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5 CATEQUESIS DE LA SOCIEDAD

In document Sve Chus Villarroel (página 35-37)

Y RECIBIRÉIS EL DON DEL ESPÍRITU SANTO

5 CATEQUESIS DE LA SOCIEDAD

Estas sugerencias del maligno actúan con frecuencia a nivel inconsciente, y son difíciles de detectar. De una forma o de otra, en mayor o menor grado, todos hemos sufrido sus embates. Pero los tentáculos del maligno y el pecado se extienden después a otros niveles plenamente conscientes, a las ideologías, los valores, las modas. Aquí es ya la sociedad la que infiltra su cultura en los corazones, y esta cultura, en lo que está infectada por el pecado, es contraria a los valores religiosos y evangélicos.

Ideas como obediencia, perdón, misericordia, hospitalidad, sacrificio, ser como niños, pierden gran parte de su referencia social.

La catequesis de la sociedad actual tiene dos puntos básicos de apoyo: el racionalismo y el consumismo. Ambos nos hacen perder la inocencia y la sencillez de corazón.

RACIONALISMO. La razón es el regalo más precioso que Dios ha hecho al hombre. La luz de la inteligencia abre mundos infinitos al conocimiento y al corazón del hombre. El mal del que estamos hablando no está ni en la razón, ni en la ciencia, ni en el estudio: de hecho siempre ha habido grandes sabios y científicos profundamente humildes. El mal está en que la razón también está herida por el pecado, y en nuestra época se ha agudizado de una manera extrema este trauma. La enfermedad de la razón se llama racionalismo, y es una pretensión soberbia de someter todas las cosas a sus dictámenes. Desde que el filósofo Kant publicó un libro titulado: "La religión dentro de los límites de la razón", todo, hasta el mismo Dios, tiene que ser pasado por el juicio de la razón humana.

Nuestra época está sometida al despótico autoritarismo de la razón. Padecemos esta soberbia inaudita a niveles insospechadamente profundos. Lo que yo no entienda, ni me dice nada, ni puede existir, ni puede arrogarse la pretensión de dictarme algo. De esta forma el hombre se hace dios, y fuente de toda moralidad. "¿Y por qué no voy a abortar yo, es que no soy yo la dueña de mi cuerpo? ¿Por qué no va a ser normal la homosexualidad,

el amor libre, el divorcio indiscriminado? ¿Quién me puede poner a mí cortapisas morales en mi lucha por el poder o por la economía?"… Estos días he visto un programa de televisión, donde se discutía el derecho de una pareja de homosexuales a adoptar un niño. La base de esta pretensión es la igualdad de derechos racionales y, por lo tanto, legales, de toda persona humana. Y la verdad es que me quedé de piedra ante la nula consideración de la moralidad de una acción evidentemente antinatural. Se me enfriaba el alma al considerar el destino de ese niño, huérfano una primera vez, y entregado después a un hogar sin madre, y sin el calor y armonía de la naturaleza.

Lo malo es que cualquier insinuación contraria desde el Evangelio o desde la Iglesia, levanta polvareda y oleadas de resentimiento: "la Iglesia no nos deja ser cristianos, no comprende, está atrasada, no va con los tiempos, no ofrece nada, nunca vive desde las necesidades de la gente actual..." Y te nace la rebeldía, bien catequizada y orquestada, y dejas de ir a misa, y lo abandonas todo, y vives otro "evangelio", el que te proclama una civilización que se edifica sobre el humanismo más radical.

CONSUMISMO. La catequesis proveniente del racionalismo va directamente contra lo que queda de niño en nosotros, y por eso en muchos, muere su infancia, su inocencia, su capacidad de asombro, y el corazón se les vuelve de granito. El vacío que esto genera, les hace caer directamente en poder de otro dios y de otra trama bien montada, que se llama consumismo.

El consumismo es también un problema de sobredosis. La gente hoy tiene tendencia a acumular experiencias, a disfrutar de vivencias insólitas. Esto, en sí, no tiene por qué ser malo, sino más bien enriquecedor. Se transforma en "ismo", es decir, en algo nocivo, cuando las experiencias no construyen sino que se buscan ávidamente, se consumen para llenar un vacío, una falta de contenidos personales y de auténticos principios religiosos y humanos.

El mecanismo de esta patología es fácil de entender. Hay mucha gente vacía, sin estabilidad interior, y esto inconscientemente no se soporta. Entonces se buscan salidas de todo tipo: compras, viajes, comidas, afectos, cacharros y, a niveles más profundos, droga, porno, alcohol y estupefacientes de toda especie. En un primer momento te causan un efecto liberador, pero a la postre terminan siendo una sublimación más represiva, y te sientes más vacío de lo que estabas antes, y a disgusto contigo mismo. Y como no tienes, ni sabes buscar, otro don o contenido interior, caes de nuevo en la necesidad de alguna otra experiencia más excitante aún, donde encuentres algo de vida. Y de esa forma te enrollas en una auténtica espiral de desconcierto.

Para romper ese círculo infernal de dependencias se necesita una experiencia aún mayor, de otra índole, y por eso son muchos los que estando en grados de mayor degeneración buscan una experiencia del Espíritu en la Renovación u otros sitios. Éstos se parecen a esos hombres que cierran las ventanas por donde podría entrar la luz, y después en la oscuridad se han puesto a llamar a gritos. Sin embargo, creo que estas heridas en el sentimiento del hombre, son menos peligrosas que las de la razón, pues no producen el mismo tipo de endurecimiento, y el hecho es que en el fondo de estas miserias, el Señor encuentra a muchas de estas gentes. El sufrimiento les ha hecho humildes y sencillos.

In document Sve Chus Villarroel (página 35-37)