Rachel deslizó su brazo por el de Christie y le guio hasta la fila de taxis. Cuando llegó su turno, abrió la puerta trasera del taxi amarillo y ayudó a Christie a entrar en el — Llamaré a Sara para decirle que estás en camino. Ella responderá si llamo a la casa ¿no? —Estoy bien, de verdad— dijo Christie, enunciando cada palabra cuidadosamente —Puedes llevarme al hotel. Subir conmigo.
—No, no puedo. Te estoy enviando con tus padres. Entonces sabré que estás segura en casa.
—Aún puedes venir conmigo. Sara es muy discreta… siempre nos cubrió a mí y a Tommy cuando llegábamos tarde a casa.
—Lo recuerdo— Rachel sonrió y negó con la cabeza —Pero lo dije en serio anteriormente… me importas, pero ésa parte terminó.
—Está bien… por ahora— Christie se inclinó hacia atrás y cerró sus ojos —Pero no voy a rendirme.
—Te llamaré pronto— Rachel cerró la puerta, le dio al taxista la dirección de los Benedict y le pagó el pasaje más una generosa propina. Regresando a la acera, se alejó de la multitud y marcó a la casa de los padres de Christie. El ama de llaves de muchos años contestó, sonando perfectamente despierta a las casi 2:00 de la madrugada.
—Sara, soy Rachel Winslow— dijo ella —Christie va a casa en un taxi. Espérale afuera ¿quieres? y asegúrate que se acueste a dormir ¿está bien?.. Tomando en cuenta el tráfico, llegará en media hora o algo así. Gracias, Sara.
Terminó la llamada y estuvo a punto de remarcar para que el servicio de coche le recogiera, cuando sintió unos ojos en ella. Lentamente, estudió las sombras más allá de la entrada del edificio brillantemente iluminado. Había aprendido a mirar muy bien en las sombras y discernir lo que estaba escondido allí. Esta noche, no tuvo problemas en absoluto y su pulso se aceleró. Max. Un instante después, Max se detenía a su lado. Había cambiado su vestimenta de uniforme por una camisa oscura que usaba por fuera de unos vaqueros oscuros. Miró cada centímetro como había hecho anteriormente. Rachel se esforzó para no pensar en lo tremendamente sexy que era.
—Hola— dijo Max — ¿Ya terminó la noche?
—Sí, por fin. Noté que desapareciste hace mucho tiempo.
—Culpable— dijo Max, riendo suavemente —Me escapé en cuanto pude hacerlo cortésmente.
—Apuesto a que alejaste a Shelley a trompicones.
Max deslizó sus manos en los bolsillos de sus jeans y alzó un hombro, un gesto tan de Max que Rachel casi gimió. Le quedaban unos sesenta segundos de control antes que tuviese que tocarla.
—Ella es muy apasionada con su trabajo, ya sabes— dijo Rachel, pensando que pasión era un término insulso para lo que ella sentía por Max. Hambre, necesidad, deseo. Para empezar.
—Le aseguré que mantendría la agenda y me aparecería con prontitud en la hora señalada mañana para reunirme con la prensa— Max dio un paso más cerca —Pero esta noche está fuera de horario.
— ¿Sí?— Rachel buscó detrás de la intensa mirada de Max, temerosa de esperar demasiado. Cuando dejó el apartamento de Max todo lo que sabía era que no podía quedarse, no sintiéndose como se sentía y con Max estando en otra parte. Temía que pudiese rendirse otra vez esta noche, pero entonces ¿sería tan malo? Tal vez Max no podía darle todo lo que ella quería, tal vez quería demasiado, tal vez podría ser feliz solo con... No. No podía — ¿Y, qué haces aquí todavía?
—Vigilancia nocturna.
— ¿En serio? ¿Y a quién estás vigilando? —A ti.
Las entrañas de Rachel ardieron. Ahora el calor era algo vivo que le recorría, un deseo tan poderoso que dolía —Max. Yo….
—Te dije que debíamos hablar— Max tomó su mano —Reaccioné mal y tú hiciste bien en irte. Debí hablar.
—Quieres hablar— Rachel repitió las palabras como el muñeco de un ventrílocuo y con la misma comprensión. Su cerebro le abandonó y su libido se hizo cargo del momento —Dios, Max. Es media noche.
— ¿Puedes regresar conmigo a mi hotel? — ¿Ahora?
—Sí— Max tomó su mano. Empezó a caminar —Te compraré un trago. Dame una media hora.
Rachel habría dicho que sí a todo en este momento y le daría mucho más que media hora. La caminata le daría la oportunidad de recomponerse y estaría segura en el bar del hotel. No era capaz de ignorar la necesidad de su corazón —Bien.
La sonrisa de Max brilló cuando le ofreció su brazo. Rachel enlazó su brazo con el de Max y ella la acercó a su lado. Sus cuerpos se conectaban a cada paso, en una conexión instantánea. La discrepancia que había atormentado a Rachel por días… una constante inquietud en su mente de que algo estaba muy mal… desapareció como un manto deshecho. Estar con Max, tocar a Max, era lo correcto. Con Max, era ella misma, de una manera que nunca había sido con otra persona. Suspiró.
