Eso le permitió dejar una amplia discografía: Acuérdate de mi; Adiós, te vas; A la gran muñeca; Al compás del corazón;
FRANCISCO CANARO
E
ste gran músico, nacido el 26 de noviembre de 1888 en San José de Mayo, Uruguay, uno de los 10 hijos del matrimonio compuesto por Francisco Canaro y Rafaela Garro, fue uno de los que hizo punta para llevar el tango a Europa, donde triunfó en forma absoluta. Cuando se radicaron en Buenos Aires, la familia vivía en Humberto 1° entre Pichincha y Matheu, en el barrio de San Cristóbal. El mote de “Pirincho” se lo puso su abuela, al verle el mechoncito de pelo negro que tenía en su cabeza. Tres de sus hermanos también se destacaron en el tango: Juan, Mario y Rafael. Ya de chico empezó a gustarle el tango, y un zapatero vecino, que sabía música, fue quien le dio las primeras lecciones, con una guitarra. Así inició su camino por los rumbos de la música, y tuvo la virtud, más delante, de haber sido el director de una de las primeras orquestas de tango. Durante gran parte del Siglo XX, recorrió con su música los más variados rincones, desde los patios de los viejos conventillos, los cafés de toda clase de fama, teatros, confiterias y cabarets, hasta los más aristocráticos salones, tanto en la Argentina como en otros países del mundo. Se incorporó al tango en 1906, y tuvo distintas orquestas, entre 1916 y 1964, cuando falleció, el 14 de diciembre de ese año.En su niñez, en los años en que su familia vivía en San Cristóbal, la pobreza era una constante en la vida de la Argentina, y él también debió aportar lo suyo para el sustento diario. Consiguió trabajo en una fábrica de envases de aceite, y allí se le ocurrió fabricarse un violín, con una lata. Con ese “instrumento” tocó después en un trío, con Rodolfo Duclós en guitarra y Martín Arrevillaga en mandolina. Era el tiempo en que todavía el tango se tocaba sin piano y sin bandoneón. La calidad de ese conjunto era de imaginar, pero debutaron en Ranchos, provincia de Buenos Aires. El asunto era tocar tangos, y ganarse la vida con esa música, que recién asomaba en el cielo nacional. Por 1910 tocó en La Boca, en un trío que completaban Samuel Castriota en piano y Vicente Loduca en bandoneón. Por esa época alternaba sus actuaciones en cafés, teatros, confiterías, bailes de Carnaval y en los famosos bailes del “Internado”, que organizaban los estudiantes de medicina, tanto en Buenos Aires como en Rosario.
En 1914 actuó en los bailes de estudiantes, en 1915 formó otro trío, con Pedro Polito como bandoneonista y José Martínez en el piano. En 1917 formó con Roberto Firpo la “Orquesta Típica Criolla”, para actuar en Rosario en los Carnavales. Estaba integrada por Roberto Firpo y José Martínez en pianos, Eduardo Arolas, Osvaldo Fresedo, Minotto Di Cicco, Pedro Polito y José D’Ambroggio en bandoneones, Francisco Canaro, Agesilao Ferrazano, Tito Roccatagliata, Julio Doutry y A. Scotti en violines, Alejandro Michetti en flauta, Juan Carlos Bazán en clarinete, y Leopoldo Thompson en contrabajo.
Después, abandonó el instrumento y se dedicó exclusivamente a dirigir a su orquesta. De allí que en el programa de radio “Calle Corrientes”, de Roberto Gil, en la década de 1950, su protagonista decía, para referirse a algo antiguo, Ya Canaro tenía su orquesta. En su larga trayectoria se mantuvo siempre fiel a su estilo de tocar, que distaba bastante del que le imprimían la mayoría de los otros directores, además de su propensión a incorporar rancheras en su repertorio. Ese estilo fue el que le abrió las puertas en la primera cuarta parte del siglo XX en salones importantes, como el Pigall y
Armenonville, así como en el teatro Royal.
Siempre le dio gran importancia al piano, y en su orquesta tocaron, entre otros, José Martínez, Luis Riccardi, Mariano Mores y Oscar Sabino. Registró a su nombre un número importante de temas, de todo tipo, alrededor de 600. Se destacan 70 en colaboración con Ivo Pelay, 22 con Juan Caruso y 14 con Luis César Amadori.
Como reconocimiento al que consideraban el símbolo de la introducción seria del tango en Europa, Scarpino y Caldarella le dedicaron el tango Canaro en París, que se constituyó en uno de los clásicos de nuestra música popular, especialmente en las versiones de Juan D’Arienzo y Osvaldo Pugliese.
