• No se han encontrado resultados

CAUTIVÓ A EXTRANJEROS

In document Historia Del Tango (página 50-55)

ENTRÓ DE A POCO

CAUTIVÓ A EXTRANJEROS

P

ero hay un hecho en la historia del tango que aparece como trascendental, y que influyó notablemente para que se convirtiera en un fenómeno difícil de explicar. Es la presencia de tantos extranjeros en el tango. Italianos, franceses, españoles, judíos, y gran cantidad de uruguayos, fueron autores, compositores, músicos y cantores que aportaron excelentes obras que contribuyeron a hacer grande al tango.

Carlos Gardel, Alberto Marino, Alberto Morán, Julio Sosa, Francisco Canaro, Donato Racciatti, Roberto Zerrillo, Horacio Ferrer, Ernesto Zambonini, Lorenzo Logatti, son sólo una pequeña muestra. La influencia del aporte de italianos al tango es destacada por Meri Franco-Lao en un pasaje de su libro “Tiempo de tango”, cuando dice: “Una rápida ojeada a los nombres de los directores, miembros de orquestas, cantantes y cultores, demuestra el preponderante peso de esa influencia. Desconfíese de los seudónimos, un Julián Centeya, esconde a Amletto Vergiati, un Hugo del Carril, a Piero Fontana, un Roberto Chanel, a Alfredo Mazzochi, un Enrique Campos, a Inocencio Troncone, un Héctor Mauré, a Tito Falivene”. De Julián Centeya decía César Tiempo que aunque había nacido en Parma, Italia, al igual que Toscanini, “es un porteño con más esquina que todos los buzones juntos”.

La gran inmigración a la Argentina se produjo casi simultáneamente con la aparición del tango, primero en los bailes de la periferia, luego en los salones y de allí a las casas de familia. Como es una expresión marcadamente sentimental, la teoría es que probablemente encontraron todos esos extranjeros en nuestra canción popular un motivo para volcar sus nostalgias y sus emociones, lejos de su tierra natal. En el tango está fielmente reflejado el desarraigo que vivieron y, paralelamente, el arraigo en el país que los acogió.

Y esos inmigrantes no sólo aportaron al tango autores, músicos y cantores, sino que, además, lo acoplaron a su propia música en los bailes que realizaban en sus sociedades y mutuales, en algunos casos con orquestas que actuaban en vivo, y en otros a través de las grabaciones. Como simple ejemplo podemos mencionar, en el caso de la colectividad italiana, Unione e Benevolenza, Club Ciclista Italiano, Sociedad Conde

di Cavour, Fratellanza Militare, L’Italia, Lago di Como, Giovine Italia, Societá Patria e Lavoro, y muchos otros.

Uno de los tangos emblemáticos es Buenos Aires. Le otorgó a nuestra ciudad el título de “La Reina del Plata”. Sus versos, que dicen Buenos Aires la Reina del Plata, Buenos Aires mi tierra querida. fueron creados por un gran poeta, Manuel Romero pero, significativamente, la música le pertenece a un catalán, Manuel Jovés, que también escribió tangos memorables como Loca, Nubes de humo y Patotero sentimental, entre otros. Fue uno de los extranjeros que aportó grandes obras o gloriosas interpretaciones de nuestra música popular, como lo hicieron Carlos Gardel, francés; Alberto Marino, italiano; Alberto Vila, uruguayo; Enrique Di Cico (Minoto), uruguayo; Lalo Etchegoncelay, uruguayo; Enrique Campos, uruguayo; Fernán Silva

