De sus etapas como solista, con las orquestas ya mencionadas y con las de Hugo Baralis, Osvaldo Manzi, Héctor Stamponi,
MERCEDES SIMONE
S
e destacó entre las voces femeninas del tango por su estilo y su voz inconfundible. Había nacido en Villa Elisa, el 21 de abril de 1904, pero fue Buenos Aires quien la acogió cálidamente, pues la llamaban “La Dama del Tango” o, simplemente “La Negra” o “La Simone”. Confesó que antes de dedicarse al canto soñaba con ser bailarina, que todo se inició un poco por casualidad, porque mis sueños de chica no estaban emparentados con el canto, sino con el baile. Me eduqué en un colegio de monjas, donde me pasaba muchas horas del día en la iglesia; tomé el canto como una de las actividades naturales que se desarrollaban allí. Prontamente advirtieron que tenía condiciones, pero no pensé lanzarme públicamente a esa actividad.Finalizados sus estudios tuvo que ganarse el sustento diario, y así fue a trabajar, primero, en un taller de costura, y más tarde en una imprenta. Allí conoció a Pablo Rodríguez, que tocaba la guitarra y cantaba. Con él se casó, y juntos decidieron hacer giras por el interior, donde cada presentación significaba un éxito.
Fue el compositor y cantor Alfredo Pelaia quien le dio el espaldarazo para que actuara en radios de la Capital, y así se abrió el camino que la llevó a debutar en el café
El Nacional, en la calle Corrientes. Ya caminaba de la mano del éxito, y fue contratada
para actuar en los escenarios de los cines Opera, Hindú, Empire, Florida, y los teatros
Porteño y National, de donde pasó al Maipo. Una noche la escuchó cantar Rosita
Quiroga, y le gustó tanto su personal manera de interpretar los temas que le sugirió a los directivos de la RCA Víctor para que le dieran la oportunidad de grabar. Su primer disco en ese sello se registró el 15 de diciembre de 1927, con Estampa rea de un lado y El morito en el otro, acompañada por guitarras.
Actuó en “Tango”, la primera película sonora argentina, filmada en 1933, a la que le siguieron “Sombras porteñas”, “La Vuelta de Rocha” y “Ambición”. A decir de Héctor Ernié, era dulzura hecha voz, que perteneció a nuestro tango en su era de mayor esplendor, entre 1936 y 1942.
Además de pasear el tango por las principales salas porteñas, actuaba simultáneamente con la orquesta de Ernesto De la Cruz, en los cines Empire y Florida, y en los principales teatros de la calle Corrientes. Hizo giras por Uruguay, Colombia, Chile, Perú, Cuba, Brasil y diversos países de América Central, y por su personal presencia fue admirada en todos los lugares donde se presentó.
Autora de Cantando, que no dejó de cantar en ninguna de sus actuaciones, era tan requerida que se veía obligada a ampliar notablemente su repertorio. Así llegó a estrenar un tango por semana, con gran beneplácito de los compositores. También compuso Angustias, Ríe, payaso, ríe, Zapatos blancos, Te quedás pa’vestir santos, Oiga, agente, Inocencia, Gracias, gracias a Dios, Incertidumbre, y Tu llegada.
La última gira la realizó por Chile, Perú y Cuba, y sólo abandonó su pasión, el tango, cuando una operación en las cuerdas vocales la obligó a tomar una decisión que ella nunca hubiera querido. Murió el 2 de octubre de 1990, el mismo año en que la Academia Nacional del Tango la designó “Académica de Honor”.
