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Las causas de la ansiedad hacia las matemáticas son difíciles de identificar, ya que los bloqueos emocionales se determinan inconscientemente (Biggs, 1959) y la ansiedad hacia las matemáticas es el resultado de diferentes factores (Norwood, 1994), como la incapacidad de aceptar la frustración, faltas excesivas a clase, un pobre auto-concepto, la actitud de los padres y de los profesores ante las matemáticas, y el énfasis por aprenderlas de carrerilla sin entenderlas.

Las investigaciones realizadas por Newton (1984) asocian la ansiedad hacia las matemáticas con varios síntomas aparentemente no visibles y con comportamientos casi imperceptibles en clase, incluyendo el bloqueo mental, fastidio, ausentismo, desamparo, nervios, pulcritud excesiva, comportamiento travieso o entrega tardía de las tareas.

También se dan casos de algunos alumnos que tienen miedo de su profesor y otros tienen dificultades de velocidad o falta de tiempo para resolver los problemas, porque creen que no son capaces de encontrar la solución.

Desde el punto de vista de Wood (1988), ciertos factores sociales, educativos o ambientales pueden hacer que se perciban las matemáticas como provocadoras de ansiedad. Por ejemplo, ciertos grupos minoritarios mostraron una mayor ansiedad que la media de la población (Hadfield, Martin y Wooden, 1992) y se observó mayor ansiedad en las chicas que en los chicos (Wigfield y Meece, 1988), igual que sucede

con otros tipos de ansiedad, aunque esto puede ser resultado de que las chicas son más dadas a mostrar sus sentimientos que los chicos (Reyes, 1984).

También varios investigadores han aceptado la relación de la ansiedad que tienen los estudiantes hacia las matemáticas con otras variables como: el éxito en matemáticas, la actitud hacia esta materia, el tiempo pasado desde el último contacto con la asignatura, el método de aprendizaje, las expectativas, la percepción y la actitud de los padres y los profesores hacia la disciplina, la habilidad y la seguridad con los números, la ansiedad de los profesores de matemáticas, la autoestima y la motivación, las experiencias pasadas con las matemáticas, el libro de texto, el número de alumnos en clase, el tiempo para el examen, el énfasis en las respuestas acertadas, los hábitos de estudio, las creencias sociales, el sexo, el estatus minoritario o mayoritario y la ansiedad al tener que hacer los exámenes de matemáticas.

Sin embargo, muchos estudiantes con ansiedad hacia las matemáticas no muestran ninguno de estos síntomas y prefieren sufrir en silencio, como si creyeran que son los únicos que la experimentan.

Cuando hablan de los estudiantes que son buenos en matemáticas, algunos dicen de ellos palabras como: “misterioso, listo, frío, raro…” y de las matemáticas dicen frases negativas como: “terribles, aburridas, confusas…”.

Para afrontar esto, el profesor puede provocar un diálogo sobre la ansiedad hacia las matemáticas y motivar a los estudiantes a reflexionar acerca de las experiencias vividas con ellas. Esto activa en ellos la conciencia de que hay otros que comparten los mismos sentimientos, motivándolos entonces a pensar sobre las causas y las posibles curas. De esta manera sus pensamientos pueden canalizarse en una dirección positiva.

Tobías (1978, 1979, 1980) destaca, después de entrevistar a 600 alumnos de Secundaria y a adultos que empiezan el Bachillerato, tres variables significativas en la incapacidad de estos sujetos para resolver matemáticas en un nivel de Secundaria. Estas variables son:

• El miedo a las matemáticas.

• La creencia de que las matemáticas son un campo único y exclusivo de hombres blancos.

• La convicción de que: o se es bueno en matemáticas o en letras, pero nunca en ambas.

Algunos estudiantes están de acuerdo en que la falta de habilidades para enfrentarse a un nuevo curso de matemáticas y sus propias ansiedades, parecen ser la principal barrera para afrontarlas de nuevo. Otros estudiantes llegan a la conclusión de que pueden ser buenos con los números o con las letras, pero jamás con ambos.

A este respecto, Tobías (1985) afirma que dado que la cultura americana es ambivalente en cuanto a las matemáticas como modelo de comportamiento, pues los estudiantes pueden elegirlas o rechazarlas, algunos deciden que no quieren entrar en ese campo, por temor a no aprobarlas. Además, las matemáticas les parecen monótonas, ni por asomo las consideran divertidas. Tobías (1985) afirma que si hay pocas mujeres y pocos negros científicos y matemáticos, no es porque sean genéticamente inferiores, sino que se debe a que existen barreras sociales e institucionales que están desapareciendo lentamente.

Además, mientras a algunos escritores no les gustan las matemáticas y a algunos matemáticos no les gusta escribir, no hay pruebas que demuestren que la habilidad matemática y la habilidad para escribir sean mutuamente excluyentes. Al contrario, los asesores del gabinete de admisión en los institutos saben que los estudiantes que muestran una alta capacidad en matemáticas y en lengua tienen más probabilidades de tener éxito en matemáticas que los estudiantes que muestran sólo habilidades numéricas.