— ¿Qué?
—Soy una idiota— dijo Max —Te extrañé. Más que eso… no podía dejar de pensar en ti. Sin importar lo que estuviese haciendo, siempre estabas en mi mente— Max se detuvo… tomó ambas manos de Rachel. Una farola iluminaba su rostro severo, fuerte y hermoso —No debí haber esperado hasta ahora para decirte eso. Para decirte muchas cosas. Cuando te fuiste, sentí como si una parte de mí se hubiese ido.
Rachel suspiro y presionó sus dedos contra la boca de Max. Su cabeza daba vueltas… llena de esperanza y deseo y haciéndole sentir débil —No. No aquí afuera. No hasta que estemos solas.
—No puedo dejarte ir otra vez— dijo Max con vehemencia. Se detuvo delante del Hotel — ¿Quieres...?.. ¿Quieres subir a mi habitación? ¿Sólo para hablar?
—Para hablar— dijo Rachel, repitiendo otra vez. Ella asintió, un pesado aleteo de advertencia en su vientre le dijo que estaba en problemas.
Max se apresuró a través del vestíbulo que Rachel apenas notó, subieron al ascensor y entraron en una habitación con una cama matrimonial y el mobiliario habitual de un hotel, incluyendo un pequeño sofá y una mesa en una esquina. Se quitó su chaqueta y se sentó mientras Max rebuscaba en el mini-bar. La camiseta de Max se ajustaba a su espalda y Rachel recordó cuando se aferraba a ella mientras Max corría. Se mordió el labio e intentó concentrarse.
Max le entregó un vaso de plástico con vino blanco y se sentó tan cerca que sus rodillas se tocaron —La cosecha es buena. Lamento el vaso.
—Está bien.
Max saboreó un poco de su whisky oscuro sin hielo y apartó la taza.
—Quería llamar— dijo Max, en su manera de ir directo al punto —Pero estaba muy asustada.
Rachel sonrió irónicamente y también puso su bebida sobre la mesa —Lo siento, puse mucho sobre tu espalda, no debí.
—No, no eras tú. Era yo. Soy yo— Max apretó la mano de Rachel entre las suyas —Eres una mujer increíble… determinada, dedicada, dispuesta a hacer todo lo que necesitas hacer. Eres valiente, Rachel, eso es lo que cuenta. Te mereces alguien mucho más fuerte que yo, alguien que no cargue tantos lugares oscuros.
—Nunca conocí a alguien tan fuerte o tan valiente o tan entregada— Rachel no pudo evitar tocarla, no cuando sufría tanto. Acarició el rostro de Max —Vi cómo era allá afuera, sólo un poco de lo que tú has visto, pero lo suficiente para entender que no hay ninguna razón, ninguna lógica, de quién vive y quién muere. Sólo habilidad y determinación y tal vez suerte. Y tú, Max. Tú hiciste la diferencia.
—No soy fuerte— dijo Max —Lo que viste en el campamento fue como estaba tratando de compensar no ser tan valiente o lo suficientemente fuerte. Cada ser humano que no salvaba y con el que fracasaba al día siguiente me atormentaba. Todavía eso me persigue— señaló las bebidas en la mesa —Pasé mucho tiempo tratando de ahogar las
pesadillas. No estoy bebiendo mucho en estos días, pero probablemente siempre tendré las pesadillas. Y los lugares oscuros dentro de mí.
— ¿Crees que no lo entiendo?— el corazón de Rachel ganó la guerra contra toda precaución. Envolvió sus brazos alrededor de los hombros de Max y la acercó. Si por ella fuera, la habría metido dentro de sí, queriendo consolarla, borrar el dolor que siempre aparecía tan cerca en la superficie de los ojos de Max —Tengo sueños, pesadillas, incluso cuando estoy despierta. Sé que no es fácil cerrar ésos lugares. Cerrarlos y olvidarlos. Y sé que no lo has hecho.
—Cuando estoy contigo es el único momento que me siento viva. —Lo sé. Yo siento lo mismo.
Max no sabía que quería ser consolada, estaba segura que no lo merecía, aunque el latido del corazón de Rachel latía fuerte sobre el suyo, su cuerpo y sus palabras le estremecían, calmando lugares rotos y sangrantes. Apretó fuertemente la mano de Rachel y le besó —Te amo. No soy digna, pero te juro que te amo con todo mi corazón y con toda mi alma y siempre lo haré.
Rachel acunó la parte posterior de su nuca y profundizó el beso hasta que la cabeza de Max se relajó y toda la sangre en su cuerpo se agrupó en el fondo de su estómago. Los labios de Rachel se deslizaron sobre los suyos como seda entre sus dedos —Estoy enamorada de ti, Max. Eres la única a quien deseo. Eres todo lo que quiero.
Max gimió —Estoy hambrienta de ti. —Demuéstramelo.