Una fría cascada recorrió todo lo largo de las terminaciones nerviosas de Rachel. La selva se desvaneció, el aire pesado se alejó y pudo respirar otra vez. Piensa nuevamente. El enemigo ya no estaba sin rostro. Ella lo estaba mirando —Nunca.

Una ceja arqueada cuidadosamente, una que hubiese jurado había sido encerada en una línea perfecta, se movió hacia arriba — ¿Nunca? ¿Ella nunca dejó el campamento?

—Eso no fue lo que usted me preguntó. Sí, ella revisó para asegurarse que no estábamos en peligro inmediato por los rebeldes cerca del campamento.

— ¿Y cómo sabe que no se encontró con alguien?

—Nunca escuché disparos y si ella hubiese encontrado a los rebeldes, hubiese disparado.

—Bueno, eso asumiendo que se hubiese topado con el enemigo.

—Y…— dijo Rachel, deseando tener el rifle nuevamente —… lo sé porque yo la seguía.

El Capitán Pettit tosió suavemente.

Carmody le miró fijamente, con ésa mirada que se parecía mucho a la de una serpiente que consideraba a un ratón antes de atacar —La seguía hasta la selva ¿Dónde podría haberse topado con minas terrestres o con fuerzas rebeldes?

—Me temo que no estaba pensando en eso en aquel momento. Pero sí, la seguía. —Eso fue muy valiente de su parte.

— ¿Exactamente qué piensa que pasó ahí, agente Carmody?— dijo Rachel, cansada de sus juegos.

—Creo que es muy afortunada de estar viva— dijo él suavemente.

—No lo estaría si no hubiese sido por la Comandante De Milles y los otros.

Ella volvió su atención de Carmody hacia Pettit —Me gustaría utilizar el teléfono ahora y me gustaría ver a la Comandante De Milles y al Teniente Griffin. Les debo la vida y me gustaría darles las gracias personalmente.

—Veré que le den privacidad para su llamada— dijo el Capitán Pettit. Rachel se levantó, agradecida porque sus piernas no temblaban —Gracias.

Pettit alcanzó un teléfono en su escritorio —Oficial, puede llevar a la Srta. Winslow a la sala de comunicaciones— Pettit colgó y se dirigió a Rachel —Cuando haya acabado, alguien la escoltará al Hospital.

—Gracias una vez más, Capitán, por todo lo que sus tropas han hecho por mí y mi equipo— Rachel posó su mirada sobre Carmody, quien le miraba a sus espaldas, antes de caminar hacia la puerta.

El suboficial le llevó a través de otra serie de pasillos hacia una gran habitación donde media docena de personas estaban sentadas frente a terminales de computadoras, grandes mapas y monitores que mostraban vistas aéreas de lo que parecían ser millas de selva inhabitada y desierto. El detalle de los objetos en el suelo era sorprendente… podía contar prácticamente las ramas en algunos de los árboles. Había estado allí en algún lugar apenas horas antes. Se preguntaba si las personas en esta habitación habían podido verla. —Por aquí, señora— el suboficial le llevó a una pequeña habitación separada de la más grande por una simple puerta de madera en una pared sin ventanas. El cuarto tenía un escritorio, estantes con montones de papeles, manuales de campo y un teléfono fijo — Puede llamar directo de allí, señora.

—Gracias, oficial ¿Y cómo podría ir al hospital?

—Haré los arreglos para que un conductor le espere enfrente, señora. —Gracias. Se lo agradezco.

—Sí, señora.

Él se fue, cerrando la puerta tras él y Rachel se desplomó en la silla de metal detrás del escritorio. Miró el teléfono y se preguntó qué tan seguro podía ser. Extraño, se sentía menos segura aquí rodeada de aquellos en los que supuestamente debía confiar para mantenerla a salvo, que lo que se había sentido en la selva sólo con Max entre ella y todos los demonios que les rodeaban. Max. Ahora Max podría estar en peligro, Tal vez Grif también. Una ola de furia le recorrió. Alcanzó el teléfono y marcó el número directo de su padre. Él siempre hacía que sus llamadas fuesen redirigidas a su celular, sin importar donde podría estar. Ella necesitaba información y él nunca estaba al margen. No podía luchar contra un enemigo que no podía reconocer y era su turno de interponerse entre Max y todo lo que se escondiera en las sombras.