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16 LA PALABRA DE DIOS

In document Sve Chus Villarroel (página 115-118)

CRECER EN EL ESPÍRITU

16 LA PALABRA DE DIOS

Para mí fue una sorpresa muy grande al entrar en la Renovación la familiaridad de la gente con la Biblia. En la iglesia que yo conocía y había frecuentado no existía tal costumbre. Pronto me di cuenta que era algo más

que una moda. Un 24 de Diciembre, Nochebuena, me pasé con Julio por el piso donde vivían dos chicas jóvenes. Una era inglesa, y había caído enferma con mucha fiebre. La otra creyó su obligación quedarse con la enferma, pero se le hacía cuesta arriba no poder ir aquella noche a Segovia, a casa de sus padres. Al llegar nosotros nos contó sus luchas, y terminó diciendo: "me he leído esta tarde los quince primeros capítulos de Isaías, y me han dado muchísima paz. Ya no necesito ir a casa". A mí se me pusieron los ojos como platos. Yo nunca había leído dos capítulos seguidos de Isaías, ni había experimentado con ello jamás una paz especial.

Es cierto, pronto vais a experimentar y saborear esta Escritura sagrada, que como el libro del Apocalipsis 5, 1, está cerrada con siete sellos. Lo cual quiere decir que desde la carne y la sangre no entendemos nada de ella. Por eso la Biblia te aburre, te parece un relato de fábulas viejas, y es posible que incluso te escandalice. Sin embargo, cuando el Espíritu va soltando cada uno de los sellos, penetras en la profundidad y opulencia de una riqueza que no se agota jamás. Para entrar en el núcleo de este Libro no basta con leerlo, hay que orarlo, y de esa forma el Espíritu Santo irá transformando lo que es simple Escritura sagrada en Palabra de Dios para ti; o sea, en algo que se realiza en ti, te ilumina, y te da vida.

Habéis observado cómo en la Renovación todos manejan su Biblia, y el aprecio que ello conlleva de la Palabra de Dios. Os invito a que vayáis haciendo lo mismo, y a que os alimentéis de este manjar suculento. Yo sé que poco a poco el mismo Espíritu os hará sentir esta necesidad. Creo que el Señor ha encomendado a la Renovación, y en este caso también a los Neocatecumenales, el devolver la Palabra de Dios al pueblo. Hace siglos que ha sido escamoteada esta Palabra de Dios al pueblo llano, por miedo a la inspiración privada de tipo protestante, y por otras razones que pudo haber, lo cual no discutimos; pero es un hecho que el Señor quiere que su pueblo alimente su crecimiento espiritual con este manjar imprescindible. Gracias a Dios ya las lecturas de la misa en lengua materna han acercado mucho este tesoro a la gente, pero un contacto continuado, personal, de cabecera, es lo más deseable. Qué buena impresión me causaba al principio, viajando en metro o en autobús, ver a algunas mujeres del grupo sacar, al hilo de la conversación, su Biblia del bolso para contrastar alguna frase, manejándola con la misma soltura que el lápiz de labios.

17.- EL TESTIMONIO

"Si no compartes tu testimonio con los demás, alguien a tu lado se muere de frío", decía Julio. Compartir la fe es esencial para el crecimiento de cada uno y de la comunidad entera. ¿Quién no tiene experiencia de algún testimonio que ha tocado su vida? El testimonio consiste en contarnos los unos a los otros la obra de Dios en nuestras vidas. No son

palabras o ideas acerca de Dios, sino la acción de Dios. El protagonista es Dios, que así va creciendo en presencia en la comunidad. "Ellos atravesaron Fenicia y Samaría contando la conversión de los gentiles, y produciendo gran alegría en todos los hermanos" (Hch. 15,3).

Hay un refrán castellano que dice: "obras son amores y no buenas razones". Yo creo que en nuestro ambiente la gente no necesita excederse demasiado en obras, la mayoría es muy capaz de ganarse por sí misma lo que le sea conveniente. La gente necesita palabras verdaderas y mucho afecto, porque en esta línea van las mayores carencias de nuestra vida. La palabra, aun la humana, es poderosa. Con un insulto te dejan hecho polvo, y con un "te quiero", te disipan la melancolía. Para los centenares de mendigos que acuden cada mes a la parroquia, he comprobado que es más importante, casi siempre, el afecto y la escucha, que la propia limosna. Sin embargo, el refrán tiene su parte de razón, porque el testimonio es más una forma de ser que una comunicación verbal.

En ese sentido hay algunas personas que entienden el testimonio como un compromiso. En primer lugar, dentro del propio grupo carismático, ejerciendo los diversos ministerios, y estando atentos y disponibles para las necesidades de la comunidad. En segundo lugar, un compromiso hacia otras personas ajenas a la comunidad. Esto puede abordarse de distintas formas: compromisos de evangelización, compromisos de caridad, compromisos pastorales de cualquier tipo. Yo diría que ni el que entra en la Renovación ni el grupo nuevo recién fundado se apresure a embarcarse en ningún compromiso especial. Hay una tentación muy grande en este sentido. La Renovación no está llamada básicamente a crear nuevas obras, sino a renovar a la gente para que pueda llevar a cabo sus compromisos naturales, con un nuevo ardor y un nuevo talante cristiano. No es un movimiento o una fundación al lado de otras. La Renovación es la condición subyacente a toda espiritualidad y a todo compromiso. Si se crean una serie de obras, tal vez magníficas, salidas directamente de grupos de la Renovación, hay que considerarlas frutos espléndidos de la Renovación, carismas particulares que pueden tener grupos o personas, pero no modelos de crecimiento para el conjunto de la gran corriente renovadora. Son, como digo, bellos frutos de la Renovación, pero ya no son Renovación.

Semana 7ª:

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