Grandes músicos integraron su orquesta durante varias décadas, como Minotto Di Cico, Ciriaco Ortiz, Lucio Demare, Mariano Mores, Héctor Artola, Oscar Sabino, Domingo Federico, Octavio Scaglione, Federico Scorticatti, Gustavo Puglisi, Luis Riccardi y Carlos Figari, quien reemplazaba a Mariano Mores en el teatro, porque no le gustaba trabajar de noche.
También pasaron recordados cantores. El primero fue Roberto Díaz, y luego siguieron Charlo, Agustín Irusta, Roberto Ray, Ernesto Famá, Roberto Maida, Francisco Amor, Carlos Galán, Carlos Roldán, Eduardo Adrián, Domingo Conte, Ricardo Ruiz, que usaba el nombre de Ricardo Ray, Fiorentino, Roberto Arrieta, Carlos Dante, Alberto Arenas, Enrique Lucero, cuyo verdadero nombre es Enrique Martínez, hermano menor de Mariano Mores, Ernesto Herrera, Mario Alonso, Juan Carlos Rolón, Marcelo Paz, y Guillermo Coral, que en realidad era Guillermo Rico, uno de los integrantes de los “Cinco grandes del buen humor”. También cantaron Ada Falcón, Nelly Omar, Myrna Mores y Tita Merello.
Aunque actuó constantemente en su tierra natal, el Uruguay, en 1940 adoptó la ciudadanía argentina. En el prólogo del libro de Canaro “Mis bodas de oro con el tango”, Ivo Pelay decía de él que llegó al tango en los primeros años del siglo actual, cuando todavía decir tango era pronunciar una mala palabra. Era cuando la gente del bajo pueblo, siempre intuitiva, le daba al tango su habitual y simpático desparpajo patente de cosa propia, mientras el puritanismo, con su rigidez un poco colonial, lo censuraba, lo fustigaba y lo repudiaba. Según este conocido y exitoso autor, Francisco Canaro se puso el tango al hombro en 1906, cuando era desdeñado y vituperado. Dijo que hasta la llegada de Francisco Canaro, la gente de avería le rendía culto en los bailes orilleros y en el Bajo; las patotas y la indiada lo bailaba en Palermo; en las veredas suburbanas, el compadraje de alpargatas floreadas marcaba quebradas y cortes al compás de los organitos, mientras que en las casas de baile y salones de
moralidad a contramano se floreaban los noctámbulos y las mujeres alegres, en tanto que en la Boca modestas orquestas ejecutaban la danza prohibida en los cafés de camareras.
De ahí en adelante, Canaro asiste a su transición. En todas las expresiones de transformación y difusión, por una u otra causa, gravita siempre en mayor o menor grado el nombre de Canaro. Desde Pinta brava, donde crea el tango-milonga, hasta Pájaro azul, en que plasma el tango-fantasía, o El porteño, tangón creado para la obra de teatro “La patria del tango”, con letra de José González Castillo, Antonio Botta y Luis César Amadori, muchas son las variantes que imprimió a sus composiciones, señalando por imperio de las costumbres de cada momento, la era evolutiva de nuestra danza popular. Así definía Ivo Pelay a Canaro.
Fue quien “descubrió” a Lucio Demare, el autor de Malena, Mañana zarpa un barco, Mañanitas de Montmartre, Sentimiento tanguero, Mussete, Hermana, Tal vez será su voz, a quien llevó a París. Allí Lucio Demare conoció a Agustín Irusta y a Roberto Fugazot, con quienes formó el trío que asombró durante muchos años.
En su vida privada, Francisco Canaro estuvo enamorado de uno de los mitos del tango, la gran cancionista Ada Falcón, hermana de Adhelma y Amanda, a quien dicen que llenaba de atenciones, y para quien puso a disposición su orquesta, que era una de las más importantes de la década de 1930. Los que conocían a Ada Falcón, nacida el 17 de agosto de 1905, sabían de sus gustos extravagantes, de sus costosas pieles, de sus joyas y de todo el lujo de que disfrutaba, muchas veces ofrecido por Canaro. También sabían de su genio neurótico y de sus rarezas. Solía llegar a Radio El Mundo conduciendo su auto rojo. Nunca cantaba en público, y sus conocidos contaban que en su magnífica casa de Palermo Chico quemaba perfumes franceses. En lo mejor de su carrera, en 1942, cuando grababa 15 discos por mes en el sello Odeón, desapareció de escena. Cambió misteriosamente todo lo que disfrutaba con la fama por la reclusión como hermana terciaria en un convento de Salsipuedes, en la provincia de Córdoba, abandonando todos los gustos de que había gozado. Falleció en un geriátrico en Córdoba, el 4 de enero de 2002, a los 96 años.
