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4 EFECTOS DE LA EFUSIÓN

In document Sve Chus Villarroel (página 78-81)

4º EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

4 EFECTOS DE LA EFUSIÓN

Hablando desde la experiencia de miles de personas, a quienes hemos oído de viva voz compartir su testimonio, podemos señalar una serie de efectos que produce la efusión, si bien en cada uno se dan de distinta manera, con acentos diferentes y a veces en tiempos muy dispares. Lo que sí me atrevo a decir, es que apenas quedará alguna persona, a no ser que esté muy bloqueada, en la que no se pueda detectar alguno de los efectos siguientes:

LA SINTONÍA DEL ESPÍRITU. Hay cosas que el Señor emite sólo en una determinada frecuencia de onda, y sólo los que sintonizan con esa frecuencia son capaces de captar dicha emisión. Esto no se aprende ni en la universidad, ni en las escuelas de teología. Dios no es una ecuación matemática, ni una conclusión científica. Al Dios vivo, Padre de nuestro Señor Jesucristo, sólo lo conocemos por revelación. Al que le es dado entender esto, al que le son abiertos los ojos por el Espíritu, entra en la dimensión de una sabiduría distinta, misteriosa, escondida, reservada por Dios para los que Él quiere.

Poco a poco, la mayoría de vosotros os daréis cuenta que habéis entrado en esa dimensión, porque experimentaréis un gusto nuevo y un conocimiento nuevo de las cosas de Dios. El problema aquí es que el que está en la nueva onda, sabe que está, pero el que no lo está, no sabe que no lo está. Entonces te encontrarás con la dolorosa imposibilidad de comunicar ciertas cosas que para ti van a ser claras como la luz del sol.

EL TOQUE DE GRATUIDAD. Aunque hayas sido una persona muy entregada a la oración, al servicio de los pobres, o a cualquier otro compromiso, después de la efusión descubres que te faltaba una chispita de gratuidad. Has trabajado y te has afanado demasiado desde ti mismo. Con la llegada de la gratuidad se realiza en ti una operación de desplazamiento de tu yo, que pasa de ocupar el centro a posiciones más periféricas de tu ser. El centro lo va a ocupar Jesucristo, que empieza a crecer, mientras que tú menguas. Poco a poco se va haciendo el protagonista de todas tus obras buenas.

Sin darte cuenta vas a usar un nuevo lenguaje, se te va a cambiar la cara y a relajar el gesto. Percibirás que se serenan tus prisas y agobios, y se suavizan todos los pesos y obligaciones de tus compromisos. Tu rigidez se va a ablandar, el malhumor no te dominará, y podrás convivir mejor con tu pobreza y la de los demás. Sentirás que no eres el salvador del mundo, y te servirá de alivio.

LA EXPERIENCIA DE UN JESÚS VIVO. Desde el momento que sientes que algo está sucediendo en ti, identificas al Espíritu de Jesucristo como el autor de todas estas maravillas. Para esto te ayuda la larga experiencia de la Iglesia. Y entonces te das cuentas de que Jesús no sólo vive y ha resucitado, sino que te quiere, que está contigo, y te lo va mostrando en muchos detalles. De ahí nace en ti la necesidad del testimonio, el afán de que muchos, sobre todo los más allegados a ti, experimenten lo mismo. Y tratarás de comunicarlo a mucha gente, y a veces te pasarás, e incluso aunque no te pases, experimentarás los primeros síntomas de rechazo, que en tu inocencia te asombrarán.

LA ALABANZA COMO FORMA DE ORACIÓN. Hasta ahora has sido, tal vez, una persona honrada y un cristiano practicante, pero no conocías la oración de alabanza. Lo tuyo era pedir, sobre todo en los momentos duros de la vida. Pero ahora conoces a un Dios distinto: "al Dios que ha hecho tanto por mí" (Sal. 57,3). Y te sale del alma darle gracias, bendecirle, alabarle. Y esto no sólo en los momentos y en las cosas que te vayan bien, sino aun en los momentos de pérdida o de fracaso, porque ya has experimentado que Dios está contigo, y no te va a fallar. Este don de la oración de alabanza se potencia enormemente, si Dios a la vez te ha hecho el regalo de orar en lenguas, cosa que muchas veces acaece en la efusión del Espíritu. Si esto te sucede, dichoso tú, pues el Señor ha tenido gran misericordia contigo.