Valdés; uruguayo; Pascual Cardarópoli, el autor de La sonámbula, italiano; Teófilo Ibáñez, español; Arturo Bernstein, el “Alemán”, brasileño; Luis César Amadori, italiano; Luis Alberto Fernández, el autor de El pollo Ricardo, dedicado a Ricardo Scandroglio, uruguayo; Flora Gobbi, chilena; Raúl Hormaza, uruguayo; Manlio Francia, italiano; Roberto Fugazot, uruguayo; Domingo Galicchio, el autor de De flor en flor, uruguayo; Juan Caldarella, autor de Canaro en París y Seguime si podés, italiano; Julio Sosa, uruguayo; Julio Carrasco, violinista de Pugliese y autor de De floreo, Flor de tango y Mi lamento, uruguayo; Pintín Castellanos, el autor de La puñalada, con letra de Celedonio Flores, uruguayo; Francisco Canaro, uruguayo; Ignacio Corsini, italiano; Martín Lasala Alvarez, autor de El estagiario, uruguayo; Carlos César Lenzi, autor de A media luz, uruguayo; Alberto Rivera, cantor de Francisco Lomuto, español; José Libertella, italiano; Lorenzo Logatti, autor de El irresistible, italiano; Gerardo Matos Rodríguez, uruguayo; Luis Mendoza, uruguayo; Salvador Merico, autor de Por dónde andarás, italiano; Roberto Zerrillo, uruguayo; Osmán Pérez Freire, autor de Maldito tango, chileno; Hécto María Artola, uruguayo; Tomas Moore, inglés; Carlos Olmedo, uruguayo; Modesto Papávero, autor de Leguisamo solo, italiano; Mario Ponce de León, uruguayo; Angel Pastore, italiano; Eduardo Calvo, autor de Arrabalero, español; Cayetano Puglisi, italiano; José Razzano, uruguayo; Antonio Rodríguez Lesende, español; Carlos Roldán, uruguayo; Luis Bayón Herrera, español; José Rótulo, uruguayo; Enrique Saborido, uruguayo; Juan Sánchez Gorio, español; Víctor Soliño, español; Albérico Spátola, uruguayo; Atilio Supparo, uruguayo; Tania, española; Feliciano Brunelli, italiano; Manuel Aróstegui, uruguayo; Juan Bauer, uruguayo, autor, entre otros, de Juventud, Adiós arrabal y No te quiero más; E. Falero y V. E. Carmona, autores, entre otros tangos de Pobre colombina, uruguayos; Samuel Linning, uruguayo; Nicolás Paracino, autor de A dos puntas, italiano; Gustavo Nocetti, cantor de Pontier, uruguayo; Héctor Darío, italiano; Mario Batistella, italiano; Antonio Botta, brasileño; Horacio Ferrer, uruguayo; José María Aguilar, uruguayo; Roberto Fontaina, uruguayo. El verdadero nombre de Tania era Anita Luciano Divis, quien se había casado en 1922 con Antonio Fernández Rodríguez, un artista de variedades en cuyo conjunto actuaba Tania, antes de conocer a Discépolo. Cuando comenzó a dedicarse al tango, en sus actuaciones en el Follies Bergère tenía un acompañante al piano de lujo: Carlos Di Sarli. Como vemos, predominan los uruguayos, aunque como son nuestros vecinos podrían considerarse más que extranjeros, rioplatenses.

Pero los extranjeros no solamente aportaron músicos, letristas e intérpretes. Podríamos decir que gran parte de la discografía tanguera que hoy podemos disfrutar en principio se la debemos a otros países. Los argentinos aprovecharon luego el éxito comercial cuando vieron que había mercado para los discos de tango. Los primeros discos compactos de Carlos Gardel, Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, etc., fueron editados en el exterior.

Se dijo en su momento que cuando empezó a declinar la estrella del tango, aproximadamente en la década de 1960, eclipsado por las músicas foráneas que ganaban mercado, los responsables de las empresas discográficas, que eran de origen trasnacional, presuntamente mandaron destruir casi todas las matrices de las grabaciones de orquestas de tango. Un ejemplo de que en esa época desdeñaban al tango lo demuestra el hecho de que Horacio Salgán estuvo 10 años sin grabar, porque a las empresas discográficas no les gustaba ni cómo cantaba ni el estilo de Edmundo Rivero. Otro es que mucho antes, una orquesta de la calidad de Elvino Vardaro llevó al disco solamente dos unidades. Algo parecido ocurrió en España con el tema de la destrucción de matrices, pero por motivos muy distintos a los de nuestro país. Durante la guerra civil, se dispuso incautar todo el material que pudiera servir a los fines bélicos. Y entre

otras cosas, se utilizaron las matrices de los discos. Por eso casi no existen los discos grabados por Agustín Irusta en España, tanto solo como con Fugazot y Demare.

Pero no todo fue negativo. Algunas empresas discográficas decidieron recopilar en discos long-play los más grandes éxitos de las orquestas que hicieron furor en la “Epoca de Oro” del tango, muchos de ellos editados bajo la denominación de “Coleccionista”. Es así como podemos agradecer, especialmente a RCA Víctor, contar con esas joyas musicales que luego, cuando el disco de vinilo fue superado por los cassettes y más tarde por los discos compactos, permitieron seguir escuchando a los protagonistas de esa etapa dorada. En algunos casos se editaron, en distintos volúmenes, las obras completas de Aníbal Troilo con Alberto Marino y con Francisco Fiorentino, las de Carlos Di Sarli con Alberto Podestá y con Roberto Rufino, las de Juan D’Arienzo con Héctor Mauré y con Armando Laborde, así como otras dedicadas a los tangos instrumentales.