Francisco Canaro fue un autor prolífico, pues se estima que hay registrados a su nombre alrededor de 300 temas, entre tangos, milongas, valses y otros diferentes géneros. Su obra discográfica incluye aproximadamente 6000 registros, casi un record inigualado, los primeros en 1915, en el sello Atlanta. En 1918 pasó a grabar en Telephone, en 1920 en Columbia, y a partir de 1922 y hasta que dejó la batuta, en el sello Odeón.
Sería interminable enumerar sus grabaciones, pero lo recordamos con Argañaraz; A la gran muñeca; Atamisqueña; Arrabalera; Alma de bandoneón; Ahí va el dulce; A quién le puede importar; A ti te cantaré; A la sombra; Angelitos negros; Amor puro; Blanca Nieves; Bandoneón arrabalero; Buenos Aires; Corazón de artista; Café para dos; Centenario; Canto por no llorar; Cuesta arriba; Clavel del aire; Corazón de oro; Caminito; Copas, amigos y besos; Confesión; Cuartito azul; Canaro en París; Copa de ajenjo; Cristal; Color de barro; Corazón encadenado; Cuando tú no estás; Cafetín de Buenos Aires; Canaro; Cambalache; Casi caminando; Casas viejas; Cuando el corazón...; Compadrón; Clavel sevillano; Canción desesperada; Champagne tangó; Charamusca; De puro guapo; Duelo criollo; Déjame que la acompañe; Dónde hay un mango; De mi barrio; De mi cosecha; Dímelo al oído; Desolación; Dos corazones; Déjame; Desengaño; Derecho viejo; Destellos; Dónde estás corazón; El triunfo; El pollito; El internado; El llorón; El aeroplano; En la pampa; El opio; El chamuyo; El Morocho y el Oriental; El caramelo; El último organito; El gavilán; El americano; El flete; El calabozo; El zepelín; El pillín; El tigre Millán; El choclo; El pañuelito; El
esquinazo; El porteño; Envidia; En la tranquera; Entre San Juan y Mendoza; Ensueño; El que a hierro mata; El alacrán; Flor de fango; Fruta amarga; Felicia; Gurrumina; Galleguita; Gloria; Gente alegre; Golondrinas; Griseta; Grisel; Historia de un amor; Ilusión marina; Jardín de las rosas; La milonga de Buenos Aires; La pulpera de Santa Lucía; La boliviana; La brisa; Lorenzo; La puñalada; La melodía de nuestro adiós; La rezongona; Los Dardanelos; Los indios; Las vueltas de la vida; La rodada; La huella; La revoltosa; Labios pintados; Los amores con la crisis; La carona; La gayola; Lo han visto con otra; La que murió en París; La cumparsita; La última copa; La canción de Buenos Aires; La Tablada; La muchachada del centro; Lágrimas y sonrisas; La calesita; La barra fuerte; La flor del pago; Milonga con variaciones; Mirlo blanco; Milongón; Mama yo quiero un novio; Mi noche triste; Madreselva; Matasano; Muriéndome de amor; Meditación maleva; Mate amargo; Mala suerte; Milonguita; Mis amigos de ayer; Mi tristeza; Muñequita; Mi serenata; Marianito; Milonga del tiempo heroico; Mala junta; Muchachita porteña; Me gusta bailar milonga; Mi castigo; Norma; Nena mía; Nido gaucho; Nubes de humo; Nobleza de arrabal; Naipe; Niebla; No llores nunca más; Nueve puntos; 9 de julio; Nunca más; Noche calurosa; Negra; Ojos negros; Organito de la tarde; Popof; Personita; Pájaro azul; Pinta brava; Porteña; Pampa; Pimienta; Por vos yo me rompo todo; Paciencia; Pájaro silvestre; Paramount; Príncipe; Paja brava; Perla falsa; Quisiera amarte menos; Qué le importa al mundo; Que me quiten lo bailao; Quiero verte una vez más; Rosa morena; Retintín; Romántico fulero; Recuerdos; Rosas de otoño; Rodríguez Peña; Sueño de juventud; Rosa de abril; Reliquias porteñas; Si yo fuera millonario; Sus ojos se cerraron; Salud, dinero y amor; Se acabaron los otarios; Son cosas del bandoneón; Sentimiento gaucho; Soñar y nada más; Sin palabras; Si soy así; Se dice de mí; Sufra; Si dejaras de quererme; Siempre flor; Sombras nada más; Siempre te recuerdo; Su carta no llegó; Sin dejar rastros; Sos bueno vos también; Tierra negra; Tomo y obligo; Tango brujo; Tiempos viejos; Tres esperanzas; Tú el cielo y tú; Tangón; Tierrita; Tu ausencia; Te quiero; Torrente; Tengo miedo; Tus ojos me embelesan; Una carta; Uno; Un tropezón; Urutau; Vibraciones del alma; Vamos a ver; Volver; Victoria; Yo no sé que me han hecho tus ojos; Yo también soñé; Yira...yira; Zorro gris.