INTELIGENCIA DE LA PALABRA DE DIOS. Es otro de los efectos de la efusión que suele asombrar a muchas personas. Es el gusto nuevo y la inteligencia de muchos pasajes de la Biblia que hasta ahora han estado cerrados para ellas. Y no es una inteligencia racional o erudita, sino que es un conocimiento ungido, una revelación de sentidos ocultos, un gozarse en entrar en la misma experiencia de los que la escribieron. Comienza para muchos a ser el libro de cabecera, y su lectura poco a poco se va haciendo alimento imprescindible.

DESCUBRIMIENTO Y NECESIDAD DE LA COMUNIDAD. En el cristianismo ordinario y corriente apenas echamos de menos y nos abrimos a la necesidad de una comunidad. Los deseos de fraternidad se

quedan alicortos, y si alguno se sobrepasa al darte la paz en la misa, o en alguna forma de compartir, te parece una cosa extraña. Desde la efusión, por el contrario, estarás deseando reunirte con los hermanos, compartir la amistad y las cosas de Dios. Entra en tu vida una motivación nueva hacia los demás, que al final te llevará a un descubrimiento vivencial de la Iglesia.

CAPACIDAD DE COMPARTIR LA FE. Hasta ahora jamás has pensado que podrías pasarte ratos y ratos hablando de Dios sin aburrirte y sin que te resulte pesado, al contrario, con gran gozo de tu parte. Éste es otro de los grandes efectos de la efusión. Realiza como una reconversión de valores. Relativizas cosas hasta ahora muy importantes para ti que pierden su jugo, y empiezas a disfrutar de otras nuevas. Lo mismo te pasará con las amistades. Poco a poco irás experimentando la vaciedad y el sinsentido de las aficiones y gustos que compartías antes con algunas personas, y buscarás algo o alguien que te llene más.

EXPERIENCIA DE SANACIÓN. Difícilmente quedará alguien de los que reciban la efusión sin experimentar algún tipo de sanación. A veces son resentimientos, heridas, carencias o violencias del pasado. Otras veces las relaciones con alguna persona, deterioradas por algún suceso actual o antiguo. A veces será una iluminación sobre alguna cosa oculta que no estaba en tu consciente, y que por lo tanto no imaginabas que te podría estar haciendo daño. En fin, puede experimentarse cualquier tipo de sanación física.

IRRUPCIÓN DE CARISMAS. Al empezar el Espíritu a ejercer un protagonismo nuevo y poderoso en ti, lo hace según su forma connatural de actuar. Y una de las cosas que el Espíritu derrama para construcción de la comunidad, son los diversos carismas. Te puedes encontrar a ti mismo orando en lenguas, cantando con una unción nueva, con una nueva valentía para hablar y dar testimonio, con una gran necesidad de orar sobre otras personas. Tal vez te viene el deseo ungido de alguna proclamación profética, o un carisma de conocimiento para penetrar en tu pasado o en el de otras personas.

FRUTOS DEL ESPÍRITU. Muchas personas perciben la presencia del Señor en la efusión, simplemente con una vivencia sorprendente de alguno de los frutos del Espíritu. Algunos sienten una gran paz, otros una alegría nueva, una caridad viva y extraña para la gente de su casa o comunidad, a otros su pesimismo y frustración latente se les transforma en un gozo y esperanza radiantes. A veces alguien percibe nuevas motivaciones para abordar las pobrezas, enfermedades y fracasos de la

vida, bien personales, bien de otras personas queridas. Finalmente uno experimenta la fuerza poderosa y santa que dirige la historia del mundo, de la Iglesia, o la suya personal, y percibe la indestructible confianza en el poder y protección del Señor: "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt. 28,20).

In document Sve Chus Villarroel (página 78-81)