Un ejemplo destacable es un álbum con ocho long-play editado hace casi dos décadas, con la colección exclusiva “TANGO Alma y Ritmo de Buenos Aires”, que contiene 96 creaciones inolvidables de la música porteña, todos temas grabados y procesados por RCA Victor en brillante sonido estereofónico. Es interesante rescatar la seriedad con que se hizo la selección de los temas y los intérpretes. Cada uno de los discos tenía su denominación.

Dijimos que el fenómeno del tango era tan grande que intérpretes de otros géneros también incursionaron por su música. Fue el caso, por ejemplo, del clarinetista Panchito Cao, que formó el conjunto “Los Muchachos de Antes”, que con la empresa Disc- Jockey grabó Sos puro chiche; El porteñito; Silueta porteña; La flecha; Milonga del 900; Zorro gris; Unión Cívica; El aeroplano; Los muchachos de antes; El cencerro; Pof-Pof; Canaro; La payanca; La viruta; El africano; Santiago del Estero; Loca de amor. Tanto el conjunto como sus discos tuvieron una relativa aceptación por parte del público tanguero, debido fundamentalmente al estilo con que tocaban, semejante al de los cuartetos de la época de los inicios del tango, y a que predominaba el clarinete, que no es un instrumento típico en nuestra música ciudadana. Otra rareza la constituyó Alain Debray, que no era otro que Horacio Malvicino, que con su orquesta de Champs’ Elysées grabó La cumparsita al más puro estilo europeo.

En el caso de muchas de las colecciones incluídas en discos long-play, el beneficio era doble. Además de la satisfacción que significaba poder recordar esas obras maestras de la década de 1940 y parte de la de 1950, en la contratapa de las fundas de cartón que guardaba el disco había una reseña muy interesante sobre la historia de la orquesta, sus integrantes, o en algunos casos del cantor al que estaba dedicada la obra. Esto permitía en muchos casos saber quiénes eran los músicos de las orquestas famosas, cosa que no siempre tenía difusión. Lamentablemente, no ocurre lo mismo en la actualidad con los discos compactos, salvo en algunos casos en las recopilaciones de las grabaciones que habían sido realizadas en RCA Víctor o en Odeón, por lo cual esta generación no tiene oportunidad de conocer la historia, ni de los músicos ni de los cantores.

En un principio, fueron los japoneses, que por alguna cuestión misteriosa se enamoraron del tango, los que rescataron esas joyas musicales de la “Época de oro” y editaron en discos compactos una gran cantidad de obras. Aparentemente, en la mayoría de los casos las matrices no existían, y se vieron obligados a limpiarles con modernos recursos electrónicos el ruido a púa y las imperfecciones técnicas directamente de los viejos discos de pasta de 78 revoluciones, o en el mejor de los casos, de algunos longplay de vinilo, de donde directamente tomaron las grabaciones. Este es el motivo por el que algunos ejemplares no tienen la fidelidad musical que caracteriza a este tipo de disco. La explicación podría basarse en el hecho de que un periodista japonés,

Yoshio Nakanishi, que a través de la revista La música iberoamericana, que se edita en Japón, se dedicó a promocionar el tango, del que es ferviente defensor. Tiene, además, programas de radio desde los que difunde y comenta los tango que emite al aire. Se dedicó profesionalmente a esto, y montó una empresa que presenta espectáculos tangueros y que además redacta la literatura que acompaña a los discos de nuestra música editados en Japón. Para poder cumplir con su cometido realizó innumerables viajes a Buenos Aires y a Montevideo, con el propósito de aprender personalmente todo lo vinculado con el tango y, además, proveerse de discos, tanto long-play como los viejos 78 r.p.m, con lo que formó una discoteca con miles de placas, que son las que se utilizan en sus programas de radio, y que también sirvieron de base para editar muchos de los discos compactos que recibimos desde Japón.

Una buena parte de los discos compactos de Gardel fueron editados en España, y recientemente una compañía inglesa sacó a la venta otro con 24 piezas del zorzal criollo que nunca habían sido editadas. Es sabido que a Carlos Gardel le gustaba grabar dos y hasta tres veces la misma pieza, y luego elegía para que se lanzara a la venta la que a su criterio estaba mejor. Según se sabe, los acetatos de las grabaciones que no se imprimían por ese motivo fueron guardados, y son los que utilizó esta empresa británica para este compacto. No hay que olvidarse que Carlos Gardel normalmente grababa en Brasil, España, Francia y los Estados Unidos.