Grabó en los sellos Odeón, RCA Víctor, TK, H y R, una discografía que incluye, además de tangos, rancheras, fox-trots, boleros, corridos, acompañada por las orquestas de Roberto Garza, Juan Carlos Cambón y Emilio Brameri, y en algunos casos a dúo con Charlo. Esa discografía incluye, entre otros A media luz; Audacia; Ave sin rumbo; Abandono; Angustias; Bendita seas; Barrio de tango; Bailando; Cantando; Calla corazón; Cada día te extraño más; Cuanto tú te alejes; Carnaval de mi barrio; Cuatro palabras; Cadenas; Cuando bronca el temporal; Claudinette; Carretero; Cuentas viejas; Corre mi caballo; Celosa; Chorra; Dominio; Decime; Dímelo al oído; Día de sol; Desdén; Dandy; Del suburbio; Estambul; Esquinas porteñas; En su ley; El morito; Estampa rea; El tamboril; El aguacero; Fracaso; Fotogénico; Galopa, galopa; Garúa; Hace un año; Inocencia; Incertidumbre; Junto al mar; La nieta de japonesita; La paisana; La victrolera; La última curda; La tartamuda; La copla andaluza; La Marcha Nupcial; Lero, lero del Brasil; La morocha; La última cita; La cumparsita; Milonga triste; Melenudo; Mis recuerdos; Mendigo de amor; Maula; Milonga sentimental; Mañana si Dios quiere; Motivo sentimental; Milonguita; Muchacho; Milonga negra; Mi vieja viola; Milonga del 900; Negra María; No quiero verte llorar; Niño bien; No llores madre; Nada más que tú; Noche de San Juan; Oiga, agente; Otra noche; Plegaria; Pelechaste; Patio mío; Pifiaste; Parece mentira; Pena mulata; Quedate tranquilo; Queja gaucha; Rosas de picardía; Remembranzas; Refranero; Recostado en un farol; Ríe payaso; Si yo tuviera; Será una noche; Siempre más; Sonsa; Silenciosamente; Santa milonguita; Serenata; Tu nombre; Tiempos viejos; Tu jardín; Tu llegada; Uno; Una señora milonga; Vieja amiga; Vieja calesita; Volver; Verdemar; Yo vendo unos ojos negros; Yo te bendigo; Ya sale el
tren; Yo soy la milonguera; Yira...yira; Zapateado entrerriano. Además, grabó Lo que vieron tus ojos, con la orquesta de Francisco Lomuto, a dúo con Fernando Díaz.
DOMINGO FEDERICO
D
omingo Serafín Federico nació en Buenos Aires en 1916. De muchacho estudió guitarra, piano y violín, pero definitivamente se inclinó por el bandoneón, con un profesor de lujo: Pedro Maffia. Solía decir que tocó el bandoneón por necesidad, pero que después lo tenía metido en el alma. Su carrera más extensa como músico de una orquesta la hizo con Miguel Caló, desde 1939 hasta 1943, cuando se decidió a formar una propia. Debutó en junio de ese año con Alberto Tagle como cantor.Su orquesta se caracterizaba por un estilo melancólico y apagado, y tuvo como cantores a Ignacio Díaz, Carlos Vidal, Oscar Larroca, Armando Moreno, Enzo Valentino, Mario Bustos y Dante Rossi. Desde fines de 1920 se dedicó a tocar profesionalmente el bandoneón. Cuando tenía 12 o 13 años era músico ambulante, y las monedas que juntaba, alrededor de 5 pesos por día, contribuían al sostenimiento de su casa, porque su familia había pasado de ser de clase media alta a otra de muy humilde condición, debido a la enfermedad de su padre. Ese fue el motivo por el cual se dedicó a tocar el bandoneón. Llevar unos pesos a su madre.No lo avergozaba ganarse la vida. Para ello formó un dúo de bandoneones con su hermana, y hasta llegó a formar e integrar orquestas de señoritas. También tocó en la oquesta de Juan Canaro, con la que redondeó una actuación de 2 años y 8 meses en el Tabaris. Ingresó en la orquesta de Miguel Caló el mismo día que Osmar Maderna, lo que siempre recordó con gran cariño. Compuso magníficos tangos, casi todos constituídos después en grandes éxitos, como Al compás del corazón, A bailar, Tristezas de la calle Corrientes, La noche y marfil, Yo soy el tango, Yuyo verde, Percal, Déjame volver para mi pueblo, Saludos, Futuro, Con el mayor gusto. Como cosa curiosa podemos decir que, según contó en una oportunidad en una charla por televisión el cantor Alberto Podestá, para componer el tango Saludos Domingo Federico se inspiró en un dibujo animado de Walt Disney. Federico no grabó mucho, pero tenemos para recordar a esta orquesta A María Rosa; A lo Pirincho; Al compás del corazón; Con el mayor gusto; Dibujos; El chamuyo; Ella me dio esta pena; En carne propia; Escarcha; Felicia; Futuro; Honda tristeza; La mazorquera de Monserrat; La culpa es mía; Muy suave; Quiéreme como soy; Quejas de bandoneón; Recuerdo; Saludos; Senda florida; Tu melodía; Yo; Y así nació este tango; Yuyo verde.
ANTONIO AGRI
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ste virtuoso violinista nació en Rosario en 1932. Su vocación era tocar el acordeón, pero como su familia no disponía del dinero para comprarle uno, se conformó con un violín que tenían en la casa. Empezó a estudiar música con Dermidio Guastavino y de a poco se fue formando, hasta que decidió incorporarse al tango. Pasó por diversos estilos de orquestas, como los de José Basso, Héctor Varela, Alfredo De Angelis, Osvaldo Fresedo, Aníbal Troilo, Leopoldo Federico, Atilio Stampone, tuvo una participación especial en la Orquesta Sinfónica de Rosario, y actuó en la sala Casacuberta delTeatro Municipal General San Martín, al frente de un grupo de músicos de