Y, finalmente, aunque las matemáticas básicas pueden ser muy repetitivas, es necesario que en los primeros cursos sea así. Son habilidades que deben ser practicadas para poder llegar a la parte creativa en cursos posteriores.

Ahora bien, Tobías (1985) acusa la ansiedad hacia las matemáticas a un asunto político. Opina que hay millones de adultos que están bloqueados para alcanzar oportunidades de trabajo profesional y técnico, porque temen a las matemáticas o se desenvuelven con dificultad en ellas. Demuestra que la mayoría de

los estudiantes poseen todo el potencial cognitivo que necesitan para el álgebra, la estadística y el cálculo, pero el problema es que ellos no creen tenerlo. Para esta autora, la teoría para reducir la ansiedad hacia las matemáticas no se debería basar en estudios cerebrales, sino en las diferencias de comportamiento entre estudiantes que lo hacen bien en matemáticas y estudiantes que lo hacen mal.

Para Tobías es importante la convicción de que la política utiliza las matemáticas para apartar a ciertos estudiantes y disminuir de esta manera las metas que pueden conseguir. Define el problema como “político e ideológico”, porque debería ser importante persuadir a los estudiantes y a sus profesores de que pueden hacer bien las matemáticas y eso les ayudaría a curar su ansiedad.

Otra fuente de traumas para muchos alumnos es el estilo de impartir las clases de matemáticas. Los estudiantes se quejan de que las matemáticas ofrecen pocas oportunidades para el debate o la discusión. Muchos dicen que les gusta más el Inglés y las Ciencias Sociales que las matemáticas, porque pueden participar en clase y porque no experimentan la presión de encontrar una respuesta correcta. Sin embargo, aunque las matemáticas dependen de respuestas exactas, también pueden ser experimentadas como una serie de descubrimientos que todos hacemos por nuestra cuenta. Sin embargo, muy a menudo, se presenta a las matemáticas como un conjunto de reglas fijas para aprender y sin poder discutirlas, lo que puede desanimar a los estudiantes. Evitar esto es la responsabilidad del profesor.

Existe un tipo de ansiedad al trabajar las matemáticas en público, lo que algunos autores llaman “ansiedad social”. Es frecuente observar que hay pocas personas que pueden pensar claramente cuando están en una prueba contrarreloj y es muy duro actuar en el encerado con treinta pares de ojos observándote.

Además, a nadie le gusta una asignatura que se presenta como rígida e intransigente. Y la mayoría de la gente no lo hace bien cuando está asustada. Hace unos años, se llegó a sospechar que la incapacidad matemática puede no ser el resultado de un fracaso intelectual, sino de una dificultad para controlar los nervios.

Tobías describe las causas de la ansiedad hacia las matemáticas en el libro “Venciendo la Ansiedad Matemática” (1978) y afirma allí lo siguiente: “Hay

diferencias en cómo la gente se enfrenta a la incertidumbre, si pueden o no tolerar una cierta cantidad de indecisión, si están o no dispuestos a correr riesgos, qué sucede con su concentración cuando un método falla, y cómo se sienten ante el fracaso de las matemáticas” (1978, p.91).

En otro libro, “Tener éxito en Matemáticas”, Tobías (1987) argumenta que la ansiedad hacia las matemáticas tiene lugar cuando los caminos del razonamiento y la memoria han sido alterados por las emociones.

Otro investigador que trata sobre las causas de la ansiedad hacia las matemáticas es Newstead (1992). Este autor enumera como causas las siguientes:

• La ansiedad del profesor.

• Los componentes sociales o educativos.

• Los factores ambientales.

• Las características matemáticas innatas.

• La influencia de experiencias matemáticas en edades tempranas en la escolaridad del alumno.

Las experiencias negativas en clase parecen un argumento muy fuerte y digno de estudio. La manipulación de símbolos matemáticos sin un significado claro hace que este conocimiento sea difícil de aprender y luego difícil de ser incorporado a una estructura conceptual. Esto ocasiona un bloqueo afectivo por parte del estudiante.

Los profesores pueden crear ansiedad cuando ponen énfasis en la memorización de fórmulas, en el aprendizaje de las matemáticas mediante ejemplos complicados, utilizando únicamente la memorización y enviando tareas para casa de la manera tradicional. Esto puede ser consecuencia de una deficiente metodología de la enseñanza. En resumen, todo se queda en explicar, practicar, memorizar

paradigmas situando la importancia en la memorización en vez de en el entendimiento y el razonamiento.

También Jackson y Leffingwell (1999) encuentra en su investigación que el comportamiento de los profesores es la causa de la ansiedad matemática en los alumnos, desde la Educación Infantil hasta la Universidad. Cita la dificultad del material, las conductas hostiles del profesor, los prejuicios respecto al sexo, las actitudes de insensibilidad, las barreras de comunicación y lenguaje, la calidad de la enseñanza, la discriminación de edades y el desencanto del profesor por el nivel de la clase.

A continuación analizaremos detalladamente algunas de las causas que hemos citado y que consideramos más influyentes en la ansiedad hacia las matemáticas.