Podría decirse que en casi todo el mundo hay más interés por escuchar y bailar tangos, que en la Argentina. Por eso realizan espectáculos de tango. Países con culturas y con gustos distintos de los nuestros, como Holanda, Estados Unidos, Japón, Suecia, Francia, Finlandia, Alemania, tienen espectáculos de tango, sin olvidarnos de México y Colombia, donde actúan incluso muchos músicos argentinos. No hay más que citar el éxito que hace años tiene el espectáculo Tango Argentino en el exterior. Es sabido que desde sus albores el tango conquistó tierras lejanas, y que hasta en Grecia se había adueñado de los elegantes salones de baile, luego de pasearse por Francia, Inglaterra, España, Alemania, Italia y Brasil, de la mano de Francisco Canaro, Carlos Gardel, Manuel Pizarro, Eduardo Arolas, Julio De Caro, Osvaldo Fresedo, Gloria Guzmán, Sofía Bozán, Azucena Maizani, Tania y muchos otros grandes intérpretes.

Y al hablar de antaño y de tierras lejanas, nada mejor que recordar el desembarco del tango en París. Hay quienes opinan que “debutó” oficialmente en esa ciudad el 2 de octubre de 1928, el día que Carlos Gardel inició su actuación en el cabaret Florida. Sin embargo, al parecer la cosa no es tan así, ya que más de 20 años antes se conoció a través de una película muda en la que se veían imágenes de parejas bailándolo, lógicamente, sin sonido. Según cuenta el francés Remi Hess en su libro Le Tango, ya en 1905 Enrique Saborido lo bailaba en los lujosos salones Rothschild. En otras publicaciones se menciona a 1907 como fecha de presentación del tango en París, en ocasión de que la banda de la Guardia Republicana de esa ciudad tocó Sargento Cabral, de Manuel Campoamor. Coincidentemente, ese mismo año, aquí en Buenos Aires, la desaparecida casa Gath & Chaves iniciaba la venta y fabricación de fonógrafos, al tiempo que financiaba el viaje de Alfredo y Flora Gobbi para que grabaran discos en París, acompañados por Angel Villoldo. En esa tarea permanecieron 7 años, durante los cuales al mismo tiempo daban clases de tango y editaban partituras. Ni la “Mistinguett” se libró de quedar atrapada por el embrujo de esta danza que por aquellos años era definida como con ritmo de 2x4, dividida en dos partes, una caminada y otra valseada, al decir de un muy reconocido profesor de baile francés. Quienes hicieron mucho también para que el tango se difundiera en la Ciudad Luz fueron Ricardo Güiraldes y López Buchardo. Allá por 1920, Manuel Pizarro aprovechó el canal que se había abierto para la entrada del tango en París, y en ocasión de tocar en la Opera, ante la presencia

del presidente francés, avisoró que el futuro estaría signado por el éxito. Llamó a sus hermanos a Buenos Aires y puso a cada uno al frente de un conjunto, que había sido formado por él. Salvador actuaba en el Hermitage; Alfredo en el Washington Palace, y Domingo en el Hotel Claridge, todos con grandes sucesos. Y luego de copar París, el tango “rebotó”, y también entró en los salones porteños.

El fenómeno de lo que ocurre en Finlandia es para analizarlo en profundidad. Se cuenta que el tango es la forma más popular de baile de salón en ese país, donde se puede observar que la pista está vacía hasta que la orquesta hace escuchar los primeros sones de un tango, y que entonces la pista se llena del todo. Los finlandeses sienten que el tango les pertenece. Los tangos más tocados son, como en otros países del mundo, El choclo (Tulisuudelma) y La cumparsita. Pero desde 1930 hay tangos locales, como Satumaa (País de ensueño), creado por el compositor más famoso, Unto Mononen, grabado por Reijo Tápiale, lo que se constituyó en el disco más vendido en Finlandia, Tahdet meren ylla (Estrellas sobre el mar) Taysikuu (La luna llena), escrito por una dupla famosa, el compositor Toivo Karki y el letrista Reino Helismaa, Tango merella (Tango en el mar), Liljankukka (Flor de lirio) y Kangastus (Espejismo). Mononen, junto con el cantante Olavi Virta, que grabó casi 600 discos, son el símbolo del tango en Finlandia, donde todos los veranos eligen “La reina” y “El Rey del Tango”. Como característica especial, se considera que el norte de Finlandia es el país del tango, donde para que un conjunto de música fuera contratado para un espectáculo tenía que contar, por lo menos, con 30 tangos en su repertorio. Para los especialistas, no es fácil explicar porqué el tango se ha convertido tan popular aquí, y sigue gozando de plena prosperidad.

CAPÍTULO XI

In document Historia Del Tango (página 50-55)